![]() |
Miércoles 21 de Febrero del 2024 |
La Princesa Monstruosa 170
Reiniciar: otra vez, Arbella (17)
Ramiel siempre habÃa tenido un comportamiento tranquilo, pero no carecÃa de inteligencia.
El profundo remordimiento expresado por el Primer PrÃncipe, su pariente, por sus transgresiones, combinado con las acciones de Ramiel en defensa de su madre, la Segunda Reina Katarina, proporcionaron al emperador Cedric un motivo para mostrar indulgencia hacia ellos.
"Aunque esta decisión no puede absolver a mi tÃo de sus fechorÃas, como pariente que comparte una parte de su sangre, juro pasar el resto de mis dÃas sirviendo humildemente a Kamulita. Te ruego, Padre, que me concedas tu bendición".
La segunda reina Katarina observó al emperador Cedric con expresión pensativa, mientras Ramiel permanecÃa inmóvil, arrodillado en el suelo con la cabeza inclinada.
Al cabo de un momento, la cabeza del emperador Cedric asintió lentamente.
"Permiso concedido".
"¡Su Majestad!"
exclamó Katarina, con la incredulidad grabada en el rostro. Sin embargo, Ramiel habÃa solicitado este curso de acción, y el emperador Cedric ya habÃa dado su consentimiento.
"Entiendo lo que quieres decir, asà que deberÃas marcharte".
El emperador Cedric ordenó cansadamente a Ramiel que se marchara. Observé cómo Ramiel abandonaba la sala y le seguÃ.
***
"Enhorabuena, Ramiel. Debes de sentirte bien ahora que las cosas han salido como querÃas".
Al oÃr mi voz, Ramiel dejó de caminar y se dio la vuelta.
En cuanto nuestras miradas se cruzaron, la leve sonrisa habitual apareció en el rostro de Ramiel, que habÃa adquirido un brillo serio hasta que salimos de la alcoba.
"Hola, Arbella. Me alegro de verte de vuelta de entre los muertos".
Para ser un sujeto tan sombrÃo que habÃa vuelto literalmente de entre los muertos, el tono de Ramiel estaba lleno de energÃa y desenfado. Se encogió de hombros al ver cómo me acercaba a él.
"Pero hermana, ¿no estás siendo un poco dura? Sueles ser muy puntual, ¿por qué te has retrasado esta vez? CreÃa que iba a perder la cabeza esperándote".
El fingido enfado de Ramiel me hizo soltar una risita.
"Si alguien nos oyera, supondrÃa que estamos tramando algún plan elaborado. Es culpa tuya por lanzarte a la acción sin evaluar la situación".
TenÃa la corazonada de que Ramiel planeaba algo para la Fiesta de los Magos, pero no creÃa que fuera a hacerlo entonces, y estoy segura de que Ramiel no pensaba que yo me derrumbarÃa ese dÃa y le dejarÃa a solas con el marqués Graham durante los tres dÃas siguientes.
"Y estoy segura de que te di instrucciones explÃcitas para que ese dÃa volvieras a palacio de buen humor, ¿no es asÃ?".
"Seguro que sÃ".
A pesar de mis duras palabras, Ramiel se rió, como si la historia le pareciera divertida. Luego me miró un momento sin decir palabra.
"Por cierto, Arbella. Dado que me has hecho esperar tanto tiempo, deduzco que no te encuentras tan bien como pensé en un principio. Parece que la causa va más allá del mero exceso de trabajo, según he oÃdo...".
Ramiel me habló, con los labios aún dibujados en un arco.
"Ha habido ocasiones en el pasado en las que te has encerrado en tu palacio y te has negado a salir, y aunque siempre lo he sospechado, nunca me he atrevido a decirlo en voz alta por miedo a ponerte en guardia... Arbella, ¿tienes algún tipo de enfermedad de larga duración que has estado padeciendo?".
Como dije antes, Ramiel era vago, no tonto.
Si realmente hubiera estado sobrecargada de trabajo y enferma como se rumoreaba, no habrÃa dejado a Ramiel en una situación tan peligrosa, asà que ésta era sin duda una conclusión válida.
"No creerás que te dejé sola a propósito".
"Mi hermana no harÃa eso, y en realidad te caigo muy bien".
Mi tono intencionadamente sarcástico no convenció a Ramiel.
"¿No puedes decÃrmelo boa? Ya ni siquiera soy tu competidora, y acabo de renunciar a reclamar el trono".
No se dio por vencido y volvió a susurrar, esta vez a mÃ, que miraba a Ramiel en silencio, y luego habló.
"No creo que tuvieras que hacer eso".
"¿Qué, decir que no necesitaba un tÃtulo imperial delante de mi madre y del emperador?
Ramiel respondió con indiferencia, como si no fuera para tanto, aunque para la familia real nunca fuera un asunto ligero. Tal vez fuera porque no se daba cuenta de que la oportunidad podrÃa surgir en el futuro.
"De todos modos, ¿por qué iba a tomar un turno cuando te tengo a ti? Y, Arbella, no sabes cuánto he deseado decir eso todos estos años".
Pero su rostro parecÃa extrañamente relajado. Quizá lo más que habÃa visto nunca a Ramiel.
"Sinceramente, pensé que tendrÃa que esperar hasta después de la muerte de mi tÃo para decÃrtelo, pero todo es gracias a mi genial ingenio".
Ramiel sonrió satisfecho, como si estuviera contando un chiste que sólo él conocÃa, y luego se pasó la mano por la clavÃcula, como si le doliera un poco.
"Entonces, Arbella, ¿cuándo crees que ejecutarán a mi tÃo?".
"Es más probable la cadena perpetua que la pena de muerte".
"De todos modos está loco, asà que aunque lo condenen a cadena perpetua, estoy segura de que algunos de nuestros ricos y poderosos lo matarán tranquilamente a sus espaldas, y eso es tan bueno como la pena de muerte".
Ramiel parecÃa bastante satisfecho con la situación.
"Si es asÃ, ojalá pudiéramos acabar con esto hoy mismo. TenÃa muchas cosas que querÃa devolverle antes de morir, pero por el aspecto que tiene ahora, he perdido el apetito, asà que voy a dejarlo estar".
Me habÃa estado guardando mis preguntas, pero las palabras de Ramiel me hicieron hablar, un poco impulsivamente.
"Ramiel, ¿le hiciste algo al marqués Graham aquel dÃa... Oh, no importa. No tiene sentido investigar ahora".
Desde que el marqués Graham utilizó magia prohibida, no podÃa quitarme la sensación de que habÃa algo raro en su aspecto y comportamiento.
HabÃa contemplado la posibilidad de pedirle a Ramiel que descubriera la verdad, pero me di cuenta de que, después de todo lo que habÃa ocurrido, no tendrÃa mucho sentido volver sobre el asunto.
Por supuesto, esto también se debÃa a que yo estaba totalmente de parte de Ramiel, y no del marqués Graham.
"Lo único que digo es que no hagas nada más que te perjudique".
"¿Estás preocupado por m�"
Las comisuras de la boca de Ramiel se curvaron hacia arriba, divertidas, ante mi mezcla de afirmación y advertencia. Le miré temblorosa.
En otra época de la vida de Judith, Ramiel me habÃa desagradado tanto como el resto de mis hermanastros, pero ahora me encontraba de su lado, y por un momento me recorrió un extraño estremecimiento al pensar que nunca se sabe lo que le puede pasar a la gente.
"Pero hay algo más, Arbella. Parece que me he convertido en algo beneficioso para tu leal caballero... no, ese ex caballero hereje. Sólo eso ya deberÃa compensar nuestras deudas pasadas, ¿no te parece?".
La antigua deuda a la que se referÃa era aquella en la que Ramiel habÃa atacado a Gerard sin mi conocimiento, poco después de que yo lo hubiera recuperado.
¿Por eso Ramiel ayudó a Gerard en el Conde del Cañón la última vez?
Tanto si Ramiel lo pretendÃa como si no, era cierto que habÃa prestado una ayuda importante a Gerard en aquella ocasión.
Era evidente que el intento fallido del marqués Graham de romper sus lazos con la corte imperial y su posterior secuestro de mi sobrino, todo ello mientras se encontraba en un estado trastornado e intentaba hacer magia prohibida, habÃan formado parte del calculado plan de Ramiel. Ramiel no deseaba otra cosa que la completa caÃda del marqués Graham.
Sin embargo, Ramiel habÃa tomado este camino arriesgado y peligroso porque pretendÃa cortar cualquier asociación entre la Segunda Reina Katarina y el marqués Graham, asegurándose de que ella no pudiera protegerle. Además, creÃa que al emperador Cedric le costarÃa imponerles un castigo severo.
Por supuesto, el emperador Cedric aún no ha emitido un decreto imperial, ni ha confiado a nadie sus pensamientos sobre este asunto, pero habiendo servido a sus órdenes durante tantos años, incluida mi última vida, y habiendo jugado al tira y afloja con su corazón, sabÃa que al final tomarÃa una decisión inusual en este caso.
Con las acciones emprendidas hoy por Ramiel, la Segunda Reina Katarina ha apagado el fuego que ha caÃdo sobre sus pies y, por supuesto, Ramiel y Cloe serán tratados como vÃctimas que estuvieron a punto de perder la vida a manos del marqués Graham y no serán encarcelados como herejes.
Nunca antes se habÃa dado el caso de que los familiares de un pecador que ha utilizado las artes prohibidas no fueran considerados responsables solidarios, asà que si insisto en que se juzgue a los Lassner en este momento, el emperador Cedric no podrá ignorarme.
Con las nuevas pruebas que sugerÃan que el marqués Graham podrÃa haber estado detrás de los crÃmenes de Glenn Lassner, era aún más probable que Gerard, el único descendiente vivo de los Lassner, fuera indultado.
En ese sentido, la medicina de Ramiel habÃa ayudado a los números.
"¡Ramiel!"
Justo entonces, oà que la puerta de la alcoba se abrÃa bruscamente a mi espalda, seguida de unos pasos que se acercaban rápidamente en nuestra dirección.
Las miradas de Ramiel y mÃa se encontraron brevemente.
"Yo voy primero".
Le miré y me volvà para ir primero, y Ramiel me hizo una pequeña inclinación de cabeza a modo de saludo.
"¡Debes de estar loco!".
Un momento después, oà el crujido del hierro y el sonido de la Segunda Reina Katarina abofeteando la mejilla de Ramiel.
No me correspondÃa intervenir, y de todos modos era algo que tendrÃan que arreglar madre e hijo, asà que fingà que no habÃa oÃdo nada y salà primero de la habitación.
Ey, estoy de vuelta ----> Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Ya tu sabes, no te exijo, es de tu bobo aportar o no, no te exijo :p
0 Comentarios