La Princesa Monstruosa 158
Reiniciar: otra vez, Arbella (5)
Definitivamente soy un animal de costumbres. He sido Arbella durante 19 años, en realidad más tiempo del que he sido Judith, pero eso fue hace mucho tiempo, asà que mi conciencia es más Arbella que Judith.
Pero no debo olvidar ahora que la mayorÃa de las cosas de las que disfruto como Arbella no me fueron dadas originalmente.
Después de asignar las coordenadas del cÃrculo mágico de transmisión, que se utilizaba para mover personas u objetos dentro del palacio a gran escala, pensé en la chica de pelo oscuro que habÃa conocido antes de ser iluminada por el emperador Cedric mientras los caballeros viajaban.
Cuando regrese al palacio, esta vez debo hablar con ella, pensó. Antes la habÃa evitado porque no estaba seguro de qué decir, pero tenÃa que contarle todo sobre por qué se habÃa convertido en Judith y lo que habÃa hecho por ella.
Tal vez lo entendió mal y pensó que lo hacÃa para quitarle todo.
"Hermana, ¿no hay algo que quieras preguntarme?".
Y como ella dijo, habÃa algo que necesitaba preguntar.
Desde que apareció la grieta en la Fiesta de los Magos, he sentido que los lazos que mantenÃan cautivos a los magos del Reino de Solem se habÃan roto. Si mis sospechas eran ciertas, ella tenÃa algo que ver.
Pero si es asÃ... ¿qué habÃa hecho ella para quitármelos de las manos?
"¡Primera Princesa, el transporte al lugar designado se ha completado!"
El transporte de los caballeros se habÃa completado, y finalmente, Gerard y yo estábamos en la parte superior del cÃrculo de transporte, y ni siquiera me molesté en evitar que me siguiera.
"Su Alteza. Cuando volvamos, tengo algo que deciros sobre el marqués Graham".
Pero justo antes de que el cÃrculo mágico estuviera a punto de activarse, Gerard abrió la boca para decir algo inesperado.
"TodavÃa no he podido informar formalmente por falta de tiempo, pero he encontrado pruebas del uso de magia prohibida por parte del marqués Graham en la finca Lassner".
Sólo pude mirar fijamente a Gerard, sobresaltado por el inesperado sonido. Seguramente los Caballeros y Magos Imperiales habÃan rastreado la finca Lassner años atrás, y lo que no habÃan encontrado entonces habÃa surgido ahora.
"La investigación del conde Lassner debió de concluir hace mucho tiempo, y no sé de ningún informe sobre el marqués Graham en aquella época".
"He tropezado con algo guardado en la habitación secreta de mi padre que sólo yo conozco, y creo que puede requerir una investigación más profunda".
Pruebas que estaban guardadas en secreto en la habitación secreta de Glenn Lassner... Eso explicarÃa el tardÃo hallazgo en manos de Gerard.
Pero dicho esto, ¿significa que el marqués Graham está relacionado con el uso de magia prohibida que Glenn Lassner hizo hace tantos años?
"Y además de eso..."
La voz de Gerard se entrecortó mientras reunÃa mis pensamientos sobre un hecho del que no me habÃa dado cuenta ni siquiera como Judith.
"Hay algo que me gustarÃa decirte personalmente, princesa, y espero que me escuches".
En ese momento, sentà que se me hundÃa el corazón. Levanté la mirada para encontrarme con el rostro de Gerard.
Casi simultáneamente, el cÃrculo de transmisión se activó. En la luz blanca que se desvanecÃa, Gerard me miraba fijamente.
Me pregunté si estarÃa intentando marcharse.
El pensamiento pasó por mi mente. Me molestaba que estuviera tan extrañamente tranquilo después de enterarse de la muerte de su padre ese mismo dÃa.
Hace unos años, la opinión de Gerard no me importaba, porque tanto si querÃa escabullirse de mis garras como si no, iba a obligarle a sentarse a mi lado y a tomar de él lo que necesitara.
Pero ahora, no podÃa hacer eso. No podÃa obligarle, y desde luego no podÃa matarle. Eso era lo único seguro, aunque casi todo lo demás fuera incierto.
Al recordar esto, una sensación de calma pareció volver a mi mente. Mi mente, que habÃa estado agitándose desde que desperté de un largo sueño, por fin se habÃa calmado.
"Vale, escucharé lo que sea, sólo dÃmelo cuando vuelvas".
HabÃa algo que tenÃa que hacer primero para evitar que el pasado se repitiera. HabÃa algo que tenÃa que hacer. Eso era todo en lo que podÃa pensar por ahora.
Cuando la luz por fin se desvaneció, aparté la mirada de la de Gerard y caminé hacia delante.
El denso follaje verde oscuro proyectaba sombras sobre mi cabeza. El bosque olÃa a musgo húmedo y a hierba, densamente poblado de rábanos.
"Primera Princesa, el bloqueo que ordenó ha sido completado".
Los caballeros que habÃan llegado primero habÃan formado un cordón en un radio de diez terones, sellando todo el bosque para que ni una sola rata pudiera entrar o salir.
"¿Algún movimiento en el interior?"
"Ninguno".
"Sólo la élite preseleccionada nos seguirá. El resto esperará en sus puestos asignados y se moverá cuando se dé la señal".
Ramiel ocasionalmente se escabullÃa fuera del palacio a una vieja mansión en los bosques profundos. Los registros indicaban que una vez habÃa pertenecido a un noble caÃdo, y ahora era un edificio abandonado sin uso.
A medida que me adentraba en el bosque, la mansión aparecÃa a la vista, conservando la inquietud de un hogar abandonado. Era la primera vez que estaba aquà en persona, pero sabÃa que estaba en el lugar correcto por las marcas que habÃa hecho con mi magia.
Pero estaba inquietantemente silencioso. Claro, la mansión tenÃa un cordón bastante resistente alrededor del perÃmetro, pero era una sensación extraña difÃcil de explicar.
"Me encargaré de eso ahora mismo. ¡Atrás!"
No perdà tiempo en movilizar mis poderes. Si los cristales se dañaban, enviarÃa una señal al interior, asà que tenÃa que hacerlo de una vez por todas con todo el poder que pudiera reunir.
No le pedà a nadie más que lo hiciera, lo hice yo mismo. Gerard parecÃa a punto de decirme algo, pero luego se puso rÃgido y se calló.
Las ataduras eran bastante gruesas, pero no tanto como para que tuviera que forcejear. Habiendo sido vÃctima de un caso agravado de fiebre de mago apenas unos dÃas antes, me preocupaba que la energÃa no pudiera moverse como se suponÃa, pero, afortunadamente, eso no sucedió.
Sin embargo, no pude evitar fruncir ligeramente el ceño ante la extraña sensación de que el canal por el que se movÃa la energÃa estaba ligeramente bloqueado.
No obstante, en cuanto la poderosa energÃa golpeó el cristal, la membrana translúcida que tenÃa delante se hizo añicos con un chasquido.
"Ugh.... ¿A qué huele esto?"
Tan pronto como la barrera fue destruida, un leve hedor comenzó a emanar del edificio.
Todos fruncieron el ceño. Yo también entré en el edificio al percibir el olor y lancé rápidamente un hechizo de búsqueda, la energÃa irradió por todo el edificio y las criaturas reaccionaron a ella.
Un momento después, una puerta apareció frente a mÃ, envuelta en un aura sospechosa. De ella emanaba un hedor nauseabundo.
"¡Por aquÃ!"
Gritaron los caballeros que habÃan entrado antes en el edificio y empujaron la puerta fuertemente cerrada.
¡Bum!
Inmediatamente, una enorme ráfaga de energÃa se precipitó desde el interior, un resplandor violeta que centelleaba al chocar con los escudos que los siete habÃan extendido a su alrededor.
Apenas pude distinguir la nuca de Gerard, de pie frente a mÃ, protegiéndome de la oleada de magia, y más allá de él, un familiar y ominoso pilar de luz púrpura.
La habitación se llenó de un repugnante y espeso hedor a sangre. El hedor era causado por los cÃrculos mágicos dibujados en extrañas fórmulas en el suelo y los cuerpos de criaturas muertas sobre ellos.
El marqués Graham estaba de pie en el centro de un cÃrculo dibujado con sangre negra. A sus pies yacÃa Ramiel, aparentemente inconsciente.
"¡Primer PrÃncipe...!"
"¡Marqués Graham, qué demonios está haciendo...!"
Gritaron horrorizados los caballeros, pero el marqués Graham agitó la mano como si no hubiera oÃdo nada.
¡Chwaak!
Un chorro de sangre roja salpicó donde el afilado cuchillo habÃa rozado la carne congelada. El marqués Graham ignoró la presencia del inoportuno intruso que habÃa saltado a su presencia, salpicando el cÃrculo mágico con la sangre que brotaba de mi muñeca.
El marqués Graham que ahora tenÃa ante mà no parecÃa el marqués Graham que yo habÃa conocido. Sus ojos oscuros, hundidos a través de su pelo desordenado, brillaban con un fulgor insólito, como si fuera un loco.
"¡Marqués Graham, pare ahora mismo! ¡Uf...!"
Los caballeros se abalanzaron sobre él e intentaron rodearlo, pero un poderoso remolino de magia los detuvo. Me mantuve firme, haciendo balance de la escena en la sala.
Yo... yo habÃa visto antes el cÃrculo mágico en el suelo.
Cuando era Judith, habÃa visto exactamente lo mismo cuando fui a buscar a Arbella y Gerard tras enterarme de la increÃble noticia, asà que en cuanto me di cuenta de lo que estaba ocurriendo delante de mÃ, un cosquilleo me recorrió la espina dorsal, como si me clavaran una frÃa aguja en el cráneo.
Pero, pero, ¿por qué iba a hacer esto Marquis Graham?
Pero no tuve tiempo de reflexionar. Al momento siguiente, la reluciente hoja se movió, esta vez hacia Ramiel.
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