LVVDV 387






LA VILLANA VIVE DOS VECES 387

El sueño de la mariposa (54)




Lysia entró en la residencia con paso arrastrado, como si alguien le hubiera quitado toda la energía.

'¿Por qué demonios actúa así conmigo, Sir Lawrence?'

Era imposible creer que sintiera algo remotamente positivo hacia ella. No era tonta: él seguía viéndola como una insignificancia. Incluso eso de "me importa lo que pienses" probablemente era otra mentira.

'Maldito mentiroso'

Daba igual si a él le importaba o no. Al fin y al cabo, sin Artizea de por medio, Lawrence era solo un extraño en su vida.

'Ojalá pudiera verlo como esas chicas de hoy: desde lejos, pensando 'qué guapo es', y ya está'

Suspiró y se dirigió a las escaleras, pero al pie de estas se topó con Pavel.


—¡Oh, Lyisia! Cuánto tiempo.


dijo él, sorprendiéndola.

Pavel bajó los peldaños de dos en dos y se plantó a su lado. Aunque no era tan alto como Cedric, también había crecido mucho.

Antes venía a la residencia como si fuera un parque, pero con la edad, eso cambió. Entre sus responsabilidades y lo "incómodo" que se volvió jugar con niñas, sus visitas se espaciaron. No es que se hubiera distanciado de Cedric, pero verlo a plena luz del día era raro.


—Te ves agotada.


comentó, pasando la mano por su cabeza y despeinando su moño sin ceremonias. A Lysia no le importó; al fin y al cabo, ya no saldría. Sonrió.


—¿A qué debo el honor?

—¡Vaya, qué formalidad!

—Hacía mucho que no venía. Oí que estaba ocupado.

—Mmm, tengo más que aprender.


suspiró Pavel.

A sus 18 años, su entrenamiento como heredero del ducado de Liagan había comenzado en serio. Ya no se quejaba de "¿para qué sirve esto?", pero seguía sin poder estar quieto frente a un escritorio.


—¿Adónde fuiste? Parece que te arrastró un tren.

—A un té con amigas. Solo estoy cansada.

—No es solo cansancio. Algo te molesta.

—Verlo a usted me alegró el día.


dijo Lysia, riendo cuando él le despeinó el pelo de nuevo.


—¿Quieres distraerte?

—¿Cómo?

—Al campo de tiro.


Ella frunció los labios, sorprendida.


—¿Campo de tiro?

—Ajá. Cedric lo mandó construir para prácticas de caza —no es como los de los militares—. Vine a invitarlo, pero está ocupado. ¿Vienes?

—Nunca he disparado un arma.

—Hoy será tu primera vez.

—¡Déjeme cambiarme! ¿Me espera?

—Claro. Te espero en el vestíbulo. Pero sé rápida como el rayo.

—¡Solo un minuto!


Lysia levantó los pliegues de su falda y subió las escaleras como si volara. La melancolía se esfumó en un instante.
















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















Lysia se divirtió como nunca en el campo de tiro.

Aunque era la primera vez que empuñaba un arma, había acompañado algunas cacerías antes, así que el estruendo de los disparos no la asustó.

Tras aprender la postura y acostumbrarse al retroceso, comenzó a dar en el blanco con sorprendente precisión.


—Vaya, sabía que eras fuerte, pero esto…..


Pavel sacudió la cabeza, recordando sus torpes primeros intentos a los quince años. Él solo quería que probara un pequeño revólver, pero ella manejó el arma como si llevara años haciéndolo.


—¡Es más divertido que la ballesta!


gritó Lysia, radiante. Adoraba cualquier juego que involucrara acertar blancos, y hoy, el estampido de los disparos había limpiado la opresión en su pecho.

Pavel se rió, admirativo:


—Ganarías un torneo de caza.

—¿En la capital no hay esos torneos, no?

—Es un decir.

—En Evron sí. Mi madre una vez ganó cazando un oso.

—Impresionante.


respondió él, sin rastro de burla.

—¡Yo quiero ser así!

—¿Cazar osos?

—¡No! ¡Ser una guardabosques que pueda enfrentar bestias feroces!


exclamó, imaginándose protegiendo caminos y aldeas.

Pavel le dio una palmada en la espalda, riendo:


—Con lo que ya haces, hasta te sobran habilidades.

—Jeje.


Al caer el sol, Pavel la acompañó de regreso. En el carruaje, Lysia se durmió al instante: el estrés por Lawrence y la adrenalina del tiro la habían agotado. Ni siquiera despertó al llegar.


—Despierta, Lysia.

—Mmm…

—Llegamos.


Pavel la sacudió suavemente hasta que entreabrió los ojos, murmurando quejas dormilonas.


—Babeaste.

—¡Ah!


Se sobresaltó, limpiándose la boca con la manga. Pavel soltó una risita.


—No es la primera vez que te veo dormir así. ¿Por qué el escándalo?

—Ugh…...

—Toma.


le tendió un pañuelo.


—Límpiate.


Ella se frotó las mejillas, avergonzada. Su rostro se tornó escarlata.

Mientras, Pavel bajó primero y le ofreció la mano. Lysia, con el pañuelo en una mano y aferrándose a él con la otra, saltó del carruaje.


—¿Cenará con nosotros?

—Dudo que Cedric me eche. Además, hace mucho que no veo a Tia.


respondió Pavel, entrando canturreando.

Lysia lo siguió, el corazón ligero.

Definitivamente, el tiempo con personas cálidas era el mejor remedio.
















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















Artizea llamó a la puerta de Lysia justo antes de dormir, asomando su rostro pálido entre las rendijas:


—¿Estás despierta, Lysia?


Lyisia, que arreglaba su almohada sentada en la cama, giró hacia ella con una sonrisa radiante. Aunque estaba agotada y planeaba acostarse temprano, Artizea siempre era bienvenida.


—Pasa.


Artizea irrumpió de inmediato, como si temiera que cambiara de opinión, y se sentó a su lado en la cama con una sonrisa de oreja a oreja.


—¿Qué hiciste hoy?


preguntó Lysia, observándola con afecto.


—Fui a la universidad a ver al profesor Nivea.


De niñas, siempre jugaban y dormían juntas, pero desde que Artizea comenzó su educación formal, esos momentos se volvieron escasos. Aunque al principio compartían tutores, pronto sus horarios y tareas divergieron.

Sus vidas tomaron caminos distintos. Ahora, incluso en su tiempo libre, solían hacer actividades separadas.

Pero su conexión seguía intacta. Artizea aún se colaba en su habitación como esta noche, quedándose hasta tarde para charlar y durmiendo allí.


—¿Te felicitaron por tu trabajo?

—Sí. Me pidió que me uniera a su laboratorio.


Lysia sonrió. Ella probablemente entendía mejor que la propia Artizea la magnitud de ese honor.


—Es increíble. La mayoría ni siquiera puede pisar esa universidad.

—Pero no acepté. No sé si eso me ayudará a volverme útil.

—Ser académica es útil. Es muy importante.


Un silencio. Artizea cambió de tema:


—¿Y tú? ¿Cómo estuvo el té del que hablabas?

—En casa de la hija de Conde Shuvarov. Nada especial, aunque los pasteles estaban buenos.

—Suena divertido.


Lysia contuvo un "No lo fue". Estaba a punto de contar su aventura en el campo de tiro con Pavel, pero algo en la mirada cautelosa de Artizea la detuvo.

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