FELIZMENTE PSICÓTICA 105
—No tienes idea de lo que he pensado cada vez que te quedabas dormida.
—¡Hmm…!
—Ahora que lo pienso… nunca pude olvidar esto.
Los embates se volvieron más violentos. Él golpeaba con fuerza contra sus paredes hasta que, de pronto, la levantó por la cintura. Sus caderas se elevaron, separándose del colchón.
—Ah, ah…! Instructor…, espera…!
Seo-ryeong rodeó instintivamente sus piernas alrededor de su torso. Woo-shin, con las rodillas firmes, la atrajo bruscamente hacia sí y la empujó con rudeza.
Sus piernas se abrieron de manera obscena, y en ese espacio húmedo, su miembro, grueso y amenazante, se adhirió a ella. Quedaron completamente unidos.
—Ugh, ahí no…, no me gusta…, ahí…!
Su sexo penetró un lugar desconocido. Aunque solo había ajustado ligeramente el ángulo, ahora llegaba aún más profundo.
Su espalda se arqueó involuntariamente, y el sudor perló su frente. Con la cadera suspendida en el aire, no tenía control sobre la mitad inferior de su cuerpo.
—Ugh…!
Woo-shin no dijo nada, solo siguió embistiéndola con ferocidad. Cada vez que su carne la invadía sin piedad, su mente se fragmentaba en destellos blancos.
El sonido de los embates era obsceno. En el punto donde se unían, su carne ya estaba enrojecida y sensible.
—Haah…, ah…, espera…! ¡Ah! Mmm… ugh…!
En el clímax de un placer nunca antes sentido, Seo-ryeong retorció su cuerpo. Él golpeaba sin piedad su interior, presionando directamente ese punto sensible hasta que, finalmente, una ola gigantesca la arrastró al borde.
—…!
Un chorro delgado brotó de ella. Su entrada palpitaba como si tuviera vida propia, abriéndose y cerrándose convulsivamente.
—Ugh… hmm… ugh…
Todo pensamiento racional se esfumó como la marea, y su cuerpo tembló como en un espasmo.
Esto era dolor. El interior de sus párpados se tiñó de rojo, y por un momento, sus oídos dejaron de escuchar.
Si seguía así, pronto perdería el conocimiento… Pero Woo-shin no parecía dispuesto a permitírselo, porque hundió su rostro entre sus piernas de nuevo.
—¡Ah…! Basta…, para ya…
—Recupérate. Al fin y al cabo, tú empezaste esto.
—…...
—Déjame sentir que estás viva.
—No… hmm…
—Es algo que hacemos juntos, ¿no?
Mientras separaba sus muslos, habló con voz ronca. Ser estimulada de nuevo justo después del clímax era una tortura.
Era cierto que quería sentirse viva, pero… ¿era necesario someterla así? La punta redondeada y gruesa comenzó a abrirse paso dentro de ella.
En su mente vacía, por un instante, Woo-shin pareció instalarse allí. Seo-ryeong maldijo entre dientes, repitiendo obscenidades que solo había usado en el campo de entrenamiento, y cerró los ojos.
—Ah… maldita… sea…
El hombre separó sus paredes, temblorosas y ardientes, y se hundió en ella con determinación. Parecía decidido a seguir empujando hasta que su cuerpo en llamas se consumiera por completo.
En ese momento, entendió por qué le habían dado a Woo-shin un inhibidor en lugar de un afrodisíaco. Con un tipo como él, habría sido mejor darle dos o tres dosis. Seo-ryeong jadeó en silencio, parpadeando con dificultad.
Pronto, su miembro comenzó a moverse a un ritmo despiadado. Aunque ya casi no sentía la mitad inferior de su cuerpo, el calor de la fricción en su entrada abierta era inconfundible.
Los sonidos húmedos y profundos resonaron en la habitación. Era una copulación brutal.
—Haah… ugh… hmm…
—Él retiró su miembro casi por completo, solo para hundirlo de nuevo con un solo movimiento brusco. Cada vez que la penetración alcanzaba su punto más profundo, sacudía deliberadamente sus caderas o agitaba el cuerpo de Seo-ryeong, provocando que ella arquease la espalda con un gemido ahogado, la boca entreabierta y jadeante.
—¿Te duele?
La pregunta era una burla. Aunque sus palabras fingían preocupación, la tensión en sus brazos musculares delataba que no tenía intención de detenerse. Era cruel, innecesario.
Como si lo hubiera planeado, presionó el glande contra su punto más sensible y embistió con fuerza.
—…!
Un dolor ardiente hizo que sus paredes se contrajeran violentamente. Aunque ya había llegado al clímax, su clítoris, hinchado y sensible, palpitaba como si estuviera al borde de otra explosión. La visión de Seo-ryeong se nubló una vez más, perdida en la sobrecarga de sensaciones.
—¡Ugh…! ¡Hnngh…!
Él apretó sus nalgas, ya ardientes, y hundió su miembro una y otra vez, buscando cada rincón sensible hasta alcanzar lo más profundo de ella. En ese instante, Seo-ryeong sintió cómo su carne palpitante se hinchaba al máximo dentro de su cuerpo.
Algo caliente se derramó en su interior, seguido de un crujido sordo del colchón. Woo-shin enterró el rostro en su cuello, conteniendo la respiración. Diez segundos… veinte… antes de jalarla con desesperación.
—…...
Fue su segunda vez. Y aun así, su erección no cedía, manteniéndola atrapada. Él siguió moviéndose dentro de ella, revuelto en su interior ya blando y sobrestimulado, derramándose una y otra vez.
—Huuuh…...
Un suspiro largo y satisfecho escapó de sus labios. Finalmente, el condón, ahora turbio, se deslizó fuera de ella, y sus cuerpos se separaron, solo para volver a entrelazarse después.
En el desorden de sus posturas, sus rostros quedaron peligrosamente cerca, al punto de que sus frentes casi se tocaban. Sus labios estaban a un suspiro de distancia, tentadores.
—¿Qué vamos a hacer, instructora? Yo ya estoy listo de nuevo.
¡¿Qué…?! Seo-ryeong quiso gritarle que estaba loco, pero antes de que pudiera protestar, sus bocas se unieron otra vez. Su lengua invadió su boca con una familiaridad irritante, y ella, casi por reflejo, la atrapó entre sus labios.
—Haaah…...
Cualquier quejido que hubiera podido escapar fue devorado por él. Woo-shin exploró cada rincón de su boca, desde el paladar hasta la garganta, con una lentitud tortuosa que le hizo retorcerse. Su vientre se tensó de nuevo.
Ah… La cabeza de Seo-ryeong se nubló. El roce implacable había dejado su boca caliente, casi adormecida. Cerró los ojos con fuerza.
Este día es demasiado largo.
Demasiado agotador. Demasiado doloroso.
Rasg.
El sonido de otro condón siendo abierto.
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Más adelante…
Había perdido el conocimiento, ¿no?
Recordaba vagamente brazos fuertes levantándola, el sonido del agua corriendo, el calor de una bañera llenándose. Manos cuidadosas lavando su cabello, aliviando poco a poco la tensión en su frente y cuero cabelludo.
Pero incluso entonces, sus pechos habían sido apretados, su cuerpo explorado una y otra vez. Después de que sus pezones, ya doloridos, fueran succionados hasta dejarlos sensibles, creyó que por fin la llevarían de vuelta a la cama para descansar…
Solo para despertar de golpe frente a la puerta de Kim Hyun, tambaleándose, con la nuca palpitando.
—Ugh… nngh…!
—Algo duro y caliente se clavó en ella de un solo golpe. La presión era tan intensa que ambos dejaron escapar gemidos al unísono. Sus cuerpos chocaban contra la puerta con tal fuerza que parecía que cediera.
Seo-ryeong lo miró con ojos vidriosos, exhausta, mientras él seguía empujando como un poseso, una y otra vez, sin mostrar señales de cansancio.
—Basta… Por favor, basta ya…
Woo-shin, obstinado, la penetraba justo frente a la habitación de Kim Hyun, ajustando su agarre en sus muslos para clavar su miembro más profundo. Sus cuerpos sudorosos se entrelazaban como uno solo, sus pechos sacudiéndose con cada embestida.
—¿Cómo se siente hacer esto frente a la puerta de tu marido?
Ella intentó golpearlo con un puño débil, pero ni se inmutó. En cambio, aceleró el ritmo, haciendo que la puerta temblara con cada ¡pah! ¡pah! de sus caderas contra ella.
—Imagínate que él está ahí, mirándonos.
—¡Ugh…!
Al escuchar eso, sus paredes se apretaron involuntariamente, Woo-shin soltó una risa burlona contra su cuello. El sonido húmedo de sus cuerpos rompió el silencio del amanecer.
Había perdido la cuenta de cuántas veces él la había tomado ya, pero cada embestida era tan intensa como la primera. De pronto, introdujo dos dedos en su boca, empapándolos de saliva, antes de llevárselos a sus pezones y torturarlos con movimientos expertos.
—Kim Hyun estaría furioso si te viera así, ¿no? Al fin y al cabo, eres su esposa… la misma que ahora gime y suplica por otra verga. Joder… Apuesto a que ni él te ha visto con esta cara de zorra desesperada.
—Hah… ngh…
—Llevo años queriendo verte así. Desvergonzada, perdida… jodidamente rota para mí.
—¡Ah…! ¡Hah…!
Cada vez que levantaba sus caderas, un nuevo gemido escapaba de sus labios. Seo-ryeong, sin fuerzas, dejó caer su cabeza sobre su hombro. La respiración se le cortaba, la visión nublada.
—Cada vez que agarres esa maldita lupa… te voy a follar hasta que no puedas caminar
—Ngh…
—Mañana vendré a verte de nuevo.
—¡No…!
Ella negó frenéticamente la cabeza, pero él ya estaba hundiéndose de nuevo, arrasando sus paredes sensibles.
—¡Hahk…!
Woo-shin selló sus labios contra su frente mientras seguía moviéndose sin piedad. El lugar donde se unían estaba tan saturado que cada sonido era obsceno. Seo-ryeong tembló, al borde del colapso.
—Haaah…
Incluso después de venir, él siguió frotándose contra ella, lamiendo su lóbulo de la oreja con deliberada lentitud. Con la mente en blanco, Seo-ryeong hizo una promesa entre jadeos:
La próxima vez… aunque me muera de frustración… lo resolveré sola.
Y esa maldita lupa… lo tiraré a la basura.
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