INTENTA ROGAR 177
Volumen IX - Un infierno sin ti (1)
Cantidad Caracteres: 76204
¡Piiiip—!
El silbato de la locomotora sonó prolongadamente y, en la plataforma de enfrente, una locomotora negra exhalaba vapor mientras entraba en la estación. Cuando el tren nocturno del sur se detuvo, Grace ya estaba fuera de la estación.
—¡A la casa adosada de Conde Winston, rápido, por favor!
Gritó al primer taxi que encontró. El conductor no dejaba de mirarla de reojo mientras conducÃa, pero Grace solo miraba al frente con los ojos llenos de lágrimas que no paraban de caer.
—¡Rápido, rápido!
No paraba de moverse inquieta, apremiando al conductor, mientras la razón la reprendÃa.
Grace, tienes que dejar todo el pasado atrás y vivir tu vida.
¿Qué demonios es mi vida?
Grace, justo en ese momento, hizo la pregunta más importante.
Fuera lo que fuera, estaba claro que no podrÃa vivir plenamente su vida si solo se quedaba con los recuerdos de ese niño, nada más que recuerdos.
Ella sollozó, rechinando los dientes.
'Leon Winston, maldito bastardo. Espero que estés contento de que se haya hecho tu voluntad. Si esta era tu intención, lo lograste de maravilla. Eres un genio. ¿Cómo pudiste hacer que yo no pudiera soltar tu rastro hasta el final?'
Grace se secó las lágrimas que le nublaban la vista con la manga y gimió.
'Si iba a ser asÃ, debà haberla dado antes. ¿Por qué la tuve conmigo todo este tiempo? Yo no debà haber sabido esto'
La bebé, a pesar de ser tan quisquillosa, era muy generosa con sus sonrisas. Cada vez que soltaba una carcajada a pleno pulmón, Grace le decÃa cosas crueles:
'No te rÃas. No me gustas. No puedo quererte, te pareces a ese hombre'
En realidad, la bebé solo la imitaba; se reÃa porque Grace se reÃa. Aunque lo sabÃa vagamente, se engañaba a sà misma, negando haberlo hecho y culpando a la niña.
'¿Por qué la palabra 'linda', que tan fácilmente le sale a uno para el bebé de otra persona, no te sale a ti? Ni siquiera le habÃa dicho 'linda' a la bebé más adorable del mundo'
Además, hacÃa más de medio año que habÃa nacido y aún no tenÃa nombre.
Las lágrimas volvieron a brotar.
'¿Qué pecado tienes para que yo te haya hecho algo tan terrible? Me arrepiento de ese tiempo inmaduro en que te odié y te encontré una carga, a ti, que no tenÃas culpa'
Una frase de la carta que le dejó su madre no paraba de rondarle la cabeza. Sonaba como el reproche de su madre: "No hagas cosas de las que te vayas a arrepentir."
'No tengo la desvergüenza de decirte 'te amo' sin sentir pena'
Su madre solo podÃa decir "te amo" si se culpaba a sà misma de ser desvergonzada. Ella ya habÃa repetido el destino de su madre, pero no querÃa repetir también el destino de no poder decir con orgullo "te amo" a su hija.
'Ojalá no sea demasiado tarde, ojalá estuvieras justo ahÃ'
El conductor no paraba de mirar de reojo a Grace, que lloraba a mares, siguiendo las emociones que la envolvÃan como una tormenta. Finalmente, algo salió mal. El taxi acababa de salir de la estación de tren y estaba entrando en una intersección.
¡CRASH!
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
—Su Excelencia, bienvenido. ¿Tuvo un viaje tranquilo?
Cuando llegó a la casa adosada, el mayordomo que esperaba afuera de la puerta la abrió y preguntó:
—Su Excelencia, bienvenido. ¿Tuvo un viaje tranquilo?
Leon asintió brevemente, respondiendo con un gesto. El camino desde la estación de tren habÃa estado bloqueado por un accidente y tuvieron que dar un rodeo, pero era algo común en una gran ciudad concurrida.
Solo después de lavarse la sensación sucia del viaje en tren, se sentó a la mesa. Lo primero que levantó en la mesa, donde se habÃa dispuesto un desayuno ligero a su gusto, fue la taza de café. Mientras bebÃa su café, sus ojos se posaron en el periódico y la pila de cartas cuidadosamente colocados en una esquina de la mesa.
'¿Qué deberÃa ver primero?'
Su mirada se detuvo en un sobre de carta con una esquina extrañamente levantada. Ese sobre sospechoso no tenÃa el sello de la oficina de correos.
Clank.
En el momento en que vio el nombre de Daisy Abington, la taza de café se apoyó bruscamente sobre el plato. Dentro del comedor, el tiempo pareció detenerse mientras Leon tomaba la carta y la abrÃa.
Mientras los sirvientes lo miraban con asombro, lo único que mostraba el paso del tiempo era la mancha de café que se extendÃa sobre el mantel blanco.
—Ah…
Leon suspiró al sacar el anillo de compromiso del sobre. Que Grace hubiera estado aquà era una buena noticia, pero que le devolviera el anillo era una mala.
'Esa mujer sabÃa que el anillo estaba siendo buscado. No necesitaba dinero, asà que no habrÃa tenido motivos para venderlo'
No habÃa razón para que sintiera el dolor de una bala que le atravesaba el corazón solo por haber perdido una pista para rastrear a Grace. La mirada de Leon se detuvo en los nombres grabados en el interior del anillo.
"Esto es una confirmación de su muerte."
"No necesito un futuro contigo."
Le pareció escuchar el grito de esa mujer resonando en sus oÃdos.
Grace Riddle era la única mujer que podÃa matar a Leon Winston sin decir una palabra.
Una vez más, reprimió la humillación de ser abandonado y preguntó al mayordomo, que parecÃa desconcertado:
—Esta carta, ¿Cuándo llegó?
—La saqué del buzón hace un momento.
—¿Y cuándo fue la última vez que revisaron el buzón antes de eso?
—Debió ser ayer por la tarde, alrededor de las 6.
Entonces, esa mujer llegó y se fue de aquà en esas doce horas.
—¿No habrá alguna pista que revele la hora exacta?
Leon desdobló la carta que tenÃa dentro. La primera frase no tenÃa preámbulo, iba directo al grano.
[CrÃa al bebé que hiciste hasta el final, bastardo]
—¿Un bebé?
Leon miró de inmediato al mayordomo.
—¿Dónde está el bebé?
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
El taxi y un sedán que giraba a la izquierda desde el lado opuesto chocaron de frente porque el conductor se distrajo. Afortunadamente, Grace no resultó herida, pero sentÃa que se volverÃa loca.
No podÃa conseguir un taxi.
Todos los que pasaban venÃan de la estación de tren y ya llevaban pasajeros. Grace tuvo que correr de vuelta a la estación para finalmente conseguir otro taxi. Mientras tanto, el dÃa ya habÃa amanecido. Seguramente alguien ya habÃa encontrado el cochecito. Ella lo sabÃa, pero aun asà suplicó:
—Por favor, por favor…....
Grace, que no paraba de moverse inquieta durante todo el trayecto en el asiento trasero, lanzó el dinero tan pronto como el taxi se detuvo frente a la casa adosada del Conde Winston y salió corriendo.
—Bebé, por favor, quédate ahÃ.
Mientras corrÃa alrededor de la cerca hacia la puerta trasera, Grace repitió la misma frase como una oración, con la voz entrecortada por el llanto. SentÃa que el corazón se le saldrÃa por la boca.
—¡Ugh…!
Tan pronto como dobló la esquina que conducÃa a la puerta trasera, su corazón se desplomó.
No estaba.
El cochecito no estaba en el patio trasero.
—¡Buaaaah—!
No lo veÃa, pero el sonido llegaba débilmente. Sus nervios, que instintivamente detectaron el llanto de su bebé, se tensaron al máximo.
Con manos temblorosas, abrió la puerta de la cerca y corrió al patio trasero. Grace dobló la esquina del edificio, siguiendo el sonido del llanto, se acercó a una ventana, poniéndose de puntillas. Más allá de la ventana estaba el recibidor de los sirvientes.
Estaba.
La bebé de Grace estaba en los brazos de una de las sirvientas. Buscándola a ella, sus grandes ojos rodaban de un lado a otro. Luego, al darse cuenta de que solo habÃa extraños, se asustó y rompió a llorar histéricamente. El corazón de Grace se estrujó al presenciar eso.
'¿Qué te he hecho, en serio?'
Al ver a la niña llorar hasta ponerse completamente roja, se dio cuenta aún más de lo cruel que habÃa sido lo que hizo. No sabÃa qué hacer, sintiéndose tan mal por la niña que debió haber resultado herida, aunque fuera solo por un momento.
No, en realidad, sà lo sabÃa. Era tocar esa ventana de inmediato y gritar:
'Esa es mi hija. Bebé, tú eres mi hija. Soy su mamá. SÃ, bebé, yo soy tu mamá'
TenÃa que admitir la verdad que habÃa estado negando y disculparse con la niña. Grace levantó la mano y examinó más allá de la ventana. Aparte de la sirvienta, solo habÃa un sirviente buscando dentro del cochecito.
'Cálmate. Ese hombre no puede estar aquà dejando Winsford solo.'
Los sirvientes no sabrÃan que esa niña era la hija de su amo, asà que no serÃa peligroso si Grace simplemente se presentara como la madre y se llevara a la niña.
Justo cuando, con un profundo suspiro, calmó su agitado corazón y acercó sus nudillos a la ventana. La puerta de enfrente se abrió de golpe y un hombre de complexión familiar entró sin dudarlo.
—Excelencia.
'¿Por qué Winston estaba aquÃ?'
Tan pronto como lo reconoció, su cuerpo se movió por instinto. Solo después de esconderse debajo del alféizar de la ventana su mente reaccionó. La primera palabra del hombre, que se filtró por la rendija de la ventana, le dijo que no habÃa visto a Grace.
—Niña, dámela.
Pero sà habÃa visto su carta.
—Hola, bebé.
Leon le arrebató a la bebé a la sirvienta, que estaba desconcertada sin entender, y la levantó frente a sus ojos. En el instante en que sus miradas se encontraron, la sangre le hirvió en el corazón y gritó:
'Es mi hija. ¿Será que la bebé también intuyó instintivamente que Leon era su padre?'
Tan pronto como sus ojos se encontraron, dejó de llorar y lo miró fijamente.
Sus misteriosos ojos brillaban.
El color de sus pupilas era un azul oscuro, pero los ojos de Leon captaron claramente un leve tinte verdoso. VeÃa a Grace en los ojos de la bebé. La niña habÃa heredado la mirada pura de su madre, de cuando no conocÃa el odio o el desprecio.
El cabello dorado que se asomaba por el gorro era, sin duda, de Leon. Y no solo se parecÃa a él en el cabello. A pesar de que sus ojos, nariz y boca eran tan pequeños, era tan parecida a él que pudo reconocerla como su hija de un vistazo. Leon no pudo contener su admiración una y otra vez.
'Esta niña es un milagro.'
Que una alegrÃa pura hubiera nacido de la cloaca de odio depositada por el malentendido. No podÃa ser otra cosa que un milagro. Que pudiera abrazar a la bebé tan pronto como escuchó la noticia de que habÃa nacido a salvo era también un milagro increÃble.
Al conocer a la bebé, no solo su sangre hirvió. Un sentido de misión, que nunca habÃa sentido viviendo como un soldado leal a su paÃs, hirvió y lo desbordó desde lo más profundo de su pecho.
'Cuando yo nacÃ, ¿sentirÃa mi padre lo mismo?'
Leon sostuvo a la bebé, a quien habÃa estado mirando sin soltar, le susurró palabras que contenÃan la promesa de lealtad para toda la vida.
—Soy tu papá.
—¡Buaaaah!
La bebé, que habÃa dejado de llorar por un momento, volvió a llorar. Incluso agitó sus pequeñas manos para empujar a Leon. Su cabeza se movÃa de un lado a otro, como si buscara a alguien.
"Debe estar buscando a su madre. A esa mujer cruel que la abandonó. A esa mujer cruel que, al abandonar a un ser igual a él, destrozó su cobarde esperanza de que, si llegaba a amar a la niña, también podrÃa amarla a ella.'
Leon acarició y consoló a la bebé que lloraba, derramando su propia pena.
La alegrÃa de que las personas perdidas se redujeran de dos a una fue fugaz. Ahora, solo eran dos los que habÃan perdido a Grace Riddle.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Sus ojos se encontraron por encima del hombro del hombre. En ese instante, la bebé dejó de llorar por completo.
—Je.
Abrió la boca y sonrió ampliamente, luego frunció los labios y reventó una burbuja de saliva. Era su manera peculiar de llamar a su mamá.
'No me llames. Ya no puedo ir.'
Ya no podÃa recuperar a su hija. Siendo asÃ, por el bien de la niña, deberÃa dar media vuelta y desaparecer. Pero Grace, lejos de apartarse de la ventana, no podÃa quitarle los ojos de encima a la bebé.
—Puuh, je.
La bebé, que lloraba desconsoladamente, de repente sonrió, el hombre, que estaba de espaldas, giró la cabeza en esa dirección, siguiéndola. Grace se escondió rápidamente debajo de la ventana.
—¿Por qué? ¿Qué hay ahÃ?
'Ese hombre, con su instinto de bestia, podrÃa darse cuenta de que estoy aquà en un instante.'
Su corazón latÃa con fuerza y luego se desplomó.
—¡Juaaaah!
La bebé rompió a llorar. Esta vez, era casi un lamento. HabÃa encontrado a su mamá y de nuevo habÃa desaparecido.
'Lo siento, bebé'
Grace, acurrucada bajo la ventana, se cubrió la boca con ambas manos. Mientras ella sollozaba ahogadamente y la bebé gemÃa y lloraba histéricamente, el hombre se mantenÃa cruelmente frÃo y tranquilo.
—¿Dónde encontraron a la niña? ¿Nadie vio a la madre de la niña?
Escuchó la voz del hombre preguntando a los sirvientes cómo habÃan encontrado a la niña y dando órdenes para que rastrearan el paradero de Grace. ParecÃa no sospechar ni un poco que ella todavÃa estarÃa escondida debajo de la ventana de su propia casa.
'Nadie que abandone a su hijo se quedarÃa en el mismo lugar, a menos que no tenga intención de abandonarlo. Voy a recuperar a mi hija.'
Una vez que se dio cuenta de lo que sentÃa, no pudo rendirse. Grace se escondió en un rincón del jardÃn, esperando en secreto para entrar y llevarse a la niña de nuevo, con la idea de que el hombre se irÃa a Newport para atraparla y la casa adosada quedarÃa en silencio.
Unas dos horas después, el sonido de un coche que se alejaba fue el último, el lugar quedó en silencio.
Demasiado.
Desafortunadamente, el gemido de la bebé ya no se escuchaba. El hombre se habÃa llevado a la niña a Newport.
Aun sabiéndolo, no pudo soltar la escasa esperanza y se infiltró en secreto, buscando minuciosamente en cada habitación, pero la bebé no estaba por ningún lado. Sus pasos al dejar la casa adosada con las manos vacÃas eran pesados.
Ahora, el único camino para recuperar a la bebé era regresar con ese hombre. Aunque debÃa rendirse, el rostro de la niña, que habÃa sonreÃdo ampliamente al verla por la ventana, no desaparecÃa de su vista.
Pero tampoco podÃa dejarse atrapar dócilmente por ese hombre. Él la usarÃa como un grillete para encerrar a Grace de nuevo.
'¿Por qué le di mi debilidad a ese zorro tan astuto?'
Aunque habÃa abandonado su debilidad, su corazón no se habÃa endurecido, sino que se habÃa ablandado aún más. Grace sangraba internamente mientras sus pasos, sin rumbo, se adentraban en el frÃo viento que anunciaba el comienzo del invierno.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Grace Riddle no apareció en el puerto de Newport.
Disimular su identidad e infiltrarse en algún lugar era su especialidad, asà que quizás se habÃa embarcado a escondidas.
Por eso hizo que buscaran en el barco durante toda la travesÃa transoceánica y que revisaran el rostro de todos los que desembarcaban en Columbia, pero ella no estaba. Tampoco habÃa rastros de que hubiera contactado a su tÃa que vivÃa en Columbia.
'¿Será que no salió del paÃs?'
El dÃa en que el último ferry a Columbia partió, ella abandonó a la bebé, asà que él pensó que iba a salir del paÃs.
'¿Será que la elección de la fecha fue solo para crear confusión aquÃ?'
AsÃ, dejando solo a la bebé que no podÃa decirle adónde habÃa desaparecido su madre, Grace Riddle se desvaneció de nuevo.
Campbell, quien esperaba que el Mayor nuevamente estuviera al borde de la vida y la muerte, como cuando la mujer fue capturada en la Estación Central de Bilford y se perdió por poco, sin siquiera saber si estaba viva o muerta, últimamente se dio cuenta de que no conocÃa bien a su superior.
Desde que Campbell lo habÃa asistido, él parecÃa más vivo que nunca, rebosante de vigor. Y también el más humano.
Antes de que Grace Riddle desapareciera, el Mayor se movÃa como una máquina que no conocÃa el descanso, por la venganza. Y después de que Grace Riddle desapareció, para recuperarla. Además, últimamente, como esperando una pista sin fecha, aunque no tuviera trabajo, no se quedaba dÃa y noche ni los fines de semana en la oficina de la Unidad de Tareas Especiales.
Pero el Mayor cambió tan pronto como recuperó a la bebé.
Apenas llegaba la hora de salida, abandonaba la oficina, y a la hora del almuerzo, rechazaba todas las invitaciones y desaparecÃa. Cuando regresaba a la oficina después de la hora del almuerzo, su corbata tenÃa arrugas que antes no estaban. Era fácil adivinar cómo se habÃan formado, sin necesidad de preguntar.
También se volvió más difÃcil contactarlo por teléfono. Siempre estaba ocupado. El Mayor parecÃa llamar a la mansión con frecuencia para pedirle a la niñera que le pasara a la bebé.
La puerta de la oficina del Jefe de la Unidad de Tareas Especiales siempre estaba firmemente cerrada, asà que nadie sabÃa qué le decÃa el Mayor a la bebé, que no podÃa hablar. Sin embargo, el afecto inusual que se filtraba débilmente en su voz a través de la rendija era imposible de ignorar, aunque uno quisiera.
Ese cambio inusual también llegó a oÃdos de los oficiales de la Unidad de Tareas Especiales que entraban y salÃan de la oficina de Campbell, y pronto se corrió el rumor en el cuartel general.
—Teniente Campbell, ¿acaso… a Mayor Winston… le ha salido una mujer?
Aunque todos sospechaban de una amante, nadie sospechaba de una hija ilegÃtima. No serÃa por el extraño rumor de que el Mayor era impotente. Eso se convirtió en un rumor infundado desde el momento en que se concretó su compromiso con la Casa del Gran Duque.
'¿No le disgustaban los bebés?'
Era alguien que, si alguien llevaba a un niño a una reunión o fiesta, ni siquiera le echaba un vistazo, mucho menos le decÃa algo amable. Si los padres del niño, sin tacto, le pedÃan que lo cargara un momento, la mayorÃa lo harÃa para no herir los sentimientos de la otra persona, pero el Mayor, lejos de ser común, se negaba sin importar el lugar o el ambiente.
Además, era obvio que no mostraba el menor interés, ni siquiera correspondÃa, a las conversaciones cotidianas sobre niños, y solÃa fumar su puro con desinterés y cambiar de tema. Incluso si se trataba del hijo de un superior lejano, sin excepción.
Y ese Mayor, no solo estaba completamente encaprichado con la bebé…
—El médico dice que su altura y desarrollo están dos o tres meses por encima de su edad. ¿Por qué se sorprenden? Es obvio. Es mi hija.
Primero sacaba a colación el tema de la bebé. Si Campbell, por casualidad, preguntaba por el bienestar de la niña, el Mayor, sin importar el momento, se ponÃa una sonrisa relajada en su rostro normalmente serio y respondÃa con gusto.
—¿Cómo se lastimó la mano, señor?
Incluso si no se le preguntaba sobre la bebé, el tema invariablemente se dirigÃa hacia ella.
—Me mordió mi hija.
Era una suerte que Campbell no hubiera preguntado si lo habÃa mordido un perro al ver las marcas de los dientes.
—Solo tiene dos dientes abajo y cuatro arriba, y aun asÃ…
El Mayor extendió su mano con las pequeñas marcas de dientes, mostrando la herida causada por su hija, como otros hombres mostraban los dibujos hechos por sus hijos.
—Una bebé de solo 8 meses ya tiene mucha fuerza. Y cuando muerde, no suelta, tiene mucha tenacidad. Muy de los Winston. Ya es codiciosa, también muy de los Winston.
El Mayor, que se divertÃa hablando de la bebé, interrumpió la conversación de golpe cuando vio el reloj de pulsera en su mano herida.
—Pronto será la hora de que se despierte. Me retiro por ahora. Si hay alguna información, contáctame en cualquier momento.
El Mayor, hoy también, se despidió con el mismo saludo y se fue temprano. Ya iban dos meses, pero seguÃa siendo un cambio difÃcil de creer.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Al llegar al anexo, como siempre, la niñera salió y le dio un informe en voz baja.
—La señorita aún está durmiendo.
'No es tarde.'
Leon se sintió aliviado y despidió a la niñera. Era su tarea despertar a la niña que dormÃa la siesta.
Su hija odiaba dormir. No se sabÃa si era una inclinación natural. Pero Leon apostarÃa todas sus tierras a que no le habrÃa tenido miedo a dormir como ahora.
La niña se esforzaba por no dormirse, por más somnolienta que estuviera. Como si creyera que algo terrible pasarÃa en el instante en que se durmiera.
Seguramente era porque, al despertarse de dormir, su mamá habÃa desaparecido.
'Mi hija, tu mamá te abandonó, pero tu papá no te abandonará'
Para que ella lo supiera, la primera persona que viera al despertar debÃa ser Leon. Subió lentamente las escaleras al tercer piso, silenciando sus pasos para que los viejos escalones no chirriaran y despertaran a la niña, que tenÃa el sueño ligero. Leon pasó por su dormitorio y abrió con cuidado la siguiente puerta.
Un aroma acogedor se derramó por la rendija abierta. Respiró hondo. La euforia que solÃa sentir con el olor a sangre, ahora la sentÃa con el olor a bebé. Eran aromas completamente diferentes, pero ¿por qué? Era increÃble.
Leon se libró del cansancio del dÃa con una sola respiración y cruzó la gruesa alfombra para acercarse a la cuna en el fondo del dormitorio. Mientras todos los muebles de la habitación eran lujosos y ostentosos, la cuna era sencilla. Porque habÃa sido elegida por esa mujer sencilla.
HabÃa permitido que usaran la cuna de la que la niña nació en el apartamento. Quizás su hija se sentirÃa más cómoda en la cuna donde pasó sus primeros cuatro meses.
MentirÃa si dijera que no esperaba que su madre la sintiera en esa cuna.
Leon se sentó en la silla frente a la cuna, cruzó las piernas relajadamente y apoyó los codos en las rodillas. Apoyó la barbilla en los nudillos y miró por encima del barandal. En el instante en que vio a la bebé, dormida profundamente, abrazando un muñeco de delfÃn de su tamaño, sus labios se curvaron suavemente por sà solos.
'Parece un ángel'
Cuando tenÃa sueño era una pequeña demonio, pero una vez que se dormÃa, era un ángel sin igual.
Al escuchar con atención, su suave respiración se oÃa claramente. Al verla de cerca, sus mejillas estaban más rojas de lo normal, como si estuvieran ardiendo.
'¿Tendrá calor?'
Le puso suavemente el dorso de la mano en la frente. Su piel se sentÃa húmeda. Retiró la manta que cubrÃa el abdomen de la niña. La bebé se removió un momento, pero como se sentÃa fresca y a gusto, no abrió los ojos y volvió a dormirse.
HabrÃa tenido tiempo de sobra para ducharse y cambiarse de ropa mientras tanto, pero Leon se quedó en su lugar hasta que su hija abriera los ojos, observándola dormir sin darse cuenta del paso del tiempo.
Nunca se cansaba. Si le dijeran que mirara a esta niña por el resto de su vida, él lo harÃa con gusto. Porque era perfectamente hermosa. Era una niña creada a imagen y semejanza de las partes más bellas de él y de esa mujer.
Cuando tenÃa los ojos cerrados, como ahora, era tan parecida a él que podÃa mirarla sin parar.
—Jmmm...
Y cuando abrÃa los ojos, no podÃa dejar de mirarla, cautivado por sus pupilas que cada dÃa se parecÃan más a las de su madre.
—Hola, mi hija. ¿Dormiste bien?
Bajó la voz para no asustarla. Sus ojos verde azulado, antes empañados por el sueño, se volvieron claros como canicas de cristal en un instante, al reflejar a Leon, la niña le sonrió brillantemente.
En momentos como este, Leon no podÃa evitar una sonrisa de pura felicidad, una que creyó que nunca más podrÃa mostrar hasta el dÃa en que recuperara a Grace.
—Jee.
—¿Despertaste y encontraste a papá? ¿Por eso eres feliz?
Sin embargo, la feliz sonrisa del padre y la hija no duró mucho.
Cuando la niña, que reÃa mirando a Leon a los ojos, comenzaba a mirar a su alrededor, la abrumadora sensación de felicidad desaparecÃa como la marea baja y una helada sensación de pérdida llegaba como un tsunami.
Decir que la bebé no sabÃa nada era una mentira. La niña aún recordaba a la mujer que la habÃa abandonado. En cada momento que tenÃa los ojos abiertos, la buscaba desesperadamente. Y luego se desilusionaba.
—Bueno, ¿nos levantamos ya?
Leon se puso una sonrisa forzada en su rostro, que se retorcÃa de dolor, y levantó a la niña en brazos. Tan pronto como la pequeña se acurrucó familiarmente en sus brazos, agarró su corbata como si fuera lo más natural del mundo.
Tal como esa mujer solÃa tirar de su corbata sin falta para arrastrarlo como un perro cuando lo besaba.
'Te pareces a tu madre'
Leon también recordaba a la mujer que lo habÃa abandonado a través de la niña, y en cada momento de su vida la anhelaba con mayor intensidad.
Si hubiera estado solo, habrÃa caÃdo en la desesperación, como un cadáver consumido por un deseo insaciable. HabrÃa pasado sus dÃas mirando fijamente un teléfono que no sonaba o hurgando en los relictos del pasado que ella habÃa dejado atrás para matarlo.
Pero ahora, no podÃa permitÃrselo.
—¿Qué cenaremos hoy? ¿Habrá brioche, tu favorito? ¿No te emociona?
Al ver a la niña, que con solo ocho meses ya sabÃa mirar su habitación con ojos vacÃos, Leon sentÃa el peso de su culpa. Como pecador, tenÃa la obligación de salvar a la niña inocente del sufrimiento.
A la niña, solo a ella, tenÃa que hacerle creer que este infierno sin Grace Riddle era el cielo.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
—Mi hija.
—Abua.
—¿Cuál es tu nombre?
—Umm…
—¿Mamá no te puso nombre?
'¿Será que no le puso nombre a la niña, o que decidió no decÃrmelo a mÃ?'
Esa mujer tan desconsiderada, y sin embargo, muy amablemente, escribió en la carta solo el nombre de la fórmula que la niña tomaba. Por un tiempo le dio esa, pero últimamente ya no.
—¡Umm, pa! ¡Apá!
Aunque le llenara el biberón, no tocaba el suyo y solo codiciaba lo que estaba en el plato de su padre. Por eso, últimamente la comida en su mesa no llevaba ningún condimento.
—¡Mam! ¡Mamma!
¡Bang, bang!
Las pequeñas manos golpearon la mesa, haciendo que los cubiertos se movieran. La expresión de su deseo de que le pusieran algo delicioso en la boca era muy clara y enérgica. De tal palo, tal astilla.
'Esta niña, su apetito definitivamente era como el de su madre'
Sin embargo, sus preferencias alimentarias eran como las de Leon.
ComÃa menos de lo que no comÃa. Se aburrÃa rápidamente del mismo sabor. Su preferencia variaba según cómo se cocinara, y su lengua era tan sensible que si la receta o la combinación de ingredientes cambiaban un poco, solÃa escupirlo de inmediato.
Leon también tenÃa la lengua sensible y era quisquilloso con la comida, pero eso nunca le habÃa causado problemas. Eran las personas a cargo de sus comidas las que se las veÃan difÃciles.
'Quién iba a decir que pagarÃa el precio de mi peculiar gusto de esta manera. ¿Grace también lo habrÃa pasado mal?'
A juzgar por el hecho de que escribió detalladamente el nombre de la fórmula que la niña tomaba, debió haberle costado mucho encontrarla.
Leon tomó un poco de yema de huevo bien cocida (aunque no era de su agrado, pero para que la niña no tuviera malestar estomacal) y la probó primero.
No olÃa a pescado, solo a algo sabroso. Tomó la yema con una cucharadita y se la dio a la niña, que abrÃa la boca como un pajarito. La niña la masticó, como si la aprobara, la tragó y sonrió con un "je".
—Bueno, entonces ahora…...
—Je…..
—¿Esto no lo apruebas?
El puré de zanahoria de hoy no cumplÃa con sus estándares; tan pronto como se lo dio, la niña frunció el ceño y lo empujó con la lengua.
Leon limpió la boca de su hija con una servilleta y luego su mirada se dirigió a las manos de la niña. Le habÃa dado un brócoli cocido y lo habÃa hecho puré.
Miró las manos cubiertas de puré verde y no pudo resistirse a limpiarlas. Comer con la niña era un momento de felicidad que lo llenaba incluso sin comer, y al mismo tiempo, una prueba insoportable para su TOC.
—Ahora papá te da de comer, pero a partir del año que viene tienes que comer limpiamente con tus propias manos. Como una dama. ¿Entendido?
—Abuu.
—Tienes que decir "sÃ".
¡Bang!
—¡Mamma!
Quizás serÃa demasiado pronto para que creciera como una dama.
—Ah-
Esta vez, no parecÃa que fuera a escupirlo. Era el brioche que le gustaba. La niña, con sus mejillas tan regordetas que parecÃan globos y su boca triangular, masculló y luego abrió la boca, diciendo "Ah", pidiendo más.
Solo tenÃa seis dientes, y eran más pequeños que los pétalos de una margarita, pero comÃa bien la comida de adulto. Era algo asombroso y digno de admiración.
Esta vez, Leon le dio un trozo de pan un poco más grande. La codiciosa, sin que nadie le estuviera quitando su pan, lo metió en la boca de golpe y terminó mordiendo el dedo de su padre.
—Cuando haces esto, no sé si estoy criando a una niña o a un perro.
La bebé sonrió dulcemente, incluso después de morder el dedo de su papá. Como Leon, lejos de sentir dolor, estaba sonriendo, la niña no sabÃa que morder dolÃa.
—Hija mÃa, ¿tu mamá también mordÃa asÃ?
'Ella sà habrÃa sentido dolor.'
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Una noche, la niña dio sus primeros pasos.
HacÃa apenas un mes que habÃa aprendido a ponerse de pie sola sin agarrarse de nada. Llevaba menos de un mes practicando caminar de la mano de él. Era obvio que se habÃa adelantado mucho a la época en que los libros de crianza indicaban los primeros pasos.
—Definitivamente, es mi hija.
Era un momento trascendental. Leon tomó una foto de la niña caminando hacia él.
Para la mamá que se perdió los primeros pasos de su hija.
Leon estaba seguro de que esa mujer, cuyo paradero se desconocÃa, se arrepentirÃa de no haber compartido los momentos preciosos de su hija. Por eso, y solo por ella, fotografiaba cada dÃa el tiempo irrecuperable de la niña.
'Grace, te amo tanto. Pero tú sigues creyendo que soy el mismo bastardo cruel y lleno de odio de antes, ¿verdad? Dame una oportunidad antes de que sea demasiado tarde. No, por ti y por la niña, vuelve, por favor'
El rápido crecimiento de la niña era una bendición y una maldición. Cuanto más crecÃa, más cosas se perdÃa Grace y más perdÃa la niña.
'Es por mi pecado que no eres amada por tu madre'
El peso de la culpa de Leon aumentaba dÃa a dÃa, a la par que la niña crecÃa.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Mientras estaba despierta, la niña era feliz y jugaba con energÃa, como si tuviera el mundo a sus pies, pero al llegar la hora de dormir, invariablemente empezaba a buscar a su mamá.
—Iiing.
Cuando la tomaba en brazos en la mecedora y le palmeaba la espalda, su hija tocaba su pecho y se frotaba los ojos, irritada. Anhelaba los brazos suaves y acolchados de su madre.
Luego, levantaba la cabeza de su pecho y miraba fijamente la habitación vacÃa. FruncÃa sus pequeños labios y hacÃa explotar burbujas de saliva, produciendo sonidos. Ahora sabÃa que ese era su gesto para llamar a su madre.
—Bebé, ¿sabes a quién extrañas ahora?
Esa noche, Leon, como siempre, le limpió la boca a la niña con una toalla y le enseñó la forma correcta de llamar a esa persona.
—Mamá.
Era una niña excepcionalmente inteligente; aprendió la palabra "papá" rápidamente y entendió su significado, pero la palabra "mamá" no la conocÃa, no la decÃa, aún no la entendÃa.
—Mira bien.
Leon tomó un pequeño marco de fotos de la mesita junto a la silla y lo acercó a los ojos de la niña. Dentro estaba la foto de identificación de Grace, traÃda de la mohosa pensión de Blackburn.
—Este rostro, lo recuerdas, ¿verdad?
La niña, hoy también, parpadeó confundida.
'Si la foto fuera más reciente y de cuando era un poco más grande, mi hija reconocerÃa a su madre más fácilmente. ¿Por qué no le tomé fotos a esa mujer antes?'
Quizás aún no tenÃa la edad para reconocer a personas en fotografÃas. Aun asÃ, la niña miró fijamente la foto, como si le causara curiosidad, a pesar de que se la mostraban todos los dÃas.
—Este rostro es el de mamá.
Leon le enseñaba a su hija todos los dÃas, como si la estuviera adoctrinando. Le decÃa que la mujer de la foto era la misma persona que ella buscaba, y que esa persona era la "mamá" que la habÃa dado a luz.
—Di "mamá". Mamá.
—Ma.
—Mamá.
—Ama.
—Asà es. Lo haces bien. Una vez más. Mamá.
—Amma.
Muuuack.
Leon besó la redonda frente de la niña a modo de elogio.
—Bastante parecida.
La pronunciación de la niña se volvÃa cada vez más precisa. Pronto llegarÃa el dÃa en que dirÃa claramente la palabra "mamá". Y eso significaba que algún dÃa también llegarÃa el dÃa en que entenderÃa que esa palabra se referÃa a la mujer que la habÃa abandonado.
Ese dÃa, el dolor de la niña tendrÃa un nombre. Y un dolor con nombre es como un perro con nombre, imposible de olvidar por el resto de la vida.
'Tú también, como yo, en este abismo sin fondo......'
¿Acaso tú también, como yo, pronunciarás en vano un nombre del que solo el eco regresará en este abismo sin fondo?
'Te hice algo terrible'
Leon se dio cuenta demasiado tarde. En este asunto, Grace tampoco era inocente.
'Si de todas formas ibas a abandonarla, debiste habérmela dado tan pronto como nació. Antes de que la niña conociera a su madre. Mujer cruel. ¿Acaso tu venganza es convertir a mi hija en alguien como yo? ¿Odiabas a la niña tanto como a mÃ?'
De vez en cuando, las emociones lo superaban y guardaba rencor a esa mujer, pero Leon sabÃa muy bien que Grace tampoco habÃa entregado a la niña con una sonrisa de alivio.
Sliiiish.
Algo se deslizó de la mecedora y cayó al suelo. La bebé estiró la mano hacia abajo de inmediato, esforzándose por recogerlo: era una bufanda con el olor de su madre.
Leon se habÃa sentido aliviado al encontrar esa bufanda en el cochecito. Sintió la verdadera intención de Grace. Ese afecto que la hacÃa preocuparse de que la niña no sintiera frÃo, incluso mientras la abandonaba.
[CrÃa al niño que hiciste hasta el final, bastardo.]
Y en las intensas emociones de la carta, ese afecto se sentÃa mucho más fuerte.
[Soy feliz porque soy tu desgracia.]
No solo sintió las emociones hacia la niña en la carta.
[Ya no te guardo rencor ni me interesas]
En una llamada telefónica, Grace le habÃa dicho una vez que no le guardaba rencor, pero…
[Espero que, aun cuando rÃas, de repente me recuerdes y sientas dolor; que asÃ, yo quede clavada en ti como un clavo, sin poder salir jamás de tu vida.]
La carta estaba llena de resentimiento. El hecho mismo de que dejara una carta, alegando que era la última, era en realidad una prueba de que no habÃa podido deshacerse de él.
Leon vio esperanza en la desesperación. Grace todavÃa sentÃa algo por él y por su hija.
Aunque la esencia de ese sentimiento fuera odio para él, para la niña serÃa afecto. Leon recogió la bufanda, que era la prueba de ello, y se la puso en las manos de su hija.
—Je.
La niña, que estaba a punto de llorar, sonrió ampliamente tan pronto como volvió a tener el último afecto de su madre en sus brazos. Sin embargo, esta vez la felicidad duró poco. La niña se frotó la bufanda contra la cara, una bufanda que seguramente ya tenÃa un olor a mamá muy tenue, y luego, con los ojos de nuevo vacÃos, miró fijamente la puerta cerrada.
No podÃa soportar esa mirada. Tampoco era aceptable que la niña se durmiera con esa sensación de pérdida.
Leon dejó de intentar que su hija se durmiera y empezó a jugar con ella. Levantó el borde de la bufanda que la niña apretaba con sus pequeñas manos y le cubrió los ojos.
—¿A dónde se fue papá?
—Iiiing.
La niña empezó a gimotear, creyendo que su papá habÃa desaparecido, pero…
—Aquà está.
Cuando Leon bajó la tela, la niña abrió su boca triangular en un "je" de alegrÃa. Después de repetir esto varias veces, la niña se darÃa cuenta de que su papá siempre reaparecÃa pronto, incluso si desaparecÃa, y dejarÃa de sentir ansiedad cuando se cubriera la cara.
—¡Kyaaa!
La niña, que se reÃa a carcajadas detrás de la bufanda, esta vez gritó de emoción, moviendo todo su cuerpo en el instante en que vio su rostro. Los ojos de la niña ya no estaban vacÃos. Lo contenÃan a él.
—¿Te gusto?
Ya habÃa obtenido la respuesta en los ojos de la niña. Esos ojos, que hace solo un par de meses revelaban un profundo miedo a los extraños, ahora solo brillaban con afecto absoluto.
Cuando su hija lo miraba con esos ojos verde azulado, Leon se sumÃa brevemente en la ilusión de que Grace lo miraba con ojos enamorados. Solo por un instante. ¿DeberÃa alegrarse de no ser tan tonto como para vivir engañado por mucho tiempo?
Sin embargo, debido a su codicia sumamente necia, incluso por un breve instante, se dejó llevar por esa ilusión feliz, empujándose a una infelicidad aún mayor. Mientras observaba cómo el afecto se instalaba lentamente en los ojos que se parecÃan a los de Grace, el deseo de ver algún dÃa el amor hacia él en los ojos de Grace volvió a asomar la cabeza.
No podÃa suprimirlo, por más que lo intentara. Grace le habÃa provocado una y otra vez una impotencia que no habÃa sentido desde la muerte de su padre, y ahora, sin siquiera estar presente, o mejor dicho, precisamente por ello, lo dejaba indefenso.
Ser atormentado por un deseo que no se puede satisfacer ni del que se puede escapar es una tortura. Leon tenÃa que esforzarse por no enloquecer, como los prisioneros a los que él mismo habÃa torturado.
'Porque tengo a esta niña.'
La paradoja de tener algo que avivaba su deseo, pero que a la vez le exigÃa no ser consumido por él, era irónica, pero no le causaba risa. No sabÃa si tener a su hija en brazos era una bendición o una maldición.
—¿No puedes dormir?
—Juiiing…
La niña, esta noche también, luchaba contra el sueño, esforzándose por no dormirse.
—Entonces, ¿damos un paseo?
Leon abrigó bien a su hija y salió del anexo. Por alguna razón, la niña se dormÃa bastante fácil cuando salÃan a pasear. Asà que, hoy también, mientras vagaba por el jardÃn con la niña en brazos, algo empezó a caer del cielo nublado.
—Mira esto. Es nieve. Esto es la nieve.
Los copos de nieve, que la niña veÃa por primera vez en su vida, captaron su curiosidad. Sus brillantes ojos verde azulado seguÃan erráticamente los copos que caÃan. De nuevo, Leon se imaginó a esa mujer en su hija.
Grace, ¿tú también estás viendo la nieve ahora?
Los gruesos copos de nieve se derritieron al instante al posarse en los ojos de la niña. La forma en que se acumulaban en el rabillo de sus ojos parecÃa lágrimas. No pude soportarlo y se las quité de inmediato con el borde de la bufanda de esa mujer.
Grace, si estás viendo esta nieve desde un lugar no muy lejano, espero que estés llorando tanto como esta niña, lamentando no haber compartido la primera nevada de la bebé. Por favor.
Leon formuló un deseo cruel mientras observaba sus ojos verde azulado, húmedos por las lágrimas.
El aire frÃo hizo que la niña se acurrucara naturalmente en sus brazos. Se apoyó asà y observó la nieve durante un buen rato. Luego, quizás embriagada por el olor de su madre y el calor de su padre, olvidó su ansiedad y cerró los ojos tranquilamente, quedándose dormida.
Ahora sabÃa que debÃa pasear hasta que se durmiera profundamente para que no volviera a despertarse. Leon ajustó más la bufanda de Grace que cubrÃa su gorro, envolviendo el rostro de la niña.
'¿Será que no quiere que papá la deje mientras duerme?'
Leon puso su mano sobre la de ella para que sus pequeños dedos, que sujetaban firmemente el cuello de su pijama, no se congelaran.
—Duerme bien.
'Yo no podré dormir esta noche tampoco'
Leon asumió el insomnio de la niña y, una vez más, pasó la noche en vela, prometiendo:
—Espera unas noches más. Papá encontrará a mamá, pase lo que pase.
'Para que tú, al menos, no pronuncies en vano un nombre del que solo el eco regresará en este abismo sin fondo. Para que la palabra 'mamá' sea para ti un nombre de alegrÃa, no de tristeza'
Los dÃas de llamar sin respuesta continuaron. Incluso en la desesperación continua, Leon se aferró a la esperanza.
Porque eso significaba que el dÃa de cumplir su promesa se acercaba.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
El precio de darme cuenta de lo que verdaderamente querÃa en la vida, demasiado tarde, fue enorme.
Perdà a la niña. Un lugar sin un ángel es simplemente un infierno.
La indecisión me atrapó, impidiéndome abordar el último barco del año, y asÃ, perdà la oportunidad de escapar de este infierno.
Con todos sus propósitos perdidos, Grace finalmente no pudo ir a ningún lado y se detuvo. El amor perdido también se quedó quieto en su corazón, haciéndola sentir aún más desesperada.
Cuando se propuso robarle a la niña de nuevo a ese hombre, aún tenÃa algo que podrÃa llamarse un propósito. Sin embargo, desde el momento en que se detuvo por miedo a ser atrapada, Grace se convirtió en una persona perdida.
'Es gracioso, abandonar a un bebé y luego perderse.'
Después de eso, se encerró en una habitación de hotel destartalada y solo bebió alcohol. Incluso cuando finalmente se quedaba dormida por la embriaguez…
—¡Puuh, kyaaa!
Se despertaba de repente al escuchar a la bebé llamándola. Mientras miraba aturdida la habitación solitaria, las palabras crueles que le habÃa dicho la última vez que la bebé la llamó, no eran para la niña, sino que se clavaban en su corazón como una daga.
—…¿Te gusto? No te gusto.
'¿Qué hago? Yo era la que te querÃa. Yo era la que no debió quererte. Puede que nunca vuelva a verte. ¿Qué voy a hacer ahora?'
¿Cómo podÃa estar tan vacÃo y a la vez tan obstruido? Se acariciaba el pecho vacÃo con la mano. Incluso llegaba a golpeárselo con el puño. Aun asÃ, el nudo en su pecho no bajaba.
El pecho empezó a dolerle. La sensación de que le bajaba la leche, aun sin tener un bebé a quien alimentar, se parecÃa al dolor de la pérdida.
Grace habÃa intuido que cada vez que se le llenaran los senos, pensarÃa en la bebé. HabÃa intentado destetarse y secarse la leche con anticipación, pero no lo logró porque no pudo alejar a la bebé que no paraba de buscar el pecho.
—Umm, jee.
Mientras vaciaba y tiraba lo que cruelmente se habÃa acumulado, la imagen de la bebé sonriendo ampliamente, mirándola a los ojos mientras mamaba, flotaba ante sus ojos. Las lágrimas brotaron con el arrepentimiento.
'Debà haberla dado a ese hombre tan pronto como naciste. No. No debà haberla dado a ese hombre.'
Luchando contra el dolor, arrepintiéndose de todo lo que habÃa hecho y no habÃa hecho con la niña…...
Arrepentida de todo lo que le habÃa hecho y lo que no le habÃa hecho a al niña, sin poder soportar el dolor, volvió a beber alcohol. Asà se quedó dormida, solo para despertar de nuevo al escuchar la voz ilusoria del niño.
Un dÃa, mientras se autodestruÃa repetidamente como un ratón atrapado en una rueda, la mujer destrozada que se reflejaba en el espejo llamó su atención. En ese instante, sintió como si le hubieran echado agua frÃa, y su mente se aclaró de repente.
'Ya te has librado del último grillete y te has librado completamente de ese hombre, entonces, ¿por qué sigues asÃ?'
Habiendo escapado apenas de la prisión de ese hombre, ¿se estaba encerrando a sà misma? La vida que ahora elegÃa voluntariamente no era diferente de los dÃas en que, encerrada en la sala de torturas, bebÃa licor fuerte cada noche para olvidar la realidad.
El niño ya debe estar viviendo su propia vida.
Grace rememoró la escena que vio a través de la ventana el dÃa que dejó al niño en la casa adosada. El hombre, a quien no le gustaban los niños pequeños, no soltó a su propio hijo de sus brazos, sin importar si lloraba a mares o pataleaba salvajemente. ¿Acaso tenÃa algo de ambición por su propia sangre? Dentro de la desgracia, al menos eso era una suerte.
Él, su padre, seguramente lo está criando bien.
Deslumbrado por la abundancia de su padre, ni siquiera pensará en su madre, que no tiene nada más que su propio cuerpo. Además, nadie recuerda cuando eran bebés, ¿verdad?
La niña ya me habrá olvidado.
Pero, ¿qué estoy haciendo yo ahora?
Con la mente clara, Grace ideó un nuevo plan de escape. El camino a Columbia todavÃa estaba bloqueado, pero no habÃa razón para no ir a otros paÃses que compartieran frontera. Los puestos de control con órdenes de búsqueda podrÃan evitarse cruzando montañas y campos en lugar de ir por carretera.
Puede que no entienda el idioma, pero eso no la asustaba. Ahora, si tan solo pudiera escapar de este infierno, cualquier lugar serÃa el cielo.
Apenas se decidió firmemente y salió, la determinación de Grace se desmoronó.
[Daisy, nuestra hija te está esperando.
Me equivoqué. Prometo que nunca más te haré daño. No importa si no me amas. Por favor, vuelve, aunque sea por el bien de la niña que no puede dormir por extrañarte.]
En el instante en que vio el volante pegado en la calle, sin nombre, número de teléfono ni dirección, su corazón dio un vuelco.
'¿Esa niña todavÃa me recuerda?'
Ese hombre refutó directamente la creencia de Grace de que el niño la habrÃa olvidado. Un bebé no es incapaz de recordar. Aunque algún dÃa olvidarÃa los recuerdos de su madre, ¿no estarÃa sufriendo hasta ese dÃa por la tristeza de que su mamá la abandonó?
Ese hombre atacó con precisión la preocupación que Grace se esforzaba por desechar. Como una persona atravesada por una bala en el corazón, Grace se derrumbó.
—¡Juuuaaaaa!
Las alucinaciones resonaban en su mente. El momento en que el niño, después de llorar, sonrió ampliamente al mirarla a los ojos, luego volvió a aullar cuando su mamá desapareció, se pegó en su cabeza y se repitió una y otra vez.
Era el momento en que ella misma habÃa destrozado con sus propias manos un amor inmaculado y puro, el primero que habÃa sentido en su vida. Y ahora le decÃan que el niño seguÃa con su corazón destrozado.
'Tengo que volver.'
Pero incluso cuando tomaba esa decisión…
'¿Volver?'
El sinsentido de esas palabras la hizo cambiar de opinión, harta.
'Ese no es mi hogar. Es la prisión de la que escapé. ¿Volver a dónde? ¿Te equivocaste? ¿Nunca más me harás daño? ¿Cómo puedo creer esas palabras?'
Era un hombre que aún no habÃa renunciado a su codicia por ella. Era evidente que no se trataba de que regresara por el bien del niño, sino de una táctica para atrapar a Grace usando al niño como cebo.
'No te dejes engañar. ¿Has olvidado lo astuto que es ese hombre? Ese niño es hijo de ese estafador astuto. Se parecen incluso en la apariencia. Y al final, también se parecerán por dentro'
Grace intentó actuar como la zorra con las uvas deseables sobre su cabeza, queriendo renunciar a su codicia por el niño, pero ya sabÃa que esas uvas eran dulces, asà que era en vano.
Cada vez que salÃa corriendo con la intención de escapar de allÃ, se encontraba con los volantes que la buscaban, lo que le ataba los tobillos. Debido a eso, Grace, asustada por la indecisión de su propio corazón, terminó por encerrarse de nuevo en una recóndita habitación de hotel.
'Cariño, eso es nieve. ¿Tú también la ves? ¿Papá te la mostró?'
La nieve se acumulaba sobre los tejados fuera de la ventana.
Los ojos maravillados al ver el mar por primera vez. La cara que se arrugó al probar el agua con gas. Su primer llanto. Su primera sonrisa. Los momentos en que compartió las primeras veces de ese niño se acumulaban capa tras capa en el pecho de Grace. El peso de los recuerdos, que crecÃa en un instante, oprimÃa su pecho y le cortaba la respiración.
Se sentÃa como si fuera a asfixiarse con los recuerdos.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
El crudo invierno se acercaba a su fin. Asà como las ramas secas almacenan energÃa durante el invierno para recibir la lozanÃa de la primavera, Grace también, a lo largo de ese tiempo, reunió poco a poco la fuerza para retomar la vida que habÃa detenido tan ferozmente.
Hoy, el sol que entraba por la ventana era especialmente cálido. Un aroma a primavera se colaba sutilmente por las rendijas sueltas de la ventana. Al mirar afuera, los capullos de las primeras flores de primavera comenzaban a abrirse. Con el corazón emocionado, Grace se arregló después de mucho tiempo y salió.
No habÃa nada que la detuviera. HacÃa mucho que la leche se habÃa secado. Ahora, no quedaba ni una sola huella del niño en ella. Los transeúntes nunca adivinarÃan que la mujer de cabello castaño oscuro con gafas de sol alguna vez tuvo un hijo. Incluso Grace podrÃa llegar a olvidar ese hecho algún dÃa.
Poder despedirse del niño también de corazón, poder salir de nuevo, fuera de este reino infernal, se debÃa en parte a que últimamente los volantes que la buscaban no se veÃan tan a menudo.
'¿Por fin me han abandonado?'
Se sintió aturdida y, a la vez, liberada.
'SÃ, nuestra persistente mala suerte termina aquÃ'
Ahora, lo único que quedaba era que Grace abandonara su pasado y comenzara una nueva vida.
Aprovechando el impulso, pensó que deberÃa ir a comprar un boleto para un transatlántico, que reanudarÃa sus viajes pronto. Grace giró hacia la zona más concurrida.
'¿Tengo suficiente dinero?'
Al intentar abrir su cartera y meter la mano en el bolsillo del abrigo que aún llevaba puesto porque hacÃa frÃo, se detuvo abruptamente al sentir algo completamente inesperado en su mano.
'Me quedaba una huella más de la niña'
Era el chupete que usaba el bebé.
'¿Por qué diablos habré traÃdo esto?'
Era ridÃculo, una vez más. Que pudiera reÃr. Fue un alivio.
'Uf, deshazte de él rápido'
AsÃ, se sacudirÃa hasta el último rastro, sentirÃa de nuevo una sensación de ligereza y se irÃa con pasos ligeros.
Justo cuando se acercaba a un cubo de basura en la avenida principal y extendÃa la mano con el chupete sobre él:
—¡Extra, extra!
—¡Oh!
Alguien la golpeó al pasar. Por el impacto, el chupete se le escapó de la mano y cayó dentro del cubo de basura. Grace lo pescó rápidamente en el aire y, aliviada, suspiró con irritación.
'....…¿Por qué hice eso?'
De todos modos, era algo que iba a tirar. Algo que debÃa tirar.
'Ahora sà que lo voy a tirar'
Intentó arrojar el chupete que tenÃa en la mano dentro del cubo, pero esta vez tampoco pudo. La mirada se le clavó en el extra que llevaba el niño voceador que la habÃa golpeado.
[CONDE LEON WINSTON MUERTO]
¿Qué?
¿Ese hombre murió?
Leyó las palabras por completo, pero no pudo asimilar su significado. Porque ese hombre no podÃa haber muerto.
León Winston y la muerte. Para Grace, eran un par de palabras trilladas y absurdas, como "el mundo y su fin".
La gente a menudo habla del fin del mundo. Pero el fin del mundo, en realidad, nunca sucede. Grace recitaba la frase "Voy a matar a ese hombre" como un saludo casual, pero nunca habÃa considerado seriamente la posibilidad de que él muriera.
Porque ese hombre estaba lejos de la muerte. No solo era astuto, sino que también tenÃa suerte. Incluso si se enfrentaba a una crisis de muerte, siempre lograba evadirla ingeniosamente. Era un ser humano más cruel que la muerte misma, capaz de hacer que el peligro lo esquivara.
Al leer el artÃculo que decÃa que el cuerpo habÃa sido identificado como el Conde Winston por sus pertenencias y vestimenta, le resultó aún más increÃble.
'¿Qué otra táctica es esta?'
Esto era una táctica. Grace lo recordaba claramente.
—Tú tenÃas curiosidad por mi plan, ¿no?
El momento en que ese hombre reveló su plan de emigración.
Simplemente no sabÃa que la verdadera naturaleza de esa táctica no era la emigración, sino el exilio. Por supuesto, tampoco habÃa imaginado que abandonarÃa su nombre, su honor y su estatus, fingirÃa su muerte y causarÃa tal alboroto en todo el paÃs.
'Vaya, se ha vuelto toda una estrella…'
Realmente no creyó que lo harÃa.
Sin mÃ.
Le dolÃa el pecho.
'....…Es la repugnancia de que sea precisamente Columbia.'
El catálogo del penthouse que Winston le habÃa dado junto con su plan terminaba con la dirección de los Estados Unidos de Colombia. Asà que, sin duda, él debió haber ido allÃ.
'¿Es realmente la elección correcta ir a Columbia?'
La duda comenzó a surgir, pero rápidamente la apartó y siguió caminando. Aunque no fuera por él, Grace tenÃa sus razones para dejar esta tierra.
Además, '¿Columbia no es un poco grande?'
'¿No es acaso un continente más que un paÃs?'
Recordaba que todos los penthouses que aquel hombre le habÃa mostrado estaban ubicados en las grandes ciudades de la costa este. Entonces, Grace solo tenÃa que evitar el este.
—Destino: Colombia. En el primer barco.
Grace declaró, aferrando firmemente el boleto para escapar del infierno que habÃa comprado en la taquilla.
'Ahora sà que es el fin.'
O tal vez deberÃa llamarlo una promesa, o incluso un reproche. Por otro lado, no podÃa deshacerse de los pensamientos que habÃa tenido desde que vio el artÃculo, como si estuviera toqueteando el chupete en su bolsillo.
'¿Qué habrá sido de la niña? Claro, se lo habrá llevado consigo al exilio'
—¿Qué edad debe tener un niño para poder viajar largas distancias?
le habÃa preguntado una vez al obstetra, asà que el plan de exilio de ese hombre debió haber incluido al niño desde el principio, incluso si Grace quedaba fuera de él. ¿Por qué un hombre tan obsesionado con lo suyo abandonarÃa a un niño tan parecido a él y se irÃa solo?
'Si la niña no estuviera, no tendrÃa motivos para irse'
A pesar de saberlo bien, ¿por qué esa inquietud de no poder estar segura si no lo confirmaba con sus propios ojos no se desvanecÃa?
'Quizás es una trampa'
De repente, tuvo la premonición de que incluso esta inquietud era una táctica de ese hombre. Una trampa puesta para atraparla si se acercaba a sus allegados o a la mansión para verificar el paradero del niño. Ese "extra" que todos sostenÃan en la calle no era diferente de los volantes pegados en las paredes.
'SÃ, esto es una trampa'
Después de varias semanas de reprimir ese impulso, finalmente llegó el dÃa en que partÃa el primer transatlántico. Ese hombre aún estaba vivo, por lo que la prohibición de salida del paÃs podrÃa seguir vigente.
—Pasaporte.
Grace, con el cabello corto y disfrazada de joven de 19 años, entregó el pasaporte falso, evitando naturalmente el contacto visual con el hombre sentado detrás del puesto de control de inmigración. El hombre abrió el pasaporte, lo leyó y comenzó a comparar la foto de adentro con el rostro del "joven".
Grace mantuvo una expresión que indicaba que la larga espera le resultaba tediosa y agotadora hasta la muerte, para no delatar su nerviosismo, mientras repasaba mentalmente diversos escenarios.
'Si parece que me han descubierto, debo abandonarlo todo y huir de inmediato'
¡Tac!
Sin embargo, todos sus planes de escape, cuidadosamente elaborados, se hicieron pedazos. Quizás por tener la mirada baja, el oficial de inmigración no se detuvo en el hecho de que el color de ojos en el pasaporte era diferente al real, estampó el sello de salida, devolviéndole el pasaporte casi con un lanzamiento.
Grace embarcó sin demora. Después de revisar su camarote, salió al pasillo, por costumbre, para observar los alrededores y el movimiento exterior. Primero verificó su propio piso y luego, mientras subÃa las escaleras para ir a la cubierta, desde donde tendrÃa una vista panorámica:
—Ey, no es por ahÃ, es por aquÃ.
Una voz familiar resonó desde abajo de las escaleras. Grace inmediatamente se dio la vuelta y se dirigió hacia el dueño de la voz. Sin embargo, como esto también podrÃa ser una trampa de Winston, no podÃa correr de inmediato y revelar su identidad.
Siguiéndolos cautelosamente desde la distancia, vio a una pareja joven y a dos niños entrar en un camarote. Aún sin estar segura, se quedó en el pasillo sin acercarse, vigilando si habÃa algún movimiento sospechoso, cuando la puerta del camarote se abrió.
El hombre salió solo, con un cigarrillo en la mano. ParecÃa no reconocer a Grace en absoluto, ya que pasó a su lado con naturalidad, revisó el mapa de la nave colgado en el pasillo y luego comenzó a caminar por el corredor.
Asure: es lo mismo que la historia principal, diferente narrativa :v
0¿Va a la cubierta exterior?'
De nuevo, Grace lo siguió a distancia hasta llegar a un pasillo vacÃo. Una vez que se aseguró de que no habÃa vigilancia, ni de su parte ni de la de él, aceleró el paso para alcanzarlo.
El hombre se giró, quizás al escuchar sus pasos. Aunque la miraba directamente, la cautela en sus ojos no disminuÃa, sino que se intensificaba.
'¿Qué tan bien me habré disfrazado?'
Cuando el hombre llegó al punto de meter la mano en el bolsillo interior de su chaqueta, donde seguramente guardaba una pistola, Grace se quitó el sombrero y las gafas y lo llamó con su propia voz.
—Joe.
—....…¿Grace?
Solo entonces, el hermano reconoció a su hermana. La cautela en sus ojos se transformó rápidamente en alegrÃa, pero Grace, aún sin poder sacudirse la inquietud, no pudo simplemente alegrarse de ver a su familiar después de tanto tiempo y comenzó a interrogarlo.
—¿Qué pasó? ¿No estabas retenido por Winston?
—SÃ, lo estaba. Hasta que ese hombre murió.
Al igual que el dÃa en que las noticias volaron por las calles, la mente de Grace se detuvo por un momento, sin poder asimilar el significado de lo que acababa de escuchar.
—...…¿Ese hombre, realmente murió?
Joe también se sintió confundido. Nunca habÃa considerado la posibilidad de que Winston estuviera vivo, ni tenÃa razón para hacerlo.
—Todos dijeron que Winston murió. Incluso sus subordinados. Piénsalo, ¿por qué Winston fingirÃa su muerte?
¿Será que Grace sentÃa algún apego por ese horrible demonio y por eso negaba su muerte?
La preocupación se intensificó en los ojos de Joe mientras miraba a su hermana. Sin embargo, Grace, que miraba fijamente al vacÃo, no se dio cuenta de que estaba siendo malinterpretada.
…...No. Es solo que ese hombre no le dijo la verdad a Joe.
Asà que no habÃa necesidad de preguntar, pero…...
—¿Y la niña? ¿Qué pasó con mi hija?
En el instante en que soltó las riendas de su ansiedad para preguntar, la expresión de Joe cambió drásticamente. Eso significaba que sabÃa del hijo de Grace. Por su reacción de desconcierto, no era una buena noticia la que iba a darle.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Que yo sepa, Winston lo crió en la mansión antes de morir, pero después de su muerte, no sé el paradero de la bebé. Lo siento, Grace. Le dijimos que lo llevarÃamos con nosotros, pero él no entregó a la niña, diciendo que su identidad podrÃa ser expuesta a los rebeldes.
—¿Quién?
—Teniente Campbell. ¡Grace!
La voz de su hermano, que la llamaba, se alejó rápidamente. Al final, Grace, cediendo a la angustia, salió corriendo del barco de escape que habÃa abordado con tanta dificultad, sin mirar atrás.
‘No puede ser. Tengo que confirmarlo con mis propios ojos, que no es asÃ.’
A partir de ese momento, Grace, completamente cegada por la ansiedad, fue directamente a Hailwood. Observó la mansión de Winston desde afuera y, al no poder más, se aventuró a una peligrosa infiltración, pero no encontró ni rastro del niño.
Claro. Él se lo habrá llevado.
Intentó tardÃamente aferrarse a la razón, pero la soltó de nuevo. Cuando, decidiendo revisar un último lugar y prometiéndose que nunca más volverÃa, puso un pie en el anexo donde alguna vez habÃa jurado no regresar.
'Esta era la habitación de la bebé'
En cuanto abrió la puerta de una de las habitaciones, Grace no pudo evitar sentir una certeza. HabÃa rastros de la vida del niño por todas partes. Incluso, al ver los juguetes esparcidos desordenadamente sobre la alfombra, como si la bebé los hubiera dejado asà hace un momento, una escalofriante revelación se filtró lentamente en su mente.
¿Cómo era posible que los rastros permanecieran tan intactos?
Como si la bebé hubiera estado allà hasta hace poco.
Pero el aire frÃo que rozaba su piel y la fina capa de polvo sobre la barandilla de la cama decÃan otra cosa: que se habÃan ido hace mucho tiempo. Que simplemente se habÃan marchado de allà con el niño a toda prisa. A toda prisa.
‘Si esto hubiera sido una huida planeada...…’
Las manos de Grace temblaban mientras recogÃa del suelo una bufanda familiar y, de una mesita auxiliar, un marco con su foto.
‘…...No hay forma de que hubieran abandonado todo esto, cosas que la niña y ese hombre habrÃan atesorado.’
Aunque toda la evidencia en la habitación apuntaba en una sola dirección, Grace se esforzaba por desviar la mirada de esa clara conclusión y, de manera minuciosa, y al final frenética, rebuscó en la habitación de la niña en busca de pruebas que señalaran la dirección que ella deseaba.
De repente, sus pasos se detuvieron junto a un pequeño escritorio cerca de la ventana. No fue el hecho de que un objeto tan precoz para un bebé de apenas diez meses estuviera allà lo que la hizo detenerse.
‘Esto es…’
Los cuadernos de tapa dura, prolijamente apilados en un rincón del escritorio, le resultaban familiares.
‘Son… todos mis diarios.’
Era obvio que Winston los habÃa traÃdo hasta aquÃ, ya que los habÃa dejado en la casa de huéspedes de Blackburn. El hecho de que ese hombre hubiera leÃdo todos sus diarios. Su rostro se enrojeció al instante. De vergüenza y rabia.
‘¿No solo leyó el diario de otra persona sin permiso, sino que además escribió en él?’
En un rincón del escritorio habÃa un tintero, pero, a excepción de sus diarios, no se veÃan cuadernos ni papeles de ningún tipo.
Quizás la pista de que ese hombre y el niño habÃan emigrado a salvo estaba escrita allÃ.
En realidad, ella sabÃa que el hecho de que el diario hubiera quedado allà era también una prueba de que no habÃan logrado escapar según lo planeado. Solo necesitaba una excusa para ceder a la simple curiosidad de saber qué habÃa escrito Winston.
[Hoy, nuestra hija dio sus primeros pasos.]
Lo que el hombre habÃa escrito era un diario de crianza.
[Ahora que sabe caminar, ya está intentando trepar por la barandilla de su cuna. ¿Nuestra hija crecerá como una niña traviesa que usa faldas y trepa árboles, igual que tú? Ya es un dolor de cabeza.]
Como si le hablara a Grace.
[La niña no puede dormir sin la bufanda de su madre.]
Y, a veces, como un monólogo.
[Últimamente, le he estado enseñando a la niña la palabra "mamá". No lo dudé en absoluto. Porque es una palabra que, por supuesto, debÃa saber. Pero hoy, cuando la niña pronunció "mamá" con bastante exactitud, de repente me di cuenta. Me di cuenta de que habÃa hecho algo terrible.
Le enseñé el nombre de alguien que no vendrá, aunque la llame. Sentà lástima por mi hija.
La niña algún dÃa se dará cuenta de que su madre es la mujer que la abandonó. Entonces preguntará:
¿Por qué mamá no está a su lado?
Lo siento, mi querida hija. Es mi culpa. Papá le hizo daño a mamá. Por eso tú no tienes madre.
Si me pregunta qué error cometÃ, ¿cómo debo responder?
Solo a través de mi hija me di cuenta de que, hasta ahora, siempre habÃa medido el peso de la vida solo a través de la muerte, y nunca lo habÃa asumido a través del nacimiento.
Nadie trae hijos al mundo por el hijo mismo. El nacimiento siempre ocurre por una decisión egoÃsta y ajena. Esa era mi creencia, sigue siendo la misma incluso ahora que soy padre.
Aun asÃ, si un dÃa mi hija me pregunta cómo nació, no podré responder con orgullo: "Eres el peso del pecado que le hice a tu madre." Aunque la razón por la que te creé fuera egoÃsta, no deberÃa haber sido motivo de culpa.
¿El niño que me ama ahora, me odiará desde entonces? Debo encontrar a Grace antes de que sea demasiado tarde. Para que cuando el niño llame a su mamá, no solo regrese un eco vacÃo. Para no tener que decirle: "Te pareces a tu madre".
Si mi estúpida sinceridad no llega a Grace y nunca soy perdonado en toda mi vida, es el castigo por mis pecados y puedo soportarlo. Pero, ¿por qué un niño inocente debe pagar también ese precio?
Grace, ¿dónde estás?
Ella se fue, pero siento que yo, que me he quedado, soy el que ha perdido el rumbo. Solo después de que Grace se fue, me di cuenta. Me di cuenta de que habÃa fijado todas mis direcciones con ella como referencia. Incluso cuando lo que sentÃa por Grace no era amor, sino odio.
He perdido mi guÃa.]
El hombre perdido no tenÃa intención de irse.
[Quiero salir de este abismo cuanto antes, pero para eso necesito la gracia de Dios.]
Sin Grace.
‘Eso significa que…’
No. Puede que haya cambiado de opinión.
Negando una vez más la clara realidad, siguió leyendo el diario hasta el final en busca de pruebas de que el hombre habÃa cambiado de parecer y se habÃa marchado sin ella.
[Mostró interés en el teléfono y ahora insiste en que él quiere contestar. Si fuera el teléfono de tu madre, te lo darÃa de inmediato.]
Pero incluso en la última entrada del diario, el hombre no cambió de parecer.
‘…¿Realmente está muerto?’
La vista, que se habÃa vuelto borrosa, se aclaró en el instante en que sus ojos se posaron en el marco de la foto con su imagen, que habÃa dejado brevemente sobre el escritorio. La razón fue que algo que no habÃa notado antes, ahora le saltó a la vista.
Una pequeña huella de mano apenas visible en el cristal sobre su rostro. La huella de la mano de una niña.
'Bebé, ¿dónde estás ahora? Sin mamá ni papá'
La visión se le nubló de golpe.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Después de eso, no vio nada más.
—¿Quién?
—Teniente Campbell.
Campbell, ¿qué le hiciste a mi hija?
Se escondió y esperó frente al Cuartel General Occidental y la residencia de los Campbell, pero no lo vio por ningún lado. Hartándose de esperar a la distancia, incluso se atrevió a llamar directamente a la casa de los Campbell.
—El teniente no se encuentra.
La gente de la casa Campbell repetÃa la misma respuesta como loros. Por mucho que preguntara adónde habÃa ido o cuándo regresarÃa, la única respuesta era "no sabemos".
¿Será que Campbell también se vio envuelto en el incidente y su vida corre peligro?
Siendo el confidente más cercano de Winston, era posible. Sin embargo, estaba claro que el hombre estaba vivo.
—Si por casualidad regresa o logran contactarlo, por favor, dÃgale que una mujer llamada Sally Bristol lo busca.
Grace estaba tan desesperada por saber el paradero de su hijo que se atrometió a hacer algo tan peligroso.
Incluso, no podÃa quedarse quieta esperando a que apareciera, asà que empezó a frecuentar los bares cercanos al Cuartel General Occidental.
Se mezclaba con los oficiales y preguntaba discretamente sobre la muerte de Mayor Winston. Como era el suceso más impactante de los últimos tiempos, nadie dudaba de su intención al preguntar. Menos aún porque fingÃa ser una mujer tonta cuya cabeza solo estaba llena de curiosidad.
—Al parecer, el Mayor tuvo una amante hace poco y esa mujer era una rebelde. Dicen que cayó por un truco de belleza y se fue en un instante...
Le daba la razón a los oficiales, que emocionados charlaban sobre todo tipo de rumores y especulaciones, y asà lograba conducir la conversación hacia el cÃrculo de Winston. De esta forma, ellos mismos mencionaban a Campbell.
—El Mayor tenÃa un brazo derecho...
—No un brazo derecho, sino un perro fiel. Un perro que hace lo que su amo le dice.
—Pero, ¿qué le pasó a Campbell? ¿Alguien sabe algo?
Parece que Campbell habÃa presentado su renuncia y desaparecido poco después del asesinato de Winston. Dentro del cuartel general, incluso circulaba el rumor de que Campbell estaba implicado en la muerte de Winston.
—¿Acaso el perro mató a su amo…?
—¡Qué barbaridad!
—Pero tampoco es algo que no suceda, ¿verdad? Una insubordinación asÃ…
'¡Tontos! Campbell no tiene nada que ganar matando a su superior'
Grace tuvo que contenerse para no replicar. De todos modos, en el cuartel general no obtuvo ninguna pista sobre el paradero de ese hombre.
Sin embargo, quedarse parada no era el estilo de Grace. Con la desesperación de quien se aferra a un clavo ardiendo, fue en busca de los empleados de la mansión Winston: desde Señora Bellmore, hasta la criada muda que habÃa estado a cargo del anexo después de su fuga, y la mujer que habÃa trabajado como niñera.
—¿Qué pasó con el niño?
Ante esta pregunta, todos señalaban la misma dirección:
—No lo sé. La niña se lo llevó Teniente Campbell.
¿Campbell, dónde diablos te llevaste a mi hijo?
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Leon Winston está muerto. Eso es un hecho. La prueba más decisiva era que Grace seguÃa hurgando impunemente en el dominio de Winston sin ser atrapada.
¿Será que al morir, también olvidó esa obsesión terrible? Aunque Grace visitara su tumba con frecuencia, ningún hueso esquelético sobresalÃa de la tierra para sujetarle el tobillo.
—¡Este maldito hijo de perra!
La tumba de Winston, supuestamente la tumba de un héroe, era bastante visitada. Por eso, hasta hace poco, no habÃa podido soltarle semejantes insultos a la lápida.
El flujo de dolientes empezó a disminuir después de que ocurriera un evento que podrÃa malinterpretarse como una declaración polÃtica si se visitaba el lugar.
[El asesino de mi hermano es el Estado.]
Se referÃa a la revelación de Jerome Winston. Según él, el rey y sus colaboradores más cercanos habÃan asesinado a Leon Winston y culpado a los rebeldes para encubrir el incidente en el que se habÃa tendido una trampa a Sinclair.
‘¿Leon Winston sintió remordimiento de conciencia y quiso exponer el asunto de Sinclair?’
Cuando Grace leyó por primera vez la declaración de Jerome Winston, no pudo evitar reÃrse, incrédula. ¿Por qué ese hombre sin escrúpulos iba a querer exponer algo asÃ? No era el tipo de persona que arriesgarÃa su vida para proteger a un individuo que no le traÃa ningún beneficio. A menos que hubiera perdido una lucha de poder al intentar usar los puntos débiles del rey.
‘¿Remordimiento de conciencia?’
Era evidente que la familia Winston habÃa disfrazado la avaricia de ese hombre como remordimiento.
‘Escribe una novela.’
Ojalá la muerte de ese hombre también fuera una novela.
Después de la revelación de Jerome Winston, todo el paÃs se puso de cabeza. Otras revelaciones avivaron el fuego, y la situación escaló hasta convertirse en protestas. La monarquÃa volvió a estar en el ojo del huracán, con el trono en peligro de desaparecer.
A pesar de que la monarquÃa, que habÃa luchado por derribar toda su vida, finalmente estaba en riesgo de ser abolida, Grace no podÃa alegrarse. Si fuera puramente por indiferencia, ya que era un asunto ajeno, se habrÃa mantenido al margen. Pero, por el contrario, se sentÃa atormentada y trataba de evitar las noticias.
Porque detestaba a ese hombre de manera insoportable.
Cuando comenzaron a aparecer signos de que la monarquÃa perderÃa y el pueblo ganarÃa, Leon Winston volvió a ser un héroe salvador de la nación. A partir de entonces, el número de personas que visitaban su tumba, que se habÃa convertido en el rostro de la revolución, volvió a aumentar.
Por eso, aunque intentaba contenerse de proferir insultos a la lápida, una noche, con el corazón debilitado por el alcohol, Grace no pudo más y volvió a visitar la tumba de ese hombre.
—TodavÃa no me creo que estés muerto. Creà que morirÃas a manos mÃas…
Aunque lo creÃa, cada vez que tuvo la oportunidad de matarlo, no lo hizo. Asà que serÃa más exacto decir que creyó que ese hombre nunca morirÃa.
—¿El infierno es cómodo? ¿Te sientes cómodo escapando y echándome a mà todo el resentimiento que quedó entre nosotros?
No hubo respuesta. Sentada frente a la lápida que decÃa "Leon Winston", Grace se sintió de repente invadida por la ira y lanzó la botella de alcohol que estaba bebiendo.
¡Crash!
La botella chocó contra la lápida y se hizo añicos. El nombre de Leon Winston, cubierto de licor, se oscureció. Ese hombre que se habÃa vengado cuando Grace una vez se derramó alcohol sobre la cabeza, estaba muerto.
—¡Perro miserable, te dije que te hicieras cargo de tu hija hasta el final! Nunca haces lo que te pido. Creà que eras un hombre con sentido de la responsabilidad… Aunque abandonaras otras convicciones, ¡no debiste traicionar esa!
El odio hacia el hombre muerto no tenÃa a dónde ir. La Grace que odiaba a Leon Winston se habÃa convertido, sin darse cuenta, en parte de ella misma. Era natural que, una vez desaparecido el objeto de su odio, se sintiera perdida y deambulando sin rumbo.
—Mi venganza era que yo no estuviera a tu lado, ¿por qué resultó al revés?
Incluso el hecho de que ya no tuviera que huir no le trajo alivio, sino un vacÃo. Nunca imaginó que el no tener a nadie persiguiéndola la harÃa sentir tan sola.
Solo se dio cuenta cuando la libertad plena le llegó sin previo aviso. Grace, de una manera extraña, se habÃa sentido amada porque ese hombre no la habÃa abandonado y la habÃa perseguido. Al admitir eso, también estaba reconociendo que él la habÃa amado.
¡Maldita sea! Que el hombre que una vez la torturó y la odió cruelmente, la habÃa amado.
¿A eso le llamaban amor...?
No era el único que tenÃa sentimientos tan retorcidos que el lÃmite entre el afecto y el odio se habÃa vuelto ambiguo.
‘¿Lloraste? ¿Por mi muerte? ¿Acaso me amaste?’
Ojalá apareciera ahora mismo y se atreviera a decir esas descaradas palabras, mostrando esa cara de pillo.
—Ojalá estuvieras vivo.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Grace, quien siempre le lanzaba reproches al hombre que la perseguÃa y corrÃa dándole la espalda, también habÃa perdido su rumbo.
Campbell apareció solo cuando la monarquÃa se habÃa derrumbado y la situación polÃtica comenzaba a calmarse. Esto sucedió cuatro meses después de la muerte de ese hombre.
[El Mayor la esperó, Señorita Riddle. Su plan era persuadirla para que huyeran a Columbia con la niña, pero de repente la situación dio un giro extraño y...]
¿Significa que si hubiera regresado, no habrÃas muerto?
[Yo también me habÃa convertido en objetivo de la realeza, asà que tuve que encargarme rápidamente de los asuntos personales del mayor y esconderme.]
Campbell explicó las circunstancias por las que habÃa tenido que desaparecer tan pronto como comenzó la llamada. Para Grace, esto era solo una charla inútil, pues ya lo habÃa supuesto al ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
—¿Qué hiciste con mi hija?
Preguntó Grace con los dientes apretados, advirtiendo que si Campbell le habÃa hecho algo terrible al niño con el pretexto de ocuparse de los asuntos de Winston, ella le harÃa lo mismo con sus propias manos.
[Le revelé a la familia Winston que el Mayor tenÃa un hija, pero como ellos no la querÃan, me pidieron que me deshiciera de ella discretamente, sin que nadie supiera…]
—… ¿Qué?
[Lo di en adopción. Con un nombre falso, a otro paÃs. Para que nadie pudiera encontrarla]
—¡Mi hermano dijo que se lo llevarÃa! ¡Pudiste dárselo a Joe! ¿por qué lo entregaste a otra persona por tu cuenta y riesgo?
[Si la familia de Señor Riddle no hubiera logrado escapar con seguridad de este paÃs, la niña también habrÃa perdido la vida con ellos.]
Explicó que no habÃa entregado a la niña porque podrÃa haber remanentes rebeldes siguiendo a la familia.
[Y la niño tiene los ojos de Señorita Riddle. Eso significaba que la familia de su hermano podrÃa haber estado en peligro por su culpa. Además, si se quedaba en el paÃs durante este perÃodo inestable, era obvio que cualquiera de las partes intentarÃa llevárselo y usarlo, ¿no cree?]
Grace no pudo refutar que Campbell habÃa tomado la mejor decisión para la seguridad de todos. La pérdida de la niña fue simplemente un error de Grace, quien habÃa sido demasiado tonta y llegó tarde.
—Entonces, ¿a dónde lo enviaste?
[Si lo abandonaste, ¿por qué lo buscas?]
—Eso...
Grace se quedó sin palabras por un momento, incapaz de continuar.
—Yo no querÃa abandonarla.
A su confesión de culpa le siguió un reproche frÃo.
[Ya es tarde. Por el futuro de la niña, no lo busque.]
—Teniente Campbell, no estoy tratando de recuperar a la niña. Solo quiero confirmar con mis propios ojos, desde lejos, que ha encontrado buenos padres y que vive feliz.
[Eso se lo garantizo. Asà que olvÃdelo.]
Pero Campbell se mantuvo firme.
—¿Por qué deberÃa confiar en usted?
Grace no era menos insistente. Después de eso, persiguió a Campbell, tratando de convencerlo y hasta amenazándolo, hasta que finalmente Grace consiguió el nombre y la dirección de la pareja que habÃa adoptado al niño.
Columbia. Por qué tuvo que ser allÃ, de todos los lugares.
Asure: Buen dÃa chiques, aperturamos junio y comenzamos el ultimo volumen de la novela, espero les guste (Pagina 89/209), disfruten. Pasen buen domingo
Ey, estoy de vuelta ----> Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Ya tu sabes, no te exijo, es de tu bobo aportar o no, no te exijo :p
0 Comentarios