La Princesa Monstruosa 133
Las Dos Princesas (12)
Una limpieza superficial de la suciedad acumulada reveló una piedra de poder que, aparte de algunos arañazos y un color descolorido, parecÃa estar en mejor estado de lo que esperaba. Gerard la miró un momento y luego la activó, sin esperar gran cosa.
-Arbella, ¿qué haces ahà sola?
-Buscando tréboles.
Pero, para su sorpresa, la piedra mágica funcionaba perfectamente después de años de abandono. Estaba asombrado de lo bien que funcionaba.
Gerard miró un momento el vÃdeo que habÃa grabado por primera vez en su mente la existencia de Arbella cuando era niño y luego salió de la habitación con la piedra de poder.
Ahora que estaba en palacio, le habÃa resultado increÃblemente fácil hacerse con las videopiedras mágicas de la familia real. A Gerard no le faltaban piedras mágicas de vÃdeo de Arbella en su poder, pero ésta significaba algo más para él, y no podÃa dejarla atrás en un lugar como éste.
Tras un breve momento de contemplación, Gerard salió de la habitación y caminó por el pasillo a paso más lento que antes.
Esta vez iba al lugar donde tenÃa sus últimos recuerdos de la mansión. También era la última vez que habÃa visto a su padre, Glenn Lassner.
Pero como si hablara en nombre de su corazón renuente, sus pasos por el pasillo se hicieron cada vez más lentos.
Glenn Lassner, que habÃa realizado aquà el procedimiento prohibido, seguÃa en prisión, cumpliendo cadena perpetua.
Como le habÃa prometido a Gerard hacÃa tiempo, Arbella le traÃa de vez en cuando noticias de Glenn Lassner, y cada vez que lo hacÃa, Gerard sentÃa como si se lo debiera a alguien a quien no acababa de identificar, ya fuera Glenn Lassner o Arbella.
Y asÃ... habÃa acabado aquÃ, buscando un lugar en sus recuerdos. Para organizar por completo su mente, que habÃa estado frustrantemente enredada como un hilo retorcido, y para poner fin a este viejo problema, que no habÃa podido concluirse fácilmente hasta ahora.
Pero aunque no fuera por ninguna de esas razones, de algún modo sentÃa que tenÃa que venir aquà al menos una vez.
Asà que Gerard empujó la puerta que tenÃa delante, resistiendo el impulso de volverse incluso ahora, y entró.
Sintió un escalofrÃo nada más entrar en la habitación oscura, donde manchas ennegrecidas salpicaban el suelo y las paredes, recordándole un recuerdo que no querÃa revivir.
El ominoso resplandor púrpura que habÃa atravesado su borrosa visión aquel dÃa parecÃa recrearse ante sus ojos una vez más.
"Lo siento..."
Por qué el padre que le habÃa traÃdo aquà tenÃa que disculparse, no lo habÃa entendido hasta hacÃa poco. Pero ahora que habÃa recuperado la memoria, no podÃa evitar preguntarse en qué circunstancias Glenn Lassner le habrÃa dicho entonces aquellas palabras.
"Lo siento, Gerard..."
Glenn Lassner no se disculpaba con él por culpabilidad, simplemente porque sabÃa que su hijo, Gerard, no estarÃa contento si le descubrÃan por intentar dejarlo.
Gerard recordó un incidente que le trajo recuerdos de un dÃa que habÃa olvidado.
"PreferirÃa que me mataras".
"No pude matarlo después de todo, aunque sabÃa que tenÃa que sacrificar a este niño para completar el hechizo... Más bien, mientras lo intentaba, me encontré deseando morir desesperadamente, incapaz de perdonarme por hacer algo tan animal".
La escena de la magia prohibida que habÃa presenciado con Arbella. Cuando vio al hombre llorando con su hijo dentro del cÃrculo mágico en el suelo, Gerard se dio cuenta de lo que habÃa olvidado todos estos años.
De hecho, en su último dÃa en la finca Lassner, el padre de Gerard lo habÃa abandonado por completo.
Glenn Lassner iba a utilizar una magia prohibida que invertÃa el tiempo para devolver a la vida a su esposa muerta, y para nada más iba a utilizar a Gerard como sacrificio.
Desde la muerte de su madre, no habÃa puesto de su parte para criar a su hijo Gerard, sino que se habÃa encerrado en su habitación y nunca le habÃa mirado a los ojos. Pero aquel dÃa, podÃa decir que habÃa abandonado por completo a su único hijo.
No se habrÃa sentido asà si, como el hombre sin nombre que habÃa visto con Arbella, el padre de Gerard hubiera fracasado en la magia prohibida, incapaz de matar a su hijo al final.
Pero Glenn Lassner no se detuvo por voluntad propia, y aquel dÃa, como si supiera que Glenn Lassner usarÃa magia prohibida, habrÃa matado a Gerard y lo habrÃa sacrificado si otros no hubieran irrumpido de repente en la mansión en mitad del hechizo.
Gerard habÃa leÃdo entonces tanta determinación en su padre y, no queriendo creerlo, borró de su mente el recuerdo de aquel dÃa.
Incluso en el momento en que el hechizo falló debido a una interrupción, habÃa gritado, no a Gerard, sino al ver los huesos de su esposa muerta esparcidos por el cÃrculo.
¿En qué habÃa estado pensando Glenn Lassner, al pensar que retroceder en el tiempo devolverÃa la vida a su hijo muerto de todos modos, para no sentir una profunda punzada de culpabilidad?
Al volver a entrar en aquel lugar inquietante de su mente, su cabeza, que estaba definitivamente nublada, pareció despejarse.
"Lo siento, Gerard..."
SÃ. HabÃa estado atado como un perro a una correa por aquella disculpa barata, y siempre habÃa pensado en este lugar, el lugar donde habÃa vivido con su padre, como un lugar al que volverÃa algún dÃa.
Tal vez su padre, Glenn Lassner, le estarÃa esperando, tal vez querrÃa volver a verle, al hombre del que se habÃa visto obligado a separarse aquel dÃa sin siquiera despedirse como era debido...
Pero todo era una ilusión. Era sólo un espejismo, un adulto hablándole en medio del desierto.
"Toma mi mano ahora.
"Porque me gustas."
"Quiero que te quedes a mi lado. Asà que si no tienes a dónde ir ahora, quédate aquÃ".
Asà que realmente sólo habÃa una persona en el mundo que querÃa a Gerard, y sólo una persona.
Eso era lo que habÃa pensado aquel dÃa en el pasado, cuando habÃa intentado por primera y última vez escapar del palacio, cuando sus ojos captaron el mundo a través de los barrotes. Pero ahora ni siquiera podÃa ver por qué necesitaba salir de allÃ, una vez que ya habÃa caÃdo en su extraña dulzura, era difÃcil arrancarse de ella.
¿No deberÃa quedarse allÃ...?
¿No deberÃa estar allÃ, al lado de la chica que le habÃa deseado por primera vez, siendo lo que ella quisiera que fuera?
Si hasta ahora sólo habÃa hecho una promesa temporal e interminable a Arbella debido a circunstancias ajenas a su voluntad, a partir de ahora querÃa permanecer a su lado todo el tiempo que quisiera, sin ninguna expectativa.
Sin darse cuenta, mi deseo crecÃa más y más con cada dÃa que pasaba, hasta convertirse en una bola de nieve.
Cada vez que la miraba, querÃa tocar el dobladillo de su vestido, y anhelaba parecerse más a ella. Aunque tuviera que pasar el resto de su vida en una posición en la que nunca se atreviera a tocarla, sólo a mirarla desde atrás, estarÃa bien poder verla un poco más de cerca.
SÃ. Entonces, volverÃa con su querida Arbella.
Y cuando lo hiciera, le dirÃa que querÃa quedarse con ella más allá del plazo previsto.
Gerard decidió volver con quien le esperaba, sintiéndose decididamente más en paz que antes de venir aquÃ.
Gerard salió de la habitación, cerrando la pesada puerta tras de sÃ, dejando atrás el pasado.
Por mucho que quisiera volver directamente al palacio, tenÃa que hacer una parada más. La habitación donde su padre, Glenn Lassner, se habÃa encerrado todo el dÃa para estudiar magia de lenguas.
Desde luego, los Caballeros Imperiales no habÃan sido los primeros en irrumpir en la mansión el dÃa en que Glenn Lassner habÃa utilizado su magia prohibida, interrumpiéndole, arruinando la oportunidad de su vida para la que habÃa pasado toda su vida preparándose, y después robándole a Gerard y vendiéndolo a cazadores de humanos.
Aunque era un recuerdo débil, seguramente Gerard habÃa visto el rostro del marqués Graham en algún momento de aquella época, y el recuerdo de haber visto el nombre de Junon Graham en alguna carta que habÃa robado de la habitación de su padre Glenn Lassner mucho antes de que.... fuera una forma borrosa bajo las aguas profundas.
Gerard llegó un momento después al estudio de Glenn Lassner, que estaba tan desordenado como su habitación, y tanteó la pared junto al escritorio volcado.
Tocó un punto de la pared de la forma en que habÃa aprendido a hacerlo cuando era muy joven, echando miradas curiosas a la habitación, y una pequeña rendija en la esquina se abrió con un chasquido.
Los objetos del interior seguÃan allÃ, como si no los hubiera tocado el tiempo. Como era de esperar, los que habÃan investigado antes el laboratorio no habÃan descubierto esta pequeña habitación secreta.
En ella, Glenn Lassner habÃa guardado lo que parecÃan ser las pertenencias de su difunta esposa, unas cuantas piedras mágicas y los materiales en los que estaba trabajando para una técnica de retirada de inversión temporal.
Mezclados con los materiales habÃa algunos con una letra distinta a la de Glenn, como si los hubiera escrito otra persona, y unas cuantas cartas sin nombre de remitente, todas ellas también sobre el interés de Glenn Rasner por la magia prohibida. Gerard las leyó una tras otra.
"Esto es..."
Al cabo de un momento, el rostro de Gerard se endureció mientras hojeaba el alijo de documentos y cartas de Glenn Lassner.
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