LVVDV 388






LA VILLANA VIVE DOS VECES 388

El sueño de la mariposa (55)




—¿Qué te pasa?


Lysia miró a Artizea con expresión perpleja. Artizea jugueteó nerviosa con sus manos antes de hablar.


—Escuché que hoy Oppa te acompañó hasta casa.

—Ah.

—Oppa… no es una buena persona.


Vaciló un largo momento, pero al final lo soltó.

Artizea ya no tenía ocho años. Aunque seguía sintiendo nostalgia por su familia, ahora tenía criterio para juzgar a las personas. Durante su estancia en la residencia del Marqués de Rosan, había comprendido cuán distorsionado era el mundo que la rodeaba.

La sed que brotaba desde lo más profundo de su corazón aún no se había saciado por completo. Seguía ahí el cariño por su madre, y también aquella admiración infantil por su hermano, a quien su madre consideraba un ser infalible.

Pero ahora podía decir con certeza: su madre estaba equivocada, su hermano estaba equivocada. Tenía buena memoria, y recordaba con claridad los sucesos de su infancia más temprana en aquella mansión.

Ahora también entendía por qué Cedric se las arreglaba siempre para estar presente cuando ella veía a Lawrence. Seguro que ya le habían informado de que hoy Lysia había aceptado el acompañamiento de Lawrence.


—¿Acaso… te gusta Oppa?

—No.


Había formulado la pregunta con cautela, temiendo que si Lysia sentía algo por Lawrence, podría odiarla por insinuarlo. Pero la negativa fue inmediata.


—¿No… te ha hecho nada malo, verdad?


La voz de Artizea tembló levemente. Lawrence no era del tipo que perdía el tiempo acompañando a las amigas de su hermana sin motivo.

Lysia negó con la cabeza.


—No, nada de eso. Es solo que a veces me pone incómoda.

—Si acaso… si estás aguantando por mí, no lo hagas. Tú me importas más que Oppa.


Artizea lo susurró como si estuviera confesando un pecado.

Lysia sonrió.


—Yo también te quiero, Tía.


Artizea respondió con una sonrisa igual de cálida.

Lysia se dejó caer primero sobre la cama y golpeó el espacio a su lado con la palma. Artizea, tras dudar un instante, se acurrucó junto a ella.

Tenían mucho de qué hablar, pero el cansancio las venció: Artizea se había levantado temprano, Lysia había tenido un día agotador.

Los murmullos reemplazaron pronto la conversación, y sin que ninguna supiera cuándo, ambas cayeron dormidas.
















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















Dos horas después, Cedric se asomó a verlas.

Había ido a tocar la puerta de Lysia con la intención de hablar brevemente sobre el asunto de Lawrence, pero la puerta, que no estaba completamente cerrada, se abrió con un ligero empujón.

Dentro, Lysia dormía con los brazos y piernas estirados como un muñeco de trapo, y a su lado había una pequeña montaña de mantas. El sonido acompasado de dos pares de respiraciones llenaba la habitación.

'Son solo niñas. No hay necesidad de tomarlo todo tan en serio'

Con una sonrisa fugaz, cerró la puerta sin hacer ruido.
















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El cielo estaba despejado.

Era el día acordado para su excursión desde hacía diez días, Artizea, al abrir la ventana nada más despertarse, no pudo contener su emoción.

Incluso antes de que Marie llegara, se lavó la cara y recogió su cabello en un moño alto ella misma. Corrió al vestidor para sacar su ropa de montar, y fue entonces cuando Marie entró, sorprendida.


—¡Qué temprano se ha levantado, señorita!

—Sí. Hoy me desperté antes.

—¿Qué milagro es este, viniendo de usted, que tanto ama dormir?


Artizea soltó una risita, avergonzada. No era nada del otro mundo ir de excursión, pero sentía una alegría infantil que no podía disimular.


—¡Iremos todos juntos! Pavel oppa, Ced, Lysia y yo.


Hacía mucho que los cuatro no salían a divertirse juntos.


—¿No quiere que le arregle el pelo de nuevo?

—No hace falta. Total, iremos a caballo.


Artizea ya sabía montar decentemente. Lo había practicado con ahínco desde que Pavel le regalara un poni, aunque, por supuesto, detrás de ese progreso estaba el esfuerzo callado de Cedric.

Vestida con su atuendo de equitación, bajó temprano al vestíbulo, donde Lysia, aún más madrugadora, ya la esperaba lista.

Cedric fue el último en aparecer, y no pudo evitar una risa burlona.


—Pensé que a esta altura ya les aburrirían estas excursiones.


En realidad, no iban lejos: solo a un prado junto al picadero del palacio imperial. Una salida más larga habría requerido demasiados guardias, estorbando la diversión.

Además, ¿no era natural que, a su edad, prefirieran jugar con amigos antes que con un hermano mayor? Pero tanto Artizea como Lysia tenían los ojos brillantes.


—¡Es genial! En el prado podremos beber leche recién ordeñada.

—¿Tú, hablando de comida primero? Esto merece registrarse como un hito.

—Hoy comeré y jugaré todo lo que quiera.


Cedric sonrió con mirada condescendiente, imaginando lo que para ella significaba "todo lo que quiera". Artizea, al notarlo, frunció el ceño.


—Lo digo en serio.

—Lo sé.

—¡Su cara dice todo lo contrario!

—Comer bien es una virtud.


respondió él con sinceridad, pero ella no pareció convencida. Lysia rió alegremente.


—Últimamente, la señorita Artizea bebe leche con mucho empeño. ¡Y hasta come queso!

—Así creceré más.


replicó Artizea, midiendo con la mirada la diferencia de estatura entre Cedric y ella.

Él esbozó una sonrisa irónica.


—Eres joven aún. No te apresures; ya crecerás.


Al posar una mano sobre su cabeza, Artizea enrojeció y la apartó con ambas manos. Aunque siempre hablaba de crecer rápido, al parecer, el comentario le había molestado.

Pero Cedric no quería que fuera así. Deseaba que disfrutara de una infancia despreocupada mientras pudiera. Sabía que llegaría el día en que no podría protegerla, y anhelaba que ese momento se demorara lo más posible.

Los guardias colocaron una gran cesta de picnic sobre una montura. Los tres subieron a sus caballos, listos para partir.
















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















El encuentro con Graham ocurrió cuando ya pasaban por el picadero imperial.

Al ver el grupo con su considerable escolta, Cedric lo reconoció al instante. Graham también debió de hacerlo, pues incluso a la distancia alzó una mano en señal de saludo y dirigió su caballo hacia ellos.


—¿Adónde se dirigen?


preguntó Cedric con formalidad.

Graham soltó una risa entre incredulidad y exasperación. En realidad, desde hacía cinco años, cada vez que se encontraban, era la misma expresión la que Graham le dedicaba.


—De verdad, deja de actuar como un viejo prematuro.


Cedric se encogió de hombros. Para él, comportarse acorde a su edad era mucho más difícil.


—Estuve de caza y vine a revisar los caballos. ¿Y tú? ¿Adónde llevas a estos mocosos?


La mirada de Graham se posó en Artizea y Lysia, que permanecían detrás. Ambas bajaron rápidamente la cabeza en un gesto de respeto.

Aunque lo habían visto en un par de ocasiones, no podía decirse que tuvieran trato cercano. La mayoría de los encuentros habían sido breves, durante visitas al palacio de la emperatriz, y desde que Graham recibió el título de gran duque y se independizó, las oportunidades de verse se habían reducido aún más.

Podría decirse que había cierta distancia entre ellos. Artizea sentía incomodidad ante la fría personalidad del príncipe, Lysia tampoco tenía motivo para mostrarse más afable.

Cedric nunca había insistido en forjar una relación más estrecha. Sabía que, para Graham, quien despreciaba a Milaira, tolerar su presencia ya era un gesto de indulgencia.

Con el tiempo, las cosas habían mejorado. Ahora Graham aceptaba a Artizea como parte de la casa de Evron, aunque seguía sin mostrar el menor interés en una niña a la que consideraba insignificante.

Con una sonrisa, Cedric respondió:


—Vamos de picnic al prado.

—Más que un viejo prematuro, pareces un padre llevando a sus hijas.


se burló Graham.

Cedric rió sin negarlo. Después de todo, no era una descripción del todo incorrecta.

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