INTENTA ROGAR 172
Volumen VIII - EXTRAS : Un enemigo en quien confiar (2)
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Frente a la entrada principal de una prestigiosa escuela privada para niñas en el acomodado barrio de Rochester, se agolpaban madres y niñeras que habÃan venido a recoger a los pequeños a la hora de salida del jardÃn de infancia.
Mujeres ataviadas con ropa y bolsos de lujo se agrupaban en pequeños corrillos, cuchicheando entre ellas mientras lanzaban furtivas miradas hacia el coche donde estaba Leon.
Era una escena que se repetÃa todos los dÃas.
No era común que un padre viniera a recoger a su hijo. Que viniera cada dÃa, mucho menos.
Después de ocho meses, serÃa lógico pensar que la curiosidad habrÃa disminuido, pero aún todas las miradas seguÃan clavándose en él.
La razón era sencilla: entre los ricos de esta ciudad, Leon era conocido como el "rey sin rostro" de Rochester.
Cinco años atrás, habÃa aparecido sin previo aviso y, poco a poco, habÃa ido apoderándose de la ciudad.
Ahora dominaba tanto el sector inmobiliario como el financiero, convertido en un verdadero magnate.
Sin embargo, jamás mostraba su rostro en público, hasta en los negocios actuaba siempre a través de representantes, envuelto en un velo de misterio.
Asà era como la gente de este lugar conocÃa a Leon.
Y, sin embargo, aquel hombre que tanto evitaba la exposición pública, se dejaba ver solamente en el jardÃn de infancia de su hija.
Imposible no sentirse intrigados.
El hecho de que nadie hubiera logrado ver bien su rostro hasta ahora alimentaba aún más el morbo.
Siempre llevaba gafas de sol y, además, su coche tenÃa los cristales cubiertos por una cortina negra.
—Solo será un momento.
—Te he dicho decenas de veces que no está permitido. La próxima vez, no bastará con una advertencia.
Desde fuera, se oÃa débilmente la voz de un guardaespaldas que, mientras expulsaba a un hombre con una cámara, lanzaba su amenaza.
Periodistas, oportunistas, e incluso empresarios sin peso 'a quienes Campbell solÃa filtrar' esperaban a León a la hora de entrada y salida escolar.
Por eso habÃa dispuesto guardias no solo frente a la escuela, sino también en su interior, vigilando cada rincón.
Ellie, su hija, estaba constantemente rodeada de guardaespaldas, incluso dentro del jardÃn de infancia.
HabÃa podido conseguir semejante trato especial porque él mismo habÃa sido generoso con la institución.
Recientemente, la escuela habÃa ampliado sus instalaciones al edificio de al lado.
Mientras las dos hijas del propietario se graduaran allÃ, el colegio no tendrÃa que pagar alquiler.
A cambio, Leon podÃa asegurarse de que su hija disfrutara de la máxima seguridad y comodidad. Un trato justo.
También por eso el lugar de aparcamiento justo frente a la elegante puerta principal del colegio habÃa quedado reservado exclusivamente para León.
La antigua verja del colegio se abrió de par en par, un grupo de niñas vestidas con uniforme de jardÃn de infancia salió corriendo entre risas.
Entre ellas, Liv, apoyada contra el borde de la ventanilla del coche, divisó a su hermana mayor saludando a sus amigas.
—¡El! ¡lie!
¡Bam, bam!
Ahora el cristal del coche sufrÃa los golpes de las pequeñas manos de Liv.
Al escuchar el sonido, Ellie giró bruscamente la cabeza hacia ellos.
—¡Papá!
En cuanto la niña corrió hacia el coche, el asistente que aguardaba fuera abrió la puerta.
Y en ese momento, Liv, completamente emocionada, soltó un chillido.
—¡Kyaaa!
—¡Oliva!
Ellie, siguiendo su propia y tierna regla de nombrar todas las cosas adorables con nombres de comida, habÃa empezado a llamar a su hermanita "Oliva" (Aceituna).
Entre los padres, el nombre se fue acortando aún más, hasta quedar simplemente en "Liv".
El coche, ya con Ellie a bordo, se dirigió a su tienda de golosinas favorita.
—Hoy en el jardÃn de infancia aprendimos que.....
Como siempre, en cuanto salió del jardÃn de infancia, la niña se apresuró a presumir de lo que habÃa aprendido ese dÃa.
Enviar a Ellie al jardÃn de infancia habÃa sido idea de Grace.
Leon, en cambio, se habÃa opuesto desde el principio.
—Debe recibir una educación formal.
—¿Educación de baja calidad?
habÃa replicado León con desdén.
Para Leon, la educación formal no era más que un producto barato, muy inferior a la formación privada impartida por tutores que él mismo escogÃa cuidadosamente.
Antes de ingresar en la academia militar, habÃa recibido su educación en casa bajo la tutela de maestros particulares.
En aquel entonces, en el Viejo Continente, era lo normal para los hijos de la nobleza.
A ojos de Leon, la academia donde se mezclaba con plebeyos no era más que un chiquero.
—'Abuelo', los tiempos han cambiado.
le habÃa dicho Grace, con tono de reproche.
A regañadientes, León acabó rindiéndose.
Pero aún seguÃa profundamente insatisfecho con la educación regular.
—¡Waaah, qué rico se ve!
—Ellie, no corras.
No importaba cuánto se esforzara en enseñarle modales; si la niña saltaba y corrÃa como un torbellino, estaba claro que era culpa de juntarse con otras pequeñas igual de traviesas en el jardÃn de infancia.
—Esto también, y esto, ¡ah! ¡Y esto también! MuchÃsimo... A mamá le encanta esto.
Al cabo de unos diez minutos, cuando salieron de la tienda de golosinas, el asistente que los acompañaba apenas podÃa cargar con todas las cajas de dulces que llevaba en ambas manos.
Liv, acomodada en los brazos de León, sostenÃa una brillante manzana acaramelada, relamiéndose los labios.
¿Qué tendrán las manzanas cubiertas de caramelo que tanto atraen a las niñas?
Ni 'Daisy', ni Ellie, ni Liv eran capaces de resistirse a ellas.
Después de pasar un rato lamiendo solo el caramelo, Liv, suspirando de manera poco propia de una bebé, le tendió la manzana a León.
—Come.
No es que Liv le ofreciera la manzana para que su padre se la comiera.
Simplemente, sabÃa que si él le daba un gran mordisco, luego serÃa más fácil para ella ir royendo los bordes. Por eso siempre hacÃa lo mismo.
Definitivamente, era una niña de mente brillante.
Si tan solo fuera un poco más ambiciosa...
La que estaba hambrienta era Liv, pero quien se daba el festÃn era Ellie.
Todos los dulces que abarrotaban el maletero del coche habÃan sido elegidos por Ellie.
Liv, en cambio, después de coger su manzana acaramelada, no le habÃa prestado atención a nada más.
—Liv no tiene nada de codiciosa.
Demasiado poco codiciosa, pensó.
Incluso cuando el perrito de la familia le robaba el pan que estaba comiendo, o cuando su hermana mayor se adueñaba de sus juguetes, Liv ni protestaba ni lloraba.
—A veces pienso que ni siquiera parece tu hija.
le decÃa Grace, en tono de broma.
Para Grace no era más que una excusa para molestar a León.
Pero para León, en cambio, era una preocupación real.
Grace, al fin y al cabo, habÃa cambiado con el tiempo, asà que ya no habÃa de qué preocuparse.
Pero, ¿y si Liv también terminaba creciendo como su madre?
¿Y si, incapaz de imponer su voluntad, acababa arrastrada por los deseos de los demás?
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Aunque delegara en representantes, no significaba que dejara todos los asuntos empresariales en manos de otros.
Cuando empezaba a revisar uno de los temas que aguardaban su decisión sobre el escritorio, el teléfono sonó.
—¿Qué sucede? SÃ.
Era solo un informe rutinario de localización.
En cuanto colgó, llamaron a la puerta desde fuera.
—Presidente.
se oyó la voz de la niñera al otro lado.
—Las señoritas han llegado.
—Que pasen
Cuando la puerta se abrió, Ellie entró de la mano de su hermana pequeña.
Leon no preguntó qué pasaba. Durante el dÃa, su despacho se convertÃa en el cuarto de juegos de sus hijas, y era lo habitual.
Aunque no tenÃa clase de ballet ese dÃa, Ellie llevaba su uniforme de ballet y un tutú rosado.
A ojos de León, su hija parecÃa aprender ballet solo para tener una excusa para ponerse el tutú.
—Preparen todo frente a la ventana.
indicó Ellie, señalando la gruesa alfombra frente al ventanal.
Al ver que las niñeras entraban empujando un carrito de servicio y cargando una mesita de té con sillas infantiles, quedó claro que aquella tarde iban a celebrar una fiesta de té.
Las niñeras, moviéndose con precisión, organizaron la pequeña mesa y luego se retiraron discretamente a un rincón del despacho.
Ellie, entusiasmada, sentó a su hermanita y a sus muñecas alrededor de la mesa, metiéndose de lleno en su papel de anfitriona.
—¡Princesa Oliva! Es un honor inmenso que haya venido hasta mi palacio una vez más.
Liv, la pequeña "Princesa Oliva", no respondió a su saludo, sino que simplemente la miró fijamente.
Ellie juntó las manos y susurró, como recordándole:
—Oliva, tienes que llamarme princesa también.
—Eeuuuu......
gimoteó Liv, emitiendo un sonido indescifrable.
Ellie entonces miró hacia su padre, que seguÃa sentado tras su escritorio.
Sin levantar la vista de los documentos, León tradujo solemnemente:
—Princesa Oliva dice que es un honor infinito haber sido invitada a la fiesta de té de la más espléndida Princesa Eloise de todo el reino.
—Jejeje...
Ellie, satisfecha con la interpretación libre de su padre, se tapó las mejillas con ambas manos y sonrió.
—¡Oh, Princesa Oliva, el honor es todo mÃo! Este pastel lo ha horneado el chef más famoso de nuestro reino. ¡Por favor, pruébelo!.
La galleta que Ellie ofreció a su hermana, diciendo que la habÃa horneado el chef más famoso del reino, era en realidad una de las que habÃan comprado hacÃa poco en la tienda de dulces.
Liv aceptaba todo lo que su hermana le daba, metiéndoselo calladamente en la boca y masticando en silencio.
—¿Está rica?
—…....
—¿Te gusta?
—Mmm.
asintió Liv, con la boca llena.
—Pero si comes demasiadas galletas no vas a poder cenar, ¿lo sabes? ¡Deja de comer y toma un poco de leche!
Tal vez porque jugar a las princesas con una bebé tan callada no era tan divertido como esperaba, el tono de Ellie empezó a cambiar, volviéndose más como el de una mamá regañona.
—¿Y este pelo tan alborotado? Déjame peinarte, Ellie te va a dejar preciosa.
Al ver la escena, las niñeras se acercaron discretamente, recogieron las galletas y pasteles de la mesa, colocaron una canasta delante de las niñas.
Ellie sacó de ella un peine y comenzó a cepillar el cabello rizado de Liv con mucho cuidado.
—Nuestra pequeñita ya es la más más más bonita del mundo.
dijo, mientras la colmaba de besos en las mejillas.
Ahora Ellie llenaba a su hermanita de halagos, pero no siempre habÃa sido tan cariñosa.
De hecho, al principio no la aceptaba para nada.
—¡No la quiero! ¡Que la bebé se vaya a su casa!
—Ellie, esta también es su casa.
—¡No! ¡Esta es solo la casa de Ellie!
—¿No recuerdas lo que papá te dijo? Que el bebé también es un hijito de mamá y papá, igual que tú.
—¡Nooo! ¡Ellie es la única hijita de mamá y papá!
Ellie habÃa visto cómo la barriga de su madre crecÃa y le habÃan explicado durante todo el embarazo que dentro estaba su hermanita.
ParecÃa haberlo aceptado en su momento, pero cuando vio a la bebé en brazos de su madre, su corazón cambió de opinión.
—¡Los bebés no tienen que enrollarse el pelo bonito ni nada! ¡¡Buaaaah!!
Además, incluso a los ojos de una niña pequeña como ella, era evidente que su hermanita se parecÃa más a mamá, asà que, ¿Cuánto más fuerte debÃa ser su celo?
—Hic... Ellie tiene el corazón dolido......
Aunque mamá y papá le repetÃan una y otra vez que la amaban igual que siempre, que Ellie era alguien único e insustituible para ellos, parecÃa que su corazoncito herido no sanaba tan fácilmente.
—No... mamá y papá son de Ellie.......
No permitÃa que sus padres cargaran a la bebé. Y cuando su madre amamantaba al recién nacido, Ellie, aunque ya no era una edad para tomar pecho, lloraba reclamándolo como suyo.
Por eso, durante los primeros dÃas, dejaron el cuidado de Liv completamente en manos de las niñeras.
Cuando era inevitable alimentarla, Grace aprovechaba los momentos en que Leon distraÃa a Ellie para darle el pecho en secreto.
Viéndolo ahora, todo parecÃa una verdadera operación de espionaje.
Manteniendo a Liv lejos de la vista y sin hablar de ella delante de Ellie, poco a poco lograron que la niña se calmara.
Hasta que un dÃa, Ellie misma preguntó:
—¿Dónde está la bebé?
—En su habitación.
—¿Qué está haciendo?
Cada vez que mostraba curiosidad, la llevaban a ver a la bebé, pero sin acercarse demasiado ni cargarla delante de Ellie.
Un dÃa, vio a una niñera darle el biberón a Liv. Entonces, Ellie corrió a traer su muñeca de trapo y comenzó a darle de comer con un biberón de juguete.
Fue entonces cuando Leon, viendo una oportunidad, avivó su curiosidad con voz casual:
—Esa es una bebé de verdad. No como tu muñeca.
La tuya es solo un juguete aburrido, pero mira, la niñera tiene una bebé que de verdad come, llora y se mueve. ¿No te da un poco de envidia?
Grace, que captó de inmediato lo que León intentaba hacer, también se sumó al juego:
—¡Se ve divertidÃsimo, ¿verdad?
Ellie no respondió, pero bastaba con ver cómo miraba intensamente a la bebé, casi hipnotizada, para saber que su corazón ya empezaba a rendirse.
Después de debatirse un buen rato, Ellie negó con la cabeza, con firmeza.
Pero no era un rechazo.
—No... mamá y papá no pueden cuidar a la bebé.
—Entonces, ¿Qué tal si mamá y papá cuidan de Ellie, Ellie cuida de la bebé?
—¿Ellie...?
—Asà es. Desde ahora, la bebé es de Ellie.
—¿De Ellie...?
susurró, con un brillo especial en los ojos.
El plan para despertar la posesividad de la pequeña avariciosa habÃa sido un éxito rotundo.
¿Una niña de apenas cuatro años criando a un recién nacido?
Claro que era imposible. Pero tras unos dÃas de batallar bajo la supervisión de las niñeras, Ellie encontró su propio método: no cuidarlo ella misma, sino dirigir a los adultos para que lo hicieran por ella.
Al principio daba órdenes solo a las niñeras, pero pronto también comenzó a mandonear a sus propios padres.
—¡La bebé está llorando!
le dijo primero a su papá, exigiendo acción.
—¡No es asà como se carga a una bebé!
añadÃa, mientras le pasaba la bebé llorosa a León, asegurando que ella sabÃa bien cómo hacerlo porque llevaba tres años cuidando muñecas.
—¡La bebé de Ellie tiene hambre! ¡Rápido, dale de comer!
ordenó después, permitiendo finalmente que mamá le diera de mamar.
Y poco a poco, mientras la cuidaba a su manera, empezó a encariñarse tanto que un dÃa comenzó a llamarla “Oliva”.
Sin saber bien cuándo, ya presentaba a su hermanita ante todos con orgullo:
—Es mi hermanita. ¿A que es suuuper linda? ✨
¡Toc!
Ellie dejó el cepillo sobre la mesa.
—¡Listo!
Tal vez, ser tan tranquila era el “pecado” de Liv, porque ahora su cabecita estaba adornada con una decena de moñitos de colores.
—¡Estás suuuper linda!
exclamó Ellie, resplandeciendo de orgullo.
Ellie observaba su “obra maestra” con una sonrisa satisfecha, luego pidió a las niñeras que le trajeran la cámara y el álbum. Tomar fotos era su nuevo pasatiempo.
—SonrÃan. ¡No, no, no besos!
dijo Ellie, mientras tomaba algunas fotos de Liv, para luego abrir el álbum y mostrar las imágenes, como si fueran tarjetas didácticas, comenzando a enseñar palabras a su hermana pequeña.
—Oliva ¿Dónde está Ellie?
Liv presionó con su dedo la nariz de Ellie.
—No, en serio, no Ellie, en la foto.
Ellie levantó una foto suya montada sobre un pony.
—Esta niña es la Ellie que vive en la gran casa. ¿Te acuerdas? El mes pasado, cuando Olive lloró porque le daba miedo.
Como no podÃan tener establos en la ciudad, el caballo estaba, por supuesto, en la mansión de la playa.
—Cuando Olive crezca, papá te comprará un caballo también. Este es de Ellie, se llama Marshmallow. ¡Dilo, Marshmallow!
—Ma.
—¡Ma! ¡Sh! ¡Mel! ¡lo!
Liv, que seguramente no habÃa tenido la suerte de tener una buena profesora, probablemente pensaba que el animal en la foto no era un caballo, sino un malvavisco.
—¿Dónde está papá?
—Apá.
—¡Wow, bien hecho! Entonces, ¿y mamá?
—Amá.
Asure: For English readers, it would be more natural to translate it as
—Where's Daddy?
—Da-dee.
—Wow, you got it right! So, where's Mommy?
—Ma-ma.
Ellie siguió mostrándole fotos a su hermana, pidiéndole que encontrara a la mamá, el papá y a ella misma. Pero pronto dejó de decirle que buscara a papá.
—Mira esto. Ellie también era pequeñita, como Oliva.
La foto que Ellie señaló era de cuando tenÃa alrededor de un año, tomada con Grace. Es decir, en los tiempos en los que no existÃa León. La atmósfera se volvió demasiado dulce, pero de repente se tornó amarga.
Quizá Leon habÃa tenido la esperanza de que, al criar a otro hijo, podrÃa recuperar el tiempo perdido, pero esa idea era solo una vaga ilusión.
Ellie no era asÃ. Ellie era diferente.
Sin embargo, cuando Grace decÃa cosas como esa, Leon lo comprendÃa con más claridad. Este era el tiempo con Liv, no el tiempo con Ellie. El hecho de que el tiempo que ya pasó no puede ser recuperado se volvÃa más nÃtido con cada momento que pasaba.
León cerró los documentos y se levantó.
—Mira bien. Ellie también era tan adorable como Oliva, ¿verdad?
—Ellie sigue siendo adorable.
—Je... SÃ, es verdad.
León abrazó a sus dos hijas al mismo tiempo y se sentó en el sofá. Ellie, con el álbum abierto sobre su regazo, seguÃa mirando las fotos y luego preguntó:
—¿Pero dónde está papá?
—Papá estaba tomando las fotos.
—¡Ah! Es cierto.
Cierto... aunque no del todo.
Ellie, ahora de cinco años, comenzaba a olvidar gradualmente sus recuerdos de antes de los tres años. Si lo pensaba, Leon también habÃa perdido todos los recuerdos de su infancia hace mucho tiempo, por lo que parecÃa ser un proceso natural del crecimiento.
Era algo bueno. Asà olvidarÃa las pesadillas del circo y el hecho de haber sido secuestrado por los remanentes de los rebeldes.
Pero eso también significaba que, algún dÃa, olvidarÃa el momento en el que lo conoció por primera vez. Pensar que esos momentos tan valiosos se los llevarÃa consigo sola en algún punto del futuro le generaba una sensación de soledad.
Sin embargo, al final, solo podÃa decir que habÃa sido lo mejor. Ellie creerÃa que su papá siempre estuvo a su lado. Deseaba que la niña pensara de esa manera.
Sin darse cuenta, Ellie llegó a la primera página del álbum y señaló la única foto que quedaba. Era la foto que Ellie le habÃa dado a Leon con la advertencia de que nunca volverÃa al cielo.
—Mamá siempre fue la mamá de Ellie.
Liv, sin entender el significado de las palabras de Ellie, miraba la foto de su mamá abrazando a la hermana pequeña y asentÃa con seriedad.
—Pero, después de que Olive nació, Ellie dejó que mamá fuera para ella.
—Nuestra hija es buena.
León dio una palmadita en el pequeño hombro de Ellie, elogiándola.
—No tienes que compartir con los demás…
Era una declaración que, si la escuchara Grace, la sorprenderÃa.
—Pero con tu hermanita sà debes compartir y vivir.
Se decÃa que los hijos heredaban la forma de educar de sus padres. Eso era una tonterÃa. Sus padres criaron a sus dos hijos enfrentándolos entre sÃ, pero León no tenÃa la menor intención de hacer lo mismo, a pesar de haber sido el que ganó en esa competencia.
Sus padres amaban solo a uno de sus hijos, pero León amaba a todos. Ellie ya era una niña que sabÃa cuidar bien de lo suyo, asà que no estaba demasiado preocupado, pero en cuanto a Liv, que no tenÃa codicia, ya empezaba a preocuparse de que pudiera quedar atrás de Ellie. Desde pequeños, debÃa cortar de raÃz cualquier semilla de competencia.
—¿Ellie siempre comparte con Oliva?
—¿SÃ?
—Compartimos las galletas y también mamá.
—Lo hiciste bien.
—Je...
Ellie, alzando los hombros con orgullo, se sentÃa muy satisfecha...
—Entonces Oliva, cuando crezcas y ya no necesites a mamá, tendrás que devolvérsela a Ellie.
Ellie, con seriedad, hizo esta solicitud a su hermana pequeña, que no entendÃa nada. En ese momento, León cometió un error sin darse cuenta.
—…...Papá, ¿por qué estás sonriendo?
Ellie frunció el ceño al preguntar. La expresión le resultaba familiar. Si se hubiera dado cuenta de que era una expresión que veÃa en el espejo, habrÃa evitado cometer un error aún mayor.
—Cuando llegue ese momento, Ellie también habrá crecido y ya no necesitará a mamá.
—¿Entonces mamá es solo de papá?
Cuando sus hijas se independicen, serÃa natural que Grace fuera suya, ¿verdad? León no lo negó y, al sonreÃr, vio que la mirada de Ellie se volvÃa punzante.
—¡Sal!
La niña ordenó con firmeza mientras señalaba hacia la puerta.
Fue entonces cuando Leon se dio cuenta de que, tal vez, la verdadera competencia de Ellie no era su hermana pequeña, sino él mismo.
—¡Hoy no habrá besos!
Tras esta declaración contundente, la puerta se cerró de golpe. Leon se quedó en el pasillo, mirando la puerta cerrada, se rió entre dientes.
¿Es mi oficina?
Estaba tomando control de un espacio ajeno y ordenando que se fuera. Realmente, era tal y como su madre.
—Señor presidente.
Al escuchar que lo llamaban, León giró la vista hacia el pasillo y sus ojos se encontraron con los de la persona que ocupaba su lugar.
—Ya ha pasado mucho tiempo.
Campbell, con un maletÃn lleno de documentos sobre los temas que discutirÃan ese dÃa, se acercó mientras le preguntaba.
—¿Hay algo bueno que te haya pasado?
—Me echaron.
—¿Qué?
—De mi oficina.
A través de la rendija de la puerta, la voz de la niña se filtró. Para Campbell, era difÃcil de comprender que un hombre de su estatus hubiera sido echado de su propia oficina por su hija de solo 5 años, aún más difÃcil de entender era que el presidente se estuviera riendo de manera tan alegre.
Finalmente, Leon cedió su oficina a las niñas y, ese dÃa, recibió los informes en su biblioteca. Después de discutir los temas más urgentes, cuando finalmente tuvo tiempo libre, Leon le preguntó a Campbell sobre lo que más le interesarÃa a Ellie.
—¿El tema del parque de diversiones?
Desde que se mudaron a esta zona, Leon solÃa llevar a Ellie al parque de diversiones cercano. A diferencia del carnaval, el parque tenÃa una variedad de juegos y estaba decorado con temas que a los niños les encantan. Ellie lo disfrutaba tanto que, cuando iba, no querÃa regresar a casa.
—Mamá y papá se van a casa. Yo me quedo a vivir aquÃ.
¿Qué tal si le compraban algo asÃ? Después de todo, probablemente vivieran aquà un buen tiempo, asà que no estarÃa mal construir un parque infantil cerca. HabÃa un terreno adecuado en la costa, a una hora en coche de distancia. Pensaba regalarle ese terreno para su cumpleaños o, si no, para Navidad del siguiente año. Por eso, ya habÃa solicitado al arquitecto un plano de construcción.
Sin embargo, la autorización de construcción seguÃa siendo un problema que lo frenaba, llevaba meses atorado.
—Justo hoy recibimos el resultado de la evaluación de la comisión de construcción...
Campbell le pasó un paquete de documentos con los resultados de la evaluación. Solo con escuchar el tono de su voz, León ya sabÃa que el resultado no serÃa favorable.
Al leer los resultados, Leon soltó una risa amarga, dejando los papeles sobre la mesa de manera brusca.
—No puede ser.
La razón por la que se negaban a autorizar la construcción era absurda. La comisión habÃa puesto como condición que el resort que se construirÃa junto al parque de diversiones no serÃa aprobado. Argumentaban que estaban favoreciendo a los miembros del club, ofreciendo alquileres a largo plazo, lo que generaba demasiada exclusividad.
Los miembros de la comisión argumentaban que las villas dentro del resort, que estaban destinadas a un alquiler a largo plazo para los miembros, debÃan clasificarse como residencias, lo que las convertÃa en zonas comerciales y no permitÃa otorgar la autorización. Además, expresaban su preocupación por la presencia de un casino en el resort, temiendo que tuviera un impacto negativo en la economÃa local y la vida saludable de los residentes.
Lo irónico era que este mismo comité habÃa autorizado la construcción de un casino ese mismo año. Era una falacia, una excusa sin sentido. ¿Acaso le estaban pidiendo que diera un soborno? Sin embargo, cuando las aprobaciones del comité se retrasaron por razones poco claras, ya se habÃa intentado un pequeño soborno en forma de lobby.
—¿La reacción de los miembros fue tibia?
—SÃ, no estaban muy contentos con nuestra aproximación.
—No es que ellos sean particularmente Ãntegros, ¿verdad? No estoy sugiriendo que les demos más dinero bajo la mesa, pero...
Después de meses de retrasos, lo que les habÃan dado no era ni una solicitud para una revisión más detallada, sino una rotunda negativa.
—Quizás alguien ya haya intervenido en las sombras.
—Lo investigaré.
—Hazlo.
Después de la reunión, Campbell se fue. Cuando pasaba por el pasillo, Leon escuchó el sonido del ascensor que acababa de tomar de nuevo subiendo. Justo en ese momento, sonó débilmente el timbre del teléfono. Poco después, el mayordomo salió y le informó:
—La señora viene en camino.
—¡Mamááá!
Desde que sonó el teléfono, parecÃa que Ellie habÃa estado espiando desde la puerta de la oficina. En cuanto escuchó el sonido de sus pasos rápidos, León soltó un largo suspiro.
—Ellie, ya que eres una princesa, compórtate como una.
—Ellie es una princesa, asà que si ella hace algo, eso es lo que hace una princesa.
Su lógica era perfecta, asà que Leon decidió dejarlo pasar.
—¡Kyaaa!
Poco después, se unió Liv, que fue tomada en brazos por la niñera, asà comenzó otro dÃa del recibimiento en casa de mamá al final de su jornada laboral.
—¡Maa! ¡Maa! ¡Maa!
—¡Amma! ¡Amma!
Ellie saltaba en su lugar llamando a mamá, mientras Liv, que aún no sabÃa correr, mantenÃa los pies pegados al suelo y movÃa solo las caderas, lo que más bien parecÃa una danza que una carrera.
Cuando el ascensor llegó y las caras esperadas aparecieron, la bienvenida alcanzó su clÃmax. En cuanto las puertas se abrieron, las niñas se abalanzaron sobre su madre, y Grace, entregando su bolso y sombrero a la sirvienta, abrazó a sus hijas.
—Mis princesas, ¿escucharon bien a papá?
—¡SÃ!
Ellie respondió sin dudar ni un segundo, mirando fijamente a Leon. Su respuesta era claramente un chantaje mudo: estaba pidiendo que él colaborara con su mentira. No tenÃa vergüenza alguna; definitivamente era su hija.
—¿Y papá? ¿Se portó bien?
—Ha…
Lo más increÃble fue que Grace le hiciera esa pregunta a Leon. ¿Quién no se portó bien si no él? ¿Qué derecho tenÃa ella de hacerle ese tipo de preguntas? Ignoró las acusaciones de Ellie, que ya estaba chismeando, le devolvió la pregunta.
—¿Y tú? ¿Trabajaste tranquilo sin causar problemas?
—Por supuesto.
—Ya veremos…
No era una amenaza vacÃa.
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—Liv ya puede comer muchas cosas.
La niña en los brazos de Grace no respondió, solo parpadeó con los ojos brillantes, llenos de la imagen de su mamá.
—Entonces, dejemos de comer esto. ¿SÃ?
El niño negó con la cabeza, como si entendiera. No era que no pudiera aún expresar con palabras que no le gustaba responder en voz alta, sino que el chupón en su boca era lo que lo impedÃa.
Originalmente, habÃa planeado destetarlo cuando comenzara a trabajar, pero aún no habÃa podido hacerlo. Hoy también, al venir a dormir, el niño, como siempre, pidió su mamá. Grace levantó la bandera blanca.
—Solo hoy.
Le dio unas palmaditas en su trasero, que estaba hinchado por el pañal, la niña, con sus pequeños labios, sonrió tÃmidamente. En esos momentos, no podÃa evitar reconocer que aquel hombre tan especial tenÃa la capacidad de hacer una bebé tan hermosa.
—Mamá, a Oliva le gustan los tres cerditos...
Ellie, que habÃa escogido un cuento para leerle a Liv, miró a los dos y se detuvo. Los ojos del niño se volvieron hacia los de Ellie, llenos de celos.
—¡Hmph...!
—Ellie ya está grande.
—No, todavÃa no soy tan grande.
El libro que habÃa traÃdo para leer quedó olvidado, se quedó sentada al lado, mirando con envidia cómo su hermanita tomaba la leche de mamá. Grace, una vez más, levantó la bandera blanca.
—Solo hoy.
Ellie sonrió y, al fin, se lanzó al abrazo de su madre.
Ocho meses después de haber tomado la decisión, aún no habÃa logrado ponerla en práctica. Y es que, al alternar entre los tres, la leche no terminaba de secarse. Por supuesto, no podÃa culpar solo a los demás por completo.
—Nuestra gran bebé.
Grace, como lo habÃa hecho con Liv, le dio unas palmaditas en el trasero a Ellie y le dio un beso en la cabeza.
—Recuerdo cuando nuestra Ellie era una bebé. Era tan linda.
Por supuesto, en ese entonces nunca pensé que la imagen de ella tomando el pecho serÃa algo bonito. Era tan dolorosamente linda que me esforzaba al máximo por convencerme de que no lo era.
Ellie fue destetada a la fuerza antes de cumplir seis meses. En ese momento, pensaba que se la iba a entregar a su papá y se irÃa sola.
Era una niña muy sensible y terca, asà que no fue un proceso fácil. Lloró mucho y la dejó pasar hambre. ¿Será por esas heridas de esa época que todavÃa se aferra tanto a su mamá? En el corazón de Grace, habÃa una deuda de aquellos tiempos, por eso le dio el pecho a su hija ya grande.
Las niñas se miraban fijamente mientras tomaban la leche, luego comenzaron a tocarse la nariz y jugar con las manos. Aunque eran ellos quienes comÃan, al observarlos, Grace sentÃa que su propio estómago se llenaba.
Era un momento tan pacÃfico. Una paz que hace solo unos años hubiera sido inimaginable.
"En seis años, vas a tener 2 hijos con el hombre que más odias y vivirás una vida comúnmente feliz en un paÃs al otro lado del mar"
Si alguien le hubiera dicho eso a la joven Grace Riddle, de 26 años, lo habrÃa descartado como una fantasÃa de una persona mentalmente desequilibrada.
¿Cuántas decisiones tomó en ese tiempo? ¿Cuántos errores y equivocaciones cometió?
Se arrepintió de muchas cosas, todavÃa se arrepiente de algunas. Pero, por otro lado, es cierto que incluso esas cosas de las que se arrepiente, se convirtieron en peldaños que la llevaron al momento que vive hoy.
Si hubiera tropezado solo un poco en ese camino, tal vez no estarÃa aquà ahora. Ese pensamiento la hizo estremecer, pero a la vez murmuró palabras de agradecimiento, sin saber muy bien a quién dirigirse.
Me alegra haberte encontrado.
Grace abrazó a las niñas con fuerza y, alternando entre las dos, les besó la frente. Luego, en voz baja, les pidió en nombre de la paz:
—Es un secreto para papá...
Aunque, por supuesto, no tardó mucho en ser descubierta.
—Ha.
Al entrar en la habitación, Leon suspiró, un suspiro que podrÃa ser de frustración o una risa silenciosa, pero lo cierto es que estaba claro que no le gustaba para nada que su hija ya grande siguiera tomando el pecho.
—¿Si los amigos de Ellie se enteran de que todavÃa toma leche de mamá, crees que seguirán jugando con ella?
—Si papá no lo dice, nadie lo sabrá.
Elli, tras amenazar a su papá por un momento, volvió a enterrar su rostro en el pecho de mamá. Pero la amenaza no terminó ahÃ.
Papá también.
Grace, solo moviendo los labios, comenzó a hablar:
—Si mamá no lo dice, nadie lo sabrá.
Era una indirecta para Leon, que a menudo también robaba la comida de su hija, instándole a que se callara.
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—Liv, que duermas bien.
Después de acostar a Liv, que ya dormÃa medio dormida mientras tomaba el pecho, Grace la puso en su cuna y llegó el turno de Elli. La acostó en su cama y, no mucho después de leerle un cuento, la niña empezó a frotarse los ojos. Grace cerró el libro y apagó la lámpara de la mesa de noche.
—Ellie, que duermas bien.
—Mamá, tú también. Beso.
La mamá la atrajo y le dio un beso, pero cuando llegó el turno de papá, Ellie se tapó la boca con las dos manos.
—Papá me dijo cosas malas hoy. Asà que hoy no habrá beso.
Grace le lanzó una mirada sorprendida, Leon, en lugar de responder, solo encogió los hombros y se inclinó hacia la niña.
—Espero que Ellie tenga buenos sueños y duerma bien. Papá te ama, Ellie. Por eso, aunque no me des un beso, yo te lo voy a dar antes de irme.
Él le dio un beso en el dorso de la mano y susurró:
—Ellie, que duermas bien.
Fue en el momento en que Grace cerraba la puerta al salir al pasillo. Cuando dejó un pequeño espacio entre la puerta y el marco, una voz susurrante se escuchó desde dentro.
—Papá, que duermas bien.
Leon, mirando a Grace con una sonrisa traviesa, le lanzó una mirada desde arriba.
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Los ojos de Leon, sentado en el sillón junto a la ventana del dormitorio, estaban fijos en el paisaje nocturno, mientras que sus oÃdos se dirigÃan hacia el sonido que venÃa más allá de la puerta entreabierta. Desde el vestidor, se escuchaba el murmullo de una melodÃa y el tintineo de frascos de cosméticos. El aroma familiar parecÃa rondar cerca de su nariz.
Cuando el ruido de los frascos cesó y comenzaron a escucharse los pasos, Leon levantó el periódico vespertino, que ya habÃa leÃdo por la tarde, desde la mesa de noche.
Grace regresó al dormitorio, vestida con un delicado pijama de seda que llegaba hasta las rodillas.
Con una sola mirada rápida hacia Leon, que estaba junto a la ventana, la mujer se metió en la cama en silencio. Cuando Grace se cubrió con las sábanas y cerró los ojos, Leon comenzó a contar en su mente.
Uno…
Lo que esperaba ocurrió cuando llegó a ocho. Grace levantó las sábanas, se levantó de la cama y salió al pasillo. Luego, se acercó por detrás de él, rodeó su cuello con los brazos y le preguntó:
—¿Hay algún artÃculo interesante?
El aroma fresco la envolvió, la calidez de su cuerpo comenzó a expandirse donde se tocaban. Fingir indiferencia requerÃa más esfuerzo del que habÃa anticipado.
—¿Parece que lo leo por diversión?
—Entonces, ¿por qué no lees mis artÃculos, que son igual de aburridos?
—Porque me dan ganas de enviar una carta de réplica.
La esposa es periodista de un periódico de tendencias progresistas, el esposo es dueño de un medio conservador. ¿Realmente pueden ser tan opuestos?
—Me muero por leer los excelentes escritos de mi querido, pero por la paz en el hogar, me contengo.
Era solo que no querÃa leerlos, pero decir que lo hacÃa por la paz familiar sonaba a una excusa irritante, aunque en cierto modo también parecÃa sincero. No le gustaba que el amor, que tanto le habÃa costado conseguir, se desgastara por fricciones cotidianas, por lo que le prometió a Grace que no tendrÃa que preocuparse por nada, desde la crianza de los niños hasta las tareas del hogar.
Grace, sin saber que habÃa un propósito oculto detrás de esa promesa, se sentÃa como si hubiera encontrado un sólido aliado en su vida laboral.
Sin embargo, por otro lado, sentÃa que, como Leon resolvÃa todo por sà mismo, parecÃa que no era necesaria en la casa, y eso la hacÃa sentirse un poco sola.
A veces, quisiera que se preocupara un poco más.
Grace se sentó de repente sobre sus piernas y le preguntó:
—¿Nada raro pasó hoy?
Cuando su esposo siguió mirando el periódico y solo movió la cabeza en señal de negativa, Grace le quitó el periódico de las manos. Leon, momentáneamente sorprendido, sonrió tÃmidamente y, tras un momento, ofreció una respuesta más comprometida.
—Elliee fue invitada a la fiesta de cumpleaños de una amiga. Me dijo que será en una villa en Grapevine Island el mes que viene.
—Entonces tendremos que comprar el regalo por adelantado.
—Eso lo podemos decidir Elliee y yo.
Grace, mirando a su marido, notó que su expresión era exactamente igual a cuando Liv se habÃa enojado.
—Ah, Liv hoy dijo una palabra nueva.
'Mamá, papá, Ellie, ma, comer, guau, miau.'
Estas eran las únicas palabras que Liv sabÃa decir, pero su vocabulario seguÃa creciendo dÃa a dÃa.
—¿No te parece que últimamente habla mucho más?
Grace asintió con una sonrisa. Aunque en realidad, no estaba tan segura de qué habÃa crecido. Sin embargo, no lo dijo, porque temÃa que Leon respondiera algo como: 'No lo sabes porque no estás en casa'
Esa noche, en la mesa de la cena, Grace apenas pudo entender las palabras balbuceadas de Liv. Pero Leon parecÃa entenderlo todo y respondÃa como si estuviera hablando con un adulto, con una seriedad sorprendente.
—Apapa, odi odi maam.
—La pata está durmiendo ahora. Eso lo puedes comer tú, a la pata le daré pan mañana en el parque.
¿De verdad ese hombre entendió esas palabras? ¿Y qué, piensa que una niña de un año puede entender todo eso?
Sin embargo, Liv asintió con la cabeza y siguió comiendo su puré de manzana tranquilamente. Como si realmente lo entendiera.
—Ya deberÃa estar mejorando en sus primeros pasos.
—Eso es porque papá siempre la carga, por eso no puede caminar más.
Eso no puede ser. Tan pronto como termine con este proyecto de investigación, tengo que tomarme unas vacaciones para pasar tiempo con Liv.
Grace podÃa ver en los ojos de Leon que él habÃa notado su decisión. Claro, esa era la decisión que él habÃa estado sutilmente guiando.
¿Sabrá Grace que Leon aún no ha dejado sus viejos hábitos?
Ahora mismo, la mano que tenÃa en su muslo, que a primera vista podrÃa parecer una mano de caballero sujetando a una dama, en realidad era la mano de una bestia que luchaba contra el impulso de hundirse bajo la seda de su ropa y estrujarla. No podÃa arruinar la actitud indiferente que habÃa mantenido durante toda la cena.
La táctica de indiferencia siempre tiene un efecto impresionante. Al no prestarle atención, ella le quita el periódico, se sienta sobre sus piernas y, de manera descarada, busca su atención. ¿No es obvio?
Aunque alguna vez se sintió insegura cuando pensó que podrÃa no ser útil, Grace ya habÃa confesado que ahora no sentÃa esa ansiedad porque él estaba allÃ. SÃ, ahora ya no estarÃa insegura. Pero la sensación de estar apartada es otro asunto.
Leon estaba tocando ese punto con una destreza sutil y ligera. Si se comparaba con lo que él solÃa hacer en el pasado, esto no era más que un juego de niños, asà que, incluso si lo descubrÃa, no serÃa difÃcil que él recibiera el perdón de su 'diosa'.
Tal vez, incluso podrÃa sentirse compadecido por este pobre hombre que tuvo que recurrir a tales trucos.
¿Sabrá Grace? El hecho de que su esposo, que finge ser un hombre progresista que se queda en casa cuidando a los niños en lugar de tener una carrera como su esposa, en realidad sea un hombre conservador que quiere que ella deje su trabajo y se quede solo como madre y esposa.
Dejando de lado las obviedades, para ser más sincero, Leon querÃa que Grace fuera más su amante que su madre o esposa. La relación comenzó en medio del odio, aunque tuvieron hijos y se casaron, no querÃa renunciar a lo que habÃa dejado atrás.
Sin embargo, Grace probablemente pensaba que querÃa recuperar lo que habÃa perdido en su vida. Si se oponÃa, serÃa el mal esposo. Además, ¿no es cierto que cuanto más le dicen que no lo haga, más lo quiere hacer?
Al usar ese psicologÃa a su favor, Leon hacÃa que Grace no necesitara estar en casa, pero, cuanto más lo hacÃa, más pronto ella volvÃa a casa. Su deseo era ardiente, pero si fingÃa que su afecto era más bien tibio, entonces Grace, incluso sin que él lo pidiera, le preguntaba si querÃan 'salir a una cita'.
—Entonces, ¿qué fue eso de que le dijiste algo malo a Ellie?
Como era de esperar. Si no lo decÃa, ella lo preguntarÃa primero.
—¿Algo malo? Solo le dije la verdad.
—¿Qué le dijiste?
—Ellie le dijo a Liv que cuando mamá ya no la necesite, que me la devuelvan. Yo le dije que para entonces Ellie ya estarÃa grande y no necesitarÃa a mamá. Entonces, ella pensó que lo que querÃa decir era que yo me quedarÃa con mamá para mà solo.
Por supuesto, no era un malentendido. Esta competencia, con Grace como el trofeo, no era unilaterial de Ellie; era mutua.
Leon observó la expresión de Grace. Aunque cualquiera que lo oyera podrÃa encontrarlo tierno y reÃr, Grace no sonrió.
—Parece que Ellie todavÃa necesita más tiempo con mamá.
Clavó el comentario. Ahora, el tiempo que Grace pase en casa probablemente se alargará aún más.
—Me exilio al Nuevo Mundo. Me caso con Grace. Obtengo su amor. AsÃ, consigo una nueva vida como un hombre común.
Todo salió como él habÃa planeado, pero habÃa una cosa que no encajaba con su plan: nunca habÃa pensado en dejar a Grace tan libre como lo habÃa hecho.
¿Sabrá Grace que, cuando dice algo que lo hace reÃr, como si fuera algo liberador, en realidad, Leon no la está liberando, sino que la está atando?
Grace es una diosa.
La diosa atrapado en sus manos.
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