La Princesa Monstruosa 3
La futura princesa monstruosa (2)
Marina tenÃa razón, después de un dÃa más la fiebre bajó por completo.
Por supuesto, lo que vivo no es una fiebre ordinaria, asà que aunque ahora esté asà de sana, estoy segura de que pronto volveré a tambalearme como una flor marchita.
"Princesa, te he preparado un baño".
"¿Quieres que tus sales de baño huelan a lavanda?"
"Activaré tu piedra de maná clásica favorita de Vardas".
"Es sorbete de lima. Será dulce con miel".
"Te daré un masaje con aceite de rosas".
En cuanto me animé, las criadas se acercaron a mà como si me estuvieran esperando.
Recibà las manos familiares de las criadas.
Al sumergirme en el agua perfumada con pétalos de flores flotantes, mi cuerpo cansado se sintió repentinamente refrescado.
"Haaa..."
Es el cielo.
Es una vida completamente melosa.
Cuando vi la sucia vida de Judith desde su punto de vista en mi sueño, las cosas que habÃa dado por sentadas empezaron a verse de nuevo de forma diferente.
'Qué vida para poder manipular a los demás con un solo movimiento de cabeza, cuando no quieres mover un dedo'.
Rodeada de gente a la que le aterrorizaba la idea de lastimar incluso una uña o un pelo de mi cabeza, fue muy satisfactorio sentir que me sometÃa a un tratamiento de cuerpo entero de la cabeza a los pies.
Esto es como el paraÃso.
"Gracias a todos".
"¡Princesa...!"
Al pasar casualmente, las saludé de una manera que rara vez hago, y las criadas me miraron con ojos llenos de admiración.
"De nada".
"¡Es un placer darle la bienvenida, Su Alteza!"
"¡Continuaré trabajando sinceramente para usted, primera princesa!"
¿Qué demonios? ¿Por qué están tan felices?
¿No he pasado a veces, muy de vez en cuando, a saludar asÃ?
... ¿No lo hice?
¿Es realmente la primera vez?
Me tomé un momento para reflexionar seriamente sobre mi vida mientras las criadas más tÃmidas me ponÃan las manos encima.
La arrogante 1ª Princesa Arbella, la más altiva de toda la realeza, no trató a Judith, nacida de la esclavitud, como un ser humano desde el principio.
Finalmente, el contenido del sueño volvió de repente a mi mente.
Ese libro... me pregunto qué es en realidad. ¿No me digas que realmente tuve un sueño profético?
El libro no sólo predecÃa lo que iba a suceder en el momento de Judith, sino que también contenÃa todo tipo de información personal sobre Judith que yo nunca habÃa conocido.
No puedo decir lo sorprendida que estoy por los Ãndices de coincidencia que he visto en los últimos 10 dÃas.
"Me pone la piel de gallina, de verdad..."
"¿Tienes frÃo, princesa?"
Las sirvientas que estaban a mi lado se alborotaron por mis cavilaciones casuales.
"No, estaba pensando en otra cosa".
De hecho, el calificativo de "princesa arrogante" que se me adjudica puede no estar mal.
Pero me lo merecÃa.
En lo que a mà respecta, soy la primera princesa imperial del Imperio Kamulita, miembro del linaje del diamante.
No sólo soy descendiente de la emperatriz, sino que soy el miembro de la familia imperial más puro y de sangre limpia, con el duque de Delphinium, una de las tres grandes familias de mérito de apertura que han existido desde la fundación del paÃs hasta la actualidad, por parte de mi madre.
Además, he sido bendecido con un poder mágico tan poderoso que ni los más grandes magos pueden medir la cantidad de poder mágico que tengo.
Además, tengo una apariencia sobresaliente que todo el mundo admira y una cabeza que se considera inteligente, por lo que no es exagerado decir que soy candidata a la próxima emperatriz.
Asà que, desde que empecé a llorar[1], lo tenÃa todo, sin una sola cosa que los demás envidiaran, y tampoco tenÃa nada con lo que no pudiera salirme con la mÃa si lo quisiera.
Todo el mundo me elogiaba aunque sólo respirara y caminara, y si habÃa algo que querÃa, se convertÃa inmediatamente en mi posesión, sin ningún tipo de mimo.
'Soy el más grande'.
'Soy sobresaliente'.
'¡Soy el mejor!'
Era una idea en la que habÃa destacado cuando era un niño sano e intrépido.
También estaba muy orgulloso de mi linaje y tendÃa a menospreciar a mis otros hermanastros nacidos de concubinas imperiales.
Sin embargo, no hice nada frÃvolo para revelar esos verdaderos sentimientos. Yo era el elegido, el superior, a diferencia de los demás. Por eso sabÃa que debÃa saber abrazar a los que carecÃan de él. Y de hecho, he vivido mi vida como tal princesa receptiva.
Sin embargo, en ese libro distractor, se me presentaba como una supremacista de pedigrà incontestable, una princesa arrogante endurecida por la vanidad y el engreimiento, asà que no tuve más remedio que aguantar el tirón.
"Hace tiempo que no veo a mi madre, tengo que ir a verla".
"SÃ, me prepararé".
Después de tomar un baño, me preparé para salir por capricho.
Antes de salir de la habitación, me miré en el espejo que tenÃa delante.
Mi fino pelo dorado colgaba por debajo de mis hombros como un dulce cielo estrellado, y mis largos y afilados ojos eran tan azules como gemas de aguamarina.
Mis ojos y mi nariz eran claros, y tenÃa una cara preciosa que podÃa verse en cualquier parte. Mi gusto también era algo extravagante, por lo que la ropa y las baratijas que llevaba eran relucientes.
Sin embargo, hoy era el único dÃa en que me sentÃa algo incómoda con mi aspecto.
Salà de la habitación, con una sutil incomodidad en un rincón de mi mente.
***
En cuanto salà del Primer Palacio Imperial, una luz deslumbrante brilló en mi visión.
¿Cuánto tiempo hace que no salgo al sol?
Hace mucho tiempo que no vuelvo a ver la luz del sol, ya que he estado mucho tiempo tumbado en mi tiempo libre debido a mi enfermedad crónica.
Marina se habrÃa ocupado bien de ello, pero esta vez hubo algunos horarios cancelados inesperadamente, asà que pensé que tendrÃa que comprobarlo por la tarde.
Los forasteros que no me conocÃan pensaban que mi carácter revoltoso era la razón por la que a veces pinchaba mi horario sin previo aviso.
No me atrevà a dar explicaciones, ya que hasta cierto punto era mi intención. PreferÃa tener la imagen de una princesa arrogante sobre mi cabeza a que el mundo exterior conociera mi enfermedad, lo que serÃa una debilidad.
"Su Majestad Imperial está en el jardÃn trasero".
"Entonces vayamos al jardÃn trasero".
Poco después llegamos al Palacio de la Emperatriz y nos llevaron al jardÃn trasero.
Era raro para mà ver a mi madre asÃ. ParecÃa que habÃa pasado casi un mes desde la última vez que la vi.
Era difÃcil ver la cara de mi madre a menos que viniera a verla en persona o me encontrara con ella en un lugar oficial. Además, esta vez era una madre que nunca venÃa a ver cómo estaba cuando estaba enfermo.
Cuando era niño, querÃa mucho a mi madre y vivÃa sobre todo en el Palacio de la Emperatriz. Por eso, cada paisaje que veo ahora me resulta familiar.
Pero un dÃa, naturalmente, dejé de buscar a mi madre.
Creo que fue hace unos dos años cuando empecé a parar en el Palacio de la Emperatriz.
Hace mucho tiempo que mi madre dejó de visitar mi palacio.
Por supuesto, mi madre y yo no tenÃamos una relación tan estrecha desde el principio.
Como su única hija, fui colmada de amor desde el momento en que vi por primera vez la luz del mundo. Fue entonces cuando mi madre empezó a cambiar...
"¡Mamá!"
En ese momento, una voz brillante y persistente en mi oÃdo me frenó.
Antes de darme cuenta, estaba entrando en la entrada del jardÃn trasero, con el tenue aroma de las flores rozando mi nariz.
"Miriam, nuestro prÃncipe. Es peligroso correr tan rápido. ¿Qué vas a hacer si te lesionas?"
El claro gorjeo de un niño fue seguido por una voz de mujer de extrema ternura que resonó en mis oÃdos.
Pronto, tras la exuberante vegetación verde que tenÃa a la vista, aparecieron los protagonistas con voces que me hacÃan cosquillas en los oÃdos.
Una hermosa mujer de pelo rubio y ojos rojos sentada en una mesa de té preparada para el jardÃn. Y un niño pequeño corriendo por el césped con su pelo dorado volando como el de ella.
Inmediatamente, la mujer saludó calurosamente al niño, que dobló las rodillas y saltó hacia ella. Entonces el niño le sonrió, con sus ojos rojos inclinados.
"Mami, es un regalo. Lo he hecho yo mismo".
"Oh, qué bonita corona de flores".
"¡Yo te la pondré!"
La mujer soltó una risita mientras miraba la descuidada corona de flores que debÃan haber hecho cuidadosamente las pequeñas manos.
"Gracias, niña".
No me acerqué a ellas, sino que me alejé para observar la escena.
"Estaba con Miriam".
"SÃ, el prÃncipe vino de repente..."
Esos dos eran mi madre, la emperatriz Sharel, y el tercer prÃncipe, Miriam.
Yo habÃa sido el único hijo de la emperatriz en Kamulita hasta antes de que naciera Miriam.
Miriam era un joven prÃncipe, que ahora tenÃa cinco años, y era mi único hermano que compartÃa la misma madre y el mismo padre que yo.
No pude evitar sentir una punzada en el corazón al mirar a esas dos personas tan cariñosas. Me sentà como si me hubiera convertido en un huésped no invitado, a pesar de que era yo quien habÃa venido a visitarlos primero con aviso.
Cuando me encontré con mi madre ahora, habÃa algo que querÃa decirle después de mucho tiempo.
Madre, he tenido un sueño extraño.
En él veÃa un libro loco que decÃa que morirÃa antes de poder vivir más.
Como hija de mi madre, nacà con todo y fui amada, pero más tarde me arrastraré por el suelo como un gusano, desaliñada, y moriré sola y solitaria, sin nadie que me compadezca.
Pero es extraño, ¿no? La historia del libro sigue siendo real.
Por eso...
Por eso tengo miedo, mamá...
"Estoy tan mareada que no puedo seguir de pie. Voy a volver al palacio".
Al final, sin embargo, no pude decir ni una palabra que tenÃa en la boca y me la tragué.
"DÃselo a mi madre".
"¿Quieres dirigirte personalmente a la Emperatriz?"
"Estoy bien por hoy".
Ver a mi madre y a Miriam juntas me hizo sentir amargura.
Antes de darme la vuelta, me pareció encontrar la mirada de mi madre por un momento.
Pero ella no me detuvo. Me di la vuelta y volvà por donde habÃa venido.
"Hace mucho tiempo que la princesa no ve a la emperatriz, asà que ¿por qué no toman un refresco y hablan?".
Entonces Marina aconsejó cuidadosamente a mis espaldas.
"Tal vez la próxima vez".
No dejé de caminar, no miré atrás, simplemente salà del jardÃn trasero.
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(1. Cuando nació.)
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