DAUTYH 219










Domé a un Tirano y Huí  219

SIDE STORY - 80




Era un alivio que al menos parte de la cordura de Charlize hubiera regresado, pero tarde o temprano llegaría el momento en que recuperaría por completo la consciencia y lo comprendería todo.

Charlize, quien incluso después de ingerir el <Fragmento de Ehirit> y convertirse en Keira no había sido tan corrompida como para albergar a un dios maligno, era dueña de una fuerza mental incomparable. Sin duda, llegaría a dominar y superar el abismo sin necesidad de la influencia de Dylan.

.......Aunque ni siquiera Dylan podía predecir cuándo ocurriría eso.

‘Quizás no estaría mal que tardara un poco más.’

La mirada de Charlize, que lo veía como un salvador, era ciega de devoción.

Siempre he sido yo quien la miraba así... Frente a esta inversión de roles, Dylan sintió una extraña mezcla de emociones. Para su sorpresa, no le desagradaba.


—Duerma, Charlize. Lleva quince días despierta; debe estar agotada.

—Ah......


Como si solo hubiera estado esperando su permiso, Charlize cayó inconsciente al instante. Dylan la atrapó con firmeza antes de que tocara el suelo.


—......


Era un cuerpo frágil y pequeño, casi insignificante comparado con el del tirano.

Había dado todo de sí durante esas dos semanas para no lastimarla, y ahora veía que el esfuerzo había valido la pena.

Con solo mirar su rostro dormido, ya me excito... Qué problema.

Enterró el rostro en su nuca y cerró los ojos un momento. Aunque Charlize estaba sudorosa, su aroma era intenso, y eso solo lo complació más. La sangre de Dylan ya la había teñido de rojo.

La abrazó con fuerza, sin dejar el más mínimo espacio entre ellos.

Su agarre, difícil de controlar, se volvió cada vez más violento. Los tendones de sus brazos se marcaban bajo la piel.

Él tampoco había comido ni dormido en quince días, pero ahora se sentía saciado.

Charlize era su única divinidad. Aunque sus graves heridas requerían atención inmediata, quería disfrutar un poco más de este calor.

Un calor que podía esfumarse en cualquier momento.

La causalidad es caprichosa... Esta vez también estuve a punto de perderla de la manera más absurda.

Una sonrisa fría se dibujó en sus labios mientras alzaba la mirada, todavía teñida de locura.

Salió de la sala de parto cargando a Charlize en brazos. El aire invernal era gélido, pero a él no le importó.


—Su Majestad.


Como había ordenado cerrar la sala y apostar guardias de Lafeyak, no hubo voces alarmistas que molestaran sus oídos.

V, pálido tras haber interceptado todas las noticias externas, cayó de rodillas al ver a Dylan.

Charlize estaba en sus brazos. Ningún mortal puede atreverse a mirar.

Los Lafeyak que aguardaban se postraron al instante, golpeando sus frentes contra el suelo.


—Preparen agua tibia. Yo mismo la bañaré.

—Como ordene.


Ni siquiera las sirvientas volverían a tocar el cuerpo de Charlize.

Los Lafeyak obedecieron de inmediato.
















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















Dylan bañó con esmero a Charlize dormida y la acostó en la cama.

Tras lavar todo rastro de sangre y vestir una camisa blanca, el Emperador —por fuera— proyectaba una frescura que contrastaba grotescamente con la locura que albergaba dentro.

Era la primera vez en mucho tiempo que pisaba su dormitorio.

Sobre las sábanas impecables, recogió con delicadeza los cabellos desordenados de Charlize y les imprimió un beso ceremonioso.

Desde que abandonaron la sala de partos, las sirvientas habían estado al borde del pánico.

Aunque todas tenían urgentes informes que dar, nadie se atrevía a dirigirle la palabra.

Quince días atrás, montañas de cadáveres —médicos y criados— habían salido de esa misma sala. Ni siquiera podían preguntar qué había ocurrido durante ese vacío de información.

Los Laféyak que custodiaban a la pareja imperial inspiraban terror, pero lo que realmente las paralizaba era lo evidente: en el mundo de Dylan, solo existía Charlize ahora. El instinto les advertía que despertarla equivaldría a desenvainar su ira.

Dylan, siendo un genio, ya intuía la situación exterior.

El Caos no habría cesado sus ataques para destruir el Imperio. Pero como tirano criado precisamente para provocar esa destrucción, la ironía no le movía un ápice.

‘Debo guiar a Charlize para que elimine a Dietrich ella misma.’

Había diseñado meticulosamente cada conflicto y solución que ella enfrentaría: crisis menores para sumergirla, resolverlas, luego amenazas mayores, superarlas...

Le preparé juguetes para que no se aburra.

Los niveles de dificultad estaban calibrados: incluso con su mente nublada, Charlize podría resolverlos.

‘Aunque desde que ingirió el Fragmento de Ehirit, parece haber perdido interés incluso en la venganza.’

En realidad, ya vislumbraba cómo devolverle la cordura.

Su hija —destinada a nacer como la Santa— había sido profetizada por Ehirit desde hacía una década.

¿No vio Dylan mismo la ‘mariposa escarlata’ de la Santa en sus sueños premonitorios?

‘Con su nacimiento, el sello del antiguo templo bajo la Capital Sagrada se habrá roto. Si Charlize supera la prueba final allí y obtiene la Espada Sagrada, tendrá el arma para aniquilar a Dietrich. Para entonces, habrá aprendido a controlar el instinto asesino del Fragmento.’

Cuando Charlize recuperara la razón, sería completamente libre de Dylan. Para ese momento, debía haber sentado las bases que justificaran —o al menos toleraran— la violencia del Emperador.

En su mente, recreó el campo de batalla. Calculó posiciones, evaluó aliados y enemigos con frialdad.

No necesitaba informes: para él, los seres con libre albedrío eran meras piezas de ajedrez.

Según sus estimaciones, el Imperio aguantaría cinco días más, rozando el colapso.

‘Será más dramático si dejamos que Charlize aparezca en el clímax.’

Así que podía dormir todo lo que necesitara.

Que blanda su espada y acumule glorias. Que Charlize —como siempre— acapare toda la admiración.

¿No es cuando empuña la espada que más brilla?

Dylan solo deseaba que, aunque fuera brevemente, aquel vacío eterno en su corazón se llenara al saborear la vida de nuevo.














⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















—¡Estamos al límite!

—¡La puerta no aguantará más!


Llevaban tres días resistiendo el asedio.

Los no-muertos acorazados eran aún más absurdos en persona que en los registros visuales.

Y había un factor adicional:

Rerheten.

Una bestia del tamaño de dos elefantes del desierto, con un cuerno de acero en la frente que embestía las murallas como un rinoceronte poseído. Cada embestida resquebrajaba poco a poco las barreras mágicas que alguna vez fueron inquebrantables.

El bando defensor debería tener ventaja, pero con las líneas de suministro cortadas, esa ventaja se había convertido en desventaja. Era imposible generar recursos de la nada dentro de las murallas.

Aunque recibían provisiones a través de portales mágicos, la cantidad era insuficiente; otras fortalezas también clamaban por ayuda.


—Ya no nos quedan flechas.


Como era de esperar del recurso más efímero en la guerra, ahora empujaban a los no-muertos que escalaban con lanzas, y cuando eso fallaba, los acuchillaban con espadas.

Los enemigos, sin miedo a la muerte, carecían incluso de emociones, solo impulsados por una ferocidad inquebrantable.

Los caballeros y soldados, malnutridos por las raciones reducidas, no rendían al máximo.

Entre repeler a los no-muertos que trepaban por las escaleras y arrojar rocas a los que golpeaban las puertas, la resistencia se volvía cada vez más desesperada.


—Así seremos aniquilados.


Kahu finalmente lo comprendió.

Incluso si dar la orden de retirada significara enfrentar una corte marcial después, quizás era la única forma de salvar vidas.


—¡Comandante! ¡Necesitamos órdenes!


Un caballero, sangrando levemente, gritó hacia Kahu con voz desesperada.


—¿No hay refuerzos? ¡Comandante!


Los Laféyak estaban dispersos defendiendo otras fortalezas, el ejército, dividido. El enemigo también se había fragmentado, y nadie parecía tener recursos para enviar ayuda.

Kahu ya había pedido auxilio, pero no hubo respuesta.




Creak.




Entonces, un sonido ominoso resonó: la puerta comenzaba a agrietarse.

Esta fortaleza es un punto estratégico. No podemos perderla.

Pero también pensó:

Si la puerta cede, estamos perdidos.

La misma idea cruzó los rostros de todos los soldados.

El Rerheten no moría fácilmente.

Y si esa bestia entraba, ¿qué sería de los civiles evacuados en el interior?


—¡Al menos dé la orden de retirada, comandante!


Un estratega gritó entre una lluvia de flechas incendiarias y explosiones mágicas.

Kahu sintió un vértigo momentáneo. Era la desesperación en su punto más álgido.

Justo cuando sus labios se entreabrían para hablar, algo llamó su atención en la distancia.

…¿El estandarte imperial?

Un corcel galopaba hacia ellos. Uno que él reconocía: el caballo que la Emperatriz solía montar desde sus días como sacerdotisa.

Los ojos de Kahu se dilataron. Uno a uno, los caballeros en las murallas comenzaron a cambiar de expresión.

A medida que se acercaba, el rostro de la jinete se hizo claro.

Si había una persona capaz de alterar el curso de la batalla con su sola presencia, era ella.


—Un momento… ¡No puede ser!


Los caballeros murmuraron entre sí.

El cabello rubio cenizo ondeando fresco incluso en el viento áspero.

La belleza juvenil única de quienes han alcanzado la maestría.

Ojos índigo que atrapaban la mirada, brillantes como el cosmos, cargados de una frialdad que helaba la sangre.

Ni el más espléndido de los vestidos imperiales podría opacar el fervor que comenzó a extenderse entre los soldados.

Y en su mano: una espada.

Era Charlize.

Asure: Chiques seguidores de la novela, a partir de ahora hasta el 227, los capítulos se subirán cada 15 o 30 días (depende de Kakao), ya que los últimos 10 capítulos de cualquier novela, por ser de lengua extranjera, lo postergan bajo ese periodo de tiempo (a no ser que tengas un contacto coreano, te de su cuenta y puedas sacar los capítulos como si nada)


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