MDSDCS 38




Mi deseo son dos camas separadas 38

Dos Hombres (13)



Traducción Coreano-Español: Asure


¡Crack!


¡Aaargh!


La magia dorada disparada por el revólver atravesó su hombro. Al mismo tiempo, la energía dorada se transformó en cadenas brillantes que inmovilizaron sus manos, pies y boca.  


Ugh… Guh…..


Sus ojos de color oliva se inyectaron de sangre. Se retorcía de dolor extremo, pero su boca sellada le impedía siquiera gritar con fuerza.  

No pasó mucho tiempo antes de que su cuerpo se desplomara, con el hombro empapado en sangre.  

Los Dianos y Groburns también aullaron cuando la magia dorada hurgó brutalmente en sus heridas, hasta que, con un último estertor, cayeron muertos.  

Sin embargo, esta vez las bestias demoníacas no desaparecieron.  



Clank.



El anillo y el revólver cayeron de las manos de Julia.  

Pero la magia no se disipó. En lugar de eso, la energía mágica la rodeó con júbilo, como si fuera un pez encontrando el agua, centelleando a su alrededor con entusiasmo. Como si estuviera feliz de volver a verla después de tanto tiempo.  


……  


Su cuerpo entero palpitaba con poder, una euforia inexplicable la invadió.  

Julia miró fijamente los cuerpos inertes de Kiara y las bestias demoníacas, luego bajó la vista hacia sus propias manos.  

Había deseado que esa magia desapareciera. Y sin embargo, al final, fue la misma magia la que la salvó en el último momento.  


…Haa.


Aun así, al menos todo se había resuelto en secreto. Cuando la Orden de Caballeros llegara más tarde, ella podría fingir que no sabía nada.  

Para cualquiera que lo viera, la escena retrataría a una traidora fugitiva intentando vengarse de la reina. Además, Kiara ya había estado involucrada con las bestias demoníacas en dos ocasiones, por lo que todas las sospechas recaerían sobre ella.  


Debo limpiar esto rápido.


Lo primero era eliminar cualquier evidencia de que había usado magia. Luego, cuando llegaran los caballeros, testificaría sobre lo ocurrido y exigiría la captura inmediata de cualquier cómplice.  

Julia dejó escapar un suspiro reprimido y cayó de rodillas.  

El revólver, aunque no había sido utilizado para su propósito original, había cumplido bien su función… a costa de romperse por completo.  

Esbozando una leve sonrisa, extendió la mano para recoger el anillo primero. Pero entonces.



¡Whoosh!



En el momento en que sus dedos rozaron el anillo, la magia dentro de su cuerpo reaccionó violentamente, como si estuviera furiosa.  

Julia jadeó, sorprendida por la repentina sacudida en su pecho, y luego volvió a acercarse con cautela al anillo.  



¡Hah!



Clink.




El anillo fue rechazado por la energía dorada. Una clara señal de repulsión.

Julia comprendió instintivamente que la magia dentro de ella no solo había crecido en poder durante los últimos doce años, sino que también había desarrollado una conciencia propia.

Cuando era niña, su poder a veces se desbordaba y era difícil de controlar, pero siempre respondía a su voluntad. Sin embargo, después de haber sido reprimido por el anillo durante tanto tiempo, ahora parecía que la magia ya no se alineaba completamente con ella.


No puede ser.....


Si no se ponía el anillo, su magia quedaría expuesta. Y si alguien se daba cuenta de que poseía tal poder, sería arrastrada de inmediato a la Torre de Magia.



Woooong



Era como si estuviera luchando contra una tormenta con su propio cuerpo desnudo. Con manos temblorosas, Julia logró agarrar el anillo y, soportando una sensación punzante como un rayo recorriendo su sistema nervioso, empezó a ponérselo en el dedo.  



¡Ugh!



¡Flash! 


Justo cuando el aro del anillo estaba a punto de deslizarse por su dedo, una poderosa energía dorada estalló como una tempestad, arrasando con todo a su alrededor.  



¡Crack! ¡Crash!



Los cristales del invernadero se resquebrajaron y, poco a poco, las finas ventanas comenzaron a romperse.  

La magia dorada que se había liberado parecía clamar con desesperación que no quería ser contenida nuevamente. Transformándose en un gigantesco torbellino, formó una prisión alrededor de Julia, atrapándola en su interior.  


—¡No!


[Rodó, rodó]

El anillo rodó fuera del torbellino de luz, quedando justo al alcance de su mano.  

Pero la obstinada energía dorada no tenía intención de dejar salir a su dueña. Inteligente y calculadora, había sellado completamente la jaula, cerrándola incluso por encima de su cabeza.  

Julia se puso en pie de un salto y comenzó a golpear con desesperación el remolino que la tenía cautiva.  



¡Bang, bang!



—¡No hagas esto!  


Ahora que Diano había muerto, el bloqueo que silenciaba el sonido se había desvanecido. Afuera, los caballeros pronto notarían lo que estaba ocurriendo y empezarían a correr en su dirección.

Si no se ponía el anillo de inmediato, descubrirían que toda esa magia le pertenecía.




Ziiiiing…




Sin embargo, al golpear el torbellino de energía dorada, una onda de choque recorrió su cuerpo y, en un giro irónico, la sacudida le fue devuelta con aún más fuerza.  

Julia jadeó, tambaleándose. Dentro de su cuerpo, la magia que todavía respondía a su voluntad se enfrentaba ferozmente a la parte de su poder que se rebelaba contra ella. Un conflicto interno estaba desgarrándola desde adentro.


—¡Por allí!  

—¡Está saliendo una luz extraña del invernadero!


Desde el exterior del torbellino, las voces de los caballeros retumbaron con urgencia.

Julia pudo ver las antorchas iluminando la entrada del jardín.

Su rostro palideció por completo y, aterrada, golpeó con más fuerza la barrera de luz. No tardarían en llegar hasta el invernadero.

No quedaba tiempo.

'Por favor, por favor…'

Con cada golpe contra el torbellino, la energía mágica se agitaba con mayor violencia, causando que su rostro se tornara aún más pálido.

Un mareo la invadió, mientras la magia en su interior y la de afuera se atraían como imanes, solo para repelerse de inmediato con una furia incontrolable.

Intentó dejar de golpear y, en su lugar, intentó calmar la energía, dominarla con su voluntad. Pero ni siquiera su fuerza mental fue suficiente. Cuanto más intentaba controlarla, más feroz y salvaje se volvía.


—Ah…


Al final, una presión abrumadora la golpeó en la cabeza, como si algo la aplastara sin piedad.

Julia, que seguía golpeando con desesperación el torbellino, dejó escapar un débil gemido y se desplomó, jadeante.

Por un instante, su visión se tornó borrosa, y un zumbido ensordecedor inundó sus oídos. Su cuerpo entero se estremeció como si sus sentidos estuvieran siendo anulados por completo.

'¿Es esto… un efecto secundario…?'

La fiebre desconocida que Killian sufrió hace 12 años.  

Las secuelas de haber reprimido su poder a la fuerza.  

Julia sintió cómo su cuerpo finalmente comenzaba a enfriarse, tambaleándose.  

Entonces, ¿debía simplemente dejar que la magia la devorara y esperar a estabilizarse? ¿Pasar dos años postrada en cama? ¿Y si no despertaba en mucho más tiempo? ¿Y si al despertar se encontraba en la Torre de Magia?  

Se aferró con todas sus fuerzas a su menguante consciencia.  

No. No podía rendirse aquí. Los caballeros aún no habían llegado.  

'Tengo que absorber la magia antes de que sea demasiado tarde...' 


—¡Su Majestad! ¿Dónde está?  


Entre respiraciones agitadas, una voz ansiosa se filtró débilmente en su conciencia.  

Con la vista borrosa, Julia miró más allá del torbellino dorado. Entre los árboles, desde un camino distinto al de los caballeros, un destello de cabello plateado apareció, corriendo hacia ella.  


—¡Su Majestad!  


Era Killian.  


—O, hermano…


Era la única persona que podía ayudarla.  

'Menos mal…'

Julia pensó vagamente, extendiendo su temblorosa mano.

Killian, al ver el enorme torbellino dorado que la aprisionaba, comprendió la situación en un instante. Con el rostro desencajado, miró apresuradamente hacia atrás y vio la hilera de antorchas que se acercaba, iluminando el seto del jardín.

Sin perder más tiempo, recogió el anillo del suelo e intentó atravesar el torbellino para ponérselo en el dedo a Julia.



¡Chap!



—¡Ah…!


Antes de que pudiera siquiera tocarla, la manga de su ropa se redujo a cenizas.

Julia, aturdida, también quedó impactada.

La magia dorada no hacía daño a su dueña, pero no mostraba la misma piedad con los demás.

Killian se quedó paralizado, con los ojos muy abiertos. Julia, viendo las antorchas acercarse cada vez más, susurró desesperadamente:


—Her… mano… El anillo… lo necesito…

—¡Su Majestad!


Él era el único que podía ayudarla en ese momento.

Con lágrimas brotando en sus ojos color amatista, Julia extendió la mano con una súplica desesperada.

No podía atravesar el torbellino, pero su gesto era inequívoco: estaba pidiendo ayuda.


—El anillo.....


Si alguien intentaba meter la mano dentro del torbellino, sufriría quemaduras como le pasó a su ropa. En el peor de los casos, perdería la mano.

Y lo peor sería que, si su magia y la de Killian entraban en conflicto, él también podría verse arrastrado al caos.

Mientras hablaba, Julia se dio cuenta de esto. Y por la expresión tensa de Killian, entendió que él también lo había comprendido.

Era natural. Todo el mundo tiene algo que quiere proteger.


—…Por favor…


Lo entendía, sabía que estaba siendo egoísta. Pero aún así, le suplicó.

Tal como Killian tenía algo que quería proteger, ella también.

No quería perder su hogar ni a su familia. No quería ser expulsada otra vez, como cuando dejó Ametrine. No quería tener que huir de Semele de la misma manera.

No quería abandonar el castillo en el que había construido todo lo que tenía hasta ahora.


—…...


Con una expresión de profundo tormento, Killian vaciló, su mano temblando frente al torbellino.

Las antorchas seguían acercándose.

Pero la mano que solía ser cálida y amable no se movía hacia ella.

La magia que la consumía poco a poco hacía que su cuerpo se sintiera entumecido.


—…Ah.


Una desesperación absoluta la envolvió.

¿Tendría que huir otra vez?

No lo quería. Nunca lo quiso. ¿Por qué su vida tenía que dar otro vuelco así?

Marcharse una vez ya había sido suficiente.

Había intentado echar raíces en su nuevo hogar, apenas había llegado a la adultez.

Entonces, ¿por qué?

¿Por qué el destino era tan cruel con ella?

Su rostro se enfrió. Una lágrima caliente cayó por su mejilla.


—¡Julia!


El sonido de pasos apresurados resonó con furia, la voz de Endymion desgarró la barrera.

Aturdida, Julia parpadeó. Un cabello negro azabache se acercó a toda velocidad.


—…!


Killian, paralizado, aún sostenía el anillo con un rostro pálido.

Julia, recostada contra el torbellino, dejó caer su mano.

Endymion, con una mirada helada, comprendió todo de inmediato.




¡Bang! 




Sin dudarlo, Endymion arrebató el anillo de la mano de Killian.

Este, empujado hacia atrás, quedó en shock al darse cuenta de lo que acababa de hacer.


—¡Yo… su alteza! ¡Yo…!

—Retrocede antes de que te mate.


Si Killian hubiera sido un mago, la historia sería distinta. Pero para alguien sin magia, intentar atravesar la barrera significaba la muerte instantánea.

Con la mente nublada, Julia sacudió la cabeza una y otra vez.

Pero los ojos de Endymion, de un azul profundo como el océano, no titubearon ni un solo instante mientras le extendía la mano.


—Dámela.

—No…




¡Chap!



A pesar de la resistencia de la barrera, su fuerte brazo la atravesó.

Con una firmeza inquebrantable, tomó su mano.

Un leve olor a carne quemada flotó en el aire.

Pero en un solo movimiento, el anillo fue colocado en su dedo anular.




¡Fwoosh!




La magia dorada desapareció como si nunca hubiera existido.

El aire nocturno, fresco y sereno, los envolvió.

Casi al mismo tiempo, los caballeros con antorchas irrumpieron en el lugar.


—¡Ahí está!

—¿Su Majestad? ¿Su Alteza?!




¡Thud!




Ambos cuerpos colapsaron al mismo tiempo.

Killian, con un rostro pálido como la cera, corrió para sostener a Julia.


—¡Su Majestad…!


En su visión borrosa, Julia vio a Endymion derrumbarse.

Los caballeros, alarmados, se apresuraron a sostenerlo.

Pero el cuerpo fuerte e imponente, que siempre se había levantado por sí solo, esta vez no pudo hacerlo.

Sus ojos, tan azules como el mar, se cerraron en un sueño profundo.




¡Flash!




Detrás de Endymion, una luz blanca emergió.

Y, sorprendentemente, de su interior apareció un hombre.

Su rostro, con una expresión algo torpe, le resultaba familiar.

'Mion…'

Con ese último pensamiento, Julia perdió la conciencia.

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