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Miércoles 21 de Febrero del 2024 |
La Princesa Monstruosa 173
Reiniciar: otra vez, Arbella (20)
La emperatriz Charel parecÃa tranquila y serena, algo impropio de alguien que habÃa hecho algo tan impropio de ella. Lo mismo ocurrÃa con la forma en que me miraba.
"Lo has sido todo para mà desde que te llevé en mi vientre".
Me miró con ojos que parecÃan contemplar algo más lejano, igual que yo habÃa hecho antes, cuando nos sentamos por primera vez en los jardines del palacio de esta emperatriz.
"Aunque ocupo un codiciado trono que otros envidian y admiran, ninguno de los privilegios que lo acompañan me ha proporcionado verdadera satisfacción. La riqueza, el poder y el honor han sido innatos en mà desde que nacÃ, y anhelaba algo más allá de las superficialidades".
Habiendo nacido en la opulencia del duque de Delphinium, la emperatriz Charel habÃa experimentado todas las riquezas del mundo incluso antes de asumir su posición regia. En consecuencia, confesó que nada le parecÃa precioso o valioso.
"Sólo tú eras diferente. Sólo tú tenÃas sentido, sólo tú eras especial".
Mientras me miraba con aquellos ojos distantes, noté débiles huellas del paso de los años grabadas en su rostro, una revelación que se me habÃa escapado hasta ese mismo momento.
El fragmento nÃtido y brillante que yo habÃa percibido una vez habÃa sido erosionado por las olas y erosionado por las arenas del tiempo, dejándolo más apagado y descolorido de lo que mis recuerdos habÃan pintado.
"Por eso, cuando me di cuenta de que tendrÃa que separarme de ti mucho antes de lo previsto, supe que si te mantenÃa a mi lado tal y como estaban las cosas, no aguantarÃa mucho tiempo. SucumbirÃa a un corazón roto".
A pesar de su posición de poder, la mujer que tenÃa ante mà parecÃa ahora vulnerable, como si careciera de todo.
"Por eso te traté con tanta crueldad. Vivà como si fueras insignificante para mÃ, mientras encontraba consuelo en el acto".
Las palabras de la emperatriz Charel no pretendÃan excusar sus actos pasados, en los que habÃa mostrado una cruel indiferencia hacia su hija, enferma terminal.
Por primera vez en su vida, habló con sinceridad, compartiendo algo que habÃa mantenido oculto, por considerarlo una debilidad que debÃa permanecer oculta. ParecÃa como si hubiera aceptado la posibilidad de ser atacada o despreciada por su vulnerabilidad.
"Pero ahora, no puedo comprender por qué cada vez que sé de ti, siento como si un fuego se encendiera dentro de mÃ".
"..."
"Por qué ahora se me ocurre que serÃa un pesar mayor dejarte ir completamente de mi mano...".
Luego guardó silencio un instante.
Las delicadas manos de la emperatriz Charel se apretaron en torno a la taza de té.
Se mordió suavemente el labio inferior y, con una voz aún teñida de frialdad y sequedad, continuó.
"Comprendo que me culpes de ser una madre egoÃsta. Soy muy consciente de mi egoÃsmo".
Pero tras un momento de vacilación, me preguntó con un leve temblor en la voz.
"Pero... ¿estarÃas dispuesta a volver a tomar el té conmigo alguna vez?".
Su expresión seguÃa siendo estoica, pero sus ojos, congelados de una forma poco habitual, y su taza de té fuertemente asida con los nudillos blancos, delataban la profundidad de sus emociones.
Para mi sorpresa, la emperatriz Charel parecÃa asustada. Me observaba con la respiración contenida, su ansiedad y nerviosismo palpables, esperando mi respuesta.
Incapaz de resistirme, esbocé una débil sonrisa en su dirección.
"Madre, si has tomado la decisión de dejar de confiar en falsas esperanzas, te imploro que llegues hasta el final".
En ese momento, los ojos rojos fijos en mà vacilaron ligeramente.
"Ya sea por lástima, simpatÃa o culpabilidad, por favor, no te sueltes de mà tan fácilmente".
No la estaba apartando con la intención de reparar mi ego destrozado, como hice una vez.
"Hubo un tiempo en que anhelaba que me abrazaras, como hiciste cuando era niña. Pero ahora, no".
No estaba siendo cruel para hacerle comprender el alcance de mi corazón roto.
"No quiero decir que ya no te necesite en mi vida o que sea demasiado tarde para que volvamos a conectar de esta manera".
En todo caso, ahora siento una punzada de compasión por ella.
"Es simplemente que, en este momento, lo comprendo. Tú y yo preferimos que las cosas sigan como están".
Mi madre, con su mentalidad resuelta, y ahora esta vulnerabilidad, intentando aferrarse a lo imposible una vez más.
"Es mejor dejar ir lo que ya se ha ido".
Tanto a mi madre como a mà nos conviene mantener las distancias y tratarnos como si hubiéramos pasado página. Aunque resulte difÃcil, es lo correcto.
"No quiero que sufras por mi culpa".
Y asÃ, por primera vez en mucho tiempo, liberé mi terquedad y mi resentimiento, hablándole sinceramente desde lo más profundo de mi corazón.
"Gracias, Madre. Hoy, igual que en mi infancia, me has invitado a tomar el té primero".
La persona que tenÃa ante mà permaneció en silencio.
En ese momento, me di cuenta de que era suficiente. El resentimiento al que me habÃa aferrado durante tanto tiempo se disipó, como si se disolviera y se lo llevara el sol. Ya no albergaba odio hacia el individuo que tenÃa ante mÃ, cuyas manos temblorosas lo decÃan todo.
El único remordimiento que albergaba acababa de desenredar sus enredados hilos y volar limpiamente, y sólo eso me bastaba para dormir en paz esta noche.
***
En plena noche, me desperté por mi propia voluntad, sin que nadie me tocara.
La luz de la luna, teñida de un tono azulado, se colaba por la ventana, arrojando un delicado velo de silencio sobre la habitación. En medio de este silencio, intuà que acababa de ocurrir algo significativo.
La esquina de la habitación se estremeció, como si el monstruo que acechaba también hubiera percibido el cambio.
Rápidamente, aparté las mantas, me levanté de la cama y me aventuré a salir de la habitación.
"¡Princesa! ¿Adónde vas a una hora tan tardÃa?".
"¡No me sigas, quédate aquÃ!"
Marina y las criadas se apresuraron a seguirme, pero yo las detuve, emprendiendo sola el camino hacia el palacio de Judith.
Dada la urgencia de la situación, invoqué mi magia viajera y, en un instante, me pareció recorrer la distancia que me separaba del palacio de la Cuarta Princesa.
Judith y yo habÃamos acordado previamente el acceso sin restricciones al palacio, lo que me permitió llegar rápidamente a mi destino.
Me encontré de pie en la sala donde los magos del Reino de Solem habÃan sido reubicados, preparándose para desencadenar una serie de hechizos.
"¡Hermana!"
En un torbellino de aire vestido de pijama, Judith se materializó a mi lado.
"¿De verdad va a ocurrir hoy?"
"No estoy segura, pero tengo una sensación premonitoria".
En respuesta a la pregunta de Judith, miré por la ventana con ojos penetrantes.
Ooong.
Como habÃa previsto, las peculiares vibraciones que antes habÃan rozado levemente mi sexto sentido impregnaban ahora el aire con innegable claridad. El áspero temblor, que recordaba al bramido de un viento, me puso los pelos de punta, y fue seguido rápidamente por un estruendo de alarmas, que rompió la tranquilidad de la quietud de medianoche.
Mi canario mágico apareció en lo alto, agitando las alas.
-Las coordenadas son a3, x92, k110.
De nuevo, como era de esperar, parecÃa haber movimiento en la grieta, como si acabara de sentirlo nada más despertarme.
El pájaro de Judith también hizo crujir su pico, anunciando las coordenadas de otro brote de monstruos.
-Las otras coordenadas son A69, X242, K994.
-Coordenadas A189, X103, K88.
-Coordenadas A773, X5, K665...
Sin embargo, no se trataba sólo de un par de coordenadas.
Me estremecà ante el interminable torrente de informes que brotaban del pico de los pájaros. Una interrupción seguida de otra, y de otra, y de otra, y de otra, cada una de las cuales grababa un surco más profundo en mi frente.
-El marqués Graham, encarcelado en la mazmorra, se ha liberado y se ha lanzado al ataque, dirigiéndose hacia... ¡Presumiblemente, el Palacio de la Segunda Princesa!
"¡Ese lunático...!"
Si sacrificar a Ramiel para amplificar su poder habÃa fracasado, ¿ocultaba el marqués Graham algún otro plan siniestro?
El hecho de que pareciera tener como objetivo el Palacio de la Segunda Princesa me preocupaba enormemente.
Reflexioné sobre si se habÃa acercado a Cloe en un delirio, buscando instintivamente una presa.
Al igual que Ramiel, Cloe era pariente consanguÃnea del marqués Graham, un sacrificio digno en su retorcida mente.
"Qué ambiciosa noche de luna".
Aunque la fatiga pesaba sobre mÃ, no podÃa permitirme flaquear. Completando apresuradamente el cÃrculo mágico, atraje la magia latente de los magos del Reino de Solem, como un mosquito que extrae sangre.
Al absorber en mi cuerpo una cantidad considerable de magia desconocida, mi estómago se revolvió, amenazando con expulsar su contenido.
Pero era inútil intentar rechazarlo. Seguà adelante, conteniendo en mi interior la energÃa que escapaba.
Luego, empleando otro hechizo de viaje instantáneo, me preparé para partir.
"Espera, ¿te diriges al Palacio de la Segunda Princesa? Voy contigo".
Judith me miró con una mezcla de preocupación y aprensión mientras yo desencadenaba un hechizo de viaje tras otro.
Como Judith habÃa sugerido, dejarÃa a los demás la tarea de ocuparse de los monstruos desatados mientras yo me centraba en Cloe y el marqués Graham.
No tenÃa ninguna objeción a que Judith me acompañara, asà que no intenté disuadirla. Sin embargo, por el rabillo del ojo, noté una palidez inusual en su rostro, lo que me hizo detenerme momentáneamente.
En el pasado, Judith habÃa sucumbido a la ira tras un intento fallido de magia prohibida, lo que habÃa provocado las trágicas muertes de Chloe y Miriam.
Me pregunté si la situación actual habÃa desencadenado recuerdos dolorosos, de ahà su angustia. Era una reacción totalmente comprensible, y traté de tranquilizarla.
"No pasa nada, no hay de qué preocuparse".
Pero al sentir que mis palabras eran insuficientes, vacilé brevemente antes de añadir,
"Y... ya nos hemos enfrentado una vez a una situación similar, asà que quizá esta vez podamos manejarla mejor".
En respuesta, Judith levantó la mirada, sus ojos reflejaban una mezcla de emociones, insegura de si sonreÃr o no.
Luego, cerró los ojos, con los labios apretados, y susurró con voz suave,
"SÃ. Después de haber pasado por ello una vez, creo que ahora podemos hacerlo mejor".
Con renovada determinación, nos pusimos en marcha hacia el palacio de Cloe, el presunto destino del marqués Graham.
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