PLPMDSG 33





POR LA PERFECTA MUERTE DE SEÑORA GRAYSON 33



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Isaac recordó sus propios intentos fallidos de citas a ciegas. Y rumiaba las palabras que hubiera querido decirles a esas mujeres, pero que jamás pudo.

Aunque no todas las personas eran así, la mayoría de los matrimonios entre nobles eran, de hecho, una especie de 'comunidad de cooperación sin amor'. Justo como el de su padre y su primera esposa, la madre biológica de Edmond. Por eso, Isaac también quería pedirles lo mismo a ellas: un 'matrimonio puramente transaccional', sin que uno interfiriera en los asuntos del otro. Una unión donde ambos solo buscaran el beneficio mutuo, sin intercambios emocionales innecesarios.

Intercambios emocionales. Isaac recordó al conde y a su madre paseando por el patio trasero cada día festivo. Rememoró cómo caminaban tomados de la mano, con ternura, sin importarles quién de la mansión los viera, luego cómo su hermanastro Edmond los observaba fijamente y en silencio desde la ventana.


—Primero, si es necesario, asegúrese de cooperar en las reuniones privadas.

—¿Reuniones privadas?

—Sí. Reuniones familiares o de amigos. Por cierto, quería preguntarle: ¿son frecuentes las reuniones familiares?


Isaac puso los ojos en blanco ante esa pregunta tan personal. ¿Reuniones familiares? Deberían existir. Bueno... Isaac se quedó en silencio un buen rato, hasta que Sasha preguntó en su lugar:


—¿Cuándo fue la última vez que toda la familia se reunió?

—En el funeral de Edmond.


Isaac respondió secamente. Y al instante, se arrepintió.


—Lo de su hermano...

—Déjelo. Ya pasó.

—No. Ni siquiera ha pasado un año.


Sasha dijo, como animándolo.

Isaac no podía soportarlo. En lugar de responder, se bebió de golpe el café, que ya estaba medio frío.


—Así que......


Sasha se dio cuenta de que Isaac no quería seguir hablando de ese tema y rápidamente cambió de conversación.


—Por ahora no hay reuniones familiares regulares, ¿verdad?

—No lo sé. Podría haberlas.


Isaac respondió de forma brusca, sin darse cuenta, como si escupiera las palabras.


—Puede que se reúnan una vez al año en la casa principal, entre ellos.

—.......

—Desde que entré a la academia militar, casi nunca he vuelto a casa. Incluso cuando esperaba mi destino, me quedaba en un hotel cercano; nunca iría hacia ese lado...


Isaac, sin querer, lo soltó todo con franqueza, y luego se arrepintió. A pesar de haber sido él quien lo dijo, Isaac miró de reojo a Sasha como si lo fulminara con la mirada. Su boca no se controlaba.


—...Creo que he dicho cosas innecesarias. Por favor, olvídalo.

—'Por favor, olvídalo'


pero en realidad su tono se acercaba más a un tajante 'Olvídalo'

Sasha lo miró fijamente, impasible ante su actitud defensiva y brusca, asintió dócilmente.


—Entendido. Entonces, no hay reuniones familiares periódicas de las que el Capitán deba preocuparse.


Habló con una formalidad estrictamente profesional, como quien simplemente resume algo. Era igual a cuando le dijo, con el rostro indiferente, 'Discúlpese con el hombre al que golpeó'


—¿Y usted?


Isaac frunció el ceño, sintiendo una extraña punzada en el estómago, le devolvió la pregunta.


—Pues, ah... lo mío es un poco más molesto. Ceno con la familia de mi tío una vez al mes, más o menos. Y cada fin de semana vamos a la iglesia para el servicio dominical, donde también nos encontramos. El servicio dura casi una hora, a veces hasta dos. Por lo general, asiste la Duquesa, es decir, mi tía. Me siento a su lado, escuchamos el sermón juntas, y luego solemos ir a la Mansión Dilton en su carruaje. Allí le sirvo una taza de té y luego la acompaño a su partida.

—¿Tengo que asistir a ese servicio también?

—No. El servicio no es necesario. Creo que bastará con que asista ocasionalmente a las reuniones familiares una vez al mes. Después de todo, el Capitán será mi prometido de ahora en adelante, así que, aunque no sea siempre, será más natural que yo lo lleve conmigo de vez en cuando.


Después de hablar, Sasha suspiró, con una expresión momentáneamente complicada. En realidad, los Duques no eran un gran problema. Superficialmente, no eran personas que pudieran reprocharle nada a Isaac.

El problema era Jeffrey.

El único hijo de los Duques, su único heredero, el Joven Duque. Ese libertino. Jeffrey era el epítome de un noble arrogante y disoluto, como si hubiera sido moldeado con todos los peores vicios de la aristocracia. A Sasha ya le preocupaba cuán grosero se comportaría con Isaac.


—Permítame advertirle algo de antemano.


Sasha finalmente habló con cautela.


—Mi primo... el joven Duque podría ser muy grosero con el Capitán. Incluso podría traer a esos amigos suyos, del Club de Caballeros o lo que sea, e intentar humillar al Capitán.

—¿Humillar? ¿Cómo?

—Pues no lo sé muy bien, pero parece que disfrutan de crear situaciones muy vergonzosas para otros hombres y humillarlos. Por desgracia, o quizás por fortuna, nunca lo he presenciado directamente.


Pero, ¿acaso no había sido ella "víctima" de ello hace poco? Sasha recordó el infame dibujo y su expresión se endureció con frialdad. Sentía como si la mano con la que había abofeteado a Jeffrey todavía le doliera.


—Está bien. Que los hombres marquen territorio es tan común en este ambiente como tropezar con una piedra.


Sasha sintió una extraña emoción al ver a Isaac hablar como si estuviera acostumbrado a la prepotencia y el acoso de la gente. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? A pesar de que actuaba como el más sensible e inquieto, había en él una especie de desapego. Una inquietud innecesaria.


—De acuerdo. Entonces, añadiré una cláusula sobre la cooperación en las reuniones privadas regulares. Y...


La conversación continuó con voz clara y resonante. Isaac miró el rostro de Sasha, que seguía hablando con voz suave y una expresión ausente. No había necesidad de sacar a colación temas como la conveniencia de abstenerse de la interacción emocional. Después de todo, era un matrimonio por conveniencia, basado en esa premisa. Ella fingiría amarlo apasionadamente delante de los demás, pero a solas con él, se comportaría de manera educada y estrictamente profesional. Justo como ahora.


—¿Cuál es el límite exacto de lo permitido delante de los demás?


Isaac la miró inexpresivamente, interrumpiéndola para preguntar en voz baja. La mujer parpadeó, guardó silencio un momento y luego respondió con fluidez.


—¿El tipo de contacto físico que haría que cualquiera pensara que somos amantes? Como tomarnos del brazo o sonreírnos mutuamente.


'O sonreírnos mutuamente'

Isaac apretó la mandíbula y asintió ante sus últimas palabras.


—Entendido. Solo hasta ese punto.


Lo repitió varias veces en su mente.


—Me parece bien que establezcamos los límites claramente.


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