INTENTA ROGAR 175
Volumen VIII - EXTRAS : Aun asÃ, te amo (1)
Cantidad Caracteres: CX
Recibà de vuelta mi carta de renuncia. Junto con ella, un bono y dos semanas de vacaciones especiales.
[Es una recompensa que el presidente le otorga a Chloe por todo su esfuerzo hasta ahora]
Justo cuando, animada por el apoyo de León, ardÃa en determinación para esforzarme aún más... y me salen con vacaciones.
Pero como era una recompensa, no pude rechazarla.
De todos modos, pensaba tomar un descanso una vez terminara este asunto, asà que fue perfecto.
Durante el descanso, hicimos un viaje familiar a un lago famoso por su follaje otoñal.
Al regresar, empecé a ponerme al dÃa con mis asuntos personales que habÃa dejado acumulados.
Grace sacó todos los documentos de una de las bandejas de recepción sobre el escritorio. La bandeja llevaba una etiqueta con el nombre “Fundación”.
A finales del año pasado, Grace habÃa fundado una pequeña organización benéfica con la herencia de su madre. QuerÃa ayudar a las personas necesitadas o vÃctimas que habÃa conocido durante su trabajo como reportera.
Revisó el plan para el evento de recaudación navideña, que tendrÃa lugar en dos meses y medio, y luego escribió un cheque por el mismo monto que el bono que recibió en la empresa. Lo colocó dentro de un sobre de documentos junto con una nota: que se sumara al presupuesto del comedor gratuito para personas sin hogar que abrirÃa en Acción de Gracias.
Tras dejar el sobre en la bandeja de salida, empezó a buscar su siguiente tarea entre los cajones. Fue entonces cuando un paquete envuelto como regalo y un sobre de carta encima de él captaron su atención. Grace los sacó y los puso sobre el escritorio.
Cuando le devolvieron la carta de renuncia, no fue solo con el bono y las vacaciones. El presidente también le habÃa entregado una respuesta a su carta... y un regalo de agradecimiento.
'No era necesario llegar a esto...'
Pero, vamos, ¿quién en este mundo no se alegra con una carta y un regalo? Con una sonrisa, Grace abrió primero la carta.
Curiosamente, no estaba escrita a mano, sino a máquina.
Esperaba palabras de aliento, pero a medida que leÃa, el rostro de Grace se fue endureciendo poco a poco.
—¿Esto…?
A simple vista parecÃa una carta tÃpica de motivación para una subordinada, pero el tono… tenÃa más el aire de una carta de admirador. O incluso una declaración disfrazada de elogio.
—¿Qué se supone que es esto?
Dejó la carta a un lado y abrió el paquete. Al ver lo que habÃa dentro, su expresión se torció aún más.
Era una estilográfica de lujo. Grabada con las siguientes palabras:
**Para Chloe, con respeto.**
Respetarla, sÃ… pero ¿por qué omitir su apellido?
Nunca se habÃan visto en persona, jamás habÃan cruzado palabra directamente, aun asÃ, usar solo su nombre…
¿Y por qué, de todas las cosas posibles, tenÃa que ser una pluma estilográfica?
Grace ya tenÃa una pluma estilográfica: la que le habÃa regalado León.
Mientras observaba fijamente la nueva, tan elegante, de pronto le vino a la mente una conversación que tuvo con Señor Burrell esta primavera.
—Es una pluma realmente buena.
—Mi esposo me la regaló, diciendo que querÃa que me convirtiera en una gran periodista.
¿Será que escuchó eso de boca de Señor Burrell y por eso me dio esta pluma?
No, no. No empieces con ideas raras. Solo agradécelo.
Ah, sÃ, gracias. Estoy agradecida, pero…
Es raro.
No solo la carta y el regalo eran extraños. También era raro que le dieran dos semanas de vacaciones.
Al principio pensó que, dado que habÃa causado cierto revuelo dentro y fuera del periódico, tal vez se trataba de una especie de despido disfrazado de vacaciones.
Pero luego se enteró de que eran vacaciones pagadas.
Vacaciones que jamás se le habÃan otorgado a ningún otro empleado.
Incluso ayer, al ir de compras al centro comercial, se topó con alguien del departamento de recursos humanos y escuchó algo asombroso:
Mientras ella estaba de vacaciones, habÃan despedido a cuatro periodistas, y ya habÃa personas nuevas ocupando sus puestos.
Y eran buenos periodistas. ¿Por qué despedirlos?
Ahora todo empieza a encajar.
Todos los que fueron despedidos eran precisamente los que murmuraban a sus espaldas y no veÃan con buenos ojos a Grace.
¿Será que el presidente está mostrando un afecto excesivo?
¿O soy yo la que está interpretando las cosas de más?
Confundida, incapaz de estar segura de nada, recordó algo que León le habÃa dicho una vez:
—Entonces, ¿tu jefe protege asà a todos sus empleados?
…No, claro que no.
—Grace, espabila. Ese tipo te ve como mujer.
…¿De verdad?
—Ugh… que asco.
Grace arrojó la pluma estilográfica de nuevo a la caja como si fuera un insecto y se limpió las manos con un pañuelo.
Dios mÃo… un hombre casado viendo como mujer a una subordinada también casada.
El mismo presidente que habÃa demandado a una revista femenina por publicar un artÃculo falso sobre una supuesta aventura... ¿acaso tenÃa esos sentimientos hacia mà desde el principio?
La comezón que la impulsaba a volver pronto al trabajo desapareció por completo. En su lugar, una creciente repulsión se le asentó en el pecho. Ya no querÃa volver.
—¿Y ahora qué hago...?
Este mundo asqueroso.
¿Por qué una mujer no puede ser tratada simplemente como una persona en esta sociedad?
¿DeberÃa considerar alguna de las ofertas que me han llegado de otros lados?
Pero si lo hago, ¿no pareceré una traidora? Como si, después de haber enseñado a una novata desde cero y ayudarla a convertirse en una periodista de verdad, ahora que soy popular, me voy sin más.
Pero tampoco puedo dejar el periodismo. Y mucho menos quiero seguir trabajando bajo un jefe que me incomoda tanto.
Mientras se cubrÃa la frente con la mano, perdida en la duda, comenzó a escucharse el sonido del carrito de ruedas arrastrándose por el pasillo. Luego, unos toques suaves en la puerta.
—SÃ, adelante.
El que abrió fue León, pero fue Ellie quien asomó la cabeza primero por la rendija.
—Mamá, ¿qué haces?
—Trabajo, cariño.
—Entonces Ellie también va a trabajar.
Dicho eso, la pequeña levantó una caja de madera que parecÃa un maletÃn, como si fuera para documentos, pero en realidad era una caja de arte con crayones y otras cosas.
ParecÃa que además de “trabajar”, Ellie también estaba cuidando a su hermana: sobre el caballito de juguete gris llamado Jelly que arrastraba, venÃa sentada Liv, su hermanita menor.
Liv no le quitaba los grandes ojos de encima al gatito blanco, Milky, que los seguÃa desde atrás, con una expresión de clara desconfianza.
Una sirvienta entró detrás de ellos, colocó una tetera y tres tazas sobre la mesa de centro frente al sofá, y luego salió en silencio.
León cerró la puerta. Al parecer, también pensaba quedarse un rato.
Si él ve todo esto, seguro me dirÃa que renuncie de inmediato.
Ojalá solo lo dijera… con suerte no pasarÃa de ahÃ.
Grace, intentando aparentar la mayor naturalidad posible, guardó discretamente la caja y la carta en el cajón del escritorio para que no llamaran la atención.
Por suerte, León no pareció haberlas visto. En vez de acercarse al escritorio, fue directo al sofá y se sentó.
—¿Qué escondiste?
Claro... no se le escapa nada.
—¿Acaso hay otro hombre?
—Claro. Vive en tu cabeza.
Con esa respuesta, desvió la atención devolviéndole el comentario como una flecha envenenada contra sus delirios.
León soltó una risita breve y no preguntó más. En su lugar, tomó el periódico de la mesa y lo abrió. Al parecer, habÃa logrado salir del apuro.
—Si te sigues moviendo, Ellie no va a poder dibujar.
Ellie estaba sentada frente a la mesa de centro con sus crayones, dibujando a mamá, papá y su hermanita.
Grace, mientras tanto, jugaba con Liv a la pelota, ayudándola con sus primeros pasos.
Cada vez que Grace hacÃa rodar la pelota, Liv la perseguÃa tambaleándose, levantando el pie como si quisiera patearla, pero la pelota seguÃa avanzando mientras ella se detenÃa, perdiendo el momento. Asà que solo daba pataditas al aire.
Pero cada vez que se tambaleaba, lograba recuperar el equilibrio por sà sola.
—¡Qué linda! Dentro de poco va a andar corriendo por todos lados.
—No, eso no.
León, mientras leÃa el periódico y tomaba un sorbo de té, se opuso a algo que no requerÃa objeción alguna.
—Ya con Ellie, que se convirtió en una "princesa", medio que me rendÃ…
—¡Es cierto! ¡Ellie es una princesa!
gritó Ellie, orgullosa.
—…Pero a Liv la voy a criar como toda una señorita.
Sin embargo, la futura señorita Olivia, apenas atrapó la pelota, la lanzó con todas sus fuerzas de la manera menos señoril posible.
No sabÃa aún cómo lanzar lejos, asà que la pelota cayó justo a sus pies y rebotó torpemente en el suelo.
La niña, que se reÃa a carcajadas tras ver la escena, de pronto soltó un chillido agudo y su rostro se puso pálido.
Todo porque Milky, el gatito que habÃa estado escondido detrás de Liv esperando su momento, se lanzó sobre la pelota y la atrapó de golpe.
—¡Oh! ¡Está corriendo! Liv, ven con mamá...
Grace pensó que su hija vendrÃa corriendo hacia ella... pero en vez de eso, la pequeña pasó de largo los brazos extendidos de su madre y se aferró con fuerza a la pierna de su padre.
—¡Papá! ¡Nya! ¡Nyaaa!
León apartó el periódico y alzó a su hija en brazos, y en su rostro se dibujó descaradamente una sonrisa de victoria.
—¿Mi princesa pensó en papá primero cuando se asustó?
Cuando Ellie era pequeña, aunque jugaba mucho con León, en cuanto pasaba algo que le daba miedo, corrÃa directo a los brazos de mamá.
Al parecer, León estaba disfrutando por fin la revancha de aquellos tiempos.
—Parece que Liv prefiere a su papá más que a nadie. Supongo que es normal, como siempre estás con ella...
Grace lo miró con los ojos entrecerrados, irritada por su sonrisa presumida, y luego le devolvió una sonrisa igual de astuta.
Se levantó y fue a sentarse al otro extremo del sofá, justo frente a él. León la miró con desconfianza, como si presintiera algo extraño.
Entonces Grace empezó a desabotonar su blusa, uno por uno, lentamente.
—Hngh... ñam ñam... ¡kyah! ¡¡Mamá!!
Liv, que estaba balbuceando mientras señalaba al gato jugando con la pelota, de pronto abrió los ojos como platos.
Sin pensarlo, empujó a su papá a un lado y se tambaleó hasta los brazos de su mamá gritando “¡mamá!” a pleno pulmón.
Grace la recibió en brazos y la abrazó fuerte mientras la pequeña se aferraba al pecho para amamantarse.
Ahora era Grace quien tenÃa la sonrisa triunfal en el rostro, robándosela a León.
—Mi niña, ¿cierto que mamá es lo que más te gusta en el mundo?
León la miró con una mezcla de resignación y derrota, viendo cómo su hija sonreÃa feliz en los brazos de su madre.
HabÃa pasado todo el dÃa con ella, pero al final, ningún papá podÃa competir con una mamá... que tiene pecho.
Ahora, esa mirada fastidiada se clavó directo en Grace.
—Eso fue rastrero.
—¡Uy, qué honor! Que me lo diga justo el maestro que me enseñó que lo importante no es cómo se gana, sino ganar como sea.
—Es un honor saber que mi enseñanza fue tan buena… pero por favor, no la uses contra mÃ.
dijo León mientras retomaba el periódico, cerrando asà esa pequeña y ridÃcula competencia entre ambos.
En ese momento, la voz del mayordomo se escuchó desde fuera de la puerta.
—Señor presidente, ha llegado Señor Campbell.
—¿Ya es tan tarde?
murmuró León, y se levantó para irse.
Aun después de su partida, los tres permanecieron en la oficina de Grace.
—Liv, ya basta.
dijo ella suavemente.
QuerÃa aprovechar para empezar a destetarla, pero su instinto competitivo la habÃa traicionado y le habÃa dado el pecho una vez más.
Ya no habÃa nada que demostrar, asà que trató de separarla, pero acabó dándose por vencida: la pequeña succionaba con tanta fuerza que sentÃa que si tiraba de ella, le arrancarÃa el pezón de cuajo.
—¡Terminé!
Durante todo ese rato, Ellie habÃa estado concentrada dibujando, ahora le mostraba orgullosa su obra a su mamá.
—¡Wow! Qué bien lo hiciste. Me dibujaste muy bonita, ¿eh?
—¡Pues claro, porque mamá es bonita! Mira, este es papá, esta es Olivia...
Ellie se puso a explicar su dibujo con detalle, recibiendo montones de halagos de Grace, que la escuchaba encantada.
Con el rostro lleno de orgullo y satisfacción, la niña volvió a sentarse frente a la mesa de centro.
—¿Y ahora qué haces?
—Estoy coloreando bonito dentro de los cÃrculos.
respondió Ellie con toda seriedad.
La pequeña sacó una hoja llena de letras dispersas sin sentido y empezó a colorear cÃrculo por cÃrculo con sus lápices de colores.
Grace la observaba… y de pronto se quedó helada. Algo le llamó la atención, en ese instante, un presentimiento como un rayo le cruzó la mente.
—Ellie...
—¿Mmm?
—¿Tú escribiste esto?
—¡SÃ!
respondió con una sonrisa.
—¿Con cuál máquina de escribir?
—¡Con la mÃa!
respondió Ellie alegremente.
—…¿De verdad?
La mirada de Grace se desvió lentamente hacia el cajón del escritorio, ese que estaba bien cerrado.
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Campbell finalmente le entregó el informe que León tanto habÃa estado esperando.
—Descubrimos por qué se rechazó el proyecto de construcción.
Según explicó, en el pueblo vecino —a una sola estación de tren de la zona de Sandy Beach donde León planeaba construir su parque de diversiones— se tenÃa previsto levantar un resort con casino. Al parecer, los promotores de ese proyecto ya habÃan “trabajado” con antelación en cada comité de construcción local para bloquear posibles competidores en los alrededores.
—Desde que salió el resultado de la revisión, nosotros no presentamos ninguna solicitud de reconsideración ni hicimos lobby al comité… y hace unos dÃas nos llegó esta carta.
El comité les habÃa enviado una respuesta no solicitada diciendo que si solo construÃan el parque de diversiones, tal vez podrÃan aprobarlo.
—Claro… Quieren que mi parque atraiga turistas para que luego terminen yéndose a su resort y su casino.
dijo León con sarcasmo.
QuerÃan que él pusiera el anzuelo, pero quedarse ellos con los peces que él lograra atraer.
—Me intriga qué tanto les ofrecieron para que el comité esté tan dispuesto a engordarle los bolsillos al pueblo vecino.
dijo León, frunciendo el ceño.
—Estamos investigando, pero aún no tenemos un panorama claro.
—PodrÃa no tratarse solo de un soborno puntual…
—Es posible que les hayan ofrecido una participación en el proyecto.
Aunque él ofreciera algo mayor, la otra parte no se quedarÃa de brazos cruzados. Asà comenzarÃa una especie de subasta, con ambas partes compitiendo a ver quién ofrece la coima más grande…
Y al final, el verdadero ganador de esa estúpida guerra de ofertas no serÃa ni él ni el otro consorcio: serÃa el comité de construcción.
León no tenÃa intención de sumergirse en una completa estupidez.
—Empecemos por investigar las debilidades de los miembros del comité.
Si hacÃa falta, podrÃa reemplazarlos por tÃteres que respondieran a sus intereses.
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Cuando terminó la reunión, León salió y vio que tres mujeres estaban en una disputa frente al ascensor. La razón se podÃa adivinar por su atuendo.
Ellie llevaba un vestido como el de una princesa de cuento de hadas, con una corona en la cabeza. Hoy era el dÃa de la fiesta de una amiga de la guarderÃa de Ellie. Grace, como su acompañante, estaba vestida de forma casual, mientras que Olivia solo llevaba su pijama.
—¡Buuu!
sollozó Olivia.
—Olivia no fue invitada, por eso no puede ir.
A esa edad, Olivia no entendÃa qué significaba no ser invitada. Solo habÃa comprendido que no iba a ir, por lo que comenzó a patalear enojada.
La niñera que estaba atrás se acercó para abrazarla, pero Olivia se retorció y apartó la mano. Luego entró en el ascensor, se sentó en el centro y no quiso salir.
Grace y Ellie, siguiéndola, empezaron a calmarla.
—Lo siento, Olivia.
—Olivia, Ellie va a regresar rápido y va a jugar contigo.
—Mira, papá está viniendo. Olivia puede jugar con papá.
Cuando vio a León acercarse, Olivia se abrazó a él sin pensarlo, como si hubiera entendido que podrÃa ir con él. Pero, al final, solo querÃa que su papá fuera también.
Cuando León salió del ascensor, Olivia tiró de su corbata como si fuera una rienda, tratando de que él la siguiera.
Sin embargo, finalmente, el ascensor se cerró con solo Grace y Ellie dentro, ambas desaparecieron hacia abajo. Entonces, Olivia estalló en lágrimas. León, con un semblante serio, comenzó a consolarla con dulzura.
León observó a su hija mientras ella seguÃa a las aves, su rostro reflejando una mezcla de emoción y frustración.
—Liv no se va a divertir allá.
comentó León, refiriéndose a la fiesta de té de la princesa, que no serÃa un lugar adecuado para una niña de un año. Por supuesto, Liv no entendÃa esas palabras.
— ¿Qué tal si vamos a ver patitos?
sugirió, y, sorprendentemente, las palabras calaron en la pequeña, quien dejó de llorar instantáneamente. Con los ojos llenos de lágrimas, asentó con la cabeza.
—¡Kyaa!
exclamó la niña con alegrÃa.
Al llegar al parque, al otro lado de la calle, Liv olvidó por completo que su madre y hermana se habÃan ido a la fiesta. Corrió tras los patos que estaban reunidos en el césped frente al lago. Sin embargo, cuando los patos se escaparon al agua, Liv se quedó parada en la orilla, mirando el agua sin poder seguirlos.
León observó el rostro de su hija, que se habÃa puesto triste al no poder seguir a los patos. Sin pensarlo, comenzó a esparcir migas de pan cerca de sus pies. Los patos, atraÃdos por la comida, regresaron rápidamente, lo que hizo que la cara de Liv se iluminara de nuevo.
León tomó un poco de pan y lo colocó en las manos de su hija. Cuando los patos se acercaron a comer, Liv se emocionó y aplaudió con alegrÃa, riendo.
— ¡Peto!
dijo Liv, intentando pronunciar 'pato'
—Pato.
corrigió León con una sonrisa.
—Pa.
Liv repitió, intentando mejorar.
—Eso es.
—To.
dijo, finalmente logrando pronunciar la palabra "pato" correctamente.
Pero, al final, como era de esperarse, Liv cometió otro error y, al mismo tiempo, se colgó de las piernas de su padre, riendo traviesamente. ParecÃa que lo hacÃa a propósito para divertirse.
—Te pareces a tu hermana......
comentó León, observando las travesuras de Liv.
—Si vas a parecerte a ella, al menos toma lo bueno, como su ambición.
Se rió mientras le acomodaba el gorro, que se le habÃa caÃdo mientras perseguÃa a los patos.
—Qué niña tan adorable.
pensó León, sonriendo con cariño hacia su hija.
Una voz desconocida de hombre llegó desde su espalda.
—Sin duda, vale la pena traicionar a la patria, Coronel Winston.
León abrazó a Liv con su brazo derecho, mientras con la izquierda sacaba la pistola que llevaba en su gabardina y apuntaba al dueño de la voz.
Al ver el cañón, el hombre, un sujeto de mediana edad que veÃa por primera vez, se detuvo a cuatro pasos de distancia.
—¡Ayayay!
exclamó el hombre, levantando ambas manos y temblando. Sin embargo, su rostro sonreÃa. Los guardaespaldas que estaban desplegados alrededor corrieron y lo rodearon, increpándolo.
—¡Apártate ahora mismo!
—No hagamos esto. Solo vine a conversar.
Mientras tanto, León le entregó a Liv a la niñera. Solo después de que la niña, rodeada por los guardaespaldas, desapareció de su vista, se giró para encarar al intruso.
El hombre del sombrero hongo sonreÃa mostrando los dientes, incluso frente a cuatro cañones. León también observó a su oponente con una sonrisa en el rostro antes de bajar su arma.
—Esto... ¿no le duele bastante el brazo?
Aunque él bajó su arma, los guardaespaldas no lo hicieron, por lo que el hombre aún debÃa permanecer con las dos manos levantadas. León ignoró la petición del hombre y primero señaló su grosera declaración.
—Traición, dice. Yo deberÃa ser alabado como un precursor que adelantó el flujo esperado de la historia.
—Vaya, mi primer saludo fue algo violento. Jajaja, mis disculpas.
—Las acepto. Entonces, estoy ocupado, con su permiso. Mis guardaespaldas lo despedirán. Espero que su camino al infierno, por saber un nombre que no debió, sea tranquilo.
Diciendo que lo matarÃa, se quitó el sombrero hongo que llevaba, hizo una reverencia de despedida y se dio la vuelta. Detrás de él, se escuchó de nuevo una risa hueca.
—Parece que no le intriga quién soy. Ah, supongo que un viejo a punto de morir no le importa, pero sà le debe dar curiosidad cómo sé su verdadero nombre.
León se detuvo y se giró. En el instante en que sus miradas se encontraron, sus ojos se entrecerraron con una curva aguda.
—Su pregunta es incorrecta. DeberÃa preguntar cómo es que yo ya sé la razón por la que usted conoce mi identidad.
El hombre era un militar. Aunque usaba un tono de voz relajado y flexible, la dicción peculiar de un soldado permanecÃa como una huella dactilar en su voz.
Sin embargo, no era alguien que hubiera estado en el mismo ejército que León. Usaba un acento de la clase alta colombiana con una mezcla de pronunciación del Viejo Continente, pero por la forma en que hablaba el idioma local, parecÃa ser un nativo de Colombia.
—...Asà que debe ser un oficial de las tres ramas de las fuerzas armadas de Columbia o del Ministerio de Guerra, si es asÃ, entonces la agente del gobierno que se acercó a Campbell el año pasado para sonsacarle información sobre mà debe ser su subordinado.
—Vaya...
El hombre aplaudió, impresionado. Mezclando sinceridad y exageración.
—Creà que esta visita sorpresa no lo habÃa asombrado tanto y que solo era una fachada. Claramente, lo subestimé. Mis disculpas.
La disculpa no sonó sincera en absoluto. A pesar de seguir rodeado de armas, la actitud del hombre incluso se habÃa vuelto más relajada.
DebÃa estar seguro de que no lo matarÃan, ya que sabÃan que era un funcionario del gobierno. León solo estaba librando una batalla por la iniciativa.
Una exigencia o una petición. El gobierno de Columbia lo envió porque querÃa algo de él. ¿Fue un error que su saludo inicial fuera tan agresivo? Para nada. Era solo una táctica planeada. Intentó tomar la delantera mencionando su mayor debilidad: que conocÃa su identidad.
Es cierto que la situación era ventajosa para ellos y desfavorable para León, pero en el momento en que mostrara signos de desventaja y preguntara primero qué querÃan, se convertirÃa por completo en su perro y serÃa arrastrado. No ceder la iniciativa era la base de la negociación.
—Recordaré la descortesÃa que ha cometido hoy el gobierno de Columbia. Con su permiso.
Justo cuando iba a darse la vuelta de nuevo, el hombre se quitó el sombrero hongo y exclamó:
—Bien. Me rindo. Le diré el propósito de mi visita. Pero antes, por supuesto, serÃa cortés presentarme.
El hombre se presentó como Coronel Ronald Gibson, comandante del batallón de inteligencia extranjera del Comando de Inteligencia del Ejército, extendió la mano para estrechar la de León. León, con los brazos cruzados, se limitó a mirar fijamente su mano y dijo con una sonrisa burlona:
—El Comando de Inteligencia del Ejército de Columbia tiene una capacidad de recopilación de información pésima.
—Ah, usted evita el contacto fÃsico con otros, ¿verdad?
Coronel Gibson, recordando recién entonces que él padecÃa de misofobia, sonrió torpemente y retiró su mano.
—Como ya habrá anticipado, he venido a hacerle una propuesta, Coronel.
—Escucharé su propuesta, pero si se trata de una imposición, le aconsejo de antemano que recuerde el final que tuvo el gobierno que intentó presionarme antes de que siquiera lo mencione.
—Puede guardarse sus consejos. ¿Acaso no sé qué clase de persona es usted, Coronel?
Coronel Gibson sonrió con sorna y luego señaló una banca bajo un árbol no muy lejos.
—Es una historia larga y trascendental, asà que sentémonos.
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Coronel Gibson se sentó en la banca y murmuró, mirando más allá del bosque de arces, hacia el bosque de rascacielos:
—Rey sin rostro de Rochester es, en realidad, el principal culpable del derrocamiento de la Casa Rochester, cuyo nombre tomó como origen. Es verdaderamente exquisito haberse apropiado de un nombre extinguido para convertirse en rey. Me pregunto si fue intencional.
En la última frase, su mirada se dirigió a León, quien estaba sentado con las piernas cruzadas en el extremo opuesto de la banca. León no respondió, limitándose a mirar su reloj de pulsera, ejerciendo una presión tácita para que Gibson fuera al grano.
—También es un excelente hombre de negocios, pero es una pena que no pueda salir a actuar y solo tenga que observar desde detrás del escenario.
—Estoy satisfecho de no tener que perder el tiempo en conversaciones inútiles como esta.
El Coronel rió a carcajadas antes de continuar:
—Los niños son encantadores, pero mientras su esposa está teniendo un gran éxito afuera...
Al escuchar el nombre de Grace salir de la boca de un funcionario militar, León se sintió muy incómodo, aunque no lo demostró. Era como si estuvieran confirmando sus debilidades.
—...estar encerrado en casa criando a los niños. Puede que sea admirable como padre, pero debe ser bastante aburrido para un hombre ambicioso como usted.
—¿Aburrido, dice?
León se burló.
—Cultivar el fruto nacido del abono de una casa real con siglos de tradición es un honor.
—Por supuesto que lo es, pero Coronel Winston es demasiado joven para disfrutar de la tranquilidad de la jubilación.
Coronel Gibson suspiró con lástima antes de preguntar:
—¿No extraña la época en que su solo nombre hacÃa temblar a los rebeldes y causaba estragos? Es un desperdicio de talento.
—Se toma mucho tiempo para llegar al grano.
Solo por el hecho de que sigue refiriéndose a él con un rango militar que ya abandonó, es obvio que quieren utilizar la carrera militar de León.
—Rechazo de antemano cualquier asunto peligroso. Ahora tengo una familia.
—Lo sé. No se preocupe.
Al ver que León finalmente mostraba interés, el Coronel se inclinó hacia él y fue al grano.
Aunque no querÃa admitirlo, la provocación del hombre habÃa dado en el clavo. Aparte de amar su paz actual, esta vida monótona, sin altibajos, en realidad se estaba volviendo un poco aburrida poco a poco.
—Verá, mi batallón de inteligencia ha estado intercambiando información con las agencias de inteligencia de los paÃses aliados desde hace algunos años. Pero recientemente, se descubrió que cierto paÃs habÃa mezclado impurezas en esta información, lo que causó un gran revuelo en el cuartel general.
Esto significaba que alguien intentaba manipular al gobierno de Columbia proporcionando información falsa o adulterada.
—Asà que esta vez hemos decidido introducir medidas de seguridad a gran escala.
—Eso significa contratar a alguien que conozca bien la situación de cada paÃs como asesor.
—Exactamente.
El Coronel explicó que también habÃan estado intercambiando información sobre la situación de seguridad en el Nuevo y el Viejo Continente con la Dirección de Inteligencia del Cuartel General del Ejército de Ripon, el paÃs natal de León, y que, al ser su aliado más confiable, temÃan que la traición, de ocurrir, fuera la más perjudicial. Por lo tanto, necesitaban urgentemente un experto que pudiera verificar la credibilidad de la información.
—¿Quién mejor que usted, Coronel? Además, los asuntos del Viejo Continente solo se entienden realmente desde la perspectiva de alguien del Viejo Continente, ¿no cree?
Dijo que habÃa considerado varios candidatos, pero que León era el único que conocÃa bien tanto los asuntos militares internos de ese paÃs como la situación doméstica, que además tenÃa canales de información separados, pero que no le serÃa leal ni correrÃa el riesgo de ser descubierto y arrestado como espÃa.
—Todo lo que tiene que hacer es leer la información que le proporcionaré, asà que el único peligro será cortarse el dedo con el papel. Le prometemos que ocultaremos su identidad por completo. Y, por supuesto, la compensación......
—Espero que, asà como yo coopero, el gobierno también coopere conmigo.
—Haremos todo lo posible para mostrar nuestra buena fe.
Si hubiera respondido que cumplirÃa cualquier petición, no habrÃa sido creÃble. Por otro lado, la expresión realista pero ambigua de "máxima buena fe" tampoco era del todo confiable.
—Espero que me garantice una cosa: que no intervendrá si utilizo personalmente la información que obtenga durante el proceso de cooperación.
El Coronel puso una expresión de dificultad.
—Vender información a terceros es espionaje, usted sabe que en ese caso serÃa castigado como ciudadano colombiano, ¿verdad?
—Está diciendo obviedades.
—No me importa si la usa para sus negocios, pero debe asegurarse de que la fuente no se filtre.
Eso también era una obviedad. Al final, el Coronel garantizó la compensación y cerró el trato.
—Entonces, nuestra primera reunión de póquer será el próximo lunes a las 10 pm. en el Casino Mayfield.
El Coronel, levantándose de su asiento con una sonrisa de satisfacción, se golpeó la frente como si hubiera olvidado algo y abrió una caja de madera que estaba al final de la banca.
—En realidad, le traje un regalo.
Dentro habÃa cigarros de alta calidad que León solÃa fumar cuando era oficial del ejército.
—Se rumorea que es un gran aficionado a los cigarros.
—Ja...
León dejó escapar una risa irónica.
—El Comando de Inteligencia de Columbia es terriblemente lento con los rumores. Ya empiezo a arrepentirme de mi decisión.
Al escuchar que habÃa dejado de fumar hace mucho tiempo, el Coronel volvió a golpearse la frente.
—Parece que ya nos descubrieron. Nuestra agencia de inteligencia no tiene mucha historia. Por eso su ayuda es aún más crucial.
Se habÃa mostrado vulnerable. El que al principio lo habÃa provocado con tanta confianza, tratando de ponerle una correa, ahora era como un perro panza arriba, haciendo monerÃas frente a él.
—Entonces, la próxima vez intentaré preparar un regalo que le guste a su hija.
—Para que no cometa el mismo error dos veces, yo le diré qué le gusta a mi hija.
Leon sonrió con el rabillo del ojo.
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Los cuatro miembros de la familia se dirigieron a la sala de juegos de Ellie para la ceremonia de apertura del nuevo juguete.
—¡Waaah!
—¿Dónde está?
—¡Es este!
Grace, mirando alrededor de la habitación que parecÃa tener más juguetes que una famosa tienda departamental, alzó las cejas cuando su mirada se posó donde Ellie habÃa corrido. Junto a una enorme casa de muñecas, habÃa algo igualmente grande cubierto con una tela blanca.
—Ni siquiera es un dÃa especial.
Le reprochó a Leon por darle un regalo tan grande sin ser su cumpleaños ni Navidad, temiendo que se malcriara.
—SÃ es un dÃa especial.
Fue la respuesta que recibió. Sin embargo, parecÃa no tener intención de decir qué dÃa era aún.
—¡Rápido, rápido! Ellie se convertirá en abuela de tanto esperar.
Ante la insistencia de la niña que saltaba emocionada, Leon hizo un gesto a las sirvientas que estaban a ambos lados. La tela blanca se retiró de inmediato.
—......
Tan pronto como se reveló la identidad del nuevo juguete, Ellie se quedó helada en su lugar. León se acercó a su hija, que estaba parada sin poder siquiera gritar de asombro, le tomó las dos manos con ternura. Luego se las llevó a la boca, que se habÃa abierto de una manera poco elegante.
El nuevo juguete era un modelo a escala del parque de atracciones Sandy Beach que construirÃan el próximo año. Al conectar el cable y subir el interruptor, comenzó a sonar una canción mientras la noria y el carrusel giraban, la montaña rusa empezaba a correr por los rieles.
—¡Huk!
Los ojos de Ellie se abrieron aún más. Los ojos del bebé, que hasta ahora solo habÃan mirado con indiferencia sin saber qué era, también se redondearon. Honestamente, esto era algo que incluso a Grace, como adulta, le resultaba tentador.
—Ellie.
León se arrodilló para ponerse a la altura de los ojos de Ellie y luego dijo algo aún más sorprendente.
—Esto en realidad no es un regalo de verdad.
—¿Eung?
—¿Qué?
—Verás, este es solo el modelo del parque de atracciones real que papá construirá para Ellie y Liv.
León habÃa dicho esto en su primer encuentro con Coronel Gibson:
[Permiso de construcción para el parque de atracciones y el resort del comité de construcción de Sandy Beach. Es el regalo que más alegrará a mi hija]
Y luego, apenas unos dÃas después, el permiso estaba sobre el escritorio de León.
—¡Papá es el mejor!
Ellie saltó como un conejito y se abrazó a su padre como un koala. León, sosteniendo a su hija en brazos, tenÃa una expresión bastante compleja y sutil, lejos de ser la de una persona simplemente feliz.
Claro, su hija habÃa vuelto a saltar como una revoltosa, pero no podÃa reprenderla. ¿Acaso no debÃa arruinar el momento en que finalmente escuchó la frase 'papá es el mejor'?
Sin embargo, para Grace, era aún menos deseable que Ellie creciera como una princesa malcriada a que creciera como una niña revoltosa.
—Ellie. Debes decir 'gracias, papá'.
—¡Papá, gracias!
Después de una ronda bulliciosa de saludos, abrazos y besos, siguió un animado tiempo de admiración.
—Ellie va a hacer una fiesta súper grande aquà el año que viene. ¡Entonces tengo que invitar a todos mis compañeros de clase y a la maestra!
—A ver. ¿Dónde jugará Liv?
Mientras examinaba el modelo, un gran edificio que ocupaba un lado del parque de atracciones llamó su atención.
—¡Wow! ¡Una casa de muñecas!
Se podÃa abrir y tenÃa muchas habitaciones, asà que la niña pensó que era una casa de muñecas, pero a Grace le parecÃa claramente un resort. Estaba hecho de forma muy elaborada. La mirada de Grace, que recorrÃa el primer piso del edificio, fue capturada por algo.
—...¿Un casino?
Al ver la mirada que preguntaba por qué habÃa un casino en un juguete, León respondió como si no fuera gran cosa:
—Solo trasladé el original tal cual.
—¿Quieres decir que también vas a construir un casino?
Siendo el hombre que Grace conocÃa bien, seguramente serÃa solo un negocio público para ganar dinero. Sin embargo, la razón por la que pensaba que podrÃa ser un asunto de gusto personal era por el reciente comportamiento diferente de León.
—Pensar que andabas en reuniones de póquer que no te pegan...
—¿Acaso yo no necesito vida social?
Al leer la expresión de Grace, que indicaba que no tenÃa nada que decir, León sonrió. Incluso si iba a otra 'reunión de póquer' esta noche, Grace no se opondrÃa.
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En la sala privada más apartada del casino del primer piso del Hotel Mayfield, lo que estaba extendido sobre la mesa de póquer no eran cartas, sino papeles.
—Vaya, nunca llega tarde. A este paso, este viejo podrÃa equivocadamente pensar que anhela nuestros encuentros secretos.
—Pensar que habrÃa alguien con un sentido del humor aún más terrible que el mÃo. Por el bien de la humanidad, espero sinceramente que no esté considerando una carrera como comediante después de su retiro.
Coronel Gibson, sentado en el lugar del crupier, soltó una carcajada y deslizó un vaso de cristal con whisky al otro lado de la mesa. León se sentó en el lugar del jugador y tomó primero la tarea del dÃa en lugar del vaso. Para que esta útil relación de cooperación durara, él también debÃa mostrar buena fe, al igual que el otro.
La primera información del dÃa trataba sobre un negocio peligroso de un polÃtico considerado un posible próximo primer ministro.
—Esto es algo que no puedo verificar desde aquÃ.
—Supuse que dirÃa eso.
A pesar de prever que no podrÃa verificarlo de inmediato, el Coronel miraba a León con ojos expectantes. SabrÃa que alguien que pudiera verificarlo estaba dentro de los contactos de León. León tomó el vaso de whisky y mencionó algo que sonaba irrelevante, pero no lo era.
—Casualmente, en 15 dÃas vendrá a mi casa con su familia para ver un desfile insignificante.
—Como el desfile pasará por la avenida frente al edificio donde vive el Coronel, será un asiento real, jajaja.
—Aun asÃ, quedarse una semana entera para un desfile de apenas dos horas. Es terriblemente molesto.
—Tendrá tiempo suficiente para tener una conversación importante con su hermano.
QuerÃa decir que verificara la información del polÃtico a través de Jerome.
Jerome, que se habÃa quedado en su paÃs natal, también era senador. Que ese tipo, que se encerraba en un sótano oscuro para armar huesos de animales muertos hace millones de años, se hubiera convertido en polÃtico de forma tan incongruente, fue, por supuesto, por la insistencia de León, quien querÃa plantar una conexión con ese gobierno.
Después de un breve intercambio de sonrisas significativas sobre la mesa, León tomó el siguiente papel.
—SabÃa que usted era la persona adecuada.
El Coronel levantó su vaso de whisky y sonrió con satisfacción. Se referÃa a la extensa red de contactos de alto nivel que León tenÃa en el Viejo Continente. El ejército tampoco serÃa difÃcil de contactar a través de Campbell.
Asà como habÃa información que requerÃa verificación movilizando contactos, también habÃa información sobre la situación general. Como la que ahora tenÃa en sus manos.
Mientras leÃa, buscando inconsistencias, León comenzó a sentir un interés genuino. El informe enviado desde el lugar contenÃa información mucho más profunda y detallada que lo que aparecÃa en los periódicos locales.
Debido a una grave recesión económica, la atmósfera en varios paÃses del Viejo Continente era inquietante. Se preveÃa que partidos radicales, que antes no recibÃan la atención del público, ganarÃan terreno en las elecciones. Todos ellos abogaban por el nacionalismo y el totalitarismo.
Si esto continuaba, pronto surgirÃan conflictos grandes y pequeños entre naciones y fronteras, el totalitarismo se extenderÃa hasta el militarismo, impulsado por la ambición de lÃderes que intentarÃan utilizar la crisis nacional como justificación para fortalecer su poder.
León terminó de leer el informe y lo dejó boca abajo sobre la mesa, sonriendo amargamente.
—Históricamente, cuando surge una tendencia como esta, el comienzo es diferente, pero el final siempre es el mismo.
Guerra.
—Alabo la excelente elección de Coronel Winston, quien previó el futuro.
Se referÃa a que habÃa evitado el desastre exiliándose. Sin embargo, como aún poseÃa tierras en el Viejo Continente y la Casa Winston aún tenÃa utilidad, la preparación para la guerra era algo que León no podÃa evitar.
Los ojos de León, que tomó el siguiente papel y lo leyó, comenzaron a brillar con un interés particular. En la información de que el ejército de cierto paÃs planeaba establecer un laboratorio de cohetes, otros sentirÃan preocupación primero, pero León vio una oportunidad.
La guerra era inevitable. PodrÃa no ser del lado que la evita, sino del lado que no la evita. En ese instante, la definición de preparación para la guerra cambió para León.
Otro asunto para el que necesitaré la ayuda de Jerome.
Esta vez, la sonrisa que esbozó no fue amarga en absoluto. Después de todo, la verdadera naturaleza de León era la de un Winston con codicia en lugar de conciencia.
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En el reservado de un elegante restaurante de un hotel en el centro de Rochester reinaba el silencio, pero no porque estuviera vacÃo. Simplemente, la dama y los dos caballeros sentados a la mesa se sentÃan más cómodos con el silencio.
Rosalyn, con más cuidado de lo habitual, dejó la taza de té en el platillo sin hacer ruido. Incluso para ella, que siempre era silenciosa, era raro contener la respiración como ahora.
'Huk...'
En el instante en que sus ojos se encontraron con los del hombre que inclinaba su copa de vino al otro lado de la mesa, incluso sintió escalofrÃos. El hombre curvó los ojos y mostró esa sonrisa de siempre. Los modales arraigados en Rosalyn esbozaron una sonrisa torpe, pero tras esa máscara, ella gritaba en silencio.
León Winston era el hombre al que Rosalyn habÃa traicionado y el hombre que la habÃa traicionado a ella.
No, ¿podrÃa siquiera llamar traición a lo que él me hizo? Él nunca prometió no usarme como escudo para proteger a la Casa Winston del ataque de los realistas, ni prometió no llevar a mi padre a la muerte para arruinar el Gran Ducado.
¿Por qué hizo eso? Pero, por otro lado, parecÃa que podÃa entenderlo. Sin embargo, ¿realmente tenÃa que llegar tan lejos?
El sentimiento que Rosalyn tenÃa hacia León Winston no podÃa definirse simplemente. Pero era innegablemente miedo.
Si se enredaba con ese hombre, no sabÃa cuándo ni cómo volverÃa a ser lastimada. Ella ya deseaba mantener una distancia tan grande como el océano con León Winston, pero su esposo parecÃa pensar diferente.
—Llega tarde.
Jerome murmuró, mirando alternativamente su reloj de pulsera y el asiento vacÃo, mientras su hermano, sentado junto al asiento vacÃo, respondió defendiendo a su esposa que llegaba tarde a la cita.
—Es inevitable que haya tráfico a la hora de salida del trabajo.
—Hmm... Entonces, mientras la reina trabaja, ¿las princesas son criadas por la niñera?
—¿Crees que tu padre es solo un adorno?
Su hermano se burló con una risita sarcástica. A él, en cambio, le provocaba sarcasmo.
—Un hombre que solo espera a que su esposa salga del trabajo y crÃa a los niños en casa.
Jerome suspiró exageradamente como para que lo escucharan y continuó:
—Como hombre, es vergonzoso.
—Un verdadero hombre no conoce la vergüenza.
Ante la insinuación de que él, que conocÃa la vergüenza, era falso, Jerome buscó torpemente una forma ingeniosa de replicar. Afortunadamente, antes de que su derrota fuera evidente, una salvadora inesperada llegó e interrumpió la conversación.
—¿Llegué un poco tarde, verdad? Lo siento.
—No tienes por qué disculparte. El tráfico a la hora de salida es predecible.
El hermano rechazó descaradamente la disculpa que la mujer les habÃa ofrecido a Jerome y Rosalyn, se levantó de su asiento.
—Hoy está especialmente congestionado.
—Buen trabajo.
La mujer comenzó a desabrocharse el abrigo. Cuando el camarero que entró para tomarlo se acercó, su hermano lo despidió con un gesto y ayudó a su esposa a quitarse el abrigo él mismo.
¿Será que también trabaja como camarero aquÃ? Su hermano incluso le retiró la silla para que su esposa se sentara en lugar del camarero.
—Ya pedà lo tuyo por adelantado.
'Ya pedà lo tuyo por adelantado'. Incluso cuando se sentó, usó esa cursi palabra, 'cariño'. Mi hermano incluso le susurró el menú que habÃa pedido al oÃdo de la mujer y luego preguntó:
—¿Está bien?
—SÃ, me gusta.
La mujer aceptó ese comportamiento, impropio del León Winston que conocÃa, con demasiada naturalidad. Pero Jerome no podÃa aceptarlo en absoluto.
—Cuánto tiempo sin vernos. Debe estar cansada por el largo viaje.
Mientras la esposa de su hermano respondÃa al saludo normal de Jerome, él no pudo ocultar su mirada llena de interrogantes. ¿Qué clase de encanto mágico tenÃa esa mujer para domesticar a un hombre tan poco dado a la obediencia hasta convertirlo en un perro ciego?
Pronto llegó la comida, dando una excusa legÃtima para el silencio. Aun asÃ, Grace, incapaz de soportar la incomodidad que flotaba como un fantasma entre los cuatro, abrió la boca.
—Eh...
¿A cuál de los dos serÃa menos incómodo hablarle?
Dudando sin saber qué hacer, finalmente lanzó un saludo preguntando cómo estaban, esperando que alguien respondiera.
—¿Cómo han estado?
—Bien. ¿Y Grace, cómo ha estado?
Quien respondió fue Rosalyn. Grace dio la respuesta trillada de que también estaba bien y luego sacó a relucir un tema con el que seguramente habrÃa más afinidad que incomodidad.
—¿El niño está creciendo bien?
La pareja, el hermano menor de León y su esposa, tenÃan un hijo de un año, cinco meses menor que Liv.
—SÃ, gracias a Dios.
—Debe ser una edad encantadora.
—SÃ, lo es.
Empezando a hablar, empezando a caminar. Para una madre, era un momento lleno de temas de conversación de los que presumir, pero Rosalyn, incómoda, parecÃa evitar la historia de su hijo con solo respuestas formales. Grace, dándose cuenta, cerró la boca.
—Rosalyn, esta vez...
Justo cuando iba a comenzar otro silencio incómodo, Jerome interrumpió. Pensé por qué querrÃa hablar con ella, pero...
—Fue invitada como profesora al departamento de astronomÃa de la Universidad de Bridgewater.
Le hablaba solo a su hermano, ignorándola a ella. Ya sea porque los prejuicios de clase todavÃa estaban arraigados en él y no le agradaba que fuera de origen plebeyo, o porque la despreciaba por ser de origen rebelde.
Lo que sea, a partir de ahora, este desdén será mutuo. A Grace tampoco le habÃa agradado la autora.
—La primera profesora mujer de Bridgewater y la profesora de astronomÃa más joven del paÃs.
Jerome Winston, quien creÃa que la inteligencia era la mejor cualidad, presumÃa del intelecto de su esposa. La propia Rosalyn, quien se habÃa convertido en objeto de orgullo, parecÃa incómoda como si estuviera sentada sobre guisantes.
—En realidad, todavÃa es joven para ser profesora......
—¿Te gusta? En realidad, el camarero recomendó otra cosa, pero me alegro de haber pedido esto.
—Como los resultados de su investigación son tan sobresalientes, de aquà y de allá......
Mientras tanto, León, fingiendo descaradamente no escuchar a su hermano, solo le hablaba a Grace.
—De ahora en adelante, con el famoso Profesor Milner.....
—¿Milner?
León, quien habÃa estado ignorando a Jerome todo el tiempo y solo moviendo su cuchillo y tenedor, finalmente dejó de repente sus cubiertos con un golpe y sonrió...
—Se parece a Miller.
Con un apellido que no se parecÃa en nada, cambió de tema con esa excusa.
—¿No conoces al Padre Gilbert Miller?
Ante los dos que lo miraban con ojos perplejos, León se pavoneó, incluso pasando un brazo por el hombro de Grace.
—¿Que no conocen el famoso artÃculo del prometedor periodista que, como un cometa, se ha convertido en un fuerte candidato para el premio de periodismo de este año? Están desinformados. Con razón dudo si realmente pueden llamarse dueños y editores de un periódico.
—¿Por qué me importarÃa lo que pasa al otro lado del mar?
Jerome replicó con irritación.
—Si eres el cabeza de familia responsable de la fortuna familiar, lo básico es no perder de vista los cambios en el mundo al otro lado del mar. Jerome, sigues a ese nivel, por eso todavÃa estás bajo mi sombra.
Jerome hacÃa menos de tres años que habÃa tomado el control de la gestión de la fortuna familiar, que siempre habÃa estado en manos de su hermano. Era humillante, pero aún no se habÃa acostumbrado y a menudo tenÃa que pedirle consejo a su hermano. Y el consejo siempre venÃa acompañado de interferencia.
—Finges ayudar, pero al final solo buscas tu propio beneficio, ¿verdad? Usar una y otra vez a la familia que abandonaste con tus propias manos. No tienes vergüenza.
—Gracias a que yo abandoné la familia, tú, que eres el segundo hijo, pudiste ser llamado 'Su Excelencia el Conde' aunque solo fuera por unos dÃas. DeberÃas estar agradecido. Tampoco tienes vergüenza.
—¿Qué? ¿Cuándo te rogué que me llamaras 'Su Excelencia el Conde'?
Jerome se estaba volviendo emocional solo, mientras que su experimentado oponente no mostraba ni una pizca de agitación. Temiendo que cometiera un error, Rosalyn cambió de tema sin previo aviso.
—¿Cómo está la Gran Dama?
Un enemigo común.
—¿La Gran Dama?
León Winston se burló, levantando su copa de vino. Como los tÃtulos desaparecieron con el sistema de clases, Elizabeth Winston no era la Gran Dama, pero todos la llamaban asà por conveniencia. Por supuesto, para ella llamarse asà no era una cuestión de conveniencia, sino de orgullo.
—Asà es. Madre está bien.
Jerome también sonrió irónicamente, la tensa disputa entre los hermanos llegó a su fin. Rosalyn se sintió aliviada de que su torpe estratagema hubiera funcionado, pero...
—Entonces, por favor, defina detalladamente su definición de 'estar bien'.
—......
Solo cuando León Winston preguntó, se dio cuenta de su error. Elizabeth Winston estaba bien, pero la forma en que estaba bien estaba muy lejos del sentido común del mundo. Era algo de lo que no se podÃa hablar cómodamente en ningún lado, mucho menos con el hombre que estaba siendo utilizado por esa forma.
—Lo siento. Cometà un error. Por favor, olvÃdalo.
—No es asÃ, Rosie.
Jerome tomó el relevo, diciendo que era una historia que le gustarÃa escuchar a su hermano.
—TodavÃa te lamenta.
Incluso después de más de dos años, todos los dÃas vestÃa de luto, usaba un velo y se secaba los ojos secos con un pañuelo húmedo. Su madre todavÃa creÃa que su hijo mayor realmente habÃa muerto.
—¿A mÃ? Debe lamentar la muerte del estatus de Gran Dama de la Casa de Conde Winston.
—Sorprendentemente, extraña bastante a su hijo mayor. También está muy orgullosa de él.
—¿Del traidor que nos arrebató nuestro estatus nobiliario?
—En cualquier caso, se ha convertido en la madre de un héroe.
Una sonrisa irónica se escapó de los labios torcidos de León. Para su madre, que toda su vida solo habÃa considerado a su hijo como una condecoración, incluso su muerte debió haber sido una condecoración. Visto asÃ, León se habÃa convertido involuntariamente en un hijo excelente.
Un extraño sentimiento de camaraderÃa se habÃa formado al surgir un enemigo común como tema de conversación, pero la atmósfera incómoda persistÃa. Antes de que la reunión, que no era agradable para nadie, terminara temprano, León fue al grano.
—Rosalyn.
—...¿SÃ?
Era divertido verla tan tensa, pero tenÃa que reprimir una sonrisa burlona pensando en el asunto principal.
—Recuerdo que mencionó que conocÃa a Profesor John Chadwick.
Ante el nombre inesperado, la mujer se sorprendió por un momento, luego asintió con el rostro pálido iluminándose.
—Claro. Incluso visité su laboratorio el mes pasado con él para ver el nuevo motor de cohete.
Profesor John Chadwick era un renombrado ingeniero de cohetes. Hubo un incidente bastante impresionante que todavÃa recordaba: cuando el periódico de Jerome lo criticó duramente y la entonces Gran Duquesa, inusualmente, mostró una gran ira.
—TodavÃa financio su investigación. Profesor Chadwick es la razón por la que estamos conectados.
Jerome sonrió con orgullo y le rodeó la cintura con el brazo, pero Rosalyn lo apartó en silencio. Por mucho que todo hubiera cambiado ahora, nunca tendrÃa el valor de hablar sonriendo con su ex prometido sobre el hecho de que habÃa cometido adulterio con el hermano menor de su prometido.
—Pero, ¿por qué pregunta si conozco a Profesor Chadwick...?
—Recientemente me he interesado en el campo de investigación del profesor.
—¡Oh, qué buena noticia!
Alegrarse de que Profesor Chadwick pudiera tener otro patrocinador era demasiado pronto e ingenuo.
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—¿Armas?
En el instante en que esa palabra completamente inesperada salió de la boca de Jerome, quien habÃa estado escuchando la llamada telefónica entre León Winston y Profesor Chadwick, Rosalyn dejó caer el periódico que estaba leyendo.
Ella se lo presentó pensando que era un patrocinio para una investigación con fines puramente cientÃficos, pero él le propuso al profesor Chadwick desarrollar armas.
—Parece que hay indicios de una guerra bastante grande en los próximos años. Por eso quiere expandir su negocio a la industria armamentÃstica y, en particular, planea invertir una enorme cantidad en el desarrollo de nuevas armas.
—¿Quiere decir que va a desarrollar armas letales con cohetes? ¿Cómo puede pensar en algo asÃ...?
El rostro de Rosalyn, que hasta ahora solo habÃa visto los cohetes como un medio para la exploración espacial, se ensombreció.
—¿Qué dijo Profesor Chadwick?
—Dijo que el propósito de la investigación es explorar otros planetas, no destruir el nuestro.
Se sintió aliviada de que el Profesor se hubiera negado, pero no duró mucho. Le preocupaba que León Winston intentara persuadirlo. La tecnologÃa, una vez creada, tiende a utilizarse fuera de las intenciones de su creador. El desarrollo de armas con cohetes era algo que ni siquiera Profesor Chadwick podÃa detener, algo que sucederÃa incluso si él no lo hacÃa, una tendencia inevitable de la época. Eso fue lo que le dijeron.
Además, ya habÃa paÃses que intentaban fabricar armas con tecnologÃa de cohetes. Si ellos no desarrollaban armas con cohetes, la situación serÃa como si el enemigo saliera al campo de batalla con rifles automáticos mientras ellos luchaban con espadas.
—Algún dÃa, cuando el enemigo convierta en cenizas el hogar de su familia con un cohete, entonces se arrepentirá. O quizás antes sea secuestrado por malhechores y obligado a participar en el desarrollo de armas. Entonces tendrá que crear monstruos mucho más terribles y crueles.
Incluso a Rosalyn, que lo escuchó a través de Jerome, le pareció plausible, ¿cuánto más al profesor que lo escuchó directamente? Profesor Chadwick podrÃa dudar.
—¿Y tú qué dijiste?
Jerome dudó por un momento antes de dar una respuesta evasiva.
—Leon es un lunático. Ha cometido innumerables locuras que no puedo entender, pero al final siempre he tenido que admitir que tenÃa razón.
Por lo tanto, significaba que no se opondrÃa a este asunto. Jerome, quien entendió la intención de Rosalyn sin que ella la expresara, le rogó:
—Lo repito, León es un lunático, Rosie. Es mejor para nuestra familia retirarnos y observar en silencio.
Ya que la familia aún estaba en manos de León Winston.
—Por favor, haz como si no hubieras oÃdo esta conversación.
—...Lo haré.
Una promesa que romperÃa.
Asure: chiques, buenas noches, perdón la demora, me habÃa olvidado de esta :v .... servidos, Pagina 247/353 ... disfruten
PD: no hubo doble capÃtulo porque no llegó a la metan, no sean palomas :v
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