Reina de las Sombras 187
Guerra total (7)
Mel se disfrazó de vendedor de caballos. Llevaba más de una década usándolo, asà que pudo infiltrarse sin que nadie sospechara.
Desde que se convirtió en miembro de Majesti, Mel siempre habÃa soportado esta molestia. Cuando se encontraba con el vizconde Spencer, se disfrazaba de varias personalidades o se ponÃa en contacto con él en secreto por la noche. Era el destino de un agente de inteligencia que opera en la oscuridad.
"¿Te has enterado? El vizconde está algo herido"
"Lo he oÃdo, pero ¿es cierto?"
"Lynn se sorprendió al verlo antes. Dijo que estaba fuera de sÃ"
"Oh, Dios mÃo. Me alegro de que el Vizconde esté de vuelta. ¿Y si está enfermo?"
La expresión de Mel se ensombreció mientras cepillaba el rastrillo del caballo y escuchaba la conversación de las criadas. HabÃa una extraña charla entre las que presenciaban al vizconde Spencer. Dicen que es ancho, que está fuera de sÃ, que repite lo mismo como un loro. Las malas historias sobre el vizconde Spencer ponÃan a Mel nervioso e impaciente.
'Necesito ver al Vizconde pronto'
Se adelantó a su mente, pero no fue fácil conocer al Vizconde Spencer en persona. Por alguna razón, los caballeros se turnaban para vigilar el dormitorio y el despacho del vizconde Spencer. El problema era que eran los caballeros que seguÃan al subjefe reclutado por el Gran Duque. En otras palabras, era correcto decir que el Gran Duque, que tomaba el control del interior de la mansión, vigilaba al vizconde Spencer.
Mel permaneció en la mansión durante tres dÃas, en busca de una oportunidad. Identificó los movimientos y los horarios de los turnos de los miembros de los caballeros y estableció un plan de infiltración óptimo.
Al cuarto dÃa, se infiltró con éxito en el dormitorio del vizconde Spencer.
"Mi señor, es Mel"
El vizconde Spencer estaba sentado en una silla de oficina mirando por la ventana. Pensó que se habrÃa quedado dormido, ya que era tarde, pero fue inesperado.
"DeberÃa haber venido antes, pero siento llegar demasiado tarde"
Mel le hirvió las rodillas sentándose de espaldas y apoyando la cabeza en el suelo. HabÃan pasado varios dÃas desde que el vizconde Spencer volvió con su familia, y se habÃa disculpado por su incompetencia que sólo ha llegado ahora.
"Pero tengo buenas noticias para ti. *El PrÃncipe Ren está vivo"
Informó Mel con un tono de voz exasperado. El plan del Gran Duque de devorar a la familia Bastache utilizando que Ren está vivo era tan bueno como cruzar el agua.
"Ren... Ren, Ren"
En contra de las expectativas de que se alegrara, el vizconde Spencer murmuró repetidamente el nombre de Ren.
"Ren está muerto. Ren no está en el mundo"
"¿Mi señor?"
Los ojos de Mel temblaron violentamente. Sintió que algo no estaba bien en el comportamiento del vizconde Spencer. Mel, que se levantó, se acercó lentamente a Spencer y le dio la vuelta a la silla.
Mel se asustó al ver al vizconde Spencer sentado en la silla como un muñeco. Sus pupilas, que estaban desenfocadas, y su cara desenfocada, parecÃan vivas pero no podÃan considerarse vivas.
"Ren está muerto. Ren está muerto..."
El vizconde Spencer decÃa lo mismo como un loro con la cara vacÃa. Mel se tomó la libertad de sacudirlo para que se despertara, pero no fue suficiente.
"Ren está muerto. No hay sucesor. El Gran Duque Friedrich dirige la familia. Yo ofrezco la familia Bastache"
"Mi señor"
Mel se mordió los labios con fuerza y cerró los ojos con fuerza. Ver a su señor, al que el Gran Duque le habÃa lavado el cerebro, era en sà mismo un dolor para él y una inconformidad que le hacÃa llorar.
El vizconde Spencer estaba en las peores condiciones. Su cuerpo estaba flaco, y sus ojos rojos e inyectados en sangre hacÃan suponer que no habÃa podido dormir durante varios dÃas y que permanecÃa despierto. En este estado, no era nada extraño que dejara de respirar.
"Porque no soy lo suficientemente bueno, hice a mi señor asÃ. Por este pecado, después de que la venganza haya terminado, iré a ver a mi señor y lo tomaré con dulzura. Perdóname por estar vivo hasta entonces"
Mel estampó su cabeza en el suelo con culpa. Lágrimas calientes rodaron por sus ojos. Era deplorable que hubiera hecho ver asà a un hombre que tenÃa la capacidad de marcar la historia del imperio como jefe de la aristocracia emergente en un instante.
"Al Gran Duque Friedrich, la familia Bastache..."
***
"¿Cómo te sientes? ¿No es incómodo moverse? ¿Qué pasa con la memoria borrosa o algo as�"
Elena preguntó insistentemente sobre la salud de Ren. Recientemente, ha mejorado hasta el punto de poder moverse solo con una rápida mejorÃa, pero las secuelas no podÃan ser ignoradas ya que ha estado inconsciente durante mucho tiempo.
Elena lo tenÃa presente y, aunque trabajaba en la peluquerÃa, visitaba a Ren cuando tenÃa tiempo para ocuparse de su salud.
"Creo que sà y no lo creo"
"No digas cosas raras. ¿No tienes mareos?"
"Como puedes ver, estoy bien"
Ren se dedicó a la rehabilitación en el salón del último piso del anexo. Como se sabe que Ren está muerto, fue para evitar la exposición externa.
"Entonces es suficiente. Te he dicho que prestes especial atención a tu comida, asà que no te la saltes y cómetela toda. Sabes lo que estoy diciendo, ¿verdad?"
"Elena"
"¿Por qué me llamas?"
Ren llamó a Elena para que participara en el próximo debate.
"Tu fastidio es adictivo"
"Qué"
Elena se rió en vano sin darse cuenta de que era ridÃculo. En esta situación, no estaba claro si el estado mental de Ren de decir tal cosa estaba realmente bien o no.
"Volveré cuando tenga tiempo. Come bien, descansa y rehabilÃtate"
Fue cuando Elena con el pomo de la puerta estaba a punto de salir del salón. Escuchó un golpe, abrió la puerta y entró un hombre. Era Mel. En cuanto escuchó la noticia de que Ren habÃa estado consciente, el alivio corrió por sus ojos.
"PrÃncipe"
"No llores. Odio que los hombres lloren"
Ren sonrió mientras hacÃa una broma. Al ver la sonrisa, pudo sentirse aliviado de que las penurias de su corazón se derritieran como una mentira.
"Me voy a poner en marcha. Ustedes dos pueden hablar"
Elena quiso evitar su posición para que los dos pudieran hablar cómodamente.
"Por favor, quédate conmigo. Tengo algo que decirte"
Mel captó los pasos de Elena. La alegrÃa del despertar de Ren se transformó brevemente en el rostro de Elena, que se volvió serio. La expresión de Ren se endureció como si fuera consciente de algo inusual.
En cuanto los tres se sentaron en el sofá, Mel comenzó a hablar.
"He ido a ver a mi señor"
"¿Cómo está?"
preguntó Elena, tragando la ansiedad.
Al escuchar una presentación brusca, Ren esperó las palabras de Mel sin decir nada. FingÃa estar bien, pero sus ojos parecÃan inquietos.
"Le han lavado el cerebro. Y..."
Mel habló de todas las condiciones del vizconde Spencer que vio. Perdiendo la cabeza, diciendo repetidamente que entregarÃa la familia Bastache al Gran Duque Friedrich como una muñeca. Y luego perdió su vitalidad, como si hubiera muerto.
"Cómo pudo hacer tal cosa"
Por un momento, Elena sintió una ira insoportable. Basándose en lo que dijo Mel, el Gran Duque destruyó intencionadamente el espÃritu del Vizconde Spencer. Y le habrÃa lavado el cerebro a la familia Bastache. Por supuesto, era muy probable que el vizconde Spencer fuera rápidamente dañado en el proceso.
"Ren"
Elena, que se volvió porque estaba preocupada por Ren, se sorprendió. Ha sido desde la vida pasada hasta ahora. Ella lo habÃa visto durante muchos años, pero nunca lo habÃa visto con una mirada tan aterradora.
"Necesito ver a mi padre hoy"
Protestaron Mel y Elena en cuanto los labios de Ren, que llevaban mucho tiempo callados, se abrieron.
"Pero PrÃncipe, tu familia ya ha..."
"Ren, sé cómo te sientes. Pero aguántate. Es demasiado para ti"
Pero Ren, que ya se habÃa decidido, no quebró su voluntad.
"Le odio, pero es mi padre. Está bien que lo visite. Mel, prepárate"
"... Lo entiendo, PrÃncipe"
No será fácil, pero Mel dijo que lo harÃa. Como vasallo de la casa que servÃa a la familia Bastache, no podÃa dejar solo al Vizconde Spencer.
"Ren, mantén la calma. Si me das tiempo, encontraré la manera de recuperar al vizconde Spencer"
Elena persuadió desesperadamente. Es demasiado arriesgado entrar en la familia Bastache, dominada por el Gran Duque, y encontrarse con el vizconde Spencer cuando todavÃa no se encuentra bien.
"No, haz tu trabajo. Este es mi trabajo"
"Mi trabajo, ¿dónde está mi trabajo? Ya se me ocurrirá algo. Asà que confÃa en mà y espera un poco. ¿Me entiendes?"
"Estás en el mismo bando, asà que voy a ir solo"
"Ren, por favor"
A pesar de sus súplicas, Ren no rompió su voluntad. TenÃa una sonrisa única en su rostro. Sonrió como siempre, preguntándose si Elena estarÃa preocupada.
"Lo siento. No suelo hacerte caso"
***
Un lugar profundo y sombrÃo, sin luz solar. HabÃa hombres y mujeres sentados con barras de metal entre ellos.
La mujer vestida con trapos estaba tan desordenada que no se podÃa encontrar ninguna pulcritud y tenÃa el pelo desordenado. En cambio, el hombre que estaba al otro lado de los barrotes estaba bien educado y vestido con pulcritud. Lo curioso es que, en esta situación, la mujer atrapada en una jaula de metal sonrÃe como una persona perdida.
"¿Estás bien?"
La actitud de Artil hacia Leabrick más allá de los barrotes seguÃa siendo educada.
"Era ella. ¿Por qué no lo supe antes? Fui un estúpido. Estaba atrapada en mis pensamientos"
Leabrick seguÃa hablando consigo misma con una sonrisa en la cara. Era una costumbre de estar encerrado solo en un calabozo durante mucho tiempo.
"¿Enviaste al vizconde Spencer de vuelta?"
"SÃ, Su Alteza el Gran Duque lo hizo. Le lavó el cerebro y parece que no tuvo que retenerlo más porque se dio por hecho que Ren estaba muerto"
Artil le contó a Leabrick todo lo que habÃa pasado fuera. QuerÃa pedirle consejo ya que no creÃa que Leabrick estuviera loco todavÃa.
"Entonces se acabó"
"¿Qué? ¿Se acabó?"
"No hay nada que puedan hacer"
Artil parpadeó los ojos. Leabrick enseñaba que los partidarios debÃan mirar hacia adelante y prepararse para todo. Sin embargo, lo que decÃa ahora era lo suficientemente irresponsable como para violar sus creencias.
"No hay nada que puedan hacer mientras el Gran Duque se haya movido"
"¿Qué quieres decir?"
Leabrick sonrió significativamente a Artil, que no entendÃa nada.
"No queda mucho tiempo. El dÃa en que el sol del Imperio brillará"
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