La Princesa Monstruosa 123
Las Dos Princesas (2)
"¿Por qué no vuelve hoy temprano a palacio, Princesa?"
Por fin habÃa dejado de manar sangre. Me limpié la cara y estaba a punto de salir de la habitación cuando Marina me llamó.
Pude ver la preocupación en sus ojos, y supe que mi salud no era lo único que le preocupaba en ese momento. Le preocupaba ofenderme en el banquete imperial de esta noche.
"Mira... De todas formas no pensaba quedarme mucho tiempo".
Pero no era algo que pudiera discutir largamente con Marina, asà que le di una respuesta cortante y salà por la puerta.
"Estás fuera, princesa."
Gerard, de pie en la puerta, también se habÃa puesto la túnica. Se detuvo un momento al verme fuera y retrocedió un paso.
"El Tercer PrÃncipe te está esperando".
"SÃ, vamos".
Me apresuré a salir, pero noté una conmoción momentánea en Gerard al verme, y me pregunté si aún tendrÃa sangre. Pero con un rápido vistazo, estaba limpia.
Asà que sÃ, era imposible que este brillante genio mágico hubiera cometido un error tan rudimentario, ¿y cuál fue la reacción de Gerard? ¿Se sorprendió de que yo fuera tan guapa?
"Miriam. ¿Qué has estado esperando?"
"¡Hermana, guau, estás preciosa hoy!"
Un momento después, un chico guapo, vestido con un traje de banquete tan colorido como el mÃo, me vio y corrió hacia mà con un brillo en los ojos.
Me sentà abrumada por su admiración a primera vista. Su estética es muy parecida a la mÃa.
Hoy iba vestida con un traje precioso, aunque un poco engorroso, que harÃa que cualquiera se detuviera a mirarlo. Me gustaba llevar los trajes que el conde Lebelin, el sastre imperial, me habÃa rediseñado para que se ajustaran a mi pelo más corto, pero eso no significaba que no me gustaran los vestidos y las joyas. Para empezar, todo me quedaba bien, asà que tenÃa donde elegir. Seguramente serÃa hermosa y agraciada a través de los tiempos, pensé por primera vez en mucho tiempo.
No sé en qué estarÃa pensando mientras corrÃa hacia mÃ, pero cuando llegó frente a mÃ, tosió innecesariamente y me dirigió una mirada muy adulta.
"Ejem. Hoy estás deslumbrante, hermana".
Sonreà burlonamente, divertida de que este pequeñajo siguiera siendo lo suficientemente caballero como para recogerme él solo hasta aquÃ, y ahora se hiciera pasar por adulto delante de mà de esta manera.
"Gracias, tú también estás muy guapo hoy".
Le devolvà el cumplido, muy generosamente. Soltó una risita feliz mientras volvÃa a ser como un niño.
"Vamos, entonces."
"SÃ. ¿Puedo cogerte de la mano?"
"¿Cómo se supone que vas a acompañarme sin cogerme de la mano?".
A Miriam se le iluminó la cara mientras me observaba con recelo ante mis palabras. Me cogió la mano con cautela, a pesar de que le habÃa dado permiso, y me encogà un poco al pensar que eso demostraba lo hermana mayor que habÃa sido para él.
Parte de lo que habÃa cambiado desde la última cacerÃa era mi relación con él. La verdad era que aún no me sentÃa del todo cómoda a su lado. Pero estaba intentando cambiar mi actitud hacia él, al menos un poco.
Quizá sea porque soy mayor que antes, o quizá sea por los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, pero me resulta difÃcil ser tan distante como antes cuando se trata de Miriam, que me considera su hermana, a pesar de que siempre le trato con tanta frialdad.
Por eso acepté su petición de ser mi compañera en el banquete imperial de hoy, para que pudiéramos entrar juntas en el salón de baile. Naturalmente, la Emperatriz estaba muy contenta, y yo también me sentà un poco como una rana en el estanque, pero...
Eso no me impidió decir lo que tenÃa que decir y al verle ahora tan feliz delante de mÃ, no pude evitar sentir una punzada de arrepentimiento por haber aceptado ir con él al banquete.
"Sus Altezas Reales, la Princesa Arbella León Kamulita Primera y el Tercer PrÃncipe Miriam Viento Kamulita, ¡entren!".
En cuanto entramos en el salón de baile, todas las miradas se posaron en nosotros.
Miriam hinchó el pecho con más orgullo que de costumbre y me escoltó muy obediente. Gerard le siguió de cerca.
Los ancianos imperiales aún no habÃan llegado. En cuanto Miriam y yo estuvimos dentro, los nobles se acercaron a saludarnos.
"Veo que la Primera Princesa y el Tercer PrÃncipe están hoy con nosotros".
"La Emperatriz debe estar muy contenta de veros tan crecidos y tan amistosos".
Le devolvà el favor. Miriam, al igual que yo, era hija de la emperatriz, y habÃa estado acostumbrada a recibir la atención de mucha gente al lado de su madre, por lo que no parecÃa sentirse incómoda en esta situación.
"¡Princesa!"
Entonces apareció un rostro familiar. Sólo habÃa una persona que pudiera haberse emocionado tanto al verme y saltar de alegrÃa. Era Bobby Montera.
"¡Bobby Montera, saluda a la Primera Princesa y al Tercer PrÃncipe!"
"Joven maestro Montera. Pensé que no asistirÃas a este banquete imperial."
"SÃ, he estado enfermo con una gripe de pleno verano que ni los perros contraen desde la Fiesta de la Caza... ¡Ay, qué frivolidad que yo diga en presencia de la Princesa y el PrÃncipe!".
Bobby Montera se tapó la boca con la mano.
HacÃa mucho tiempo que no veÃa a Bobby Montera. HacÃa tiempo que no salÃa de la mansión porque, como ahora admitÃa, estaba terriblemente resfriado.
Como resultado, el añorado Bobby Montera habÃa perdido mucho peso y su linda carita estaba demacrada.
"¿Está todo mejor ahora?"
le pregunté, preocupado por si Bobby Montera seguÃa siendo contagioso.
"SÃ, ya estoy bien".
"Bueno, me alegro de que parezca que ya te estás recuperando".
"¡Todo gracias a la preocupación del Primer y Tercer PrÃncipe!".
Pero no tenÃa nada más que decir, y no salió de la habitación cuando hubo terminado sus saludos; y Bobby Montera, después, con una mirada cautelosa en su rostro, volvió a hablar.
"Por cierto, me parece que han pasado muchas cosas mientras he estado fuera, y me temo que la Princesa debe de estar muy preocupada".
"No diga tonterÃas, señorito".
Miriam dirigió a Bobby Montera una mirada ligeramente contrariada.
Pero no era nada raro. De hecho, habÃa estado escuchando lo que los asistentes al banquete habÃan susurrado entre ellos antes. Nadie se habÃa atrevido a decirlo abiertamente delante de mÃ, asà que, en ese sentido, Bobby Montera llevaba años siguiéndome y no tenÃa ni idea. Le di un codazo en el brazo a Miriam mientras él se adelantaba, ofendido, y respondÃa con voz indiferente.
"El sol se ha puesto en Kamulita, y las bendiciones y el favor se deben a quienes disfrutan de su luz, asà que ¿qué hay que temer?".
Bobby Montera se apresuró a disculparse por sus palabras, sintiendo que habÃa hablado innecesariamente, y se retiró.
"No hay que dejarse engañar tan fácilmente por las habladurÃas de éste, aquél o cualquiera de los otros. Y ese tal Montera es demasiado amigo de mi hermana".
Por si fuera poco, Miriam refunfuñó mientras miraba en dirección a donde habÃa desaparecido Bobby Montera, y luego se escabulló para coger una bebida para adultos de la bandeja de un criado al pasar, asà que, naturalmente, se la arrebaté.
"SÃ. Sólo son un puñado de incultos hablando, asà que no tengo por qué ofenderme".
Luego le tendà una nueva bebida, una de las favoritas de los menores. Puso cara de insatisfacción pero no volvió a cambiar a la que le habÃa dado.
"Por cierto, los adultos de la familia imperial llegan tarde hoy".
Sólo los demás prÃncipes y princesas habÃan llegado al salón de baile.
Lancé una mirada a la doncella que habÃa traÃdo en lugar de Marina, y ella se dio cuenta rápidamente y se acercó a mÃ. Le pregunté en voz baja.
"¿Dónde están Ramiel y Cloe?".
"No pueden asistir".
No hice más preguntas porque me esperaba la respuesta. Ramiel, Cloe y la Segunda Reina Katarina habÃan empezado a desaparecer de apariciones públicas como estas por culpa del Marqués Graham. HabÃa desaparecido durante la última temporada de caza y nunca lo habÃan encontrado. Naturalmente, la ira del Emperador era cada dÃa más fuerte, y la noticia del marqués estaba destinada a salir a la luz.
Esta era una de las cosas que Bobby Montera habÃa dicho hacÃa un momento, y la otra era...
"¡Hermana Bella! Hoy estás aquà con Miriam".
En ese momento, la Tercera Princesa Liliana, la Quinta Princesa Vivian y el Segundo PrÃncipe Lloyd, que nos habÃan visto a Miriam y a mÃ, se acercaron. Nos saludaron a Miriam y a mÃ, miraron a su alrededor un momento y luego fruncieron el ceño.
"¿Qué, aún no ha llegado Judith?".
"Qué descarada al venir más tarde que Bella".
"Bueno, últimamente está recibiendo mucha atención, incluso de papá, y se ha vuelto mucho más popular fuera".
Antes de darme cuenta, estaban hablando de Judith. Por supuesto, no era positivo.
Miriam tampoco parecÃa estar muy unida a Judith últimamente, pero frunció el ceño, no queriendo oÃr sus fealdades delante de él de esta manera.
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