INTENTA ROGAR 176
Volumen VIII - EXTRAS : Aun asÃ, te amo (2)
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—¿Rosalyn?
Ante la voz preocupada, Rosalyn se sobresaltó y volvió en sÃ.
—¿Acaso tienes algo en mente...?
—Ah......
Recién entonces sus ojos notaron la taza de té vacÃa en su mano.
Apenas la bajó, la sirvienta a su lado se apresuró a rellenarla con la tetera.
HabÃa estado tan absorta en sus pensamientos que inclinó la taza vacÃa por puro hábito.
Qué tonta debió parecer.
Las mejillas de Rosalyn se tiñeron de rojo.
—Si no es de tu agrado.......
La mirada de Grace, sentada frente a ella, se posó en el plato que Rosalyn apenas habÃa tocado.
—¡Para nada! Gracias a la excelente anfitriona que tengo, esta comida supera por mucho la del hotel. Lamentablemente, suelo comer poco por naturaleza......
El desayuno de esta mañana no era en el hotel, sino en el penthouse de Leon Winston, en vista del desfile que estaban por presenciar.
Los hombres se habÃan retirado para conversar a solas, los niños, aunque en el mismo comedor, comÃan en otra mesa atendidos por las niñeras.
En otras palabras, era casi como si Rosalyn y Grace estuvieran desayunando solas.
Rosalyn volvió a inclinar su taza de té mientras, de vez en cuando, alzaba ligeramente la vista para observar a escondidas a la anfitriona de la casa, sentada frente a ella.
AsÃ, envuelta una vez más en pensamientos y dudas, sus miradas terminaron por encontrarse. Al ver su expresión, Rosalyn sintió que ya habÃa sido descubierta: era evidente que tenÃa algo que decir. Con cautela, comenzó a hablar.
—Tal vez sea una indiscreción mencionar esto, pero…...
Como quien lanza una piedrecita a un lago de profundidad desconocida, tratando de medir lo que no se ve.
—En realidad, leà uno de tus artÃculos, Grace.
Grace pareció sorprendida, aunque no se veÃa molesta.
—¿Indiscreción? ¡Para nada! Escribo para ser leÃda, asà que te agradezco que lo hayas hecho.
—Entonces… ¿serÃa posible que te compartiera lo que sentà al leerlo?
¿Será que va a criticar algo? Aunque se sintió tensa, Grace mantuvo el gesto sereno y asintió con gusto. Sin embargo, todos sus temores se desvanecieron tan pronto como Rosalyn abrió la boca: lo único que salió fue un elogio.
—…...Por eso pensé que era inevitable que fueras nominada al premio de Periodista del Año.
—Muchas gracias. No sé si merezco tanto halago…...
—¿Halago? Me apena no tener las palabras suficientes para expresar exactamente lo que sentÃ. Pero, si no es demasiada intromisión, ¿podrÃa preguntarte cómo eliges tus temas para los reportajes?
No mucha gente solÃa hacerle ese tipo de preguntas, asà que Grace, encantada, empezó a contarle cómo habÃa llegado a cubrir los artÃculos que habÃa escrito hasta ahora.
Rosalyn la escuchó con atención y, tras un breve momento de reflexión mientras sorbÃa su té, volvió a hablar:
—En realidad… hay algo que me preocupa últimamente. A mi alrededor todos dicen que exagero, que me angustio por nada. Pero, al leer tus artÃculos, pensé que tal vez tú podrÃas compartir mis inquietudes.
—¿De qué se trata?
—Se rumora que podrÃa estallar una guerra en el continente en unos pocos años…...
—Ah…...
La historia de la humanidad es, en esencia, la historia de la guerra.
Los rumores sobre guerras siempre habÃan existido, por lo que Grace no se sorprendió demasiado… pero lo que Rosalyn dijo a continuación sà logró conmoverla.
—Parece que ya ha comenzado una carrera armamentista. Y no por cualquier tipo de arma, sino por misiles capaces de matar de forma mucho más fácil y a gran escala que ahora.
—Dios mÃo… eso sà que es algo para preocuparse.
—Estoy realmente aterrada. Temo que Profesor Chadwick, a quien patrocino, termine abandonando su sueño de explorar el espacio… para dedicarse al desarrollo de armas.
Durante toda la conversación, mientras ambas discutÃan con seriedad sobre la industria armamentista —obsesionada con lucrar a costa de la guerra— y el peligro real de su colusión con los ejércitos, Rosalyn no dejaba de sentirse culpable hacia Grace.
Al fin y al cabo, la estaba utilizando.
Pero… la única persona capaz de detener a Leon Winston era su esposa, la mujer que él amaba.
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El desfile comenzó con todo su esplendor.
Las multitudes, reunidas como enjambres de hormigas a lo largo de la avenida, estiraban el cuello mirando solo hacia el final de la calle, esperando ansiosamente que la procesión llegara a su altura.
Era un evento que prácticamente simbolizaba el DÃa de Acción de Gracias, por lo que la competencia por un lugar en primera fila era feroz. Algunos incluso acampaban desde la noche anterior para asegurarse una buena vista.
Pero quienes tenÃan bolsillos más holgados reservaban habitaciones de hotel o mesas junto a las ventanas en restaurantes ubicados a lo largo del recorrido.
Por supuesto, los grandes magnates que poseÃan edificios en esa calle no necesitaban molestarse con eso.
Los dueños y sus familias solo descendÃan tranquilamente desde el penthouse al balcón del segundo piso tras recibir la llamada que anunciaba la llegada del desfile.
—¡Ahà vienen!
La voz emocionada de un niño colgado del balcón mirando hacia el final de la avenida pareció ser la señal. Al instante, la música de una banda de marcha comenzó a sonar.
Pronto, los carros alegóricos aparecieron en la gran avenida bajo el balcón, enormes globos de personajes comenzaron a flotar uno a uno frente a sus ojos.
—¡Mamá, mira! ¡Es el gato de la caricatura!
Desde niños de cinco años hasta bebés de apenas un año que ni siquiera sabÃan qué estaban viendo, todos tenÃan la mirada fija en el espectáculo frente a ellos.
También los adultos estaban embelesados… excepto Rosalyn.
Mientras los demás disfrutaban del desfile, Rosalyn dio un paso atrás y observó a la pareja que se encontraba juntos al frente del balcón.
El hombre y la mujer, con los brazos rodeando la cintura del otro, parecÃan una sola entidad… pero con dos cabezas.
Dos cabezas que miraban en direcciones distintas.
Quizá, pensó Rosalyn, la verdadera guerra empiece primero entre ellos dos.
Ella solo deseaba que, cuando eso ocurriera, su bando ganara sin contratiempos.
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Desde alguna habitación de la casa, el sonido del violÃn practicando se colaba sin cesar hasta el despacho.
Era una melodÃa de villancico navideño, tranquila y armoniosa, pero la conversación entre los dos hombres no tenÃa nada de pacÃfica.
—Hasta el momento todo ha avanzado sin contratiempos, según lo planeado… —
Campbell, quien estaba informando sobre el progreso en la creación de la empresa armamentista, bajó el tono y dejó la frase en el aire con una nota de incertidumbre.
Después de todo, ningún camino está completamente libre de obstáculos.
Leon asintió, indicándole que continuara.
—Últimamente ha habido movimientos inquietantes en el Congreso. Es probable que surjan roces o interferencias durante el proceso de fundación.
—¿En el Congreso?
—Una organización civil ha comenzado a presionar a los partidos progresistas, incluyendo al Partido Demócrata, para que introduzcan regulaciones sobre la industria armamentista y el desarrollo de armas. Algunos legisladores están empezando a mostrar interés en esa agenda.
—¿Una organización civil? Otra vez esos idealistas idiotas haciendo escándalo......
Leon soltó una risita desdeñosa, como si le divirtiera la ingenuidad del asunto, dio una orden breve y clara:
—Encárgate de ellos.
Era una orden que habÃa dado incontables veces.
Sin embargo, por alguna razón, Campbell no respondió de inmediato. Se quedó con la boca entreabierta, abriéndola y cerrándola sin decir palabra, como si dudara.
—Ya sabes cómo funciona. Lo de siempre. Encuentra algún punto débil del representante o......
—El problema es que el representante de esa organización es, precisamente…....
—¿Quién es?
¿Qué clase de adversario tan difÃcil era para que Campbell se mostrara asÃ?
Con una expresión francamente incómoda, Campbell sacó un folleto con la solicitud legislativa que esa organización habÃa distribuido entre los congresistas.
El nombre de la fundación, impreso en la parte superior del documento, le resultó familiar a Leon.
—…..Es su esposa.
La “idealista estúpida” era, en realidad, su propia esposa.
—Mierda…...
Leon se cubrió el rostro con una mano y dejó escapar un gemido frustrado.
Grace… Eres el mayor acierto de mi vida, pero todo lo que haces es una pérdida para mÃ.
La diosa en sus manos seguÃa mordiéndole la palma… sin saber que estaba destruyendo su mundo.
Leon soltó un profundo suspiro y corrigió su orden:
—…...De momento, no toquen ese frente. Y tengan mucho cuidado de que no se filtre absolutamente nada sobre nuestros planes de establecer una empresa armamentista.
En lugar de 'encargarse' de nadie, ahora tenÃa que asumir que, si Grace llegaba a descubrir su implicación en la industria militar, serÃa ella quien “se encargarÃa” de él.
¿Qué le pasa de repente? ¿Será que la información se filtró desde nuestro lado?
TendrÃa que investigarlo discretamente.
—Entonces, con su permiso.
—SÃ, buen trabajo.
La reunión habÃa terminado, justo cuando Campbell abrió la puerta del despacho…
—¿Ya terminaron la reunión?
Una voz alegre se hizo oÃr.
ParecÃa que venÃa a hablar con Leon, pero Grace dirigió sus palabras a Campbell.
—En la fundación estamos haciendo una campaña de solicitud legislativa, ahora estamos recogiendo firmas ciudadanas. ¿PodrÃas distribuir esto en tu empresa?
Grace le tendió a Campbell un grueso fajo de hojas que habÃa traÃdo abrazado contra el pecho.
—Como hay muchas compañÃas, traje suficientes copias.
Es decir, en ese momento, Grace le estaba pidiendo a las empresas que Leon poseÃa que colaboraran con una causa completamente contraria a sus intereses comerciales.
Campbell, por supuesto, no pudo aceptar los papeles de inmediato, pero tampoco se atrevió a rechazarlos.
—Grace…...
Leon se acercó e intervino. Tomó los formularios de firmas y, fingiendo que los leÃa por primera vez, preguntó:
—¿Y esto? ¿A qué se debe?
—Leà un libro recientemente, escrito por una activista contra la guerra. Hablaba de lo peligroso que es cuando la industria militar se alÃa con las fuerzas armadas…...
¿Un libro? Eso significaba que la información no se habÃa filtrado desde su lado.
Entonces, tampoco debÃa saber que él estaba por fundar una empresa armamentista.
Resuelto al menos un problema, Leon fingió prestar atención con más ligereza a las palabras de su esposa.
Grace hablaba con pasión: sobre corrupción, monopolios, la intervención del Estado para enriquecer a individuos…...
Finalmente, con una gran sonrisa, le volvió a ofrecer el fajo de formularios.
—¿Puedes ayudarnos a recolectar firmas?
—Por supuesto, si tú lo deseas… tengo que hacerlo, ¿no?
—ConfÃo en ti.
Cuando Grace se abrazó a él con cariño, el rostro de Leon cambió por completo.
A regañadientes, le pasó los formularios a Campbell, como si también quisiera deshacerse de ese peso lo antes posible, antes de que Grace le pidiera a él firmar también.
Luego la tomó del brazo y la llevó rápidamente al otro extremo del pasillo.
—¿No habÃamos dicho que hoy Ãbamos de compras navideñas?
—Es mañana.
—Tengo tiempo ahora… ¿qué tal si vamos hoy?
—¿Ah, sÃ? Perfecto.
Leon habÃa logrado desviar la atención de Grace hacia otra cosa. Al menos por ahora.
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El centro comercial, entrando ya en el último mes del año, rebosaba del ambiente navideño. En el vestÃbulo resonaban los villancicos, un enorme árbol de Navidad decorado con adornos de todos los colores se alzaba hasta el techo de cristal, cumpliendo fielmente su misión de hacer que los compradores perdieran el juicio.
El caracterÃstico aroma de la Navidad 'una mezcla de canela y jengibre' también llegó hasta el olfato de Leon. Y la culpable no era otra que Liv.
—¡An-nian~!
La niña agitó una galleta en forma de muñeco de nieve (al que le faltaba la cabeza), saludando con entusiasmo a un desconocido. Desde que habÃa aprendido a decir “hola”, el nuevo pasatiempo de Liv era saludar a todo el mundo.
—Oh, ¡qué encantadora! —
Una anciana, sorprendida por el saludo de una niña desconocida, sonrió con ternura y alzó la vista hacia el padre que sostenÃa su mano.
Leon respondió con una leve sonrisa, apenas levantando la comisura de los labios, alzó a Liv en brazos.
—¡Eeng~! ¡Bájame, bájame!
Pero Liv, que últimamente se habÃa puesto terca, empezó a forcejear nada más ser alzada.
—¡An-nian~!
Tan pronto como la bajó, volvió a captar la atención saludando a otro extraño.
Leon se ajustó aún más el sombrero fedora que no se habÃa quitado pese a estar en interiores, la tomó de la mano mientras se dirigÃa hacia Ellie y Grace, que estaban absortas en las compras.
Para Leon, comprar significaba sentarse cómodamente en la sala de su casa mientras el gerente de la tienda le traÃa los artÃculos. O, como mÃnimo, estar en el salón VIP del establecimiento.
Pero para las dos mujeres, la verdadera esencia de las compras estaba en recorrer los pasillos hasta que les dolieran los pies y escoger entre la multitud de gente desconocida.
Un gusto que él simplemente no podÃa entender.
—Yo pensé que Ãbamos a hacer las compras navideñas para nuestra familia.
Pero las dos estaban eligiendo regalos para otras personas.
Grace sonrió satisfecha mientras le daba instrucciones al asistente para que llevara a la caja veinte muñecas iguales.
—Ellie decidió que este año, con el dinero que juntó, va a regalarle a sus amigos cuyos papás no están. ¿Verdad?
—Asà es.
—¿No es admirable nuestra Ellie?
Leon asintió y acarició la cabeza de Ellie para felicitarla.
Era un momento en el que chocaban las ideas de Leon 'que no querÃa que su hija compartiera con otros si no querÃa' y las de Grace 'que creÃa en vivir compartiendo con los demás', pero él no dijo nada.
La fortuna sobra. No era para tanto donar un poco del dinero de bolsillo, no era que fuera a regalar todo.
Y al menos, no le habÃa llegado el chisme de que Ellie le hubiera dicho a su papá: 'Pero papá, tú dijiste que no hay que compartir con nadie'
—Entonces, ¿para esos amigos Ellie será Santa Claus?
—No, Ellie es la Princesa Santa.
Respondió Ellie con toda seriedad, luego empezó a escoger regalos para las niñeras.
—¿Será este?
—Entonces solo hay que comprar cinco iguales de ese color.
—SÃ.
—Y papá les dará un buen bono navideño a las niñeras, ¿verdad?
Grace le lanzó una mirada pÃcara a Leon, como para presionarlo de forma adorable.
Ahora sÃ, todo era lindo y encantador, siempre y cuando no fuera pedir como regalo de Navidad que se frenaran las regulaciones contra la industria armamentista.
Después de terminar las compras, la familia se dirigió a la sección de ropa. Mientras recorrÃan el área dedicada solo a los atuendos navideños, Ellie hizo señas a su mamá para que se acercara rápido.
—¡Mamá, mamá!
—¿Qué pasa?
—¿Puedo usar esto para el espectáculo, mamá?
El maniquà que señalaba la niña llevaba un vestido blanco de tul con muchas lentejuelas y una falda bien inflada. Aunque era bonito, Grace negó con la cabeza preocupada por los hábitos de consumo de Ellie.
—Pero ya tienes uno, ¿no? Además, ¿no fue ese el que tú misma elegiste porque te gustó?
—SÃ, pero este brilla mucho más...
Ellie miró a su mamá con ojos tristes y después, sin conseguir nada, volvió la mirada hacia su papá. Grace le lanzó a Leon una mirada de advertencia para que dijera que no.
Mientras madre e hija discutÃan, Leon las observaba desde atrás con indiferencia, sin reaccionar siquiera ante las miradas encontradas. Entonces se dio la vuelta y se alejó, Grace pensó que estaba tomando partido por ella.
Pero no fue asÃ.
Leon tomó de un perchero cercano un vestido igual al del maniquÃ, pero en la talla de Ellie, se lo entregó al asistente.
—¡Papá, eres el mejor!
Ellie corrió a abrazar a su papá, mientras Grace fulminaba a Leon con la mirada. Él sonrió con picardÃa y, sin miedo, volvió a hacer una travesura.
—También hay que comprar un accesorio para el cabello que combine con el vestido.
—¡SÃ, sÃ!
Cuando Grace fue a buscar un accesorio para el vestido de Ellie, tomó algo inesperado.
—Este es para este año.
Era un gorro tejido con forma de reno, con una nariz roja y grandes cuernos marrones.
Grace se lo puso a Liv y suspiró encantada.
—Ay, Liv, tan adorable que me va a costar controlarme. Realmente eres mi hija.
—Nuestra hija.
Grace ignoró la intervención de Leon y tomó otro gorro igual. Quiso ponérselo a Ellie también, pero esta se resistió con firmeza.
—No quiero. Las princesas no usan esas cosas.
—Pero las princesas pueden ser adorables, ¿no?
—Si fuera un venado estarÃa bien, pero una princesa reno no es linda.
—Bah, vale, entonces solo lo usas una vez en Navidad.
Aunque Leon llevaba años con Grace, solo en los últimos tres habÃa descubierto esta manÃa suya de aferrarse a tradiciones raras para Navidad.
Que toda la familia vistiera ropa navideña. Ese era el mandato inquebrantable de Grace.
Pero la terquedad de Ellie superaba la de su madre. Cada Navidad, Ellie ignoraba las súplicas de su mamá y se ponÃa lo que querÃa. Por eso, los únicos que seguÃan la tradición eran Liv, que aún no tenÃa opinión propia, y Leon, que tenÃa opinión pero terminaba cediendo.
El primer año, con tal de pasar la Navidad juntos, Leon aceptó la tradición con los ojos cerrados, pero el segundo año se volvió un calvario: el atuendo que Grace le exigÃa era una corbata verde. Verde, un color que él evitaba porque no le gustaba cómo se veÃa con sus ojos.
—¿Sabes dónde está la corbata verde que usaste el año pasado?
—No sé, no me acuerdo.
Claro que sabÃa: habÃa ordenado a la sirvienta que la tirara.
—Pregúntale a la sirvienta.
—¿A la sirvienta que ya silencié?
—Ni siquiera hace falta preguntarle.
—Entonces…...
—Uno nuevo se compra y listo.
—…….
Mientras Leon rezaba en silencio para que eso no fuera cierto, su hija, que revisaba entre la variedad de corbatas, ignoró la súplica y tomó algo sin darse cuenta.
—¡Ah, este es para este año!
Grace, por favor.
Frente a Leon, Grace levantó orgullosa una corbata de seda verde oscuro con pequeños bastones de caramelo rojos y azules alternados. Más horrible que la del año pasado.
—¿Qué tal?
Leon abrió mucho los ojos.
—Sabes que lo que venga de ti, para mà está bien.
—¿Verdad? ¿A ti también te gusta?
No le gustaba ni un poco. PreferirÃa morir antes que andar con eso puesto... pero no podÃa decirlo. Si Ellie y Leon decÃan que no les gustaba, Grace se iba a desanimar.
Leon tomó la corbata de las manos orgullosas de Grace y se la dio al asistente, sin más comentarios.
—Sácate la corbata.
Claro, su respuesta verdadera salió cuando Grace no estaba cerca. En la enorme cantidad de compras del dÃa, faltar una corbata no se notarÃa.
Asà terminó su larga jornada de compras navideñas…
—Volvamos la próxima semana.
—¿…Otra vez?
No, apenas estaban tratando de salir y pasando por el vestÃbulo del primer piso, cuando Ellie señaló con la mano un lugar decorado como un pueblo nevado y exclamó.
—¡Es Santa Claus!
En un banco de troncos en medio del pueblo, un hombre disfrazado de Santa tenÃa a un niño sentado en su regazo y estaba conversando con él.
—Ellie también quiere conocer a Santa.
Leon, al ver la larga fila de niños y padres esperando para ver a Santa, empujó la espalda de Ellie hacia la salida y negó con la cabeza.
—Papá va a invitar a Santa a nuestra casa.
Pagando dinero. Claro que Grace, que odiaba desperdiciar dinero con pasión, se opuso.
—No hace falta tanto, podemos verlo aquà y luego irnos.
—Exacto.
—Liv, vamos a ver a Santa.
—SÃ.
Las tres —madre e hijas— se tomaron de la mano y se pusieron al final de la fila. Esas tres nunca obedecÃan a Leon. Él no tuvo más remedio que seguirlas y ponerse detrás.
La fila avanzaba lentamente. Mientras tanto, las tres charlaban animadamente.
—¿Qué le vas a pedir a Santa, Ellie?
—Es un secreto. Se lo tengo que decir a Santa.
Ellie sonrió tÃmidamente y se cubrió la boca con ambas manos.
—¿Y tú, mamá?
—Yo también es un secreto.
—Chiii~.
Mientras trataban de descubrir qué querÃan y qué habÃan preparado para este año, Grace lanzó a Leon una mirada algo molesta y preguntó:
—¿Y qué me vas a regalar este año?
La Navidad pasada, Leon le dio una cajita pequeña. Ella pensó que era una joya, pero al abrirla encontró una llave adentro. Una llave con un llavero en forma de timón de barco.
Leon le habÃa regalado a Grace un yate. El medio que usó para escapar de él.
Claro que esta vez no era un yate pequeño, sino uno familiar con varias cabinas.
—Gracias. Ahora ya no tendré que meter a los niños dentro del barco para escapar.
—Soy un buen papá y esposo. Si alguna vez quisieras huir de mÃ, solo deseo que mi familia esté cómoda y segura.
—Si eso llegara a pasar... No pasará, ¿verdad?
Los ojos de Leon brillaban con confianza mientras lo decÃa.
Ahora, sus ojos tenÃan una expresión misteriosa, como si tramara algo.
—¿Eh? ¿Y cuál es mi regalo?
—Es un secreto.
—Nuestra familia tiene demasiados secretos entre nosotros.
—Pronto les tocarÃa su turno. Primero fue Liv.
Por la preocupación excesiva de su papá, quien no podÃa permitir que su hija se sentara en las piernas de un extraño sin saber nada, Santa se sentó a cierta distancia de la niña y le preguntó:
—¿Cómo se llama nuestra pequeña señorita?
Santa miró a los padres, pensando que la niña era demasiado pequeña para responder sola, pero ninguno contestó.
Liv, que siempre habÃa sido callada, empezó a hablar repentinamente el mes pasado cuando cumplió 17 meses. Ahora que sabÃa su nombre, la dejaron responder por sà misma, sin imaginar que con su pronunciación todavÃa un poco torpe, saldrÃa algo inesperado.
—Li-vu.
—No es asÃ...
Su hermana y mamá se apresuraron a corregirla:
—¡Oliva!
—Se llama Olivia.
—Ya veo.
Santa trataba de hacer contacto visual con la niña, que estaba distraÃda con una galleta en forma de árbol de Navidad, y preguntó:
—¿Olivia ha sido una niña buena?
—SÃ.
Los padres no tuvieron objeciones.
—¿Ah, sÃ? A los niños buenos les toca recibir regalos en Navidad. Olivia, ¿qué quieres para esta Navidad?
—Mamá.
Liv respondió mirando fijamente a su mamá.
—Mamá ya no está.
Esta vez realmente se iba a destetar, pensó Grace, sacudiendo la cabeza con determinación. La niña infló sus mejillas con gesto de disgusto.
—¿No quieres otra cosa?
Santa preguntó con tacto, Liv metió en su boca lo que tenÃa en las manos, mostrando solo migajas en las manos vacÃas:
—Galleta.
Era exactamente lo que su hermana decÃa a esa edad. ¿Será que el próximo año pedirá una casa de muñecas que vale la mitad del sueldo de mamá?
Entonces, ¿qué pedirÃa Ellie este año? Llegó el turno de Ellie.
—¿Y tú, Ellie?
Ellie comÃa una galleta que la niñera le acababa de dar, mientras abrazaba con fuerza a su hermanita que caminaba tambaleándose frente a ella.
—Quiero otro bebé de verdad, tan lindo como Olivia. Quiero un hermanito o hermanita.
Santa sonrió y les guiñó un ojo a los padres. En ese instante, ambos endurecieron la expresión y sacudieron la cabeza al unÃsono.
Un niño era adorable, pero dos eran suficientes.
La pareja ya habÃa llegado a un acuerdo.
Claro, aunque no siempre las cosas salen como se planean.
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En la sala de redacción del Rochester Independent, donde empezaban a sonar las máquinas de escribir y el timbre del teléfono, comenzó a esparcirse el aroma que anunciaba la mañana. Jin, la secretaria de redacción, habÃa traÃdo café recién hecho.
—Buenos dÃas. ¿Es una corbata nueva?
dijo Jin mientras, cada mañana, con la cafetera en mano, iba de escritorio en escritorio sirviendo café junto con palabras amables para los empleados.
—Chloe, buenos dÃas.
—Gracias, Jin.
—¿Cómo vas a pasar las vacaciones de Navidad?
—Mi familia se va al campo.
—Bueno, se van, pero no al campo. Van a una casa en la playa y estarán ahà hasta mediados de enero antes de volver.
—¿Y tú, Jin? ¿Qué planes tienes?
Mientras charlaban, una voz familiar se escuchó desde la puerta:
—Buenos dÃas.
Era Burrell, el secretario del director. Levantó un poco su sombrero de ala corta en saludo y cruzó la sala de redacción con paso firme, llevando un maletÃn en la mano.
Cada tanto, el director enviaba cartas sospechosas disfrazadas de ánimos, asà que Jin pensó que quizás esta vez serÃa igual, pero Burrell solo pasó de largo. Entró a la oficina del director y salió en menos de cinco minutos.
—Bueno, que tengan un buen dÃa todos.
No pasó mucho antes de que el editor saliera. Sosteniendo entre sus manos un manuscrito para un artÃculo, suspiró profundamente.
Alguien más habÃa sido triturado por el tijeretazo del director.
Como no podÃa ser Chloe Regan, todos suspiraron y siguieron con la mirada al editor, como prisioneros esperando su sentencia.
—Chloe.
El manuscrito fue dejado sobre su escritorio. El director habÃa rechazado el artÃculo de Chloe Regan.
—Tendrás que corregirlo. Bueno, en realidad, serÃa mejor que lo reescribieras.
En medio de la sorpresa general por ser un hecho sin precedentes, la única que no mostró asombro fue Chloe, quien solo miraba fijamente el tÃtulo del artÃculo:
[El surgimiento de una nueva amenaza a la seguridad: la peligrosa alianza entre militares y comerciantes de armas]
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
El vestidor en el auditorio de la escuela estaba tan lleno que no se podÃa dar un paso, repleto de niños de jardÃn de infantes con sus coloridos disfraces, sus mamás, niñeras y maestras. Faltaban apenas 30 minutos para la presentación navideña del jardÃn.
—Ellie, quieta.
Grace estaba sentando a Ellie, vestida con su traje, frente al tocador mientras le arreglaba el cabello. El adorno se torcÃa de un lado a otro porque Ellie no paraba de moverse.
—Mmm...
Ellie estaba afinando su violÃn. La niña, con el ceño fruncido porque no le gustaba el sonido, tensaba y aflojaba las cuerdas una y otra vez, hasta que suspiró profundamente y preguntó:
—¿Y papá?
—Por supuesto que va a venir a ver a nuestra Ellie.
dijo Grace, mientras terminaba de arreglar el cabello de su hija.
La expresión de Ellie, que asintió con la cabeza, seguÃa siendo sombrÃa.
¿Será que está asà porque esta mañana volvió a perder al ajedrez y gritó "¡Papá, te odio!" y ahora piensa que él no vendrá?
Sabiendo bien que su papá no es una persona rencorosa. Grace añadió una frase más para tranquilizarla:
—Papá también está muy emocionado.
—Pero si las expectativas son altas, la decepción también puede ser grande.
murmuró Ellie.
'¿Dónde habrá aprendido eso?', pensó Grace.
Solo entonces se dio cuenta de la verdadera razón por la que Ellie estaba tan seria. Estaba insegura, con miedo de decepcionar a sus padres si no lo hacÃa bien. Por eso no podÃa quedarse quieta y seguÃa afinando su instrumento.
—Ellie, mamá y papá no se van a decepcionar. Para nosotros, Ellie ya es una niña más que suficiente.
Grace tomó suavemente las pequeñas manos de su hija entre las suyas.
—El solo hecho de que estés viva es una gran fortuna para nosotros.
Grace acercó su mejilla a la cálida mejilla de la niña y la frotó suavemente.
—¡Ay, cosquillas!
—SÃ, solo con que estés viva es suficiente
pensó Grace. Recordar los errores del pasado todavÃa la hacÃa sentir culpable, asà que la risita de Ellie era un gran consuelo para ella.
—Para ser sincera, mamá y papá estarÃan orgullosos y te aplaudirÃan aunque te la pasaras llorando asustada en el escenario. ¡Eres nuestra niña!
—Qué va a dar miedo.
Ellie sonrió levemente y tomó su violÃn. Esta vez, afinó el instrumento de una vez y comenzó a tocar la melodÃa con soltura.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Grace se sentó sola, mirando fijamente el escenario frente a ella. Si desviaba la mirada y se cruzaba con los padres, se sentirÃa incómoda. La primera fila de la sección central del auditorio donde ella estaba sentada estaba completamente vacÃa.
SentÃa como si las miradas penetrantes de los padres, a quienes les habÃan quitado sus lugares para ver a sus hijos de cerca por culpa del "rey sin rostro de Rochester", le quemaran la nuca. Pero eso era algo que Grace no podÃa evitar.
*Tac.*
En el momento en que se apagaron las luces del auditorio, el murmullo cesó por un instante. Pensaron que iba a empezar la función, pero lo que se abrió no fue el telón del escenario, sino la puerta del auditorio.
Un hombre alto, vestido con un elegante traje y rodeado de guardaespaldas, entró caminando. Todas las miradas lo siguieron. Hubo algunos destellos de flashes. Como si lo hubiera previsto, el hombre, que entró después de que se apagaran las luces, llevaba gafas de sol incluso en la oscuridad.
Normalmente, cuando alguien entra a un teatro después de que se apagan las luces, se encoge de hombros, expresa su disculpa con todo su cuerpo y busca rápidamente su asiento para sentarse. Sin embargo, el hombre caminó con calma, como si fuera el protagonista de la noche, se sentó junto a su esposa.
Solo entonces se corrió el telón del escenario. Las luces del escenario se encendieron, sumiendo al público en una mayor oscuridad, León se quitó las gafas de sol. El guardaespaldas sentado a su lado le entregó a León dos ramos de flores que parecÃan del tamaño de un bebé.
—Toma.
dijo León, dándole uno a Grace. Ella pensó que era para dárselos a Ellie más tarde, uno cada uno, pero León tomó la mano de Grace, besó el dorso y susurró:
—Aunque un ramo de flores es demasiado pequeño para expresar todo el respeto que siento por la madre más grandiosa de este mundo, quien dio a luz a la estrella de hoy.
—Ay, qué cosa dices. Qué vergüenza.
dijo Grace, dándole una suave reprimenda, pero una sonrisa sonrojada se extendÃa por su rostro. Este hombre, ella pensaba, no solo era bueno para decir cosas fastidiosas, sino que también podÃa ser dulcemente encantador.
La función comenzó. La primera presentación fue un coro de villancicos navideños de niños de 5 a 7 años.
—El primer dÃa de Navidad, mi amor me dio una perdiz en un peral. El segundo dÃa de Navidad…...
Cuando el villancico llegó al quinto dÃa…
—¡Mi amor me dio cinco anillos de oro!
La voz de un niño resonó particularmente fuerte, y sus padres, avergonzados, soltaron una risita discreta.
Después del coro, siguió un ballet de niños de 3 y 4 años. Como aún eran pequeños, algunos pequeños dejaban de bailar a mitad de la presentación para buscar a sus padres en la audiencia y saludarlos con la mano. Algunos padres sonreÃan ante su ternura, mientras que otros los apuraban para que bailaran como los demás niños.
Era un jardÃn de infantes en un barrio rico con un gran énfasis en el aprendizaje y la competencia. Por eso, la competencia por el único escenario de solista de instrumentos fue feroz. Cuando terminó el ballet, finalmente subió al escenario el niño que habÃa ganado ese lugar.
La niña, de pie en el centro del escenario, hizo una reverencia adulta a la audiencia. León aplaudió más fuerte que nadie. Ellie levantó la cabeza, sus ojos se encontraron con los de su padre y sonrió alegremente. ¿Dónde se habÃa ido esa niña traviesa? Su humor se volvió extraño al mirar a su hija, que ahora era tan digna como una princesa.
Después de saludar, la niña colocó el violÃn sobre su hombro y tomó el arco. Intercambió una mirada con la maestra sentada al piano. Y asÃ, comenzó la interpretación de violÃn acompañada por el piano.
'¿Acaso es un pecado tener un padre adinerado?'
Grace se habÃa sentido agraviada por los rumores que circulaban entre los padres de que ella habÃa comprado el escenario de solista con dinero en lugar de habilidad.
—Déjalos que hablen.
dijo León con confianza.
Y, como él habÃa predicho, asà fue. Tan pronto como comenzó la actuación, las exclamaciones de admiración brotaron entre los padres. Ahora ellos también tendrÃan que admitir que ese lugar se lo habÃa ganado con su talento.
La interpretación fluyó como el agua. Las tensas comisuras de los labios de Grace se curvaron suavemente hacia arriba. Efectivamente, todas sus preocupaciones y nervios habÃan sido inútiles.
—Dice que no es buena para quedarse quieta como le dicen, ¡pero para todo lo demás es excelente!
León asintió, pero en realidad no estaba de acuerdo.
Ellie no era buena en todo. TenÃa muchas ambiciones y querÃa probar muchas cosas, pero también habÃa muchas que abandonaba sin mostrar talento o interés.
El violÃn fue un talento que encontró después de pasar por la pintura, el golf y el piano.
Era increÃble, no importaba cuántas veces lo viera, que esas pequeñas manos pudieran tocar un instrumento.
Eran tan pequeñas. Y entonces eran aún más pequeñas.
Mientras observaba sus dedos moverse con destreza, recordó el momento en que conoció a Ellie por primera vez.
TenÃa la mitad de su edad actual y era una cabeza más baja. Ahora se parecÃa a una niña, pero entonces era como un bebé.
Un bebé que no podÃa abrocharse los botones de su propia ropa tocaba ahora el violÃn con dedos que se movÃan como los de un adulto.
Su pecho se hinchó de orgullo, pero al mismo tiempo sintió como si el agua se filtrara en su corazón.
León respiró hondo. Luego, bromeó con sarcasmo. Era su manera de reprimir sus emociones.
—La escuela presume de un niño que los padres criaron y les saca dinero.
dijo, refiriéndose a que la presentación de hoy también era una recaudación de fondos para las instalaciones de la escuela.
—Qué descaro, sin haber hecho nada.
—...Tienes razón.
Grace no pudo evitar asentir. Los que le habÃan enseñado a tocar el violÃn y los que le habÃan comprado ese costoso vestido eran los padres.
—De todas formas, ese vestido se ve aún más bonito en el escenario.
—Bajo las luces del escenario, el material de lentejuelas que brilla intensamente resalta aún más.
Ella no podÃa más que admitir el buen ojo de su hija.
—Parece la Reina de las Nieves.
—Y......
Precisamente por ser un vestido blanco, evoca una imaginación demasiado prematura. La imagen de Ellie adulta, vestida de novia.
—¿Ellie también crecerá algún dÃa y se casará, verdad?
León solo miraba hacia adelante, sin responder.
—Dicen que las hijas usualmente quieren casarse con un hombre como su padre.
El rostro de León se contrajo. La sola idea de que Ellie creciera y se casara lo disgustaba, ¿y que además le presentara a ese maldito bastardo como "un hombre como papá"? Probablemente lo ahogarÃa en secreto en el mar frente a la casa, sin que Ellie se enterara.
Espero que jamás se involucre, no, ni siquiera se cruce, con un hombre como yo.
Pero si decÃa eso, ¿qué pasarÃa con Grace, quien se habÃa casado con un hombre como él? León se movió incómodo en su asiento y cambió de tema.
—Bueno, Ellie querrá casarse con un hombre como mamá.
—¿Un hombre como yo? ¿Qué significa eso?
Grace, que habÃa estado en silencio por un momento, soltó una pequeña risa.
—No puedo imaginarlo.
—Yo menos puedo imaginar que Ellie se case.
—Eso sÃ.
Ambos coincidieron en desear que ese dÃa llegara lo más tarde posible. Era un momento en el que los dos, que cada dÃa se oponÃan en la forma de criar a su hija, estaban de acuerdo.
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—Mira esto. ¿Recibiste muchas flores? ¿Estás feliz? ¡Ah, no! ¡Eso no se come!
Ellie le quitó una flor del ramo a Liv, quien intentaba metérsela en la boca, le puso un chupete en su lugar. Luego se levantó.
—Oliva es todavÃa muy pequeña para haber venido a la presentación de su hermana.
A pesar de que la noche se acercaba, Ellie seguÃa vestida con su traje de actuación. Incluso tenÃa su violÃn y su arco en las manos.
—Ellie va a tocar de nuevo, asà que escucha bien.
dijo, aún con la emoción de la presentación, comenzó otra actuación. Solo para un espectador.
La melodÃa del violÃn, que habÃa estado acompañada por el sonido del chupete, se detuvo. Ellie le preguntó a Liv, quien habÃa estado escuchando atentamente durante toda una frase:
—¿Verdad que Ellie lo hace bien?
Liv asintió vigorosamente con la cabeza.
—Jeje......
Ellie sonrió orgullosamente y se sentó frente a Liv, poniendo su violÃn y su arco en las manos de su hermana pequeña.
—También te voy a enseñar a ti, Oliva.
El violÃn de cinco años era demasiado grande para una bebé de apenas un año y medio. Aun asÃ, los ojos de Liv se abrieron con sorpresa cada vez que su hermana movÃa sus manos y producÃa un sonido.
—¡Mamá! Oliva también sabe tocar el violÃn.
—¿En serio?
—SÃ, Ellie le enseñó.
—Wow, qué hermana tan genial.
—Jeje......
Grace, que entró en la sala de estar justo a tiempo, vestÃa ropa de calle. Los ojos de León, quien estaba sentado cómodamente en el sillón leyendo el periódico, se entrecerraron.
—Ellie, Liv. Mamá va a salir un momento. Duérmanse primero.
—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas? ¡No!
—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Adónde? ¿Adónde? ¡No!
Liv repitió las palabras de su hermana y corrió a aferrarse a la pierna de su madre, igual que Ellie.
—Me uno a la protesta de las princesas.
León también dejó el periódico con un golpe y se levantó.
—¿A dónde vas a estas horas?
—Tengo algo que cubrir. Acuesta a los niños, ¿sÃ? Volveré antes de la medianoche.
Grace besó a los niños de antemano y los tranquilizó mientras se aferraban a ella para que no se fuera.
—Hoy papá les leerá un cuento en lugar de mamá.
—¡Pero papá lee aburrido!
Y asÃ, poco después de que su madre se fuera, los niños sucumbieron indefensos a esa lectura aburrida. León dejó a los niños dormidos al cuidado de la niñera y los guardaespaldas y salió de la casa. Hoy era el dÃa de su reunión de póquer. Con un nuevo jugador.
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—SÃ, ya voy.
¿Quién será a estas horas?
Profesor Chadwick abrió la puerta ante el llamado y quedó muy desconcertado. Tres hombres desconocidos estaban de pie, acompañados por jóvenes que parecÃan guardaespaldas.
—¿Qué... sucede?
El hombre corpulento de mediana edad entre los tres se quitó el sombrero hongo y lo saludó cortésmente.
—Profesor Chadwick.
Un extraño conocÃa su nombre. Aún más desconcertado, el hombre le hizo una propuesta aún más incomprensible.
—Verá, estamos jugando póquer y nos falta un jugador. ¿PodrÃa dedicarnos un momento?
No fue una coincidencia que Profesor Chadwick fuera invitado como conferencista a una prestigiosa universidad de Columbia Rochester y se hospedara en el Hotel Mayfield. Era una trampa tendida por Leon, ya que el profesor no se habÃa dejado convencer por sus persuasiones iniciales.
—El gobierno de Columbia les brindará todo el apoyo para que toda su familia pueda establecerse.......
En una sala privada apartada del casino en el primer piso del mismo hotel, Coronel Gibson y otros tres hombres estaban persuadiendo fervientemente a Profesor Chadwick, ofreciéndole zanahorias y látigos.
Ya que habÃan acordado desarrollar armas conjuntamente con el Departamento de Guerra y el Ejército de Columbia, la persuasión también era una tarea conjunta de las tres partes.
León era una figura conocida en su paÃs de origen, por lo que temÃa que Profesor Chadwick lo reconociera. Por eso, envió a Campbell a la mesa de negociaciones en su lugar y él se sentó en un sillón en un rincón oscuro, de espaldas a la mesa. Estaba mirando hacia la pared, escuchando la conversación que se desarrollaba a sus espaldas. Fue entonces cuando un sonido que venÃa de frente comenzó a irritarle los nervios.
*Toc toc toc.*
Se escuchó un golpe en la puerta desde algún lugar al otro lado de la pared. Después de un breve silencio, volvieron a golpear. Esta vez estaba más cerca. Quienquiera que fuera, estaba llamando a cada puerta de la habitación. Esta vez parecÃa haber gente en la habitación, ya que después de los golpes se escuchó una voz muy débil. Por el tono, parecÃa ser una mujer.
En ese instante, Leon tuvo una extraña corazonada. Se levantó y salió de la sala privada. En el pasillo exterior solo estaban los soldados vestidos de civil que habÃa traÃdo el Coronel Gibson y los guardaespaldas de Leon. No habÃa ninguna mujer a la vista.
*Toc toc toc.*
Se escuchó otro golpe en la puerta. Esta vez estaba tan cerca que resonó claramente en el pasillo donde él estaba. Leon salió de la sala privada, dobló la esquina del pasillo hacia donde provenÃa el sonido y rápidamente se escondió detrás de una pared.
¿Grace?
Grace, con el uniforme de camarera del casino y una bandeja en la mano, iba caminando hacia él.
¿Por qué precisamente aquÃ?
La respuesta era obvia. La colusión entre el ejército y la industria de defensa ¿No era acaso el tema que Grace estaba intentando cubrir con tanto ahÃnco últimamente?
La mirada de León se dirigió a la puerta custodiada por los soldados. ¿Qué información habrÃa recibido y de dónde para venir a investigar precisamente aquÃ? ParecÃa que habÃa alguien filtrando información desde dentro. TendrÃa que encontrarlo.
Sin embargo, antes de atrapar al enemigo interno, él mismo corrÃa el riesgo de ser atrapado. Detrás de esa puerta estaba Campbell. Frente a la puerta estaba su guardaespaldas, a quien Grace conocÃa. Incluso si León se escabullÃa, su implicación serÃa inevitablemente descubierta.
Intentó que un soldado a quien Grace no conocÃa la detuviera antes de que llegara hasta él, pero ya era demasiado tarde. El sonido de sus tacones altos resonó justo detrás de la esquina. León se giró.
—¡Ah!
*Crash*.
Al aparecer repentinamente detrás de la esquina, Grace se sobresaltó, dejando caer la bandeja y retrocediendo un paso.
—¿...León? ¿Qué haces aquÃ?
—Estaba intentando evitar a mi encantadora esposa.
dijo León, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y acercándose a Grace con una sonrisa tan falsa como su actitud.
—¿Reportera Chloe Reagan? Soy un gran admirador.
Su voz era más grave y baja de lo habitual. Lo suficientemente alta para que el nombre de la reportera Chloe Reagan resonara en el pasillo. Era una señal para que sus guardaespaldas se movieran rápidamente.
—¿Qué? ¿Otra vez me seguiste?
Grace rió con incredulidad.
León aceptó gustoso la acusación y rodeó su cintura con un brazo de forma natural, guiándola lejos de la sala privada.
—¿Cómo supiste que yo estaba aquÃ...? Ah, los guardaespaldas.
Por supuesto, les habÃa puesto guardaespaldas, pero no les habÃa ordenado que informaran sobre la ubicación de Grace. Si lo hubiera hecho, esto no habrÃa pasado.
—¿Qué estás haciendo?
Grace lo siguió unos pasos sin resistencia, pero cuando León abrió la puerta de una habitación privada lejos de la sala especial, comenzó a forcejear para liberarse de su agarre.
—Estoy ocupada. Después de que termine la investigación......
—Solo un momento. ¿Cómo esperas que me resista a esto?
La mirada de León recorrió el cuerpo de Grace de arriba abajo con intensidad. Un pequeño gorro de Papá Noel. Una gargantilla de cinta roja con cascabeles. Un vestido de terciopelo rojo hasta la rodilla. Piel blanca adornando el escote, las mangas abullonadas y el borde de la falda. Y para colmo, medias negras.
El casino habÃa cambiado recientemente el uniforme de las camareras de cócteles para celebrar la Navidad. En otras palabras, Grace ahora lucÃa como una Papá Noel bastante sensual.
—¡Ah!
*Click*
Grace se agachó inesperadamente para intentar deslizarse entre su brazo y su costado, pero no tuvo ninguna oportunidad. León la empujó rápidamente a la habitación vacÃa y cerró la puerta con llave.
—¡Dije que estoy ocupada!
León bloqueó su intento de salir con una mano. Empujada de nuevo, Grace tropezó y se apoyó en algo. Lo que tocó era duro y suave a la vez.
Al girar la cabeza hacia atrás, un brillo azul captó su atención. Era una mesa de ruleta.
*Thud.*
El sonido sordo de las botas hizo que la mirada de Grace, como atraÃda por un imán, se dirigiera al hombre que la habÃa encerrado. Él se acercó lentamente, echando hacia atrás la chaqueta negra de su traje sobre sus anchos hombros.
*Swish.*
La chaqueta quedó colgada descuidadamente en el respaldo de una silla frente a la mesa, aunque al caer se habÃa doblado por la mitad, manteniendo una forma pulcra.
Luego fue el turno de desabrochar los puños de sus mangas. Dedos rectos doblaron pulcramente las mangas de su camisa blanca, revelando antebrazos con músculos bien definidos.
Grace tragó saliva. Observar cada paso de su ritual preparatorio la hacÃa pensar inevitablemente en lo que esas manos pronto harÃan con su cuerpo.
Y esa sensación también... era vÃvida. Era una reacción arraigada en su cuerpo, incontrolable por la razón.
—Ha......
Su respiración se aceleró. El hombre la estaba acorralando. Con cada paso que él daba, su corazón latÃa con más fuerza. Después de tanto tiempo, la emoción de perseguir y ser perseguida era indescriptiblemente estimulante.
El hombre, que se habÃa acercado tanto que podÃa escuchar su excitada respiración, apoyó las manos a cada lado de Grace y se inclinó hacia ella. Grace quedó atrapada, sin poder moverse.
—Hagamos una apuesta.
dijo, sus ojos verde pálido señalando la ruleta al final de la mesa.
—Si sale negro, te dejo ir. Si sale rojo, no te dejaré ir. ¿Qué te parece?
Preguntó, lamiéndose los labios con su lengua roja.
Grace respondió con su cuerpo en lugar de palabras. Giró la ruleta con su propia mano y lanzó la bola.
*Swish. Rrrrr.*
La bola, que habÃa estado girando por el borde con un agudo sonido de fricción, cayó con un *clac* en una casilla...
—Huu......
León devoró los labios de Grace como si los estuviera arrebatando. Mientras recibÃa toda la lujuria del ganador, la mirada de la perdedora permaneció fija en la bola que habÃa caÃdo en la casilla roja.
Grace ya lo sabÃa. Aunque ahora fuera la perdedora, ella serÃa la vencedora final del juego de esta noche.
*Smack.*
—Haa.....
Al separarse sus labios, el aliento caliente que habÃa estado buscando un lugar para escapar a través de la conexión de sus vÃas respiratorias brotó hacia afuera.
León se lamió los labios húmedos de saliva y bajó sus ojos ardientes para mirar a Grace.
—Camarera o traviesa Santa. ¿Cuál disfruto primero? Por supuesto, la elección es mÃa.
dijo, contemplando brevemente las dos opciones y sonriendo con deleite como si imaginara el viaje, antes de decidirse y curvar una comisura de sus labios hacia arriba.
Un largo dedo se hundió profundamente en el escote del uniforme de camarera de Grace, por debajo de su clavÃcula, enganchando y tirando de su sostén al mismo tiempo.
Al mirar dentro, él exhaló con una emoción infantil.
—Se sostiene sola.
dijo, como si un bebé acabara de ponerse de pie por primera vez. ¿Un hombre asà era padre?
León sacó un billete de alta denominación de su billetera y lo enrolló como un cigarrillo, deslizándolo en el hueco entre sus senos. Como si le diera una propina a una camarera. ¿Un hombre asà era padre?
—Tengo sed.
dijo León, tocando con la punta de su dedo un pezón turgente y pidiendo un vaso de leche fresca. Grace apartó su mano con un golpe.
—Ni lo sueñes. Si el bebé no come, papá tampoco come.
—Pensé que nuestro vÃnculo era más fuerte que nuestro vÃnculo con nuestra hija. Qué cruel eres.
Era una mujer que no habÃa cedido al implacable ataque de Liv, quien apelaba a la lástima. No habÃa forma de que Grace cayera ante cualquier truco que León intentara.
—Bien. Entonces será Santa. Es la primera vez que me excita una Santa.
No era difÃcil solo porque fuera la primera vez. Como para probarlo, la parte delantera de su pantalón ya se alzaba tensa, a punto de reventar. El verdadero propósito de haber traÃdo a Grace a esta habitación ya se habÃa logrado, asà que no habÃa necesidad de estar nervioso. La tensión que habÃa agarrotado su nuca no habÃa desaparecido, sino que se habÃa dirigido por completo a su centro.
—Señorita Santa, he sido un buen chico este año. Hagamos como si la Navidad hubiera llegado unos dÃas antes y deme mi recompensa.
dijo León, deslizando su mano bajo la falda de Grace y acariciando sus muslos mientras bajaba la cabeza. Justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, una risita burlona rozó su boca.
—¿Buen chico?
preguntó Grace, empujándolo.
—¿Qué tal si te doy un castigo?
—¿Yo... a ti?
Grace asintió.
—De hecho, hay algo que siempre he querido hacer.
—Si mi amor lo desea, lo que sea.
Pero León no esperaba esto.
—Entonces, a partir de ahora, yo soy la reportera novata Chloe Reagan, tú eres el presidente del periódico.
En ese instante, una duda que lo habÃa estado atormentando últimamente tensó los nervios de León. Se originó en un comentario que el ingenuo Burrell le habÃa dicho con satisfacción: 'Su esposa disfruta mucho usando la pluma que le regaló el presidente últimamente'. Solo en la empresa. Delante de León nunca la usa. Es un regalo que le dio para que no la usara. Sin embargo, Grace estaba actuando justo en contra de sus expectativas. Usar un regalo de otro hombre a espaldas de su marido. ¿Acaso le gustaba ese 'presidente' desconocido? Aun asÃ, al final, significaba que le gustaba él. Un rumor amoroso que solo involucrara a Grace y a él podrÃa sonar increÃblemente romántico para otros, pero para León no era asÃ.
Desde la perspectiva de Grace, el presidente y su marido eran hombres diferentes. Eso era adulterio. ¿Qué debÃa hacer? Por primera vez en mucho tiempo, León sintió la desesperación de un hombre perdido.
Sin embargo, León comenzó a sospechar que esa podrÃa ser una duda muy superficial cuando escuchó las siguientes palabras de Grace.
—Estoy siendo castigada por venir a investigar algo a lo que el presidente se opuso y ser descubierta.
Tan pronto como terminó de hablar, Grace se arrodilló entre sus piernas.
—¿...Qué estás haciendo ahora?
Ella tomó con firmeza ambos muslos de León, quien intentaba retroceder confundido, lo miró con sus ojos verde azulados brillando con fervor.
—Presidente, quiero cubrir esta historia. Necesito publicarla. Si me deja publicar el artÃculo, haré lo que sea.
Como para probar lo que significaba ese "lo que sea", sus dos manos, que habÃan subido por sus muslos, se juntaron en su centro. Grace acarició con la palma de su mano su erección firme, subiendo y bajando, incluso haciéndola rodar para encontrar la punta escondida tras la tela, estimulándolo aún más.
—Ugh......
En el instante en que sus ojos se cerraron con un mareo, escuchó el sonido de un cinturón desabrochándose.
En el centro de su visión, que volvió a enfocarse, estaba la imagen de Grace desabrochando su pantalón. Sin saber cuál era su intención de lamerlo con la boca, León retrocedió un paso y apartó su mano.
—Chloe, ¿sabes cuánto daño le estás causando a mi periódico? Los anunciantes ya no quieren anunciarse en nuestro periódico. Estoy al borde de la bancarrota. Todo por tu culpa.
—Compensaré las pérdidas con mi cuerpo.
dijo Grace, levantándose y metiendo la mano bajo su falda mientras se inclinaba.
*Thwack.*
Se escucharon varios sonidos de las ligas de sus medias desabrochándose.
León pensó que tal vez no volverÃa a escuchar ese sonido después de este momento.
No. No podÃa ser. No.
Tan pronto como todas las ligas se desabrocharon, las bragas blancas cayeron al suelo con un *plop*. Grace pateó la prenda interior enganchada en sus tacones altos hacia un lado y se sentó a horcajadas sobre la mesa de la ruleta.
—¿Cuántas veces quiere que compense las pérdidas que ha visto hasta ahora?
preguntó, levantándose la falda y abriendo las piernas de par en par, exhibiendo sin pudor la fuente de placer que instantáneamente le darÃa ganancias incomparables a las pérdidas que él habÃa visto hasta ahora.
Sin detenerse ahÃ, Grace se abrió mostrando el clÃtoris con sus propios dedos, mostrándole el camino para que él entrara, luego dejó caer el dobladillo de su falda para ocultarlo. Excitantemente.
—Aah......
Luego, secretamente debajo de su falda, pero gimiendo de manera tan explÃcita que el movimiento de sus manos era completamente visible desde afuera, se masturbó. Coqueteaba con León con la determinación de una ramera. HacÃa mucho tiempo que Grace no era un enemigo tan aterrador.
—Haah, puedo complacerlo tanto como desee, presidente. ¿Entonces me permitirá cubrir la historia hoy?
Ante la verdad que se revelaba gradualmente y para no ser arrastrado por las artimañas de Grace, León se refugió en un guion que probablemente era solo una fachada.
—¿Permiso? He venido a castigarte.
—Entonces, ¿podrÃa castigarme de antemano por las pérdidas que sufrirá debido a la historia que voy a cubrir hoy, desafiando sus órdenes?
Grace envolvió las piernas alrededor de León, quien intentaba retroceder, lo atrajo hacia ella. Una mano se deslizó repentinamente en el bolsillo trasero de su pantalón y lo amasó por dentro. Al darse cuenta de que no habÃa ningún anticonceptivo, Grace retiró su mano y preguntó con reproche:
—¿Qué? ¿Dijiste que viniste persiguiéndome para hacerlo? ¿No te preparaste?
Ante estas palabras, León se sintió aún más confundido. Ella pregunta como si no supiera nada, cuando él pensaba que ella ya lo sabÃa todo. ¿Realmente no lo sabe? ¿O está fingiendo no saberlo para tenderle una trampa? Miró a los ojos de Grace, pero no pudo leer sus pensamientos en absoluto. Más bien, sintió como si él mismo estuviera a punto de ser descubierto.
—Oh, vaya...
Intentó escapar de este peligroso escenario de actuación diciendo que, como habÃa olvidado los anticonceptivos, debÃan detenerse. Pero Grace, por el contrario, apretó aún más las piernas que rodeaban su cintura, atrayendo a León más cerca. Se sintió atrapado.
Mientras desabrochaba sin dudar su pantalón, Grace guiñó un ojo y dijo:
—El castigo debe infundir temor en el que lo recibe.
Según esa definición, León sin duda estaba siendo castigado ahora. Grace sacó su miembro aprisionado y lo agitó con ambas manos. De la cintura para arriba, solo lo querÃa a él; de la cintura para abajo, querÃa más. León estaba experimentando una división de su ser.
Luego, en el instante en que Grace levantó el dobladillo de su falda y abrió las piernas, su ser de la cintura para abajo triunfó.
—¡Ah!
Pero como su ser de la cintura para arriba no estaba muerto, León, temeroso de encontrarse con sus ojos, volteó a Grace y la apoyó boca abajo sobre la mesa.
—¡Agh!
En el instante en que su miembro atravesó las paredes de su panocha y se hundió profundamente en su interior, una exclamación aguda brotó de su garganta, con la cabeza levantándose bruscamente al final.
—Haa... Uh...
Al entrar, su miembro la atravesó sin piedad, pero al salir era increÃblemente lento. De cualquier manera, no habÃa piedad. El borde de su glande, al ser retirado lentamente, estiraba cada pliegue de su panocha, rascándolos sin excepción. Todos sus puntos sensibles se rozaron con él, chispas de fuego saltaron.
—Ah, ah... ah...
Afuera, temblando y sin saber qué hacer, arañaba la mesa con sus uñas; adentro, su carne interior se aferraba con fuerza a su miembro erecto, temblando. Era solo una vez que él movÃa su cintura, pero la reacción de Grace ya era intensa.
—Se... señor... ¡Ah... ahÃ!
*Clac.*
Tan pronto como sacaba su miembro, lo volvÃa a introducir con fuerza. Presionó directamente su punto más sensible. León, sosteniendo firmemente la cintura de Grace que gritaba de nuevo, movió su propia cintura.
—Ah, uh, aah, señor ..... presi, rápido, termine... ah, yo... la investigación......
Grace seguÃa llamándolo "señor presidente" y lo presionaba para que continuara con la actuación. Era tan difÃcil de soportar como la presión que apretaba su miembro.
—¿Quién te dijo que fueras a investigar sin mi permiso?
—Mmm... señor presidente, ah, lo siento......
—Sin miedo, revolviendo lugares peligrosos, ¿y si te atrapa un tipo malo y te hace algo terrible?
—¡Asà que, ah! ¿Como lo que está haciendo usted ahora, señor presidente?
—Ha...
—Mmm, pero creo que no me importarÃa que usted, señor presidente, me hiciera algo terrible...
¿Qué demonios está diciendo esta mujer? León frunció el ceño, sintiéndose perplejo.
—Señor presidente, ¿le gusta mi cuerpo? Entonces, ¿puedo publicar el artÃculo que me dijo que corrigiera, uh...?
La mano de León cubrió la boca de Grace. Maldita sea. Esto se suponÃa que era una actuación, pero el guion de Grace reflejaba demasiado la realidad, amenazando con desdibujar los lÃmites entre la ficción y la realidad. Demasiado, o intencionalmente. Era peligroso.
—Shhh, escucha lo que estamos haciendo afuera.
Con la excusa de ahogar sus gemidos, le cubrió la boca y continuó embistiendo y sacando su miembro de sus nalgas con furia.
—Uh, huu...
*Jingle jingle.*
Cada vez que movÃa su cintura, sonaban las campanillas de su cuello. El ambiente navideño era tan intenso. ¿ExistÃa una historia navideña donde un niño malo follaba a la Santa que habÃa venido a castigarlo?
Santa debe ir pronto a la casa donde los niños buenos esperan. ¿No es asÃ?
Con la única determinación de agotar la razón y la resistencia de Grace, y llevársela a casa mientras no podÃa recobrar el sentido, León aceleró los movimientos de su cintura.
—Huu, uh, ah...
—Ugh, espera.
Hoy, León no era el único que tenÃa un plan. Grace, al borde del clÃmax y temblando por todo el cuerpo, hábilmente giraba su cintura y apretaba y aflojaba las paredes interiores de su panocha de una manera deslumbrante, volviéndolo loco.
Y para colmo, ahora estaban frotando su piel desnuda directamente, sin ninguna capa de por medio. Como habÃa pasado mucho tiempo, la sensación de piel contra piel era aún más intensa.
Cada vez que retiraba su cintura, los pliegues de carne suaves y pegajosos adheridos a su piel mordÃan y succionaban su miembro, atrayéndolo de nuevo hacia adentro. Hacia la fuente de un placer tan ardiente que parecÃa derretir el suyo.
—Ha, maldita sea......
—¿Verdad que lo hago bien, señor presidente? Mi esposo dijo que lo hago bien.
León se limpió la cara con la mano sudada y miró a la mujer postrada ante él con ojos llenos de temor. ¿Por qué está haciendo esto? El placer extremo era como el terror.
—No lo haga adentro. PodrÃa quedar embarazada de su hijo, señor presidente.
—Si no quieres, uh, quédate quieta.
—Pero, ¿no serÃa mejor para usted, señor presidente, si quedara embarazada? Quizás asà no podrÃa andar revolviendo por todas partes con mi vientre abultado y tendrÃa que quedarme sentada tranquilamente en casa.
—Ha... ¿Cuándo has hecho eso alguna vez?
La risa que salÃa de la boca de León se cortó bruscamente. Fue porque ella apretó con fuerza abajo, oprimiéndolo y dejándolo sin aliento.
Dijo que no lo hiciera adentro. Grace movÃa sus entrañas con persistencia, como si estuviera decidida a exprimir su leche.
—Ugh...
Aunque tensó sus nalgas con fuerza hasta que le dolieron, fue inútil cuando la sensación de eyaculación llegó a su punto máximo. León se retiró rápidamente, tratando de no eyacular dentro del vientre de Grace.
—Haa...
Tan pronto como lo sacó, la sensación extrema se calmó como por arte de magia. Gracias a eso, evitó la molesta limpieza posterior.
Mientras León recuperaba el aliento, Grace se levantó y se apoyó en la mesa. La forma en que sus ojos se curvaron en una sonrisa al mirarlo era inquietantemente familiar.
—Si mi vientre vuelve a abultarse, el señor presidente estará feliz, pero mi esposo podrÃa estar triste. Tener que criar otro hijo. Aunque tenga muchas cosas que quiera hacer afuera.
—......
—Aunque ya parece estar haciendo cosas a sus espaldas. Ah, entonces, si tengo un hijo y me quedo en casa, ¿no podrá hacerlo?
—Ugh...
Grace agarró con fuerza su miembro, que apenas habÃa evitado la eyaculación, lo jaló entre sus piernas, exigiendo:
—Déjeme embarazada. Para que yo también, y ese hombre, nos quedemos atados en casa.
—...Grace.
—Mi nombre es Chloe. Es muy malo de su parte llamar el nombre de su esposa mientras se acuesta con una subordinada. Bueno, ¿pero qué maldad no habrá hecho usted, señor presidente?
Grace metió lo que tenÃa en la mano dentro de su pantalón y, con indiferencia, abrochó los botones, haciendo un puchero como si estuviera decepcionada.
—¿Se ha imaginado lo que pasarÃa si su esposa se entera? Bueno, ¿pero qué podrÃa hacer esa mujer aunque lo descubriera? Ya no huirÃa. A menos que lo eche, señor presidente. ¿Verdad?
—Grace.
La obra habÃa terminado.
—Me equivoqué.
—Originalmente, engañar y ser engañado es emocionante. Señor presidente, ¿fue emocionante engañar a su esposa? ¿Eh? ¿Fue emocionante, cariño?
Su corbata fue arrebatada de repente. Unos ojos donde ardÃan llamas verde azuladas lo miraron fijamente, arrastrándolo hasta quedar cara a cara.
—¿PodrÃa decirme honestamente qué estaba haciendo aquÃ?
La obra habÃa terminado, pero el verdadero castigo apenas comenzaba.
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Swish.
Grace abrió la puerta de golpe y suspiró ruidosamente, como para que el hombre detrás de ella la escuchara.
—Oh, iba a saludar a tus amigos.
La sala de póquer estaba vacÃa. Claro, todos se habrÃan ido mientras este hombre la entretenÃa. Grace sonrió al reconocer el abrigo de hombre colgado en el perchero junto a la puerta. Tomó el abrigo, se lo arrojó a León y se giró bruscamente para pasar junto a él.
—Grace.
Él la llamó, pero Grace no hizo caso y se fue sola. Leon observó su espalda alejándose y suspiró profundamente.
Grace lo sabÃa todo y habÃa venido. Ella habÃa venido a investigarlo. ¿Cómo se enteró de que la figura clave de la colusión militar-industrial que ella estaba investigando era su marido?
Incluso ya sabÃa que Leon era el presidente del Rochester Independent, no se dio cuenta cómo. Desde el momento en que propuso tener sexo fingiendo ser una reportera y el presidente del periódico, tuvo un mal presentimiento.
—Grace, espera un momento.
León cruzó el salón del casino, siguiendo a Grace hacia la salida, le puso su abrigo sobre los hombros. Afuera hacÃa un frÃo terrible para salir solo con un delgado uniforme de camarera.
Grace no se quitó el abrigo, pero tampoco se detuvo ni se giró hacia él. Era casi lo mismo que no llevar nada, salir solo con el abrigo sobre los hombros.
—¿Vas a salir asà y congelarte hasta morir?
León detuvo a Grace. Volvió a tomar el abrigo y lo abrió, Grace, aunque lo miraba con furia, metió los brazos obedientemente. Mientras recibÃa su mirada asesina, él le abrochó el abrigo.
—¿A quién tenemos aquÃ?
Alguien los saludó. Era Coronel Gibson.
¿Su escena de ponerle el abrigo parecÃa armoniosa? Sin darse cuenta de que estaban en medio de una pelea de pareja, el Coronel arrojó el cigarro que fumaba en un cenicero y se levantó del sofá en el vestÃbulo del casino para acercarse a ellos.
—Vaya, hasta ahora veo en persona la belleza que derrocó un reino.
El Coronel sonrió alegremente y le ofreció la mano a Grace.
—No sé con qué nombre debo llamarla para que sea apropiado para el momento y el lugar. En cualquier caso, soy Coronel Ronald Gibson del Comando de Inteligencia del Ejército.
'¿Qué demonios está pensando al entrometerse cuando la mejor virtud es fingir ignorancia?'
—Un amor del siglo que incluso abandonó su paÃs. El amor de Coronel Winston por su esposa es realmente asombroso.
Él la habÃa confundido con una esposa que sospechaba de la infidelidad de su marido y habÃa venido a atraparlo en el acto, en lugar de una reportera.
—También en nuestra reunión de póquer......
Cuando la palabra "reunión de póquer" salió de la boca del Coronel, León cerró los ojos con fuerza y se presionó las sienes con los dedos. Incluso con los ojos cerrados, sintió la mirada inquisitiva de Grace.
Aún no le habÃa contado sobre la verdadera naturaleza de la reunión de póquer. Grace tampoco habÃa preguntado. Probablemente no lo sabÃa. Y el Coronel lo habÃa revelado tratando de defenderlo.
Efectivamente, un aliado tonto no es diferente de un enemigo.
—Ja.
Grace soltó una risita burlona, Leon abrió los ojos.
—¿Asà que esto era la reunión de póquer? Una cita secreta con funcionarios militares. En otras palabras, colusión militar-industrial.
—Colusión, dices. Es cooperación.
El Coronel pareció darse cuenta de su error solo entonces.
—¿No estaba siguiendo a su marido?
—No, yo estaba siguiendo a Profesor Chadwick. Pero mi marido apareció.
—Ah... Asà que no vino como esposa, sino como reportera. Entonces, me retiro.
El Coronel retrocedió y se levantó ligeramente el sombrero hongo, pero Grace, mostrando la persistencia tÃpica de una reportera que ignora cualquier gesto de que ya no hablará, preguntó:
—Coronel Gibson, deberÃa decirme qué hizo mi marido en la reunión de póquer antes de irse.
—Es secreto militar, asà que no puedo decirlo. La única verdad que puedo decir es que su marido se ha dedicado como un patriota por el futuro de sus hijas.
—¿Patriota? ¿Este hombre?
Grace lanzó una mirada a León, soltó una risita burlona y luego asintió brevemente al Coronel como una despedida altiva, pasando de largo a los dos hombres.
—Uf......
Cuando Grace salió por la puerta del casino, el Coronel suspiró profundamente, como si hubiera estado conteniendo la respiración, luego sonrió con torpeza al ver el rostro de Leon.
—Lo siento mucho por esto. Pero como alguien con 30 años de matrimonio, permÃtame decirle que tener la fuerza y el afecto para pelear es una bendición.
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*Tac tac.*
El sonido de los tacones altos rompiendo el silencio del estacionamiento del hotel era bastante agudo. León observó en silencio a Grace, que estaba parada frente a un sedán estacionado como escondido en una esquina, sacando las llaves del coche, a unos pasos de distancia.
Pensó que se irÃa sola. Grace abrió la puerta del copiloto con la llave y lanzó una palabra brusca:
—Sube.
Luego se dirigió al asiento del conductor. La boca de León, siguiendo a Grace, se curvó suavemente. Si hubiera sido la Grace de antes, tal vez se habrÃa ido sin más, dejándolo atrás.
Esa costumbre suya de usar el castigo como excusa para huir de los problemas difÃciles. León habÃa pensado que tal vez harÃa eso de nuevo, pero se equivocó. No era frecuente sentirse bien al equivocarse.
'Tener la fuerza y el afecto para pelear es una bendición'
Era terriblemente irónico arrojar aceite al fuego en la casa de otro, pero también era cierto.
—Yo conduciré.
Extendió la mano para pedir las llaves, pero Grace ni siquiera lo miró y abrió la puerta del conductor. Ahora que lo pensaba, a Grace no le gustaba la mentalidad conservadora de León de que los hombres debÃan conducir.
PodÃa renunciar a la iniciativa, pero no a esto. En lugar de retroceder, él abrió la puerta antes de que Grace pudiera siquiera agarrar la manija.
Esperó hasta que Grace, ya en el asiento del conductor, se cambió los tacones altos por zapatos planos y se arregló la ropa, luego cerró la puerta y León también subió al asiento del copiloto.
Mientras tanto, el coche que Grace habÃa encendido salió deslizándose del estacionamiento, los coches de seguridad los siguieron.
—La inteligencia militar se enteró primero de nuestra identidad y se me acercó el otoño pasado.
comenzó León su confesión en el coche de camino a casa, agradecido de que el tráfico impidiera que Grace condujera de forma imprudente.
—Me pidieron que fuera asesor de inteligencia. Era una propuesta ventajosa, asà que la acepté. No era malo tener buenas relaciones con el gobierno, personalmente, me dolÃa desperdiciar la experiencia y el conocimiento que habÃa acumulado.
—......
—Si hubiera sido algo peligroso, lo habrÃa rechazado. Tú lo sabes bien.
Grace seguÃa mirando hacia adelante sin responder, pero por su expresión, que se habÃa relajado un poco, León supo que lo estaba escuchando. La emoción que habÃa sido tan intensa parecÃa calmarse gradualmente, la razón regresaba.
León contó honestamente todo lo que habÃa sucedido hasta que la "reunión de póquer" se convirtió en un proyecto de desarrollo de armas y luego preguntó:
—¿Cómo lo supiste?
Grace recitó una frase predeterminada con un tono de voz profesional:
—Los reporteros del Rochester Independent protegen estrictamente la identidad de sus fuentes.
Es decir, Rosalyn Winston.
—Tengo mucho miedo. Temo que Profesor Chadwick, a quien apoyo, abandone su sueño de desarrollo espacial y termine desarrollando armas.
Ya que León habÃa mostrado interés en Profesor Chadwick en presencia de Grace, era natural que ella sospechara que su marido era quien intentaba desarrollar las armas.
Rosalyn no le contó esta historia porque fuera reportera. Siendo la esposa de León, le pidió que detuviera a su marido.
Grace, con su brillante historial de infiltración como sirvienta, seguramente conocÃa la forma de hablar peculiar de las damas aristocráticas que decÃan una cosa dando a entender otra.
Para obtener pruebas decisivas, lo correcto era seguir a León, pero rastrearlo evitando los ojos de sus guardaespaldas no era tarea fácil.
Asà que hoy Grace vigiló a Profesor Chadwick. Era obvio que ese hombre habÃa venido a Rochester por León. Y el resultado fue el esperado.
—Tienes mucho dinero. Tienes muchos negocios exitosos. ¿Por qué diablos quieres ser traficante de armas?
—Traficante de armas, dices. Esto es solo industria de defensa.
—Deja de jugar con las palabras.
—Grace, mientras exista la humanidad, la guerra no desaparecerá.
—Deja de sermonear también.
—Incluso si yo no desarrollo armas de tipo cohete, alguien más lo hará de todos modos.
—Eso no significa que tengas que ser tú quien lo haga.
—¿No es mejor que una tecnologÃa peligrosa esté en mis manos en lugar de en manos del enemigo?
—Eso es algo que el gobierno deberÃa hacer, no tú. No estás haciendo esto por una misión para la humanidad, sino por tu propia ambición.
—Grace, no lo olvides. Te apoyé incluso cuando tus acciones se interponÃan en mi negocio. No espero que hagas lo mismo. Pero al menos podrÃas hacer la vista gorda.
—Ha.......
Un suspiro escapó de los labios de Grace.
—¿Asà que el marido que me ayudaba diligentemente con mi campaña para regular la industria armamentÃstica estaba secretamente trabajando con el gobierno para hacer crecer esa misma industria?
De hecho, Grace habÃa comenzado su campaña de oposición sabiendo que León planeaba entrar en el negocio de armas, pero ahora fingÃa ignorancia y sentirse traicionada.
—Soy un buen marido y un buen hombre de negocios. Solo estaba siendo fiel a mi trabajo y al tuyo.
Claro, para enfrentarse a este hombre descarado, ella también tenÃa que ser igual de descarada.
—Tú haces tu trabajo, yo hago el mÃo. En última instancia, todo es por nuestra familia, asà que es lo mismo, solo que lo hacemos a nuestra manera.
—No. Lo que tú haces no es por nuestra familia.
Leon se apoyó la sien con los nudillos, mirándola como pidiéndole que explicara más.
—¿Vivir de algo a lo que me opongo? Me convertirÃa en un hipócrita.
—Te convertirÃas en un hipócrita sin importar en qué negocio esté. No, ya eres un hipócrita.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Tu salario proviene del dinero que ganaste utilizando las prácticas de inversión que dices que deberÃas prohibir.
—Ha... Me duele la cabeza.
Grace suspiró, apoyando su cabeza, que sentÃa arder, contra la frÃa ventanilla del coche para refrescarla. Luego, como hablando para sà misma, recitó un titular de un artÃculo.
—¿La verdad de Chloe Reagan, la heroÃna que defiende la justicia, en realidad duerme cada noche en la misma cama que un villano?
—Villano, dices. El dÃa que esta tierra sea bombardeada, seré un héroe.
—¿Y los dÃas en que no es bombardeada? ¿Qué pasa si las armas que desarrollas se usan solo para atacar, no para defender? No quiero que nuestras hijas vivan abundantemente con dinero manchado de sangre. ¿No te da miedo lo que pensarán de su padre cuando crezcan y lo sepan?
—Grace, todo dinero tiene la sangre, el sudor y las lágrimas de alguien. Según tu lógica, incluso la secretaria de un fabricante de pistolas es un ser humano malvado que vive de dinero manchado de sangre. Incluso los niños entenderán esto.
—Ha.......
Grace giró la cabeza, lanzándole una mirada de hastÃo al maestro de la sofisterÃa.
—¿Por qué no te conviertes en polÃtico? Parece ser tu vocación.
—Me siento abrumado por los elogios.
—No es un elogio.
—Incluso si es una crÃtica tuya, la aceptaré con gratitud.
—Pero no escuchas, ¿verdad? Uf.....
Grace se cubrió la cabeza con las manos y gimió, mientras él reÃa a su lado. León la miraba con una leve sonrisa.
Era una mirada que decÃa que cualquier ataque era inútil, que intentara golpearlo una vez más. Ese hombre no se inmutaba ni un poco, mientras que Grace se tambaleaba, a punto de caer.
'Tengo que cambiar de táctica.'
No podÃa vencer a este hombre tratando de usar la cabeza. Rosalyn lo sabÃa, por eso le habÃa pedido a la esposa, no a la reportera, que lo detuviera. Entonces, solo quedaba un arma.
—¿No puedes simplemente no hacer algo que no quiero que hagas? ¿Ya olvidaste que dejé de hacer periodismo encubierto porque no te gustaba?
El corazón.
—PodrÃas hacer eso por mÃ, ¿verdad?
Si no puedes, entonces no significo nada para ti. Al sacar la carta decisiva, finalmente la sonrisa astuta desapareció de su rostro.
—Si tanto lo odias, lo dejaré.
El tiempo que le tomó a León tomar la decisión fue absurdamente corto.
—No tener una participación ambigua a través de subcontratistas. No inversiones a nombre de otros. No comprar patentes de tecnologÃa.
—Lo sé. Lo dejaré por completo.
Cuando León levantó ambas manos en señal de rendición, Grace comenzó a sonreÃr alegremente.
—¿Está bien?
—SÃ, está bien.
—Bien, si a mi amor le parece bien, entonces está bien.
—Asà es.
León soltó una risita incrédula. En este mundo, solo sus hijas y Grace tenÃan esa capacidad de ser descaradas pero adorables al mismo tiempo.
—Pero, ¿cómo supiste que yo era el presidente?
—Tus cartas de admirador.
—¿Mis cartas?
Su rostro mostraba total desconocimiento de que habÃa sido descubierto por la molestia de usar una máquina de escribir en lugar de su propia letra para ocultar que él era el remitente.
—Sacaste la vieja máquina de escribir del almacén, ¿verdad? Esa máquina de escribir, la 'R' está un poco rota y parece una 'P'. Ellie la está usando como juguete últimamente.
—Debà haberla tirado...
A propósito, habÃa elegido solo vocabulario que no usaba habitualmente y habÃa cambiado toda la ortografÃa y los signos de puntuación al estilo de Columbia, pero todo fue en vano por una vieja máquina de escribir.
—Empecé a sospechar desde entonces, el artÃculo que criticaba la industria armamentÃstica fue la evidencia decisiva.
—Ha... Lanzaste un cebo. ¿Bastante buena, eh?
León lo habÃa mordido por completo, rechazando el artÃculo. Con eso, Grace se habÃa convencido de que León era el presidente del periódico y que estaba involucrado en la industria armamentÃstica.
—SÃ, si me dejaras completamente fuera de tu territorio, no serÃas tú. Aun asÃ, en lugar de impedirme ser reportera, comprar el periódico y ponerme a cargo... te has ablandado mucho.
Atrapada en el terrible tráfico de fin de año, Grace miró fijamente el coche de adelante que apenas se movÃa y sonrió para sà misma, luego endureció repentinamente su expresión.
—Espera un minuto, entonces, ¿por qué el presidente fingió que le gustaba? ¿Será que querÃa que renunciara porque le resultaba incómodo?
León confesó con evasivas:
—¿Fingir que le gustaba? El presidente te querÃa... no. El hecho es que te ama.
—Qué repugnante. Y aun asÃ, el hecho de que me emocione me hace sentir como una loca.
Porque esas palabras no eran solo una excusa repugnante para escapar como una serpiente de una situación difÃcil.
—Tú estás loca por mÃ.
—Ja, este loco. Entonces, ¿por qué me ayudaste cada vez que estaba en problemas si querÃas que renunciara?
Esta era la razón por la que él no era completamente repugnante.
—Porque estoy loco por ti. QuerÃa que renunciaras, pero cuando te veo sufriendo, me ciega la rabia y te ayudo, luego me arrepiento.
León sonrió amargamente, riéndose de sus propias acciones contradictorias, incluso para él, y murmuró para sà mismo:
—¿Cuándo alguna vez algo sobre ti salió como yo querÃa?
Realmente, aunque intentó impedir todo lo que Grace hacÃa, al final siempre terminaba haciendo todo lo que ella querÃa. Un cÃnico realista que apoya a una idealista tonta.
Grace también sonrió amargamente ante esa contradicción. Mirándolo de nuevo, la relación entre los dos era una contradicción en sà misma. No solo por el pasado en el que fueron enemigos.
Sus orÃgenes, ideologÃas y gustos eran diferentes. Era un milagro increÃble que dos personas tan diferentes hubieran formado una alianza llamada hogar y vivieran juntas.
—Somos terriblemente incompatibles.
murmuró, en ese instante, Leon, que habÃa estado mirando la calle que parecÃa un estacionamiento, giró la cabeza hacia Grace.
Luego la miró con ojos que parecÃan saborear algo, y esbozó una leve sonrisa. Era esa sonrisa que siempre era sincera.
—Aun asÃ, te amo.
Grace finalmente devolvió la misma sonrisa.
—En eso sà que nos llevamos muy bien.
Quizás el amor más firme del mundo no sea el amor que se da 'porque', sino el amor que persiste 'a pesar de'.
Porque aunque las personas cambien, el amor no lo hará. Para ellos, que serÃan arrastrados por los interminables cambios del mundo en la larga travesÃa de la vida, solo este amor contradictorio serÃa una guÃa inmutable.
Los dos superpusieron sonrisas idénticas, como reflejos en un espejo. Justo cuando estaban a punto de unir sus alientos, tragando los labios del otro, una bocina sonó detrás, interrumpiendo su anhelado beso.
Precisamente ahora los coches comenzaban a moverse. Grace, aunque con pesar, separó sus labios y volvió a tomar el volante.
—Sigamos en casa.
—¿Qué vamos a seguir haciendo en casa?
Una vez más, la misma sonrisa se extendió por los rostros de ambos. Por supuesto, esta vez no era tenue, sino solo secreta.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
—Haa...
—Huu...
Al final, el motor se encendió incluso antes de que pusieran un pie en casa. En el ascensor que subÃa al penthouse, se besaban con avidez, como si fueran a devorarse, justo cuando comenzaban a abandonar la esperanza de llegar al dormitorio en ese estado y pensaban en dirigirse a la habitación más cercana al ascensor...
—¡Hwaaaaaang!
El fuerte llanto de Liv resonó incluso dentro del ascensor que pasaba por el piso 43.
—Ay, no. Parece que se despertó.
Tan pronto como sacaron apresuradamente un pañuelo para limpiarse el lápiz labial corrido por sus labios y rostros, el ascensor llegó al piso 47 y la dueña del llanto comenzó a aparecer detrás de la puerta de rejilla.
—¡Papáaaaa!
Alguien detuvo a Liv, quien corrÃa hacia ellos sonriendo alegremente como si nunca hubiera llorado tan desconsoladamente.
—Espera.
Era Ellie, furiosa hasta la coronilla. Se paró con las manos en las caderas, como hacÃa su madre cuando estaba enojada, la reprendió:
—¿A dónde fueron a estas horas? Nunca están en casa. DeberÃa atarlos.
No era una amenaza vacÃa.
—¿Acaso atar es una tradición familiar de los Winston?
Grace susurró al oÃdo de León, atado a su lado, mientras miraba el nudo en su propia muñeca. La niña arrastró a sus padres a la habitación de su hermana pequeña, los sentó en el suelo y ató ambas manos de cada uno a la barandilla de la cuna con cintas. Los dos culpables se dejaron atar sin resistencia.
—¿Saben qué hicieron mal mamá y papá?
Después de atar a los culpables, comenzó el sermón. Ellie agitaba el arco del violÃn que tenÃa en la mano para enfatizar sus palabras, yendo y viniendo frente a sus padres.
—¡Es malo dejar a los bebés solos en casa!
—Con la ama de llaves y la niñera...
—¡Shhh!
—......
—Son bebés tan bonitos, ¿y si alguien los roba?
—Esas son ustedes.
—Si lo hacen una vez más, Oliva y yo empacaremos nuestras maletas y nos iremos.
—Esa eres tú.
—¡No! ¡Sé cómo echar a mamá y papá de casa! ¿Por qué solo ustedes dos salen sin nosotras? ¡Malo!
En el tono de Ellie, que era la misma imagen de sus padres, Liv se acurrucó en los brazos de su padre atado y frotó su mejilla contra la de él, mientras sus padres buscaban rastros del otro.
—Papá.
Luego, con ojos llenos de afecto, comenzó a besar a su padre y luego caminó torpemente hacia su madre.
—Je, mamá.
—Liv, mamá también quiere un beso.
Grace hizo un puchero, pensando que la niña también querÃa besarla, pero el interés de Liv estaba en otra parte.
*Crack.*
Con la tremenda fuerza de la niña, el botón del uniforme de camarera se desprendió de inmediato. Grace miró con horror a la bebé que aprovechaba la oportunidad de que su madre estuviera atada para sacar su pecho y comer, murmuró aturdida:
—Es tu hija, sin duda.
Aunque no era un elogio, el hombre descarado sonrió con orgullo, besando la cabeza de la bebé con sus ondulados cabellos rubios.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Grace inhaló y exhaló perezosamente, con el leve aroma del mar mezclado con el sonido de las olas.
'Qué lástima, ya me desperté en un dÃa festivo.'
Pero no fue el sonido de las olas entrando en el dormitorio desde la ventana de la mansión lo que la despertó. Fue la extraña sensación de algo duro pinchándole el trasero. Grace extendió la mano bajo su cadera y acarició ese objeto duro. El hombre que la abrazaba por detrás dejó escapar un gemido como si se estuviera ahogando y se acercó aún más a ella.
—¿Lo que tienes entre las piernas es una pistola? ¿O es un regalo de Navidad del guapo Santa?
—Lo que sea, es algo mortal.
Grace soltó una carcajada y estaba a punto de girarse hacia él.
—¡Mamá! ¿Papá ya se levantó?
Se oyó la voz de Ellie desde afuera de la puerta.
—Ah... ¿Ya?
Aún no habÃa amanecido. Aunque fuera invierno, ¿no era demasiado? Grace hundió su cabeza en la almohada y empujó a León.
—Ve. Te está buscando.
León abrió la puerta del dormitorio y vio a Ellie, abrazando a Muffin y a Milky cada una en un lado, con ambos puños apretados.
—Ellie tiene un buen presentimiento hoy.
Se preguntó qué buen presentimiento serÃa ese...
—Cuando un niño se levanta temprano en la mañana de Navidad, es para desenvolver regalos. No para jugar ajedrez con papá.
León tuvo que sentarse frente a su hija a la mesa de ajedrez desde el amanecer. Ni siquiera le dieron tiempo para cambiarse de ropa, asà que estaba en pijama.
Ellie abrazaba a Muffin para obtener la máxima estabilidad psicológica y acariciaba a Milky sobre su regazo, pero a juzgar por las profundas arrugas en la frente de la niña que miraba fijamente el tablero de ajedrez, no parecÃa que le estuviera yendo muy bien.
—Solo para que lo sepas, incluso si Ellie odia a papá, papá ama a Ellie.
Lo dijo anticipándose a que volverÃa a perder y gritarÃa "¡Papá, te odio!" desde la feliz mañana de Navidad. En otras palabras, estaba garantizando que la niña perderÃa.
¿Acaso eso estimuló aún más la determinación de Ellie? Cuando el mar afuera de la ventana se tiñó de dorado siguiendo al sol naciente......
—¡Jaque mate!
—......
Tal como Ellie lo habÃa declarado. Por mucho que mirara, no veÃa forma de que su rey evitara las palabras de Ellie, asà que León derribó su rey, admitiendo la derrota.
—¡Gané!
Ellie, como una campeona subiendo al podio, se subió a la silla, hizo una pose y...
—¡Kya ja ja ja ja!
Saltó y corrió por toda la habitación, riendo alegremente.
—¡Ah!
Entonces su padre la atrapó. Pensó que la iba a regañar por correr, pero su padre estaba sonriendo. Incluso la levantó en alto y luego la abrazó, besándole la frente. Ellie se quedó perpleja.
—Papá, Ellie ganó.
—Lo sé.
—¿Pero por qué estás tan feliz como si hubieras ganado tú?
Ante esas palabras, Leon recordó de repente el dÃa en que venció a su padre en una partida de ajedrez por primera vez, cuando tenÃa seis años.
El Leon de seis años tampoco entendÃa por qué su padre, que habÃa perdido la partida, estaba tan feliz como si hubiera ganado. Pero ahora lo sabÃa.
—Algún dÃa llegará el momento en que tú también entenderás este dÃa.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Era hora de vestirse apropiadamente antes de la ceremonia de apertura de regalos. Grace, con un vestido rojo este año, salió del vestidor y le recordó a León, que se abrochaba los gemelos al final de las mangas de su camisa:
—No olvides la corbata.
¿Corbata?
Los ojos de León, mirando alrededor del vestidor, se posaron en una corbata sobre el tocador de Grace. Era verde oscuro. Con pequeños dibujos de bastones de caramelo. Era la que León habÃa sacado secretamente de la tienda departamental. Su artimaña habÃa sido descubierta una vez más, sin falta.
Leon, pulcramente vestido con un traje de tres piezas, se dirigió a la habitación de los niños sin la corbata puesta. La puerta estaba abierta, se podÃa escuchar claramente la disputa entre Ellie y Grace desde el pasillo.
—No me vestiré con los colores de Navidad. Hoy soy la reina del ajedrez, asà que me vestiré como una reina.
—Entonces, ¿te vestirás como una reina y solo te pondrás el gorro de reno?
—No.
—Mira. Liv se pone el gorro como mamá quiere. Nuestra Liv, qué linda...
—¡No quiero!
Fue en ese instante que Leon llegó a la puerta. Liv se quitó de golpe el gorro de reno que llevaba en la cabeza y lo arrojó al suelo. Al ver a la niña rechazar con orgullo el deseo de su madre, Leon sintió alivio. Ahora tenÃa menos de qué preocuparse de que esa niña fuera influenciada por los deseos de otros.
—¡No quiero, no quiero!
—¡No quiero, no quiero!
Las niñas, tomadas de la mano, cantando la canción de "no quiero, no quiero", salieron saltando de la habitación. León se acercó a Grace, quien se habÃa quedado sola en la habitación recogiendo tristemente el gorro.
—Es el deseo de mamá. Tus hijas son demasiado duras contigo. Mira eso. Los niños ya están tratando de dejar tus brazos. Asà que no lo olvides. La única persona que se quedará a tu lado hasta el final soy yo.
Leon, con una expresión como si hubiera perdido todo en el mundo, se puso la horrible corbata ostentosamente frente a su esposa.
—Leon......
Grace, con los ojos llorosos de emoción, se aferró a Leon.
—Después de todo, solo te tengo a ti.
SÃ, tu eterno devoto soy solo yo.
Grace, recompensándolo con un beso afectuoso, salió guiñándole un ojo significativamente. En la mano de León quedó el gorro de reno que ella le habÃa dado.
—Haa......
El camino para convertirse en un verdadero fanático siempre está lleno de dificultades.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Tan pronto como entraron en la sala de estar más cercana al dormitorio, Ellie corrió hacia la chimenea donde ardÃan los leños. HabÃa algo que necesitaba verificar.
—¡Santa Claus estuvo aquÃ!
Los trozos de galleta que Ellie habÃa dejado sobre la chimenea como refrigerio para Santa Claus habÃan desaparecido. León decidió llevarse a la tumba la verdad de que en realidad estaban en el vientre de su madre.
—¡Galletas!
Liv, sentada bajo el enorme árbol que llegaba hasta el alto techo, abrió la caja de regalo que su padre le habÃa dado y exclamó felizmente.
Los ojos de Ellie, al ver que 'Santa' le habÃa dado galletas a Liv como deseaba, se abrieron de par en par y comenzaron a brillar con el brillo de la codicia.
—¿Oliva recibió galletas? ¿Entonces Ellie es un bebé?
Ellie abrió el regalo que Santa le habÃa dado con gran expectación, pero luego hinchó las mejillas y se cruzó de brazos.
—Santa no les da regalos a los bebés y solo se comió las galletas que Ellie le dio. Santa Claus es malo. DeberÃa demandarlo.
Ellie, quien recientemente habÃa aprendido el concepto de demanda en una conversación entre su padre y el tÃo Campbell, últimamente tenÃa la palabra "demanda" en la boca.
Leon, observando a Ellie asÃ, pensó que era hora de enseñarle de dónde vienen los bebés. Pero siempre tenÃa a su esposa, cuyas polÃticas de crianza diferÃan de las suyas.
—Ellie, los bebés no los trae Santa, sino una cigüeña que los trae volando.
—¿En serio?
—SÃ, pero no puede venir en invierno porque hace frÃo.
—¿Entonces qué soy yo, que nacà en invierno?
—Cierto. El cumpleaños de papá es en invierno.
Ante la mirada penetrante de Grace, que parecÃa preguntarle por qué no seguÃa su juego, Leon se dirigió a Ellie.
—Ellie, ya sabes. Los bebés los hace mamá.
—No. Ahora está con papá.
Grace le pasó la responsabilidad a Leon y se apartó hacia la pila de regalos con su nombre escrito.
—Esto es......
Al encontrar una caja de regalo familiar en la cima de la pila, Grace contuvo la risa y levantó la caja fingiendo ignorancia.
—¿Qué es esto?
—Un regalo de una reportera del periódico con la que tuve un rumor amoroso, como disculpa para ti.
Asà era. Este era un regalo que Grace le habÃa dado a la "esposa del presidente del periódico". Ni siquiera soñaba que era para ella.
—¿De verdad no tienes nada con esa mujer?
Grace fingió estar enojada y regañó a Leon. Leon actuó como un hombre que habÃa sido descubierto en una aventura y trataba de negarlo torpemente.
—¿Qué dices? Sabes que solo te tengo a ti.
—Entonces, ¿por qué saliste corriendo la otra vez en cuanto recibiste la noticia de que esa mujer estaba encerrada en la estación de policÃa? Y eso que era tarde por la noche.
—Proteger a los reporteros es el deber del dueño de un periódico.
—Entonces, ¿proteges a todos los reporteros como a esa mujer?
León sonrió con incomodidad, como un marido que habÃa perdido una discusión con su esposa, finalmente admitió
—Esa mujer... se parece a mi primer amor.
En ese instante, la expresión de Grace estaba lejos de ser la de una esposa que habÃa confirmado la infidelidad de su marido.
Mientras mamá y papá discutÃan hasta terminar besándose, Liv vaciaba silenciosamente la caja de galletas como si nada, Ellie, sin importarle si ya estaban sonando villancicos en la radio o no, tocaba el violÃn desafinadamente mientras cantaba a todo pulmón sobre cinco anillos de oro.
Todos eran caóticos, pero precisamente porque estaban todos juntos, era una Navidad perfecta.
<Intenta rogar, Volumen 2: Aún asÃ, te amo> Fin.
Asure: chiques, buenas madrugadas, me olvide de esta novela :v ... como compensación, lo puse todo en un capÃtulo, espero les haya gustado. solo queda un último volumen. espero les guste la traducción y sea claro para ustedes.
PD: El último volumen lo publicaré fin de mes o comienzos de junio, voy nivelando mi economÃa, tengo gastos, espero su comprensión.
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