La Princesa Monstruosa 154
Reiniciar: otra vez, Arbella (1)
Me levanté apresuradamente de la cama, pero por un breve momento, mi visión vaciló mientras los sueños y la realidad se enredaban en mi mente.
"¡Princesa, deberÃas descansar un poco más!"
me suplicó Marina mientras me tambaleaba. Con la expresión de preocupación de Marina, el peso de mi verdadera identidad y las circunstancias actuales se abatieron sobre mÃ.
"Marina... ¿Cuánto tiempo llevo en este estado?".
pregunté, tragándome a la fuerza la abrumadora oleada de emociones que amenazaban con desbordarse en cualquier momento.
"Tres dÃas desde la Fiesta del Mago".
Tres dÃas. Me parecieron más largos y más cortos de lo que habÃa previsto. Los recuerdos de haber quedado inconsciente en el Salón del Amanecer durante la Fiesta de los Magos resurgieron, haciendo que me aferrara con fuerza a la colcha.
Cerré los ojos y respiré hondo una serie de veces, dejando que la magia que habÃa en mi interior disminuyera hasta cierto punto.
"¿Cómo ha ido la grieta? ¿Cuál es la situación actual?"
"Bueno, se expandió más rápido de lo previsto, pero los daños no son tan graves como temÃamos al principio".
TenÃa muchas preguntas, pero primero comprobé cómo se habÃan organizado los eventos del dÃa como Primera Princesa de Kamulita, Arbella.
"Fue una grieta inusualmente grande, y ocurrió en medio de la multitud del festival, asà que fue una situación un poco aterradora, pero habÃa muchos otros magos allÃ, y la Cuarta Princesa estaba increÃblemente tranquila después, asà que afortunadamente el daño no fue tan grave como podrÃa haber sido".
Cuando Marina pronunció las palabras "Cuarta Princesa", un dolor punzante resonó en mi cabeza, intensificando el malestar. Me froté enérgicamente la frente con la mano, con la esperanza de aliviar el creciente malestar. Se me apretó el estómago, una sensación nauseabunda pesaba sobre mÃ, como si me hubieran colocado una pesada piedra sobre el pecho. El sueño vÃvido y prolongado que experimenté durante mi inconsciencia comenzó a surgir de nuevo en mi conciencia.
Con unos labios que parecÃan reacios a separarse, conseguà pronunciar uno de los nombres más desafiantes.
"Aquel dÃa, creà que Gerard habÃa regresado...".
"SÃ, Lord Gerard descubrió a la Primera Princesa en el Salón del Amanecer y la trajo al Palacio Imperial".
Marina bajó la cabeza y respondió de forma escueta. Pude percibir su cautela a la hora de elegir sus palabras, probablemente debido a mi aluvión de preguntas.
Pude discernir la vacilación en su conducta. Me pasé una mano por el pelo, la miré fijamente y le pregunté qué me ocultaba.
"¿Cuántas personas me han visto en estado inconsciente?".
Hubo una pausa momentánea y Marina se inclinó hacia delante, separando los labios lentamente.
"Un puñado, me temo. Afortunadamente, la rápida intervención de Sir Gerard nos permitió reubicarnos fuera de la vista..."
"Marina, sólo dime."
"...Podemos asumir con seguridad que los miembros de la familia real están al tanto, y aparte de ellos, unos pocos magos de los Salones de las Noches Blancas y el Pequeño Duque Bernhardt..."
Marina observó mi reacción, con una mezcla de preocupación y nerviosismo grabada en el rostro. Sin embargo, ya lo habÃa previsto, asà que permanecà imperturbable.
"De momento, les he informado de que la Princesa se encuentra indispuesta debido a la excesiva carga de trabajo".
"SÃ, comprendo".
Aunque atribuir mi colapso al exceso de trabajo era una explicación plausible, dudaba que mucha gente lo creyera. No obstante, mis preocupaciones actuales superaban con creces cualquier duda sobre esa excusa.
Bajé la mano que me masajeaba la cabeza y me levanté, pero Marina detuvo mi movimiento.
"Primera Princesa, ¿por qué no se tumba y descansa hasta que llegue el médico imperial?".
"Yo conozco mejor que nadie mi estado. Me ha bajado la fiebre y no hace falta que venga el médico imperial".
Mientras me recostaba, la mesa ante mà se inundó de correspondencia de diversas fuentes, cada una con mi nombre. Giré la cabeza para echarle un vistazo.
"¿Dónde está Gerard?"
"Ha estado apostado junto a la puerta todo este tiempo, y ahora se toma un breve respiro... ¡Oh, princesa! Aún no es hora de que partas. ¿Adónde te diriges?"
Marina expresó con urgencia su preocupación, siguiendo detrás de mÃ. Deseché su preocupación con un gesto de la mano y me dirigà hacia la puerta.
Sin embargo, antes de que pudiera agarrar el pomo, la puerta se abrió ante mÃ.
"Primera Princesa".
Un hombre pelirrojo y despeinado se detuvo bruscamente, como si se hubiera precipitado. Bajé la mano con la que buscaba el pomo y me quedé helada mientras él me miraba fijamente.
"He oÃdo que te acabas de despertar. ¿Cómo te encuentras?"
"..."
Me di cuenta de que estaba preocupado por mÃ, tanto por la forma en que sus ojos escudriñaron mi cara como para ver cómo estaba como por la forma en que me preguntó si estaba bien. Le miré y respiré entrecortadamente.
HacÃa mucho tiempo que no estaba cara a cara con él, pero me sentÃa como si hubiera despertado de un largo sueño, como si hubiera vivido sin verle la cara durante mucho más tiempo del que realmente habÃa vivido. No sabÃa qué decirle a Gerard.
Seguramente, hace tres dÃas, habrÃa querido decirle algo más, pero ahora las palabras no salÃan de mi boca con tanta facilidad.
"...Ya veo. ¿Tuviste un buen viaje a casa del conde Lassner?".
Por fin conseguà decÃrselo a Gerard en voz baja.
Me miró fijamente a los ojos sin decir palabra, como si percibiera algo incómodo en mÃ.
"Primera Princesa, ha llegado el médico imperial".
En ese momento, una doncella anunció la llegada del médico imperial desde la puerta abierta.
Marina se acercó silenciosamente por detrás y me puso una bata sobre los hombros. Gerard debió darse cuenta de que mi atuendo no era apropiado para conversar, porque apartó su mirada de mà y dio un paso atrás.
"Mis problemas no tienen importancia ahora. Primero debes ver al médico imperial para que te cuide".
Sin decir una palabra más, me di la vuelta y caminé en silencio de vuelta al dormitorio.
Pero la mano que agarraba con dolorosa fuerza la bata que Marina me habÃa dado era aún más fuerte que antes.
***
"Primera Princesa, la Cuarta Princesa está de visita".
Cuando los sÃntomas de la fiebre del mago remitieron y recuperé el conocimiento, ya era demasiado tarde. Asà que a la mañana siguiente, mientras me preparaba para presentarme ante el emperador Cedric, Marina me informó de la visita de Judith.
Me puse rÃgido y me miré en el espejo que tenÃa delante, que reflejaba el rostro de una mujer con expresión frÃa y rÃgida.
"Si es la Cuarta Princesa, me visitó ayer, ¿qué debo hacer?".
Pero la mujer del espejo pronto se enderezó y preguntó despreocupadamente.
"¿No me visitó ayer Judith? ¿La mandaste de vuelta entonces?"
"SÃ, vino a visitarme justo antes de que la princesa se despertara y la rechacé. Más tarde, mencionó que tenÃa algo que discutir con Sir Gerard, asà que permaneció un rato fuera del palacio antes de marcharse."
"¿Se reunió Judith con Gerard?"
"Hablaron brevemente, pero en cuanto supieron que la Primera Princesa habÃa despertado, Sir Gerard se marchó, asà que su interacción fue breve".
Pero la inesperada respuesta de Marina me hizo reflexionar.
Ayer, cuando me desperté, parecÃa que Gerard se habÃa marchado por poco tiempo y habÃa regresado, pero entonces Judith vino a verme... Era difÃcil saber qué pensar de la noticia de que querÃa reunirse con Gerard por separado.
"Incluso ahora, la Cuarta Princesa insiste en permanecer fuera de palacio, sabiendo que la Primera Princesa visitará pronto a Su Majestad. En estos momentos se encuentra en el jardÃn, esperando un breve encuentro con usted a la salida".
Marina tenÃa razón, mi cita con el emperador Cedric se acercaba, pero aún era tiempo suficiente para que se tomara un momento para saludar a otra persona. Por supuesto, si no querÃa, podÃa quedarme y ser estéticamente agradable y utilizar al emperador Cedric como excusa para escabullirme cuando el tiempo apremiara.
Pero no podÃa tratar asà a la persona que se me acercaba ahora.
"Salgamos de aquÃ. Debo verla yo mismo".
Con pasos pesados, como si me pesara, me dirigà al jardÃn donde Judith me esperaba. Cuanto más me acercaba a mi destino, más se me enfriaban las manos y los pies, como si me estuvieran drenando la sangre del cuerpo.
Tal como Marina me habÃa dicho, Judith estaba de pie en el jardÃn. Pero no estaba sola.
A su lado estaba Gerard. Era imposible saber de qué hablaban mientras estaban frente a frente.
Mientras el pelo oscuro de Judith ondeaba ligeramente con la brisa entre las hojas verdes, un sudor frÃo me recorrió la espalda.
De hecho, lo primero que quise hacer al abrir los ojos fue verla, pero al mismo tiempo no querÃa verla. Incluso ahora, mi corazón latÃa rápido, golpeando y golpeando, cuando alcancé a ver a esta chica familiar pero desconocida.
"Primera Princesa"
La cabeza de Gerard se giró primero, como si por fin me hubiera visto, y se pavoneó hacia mÃ, dejando atrás a Judith, seguida por Judith que me devolvÃa la mirada. Nuestras miradas se cruzaron y observé con leve incredulidad cómo una sonrisa se dibujaba lentamente en su rostro.
"HacÃa tres dÃas que no te veÃa, hermana. He oÃdo que no te encontrabas bien, ¿te encuentras mejor ahora?".
Inesperadamente, Judith se volvió hacia mà y me dedicó un saludo muy dulce.
"Lo... estoy"
Fruncà los labios casi por reflejo, indeciso sobre cómo responderle.
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