La Princesa Monstruosa 121
¿Por qué has venido a mi casa? (15)
"Pensé que tal vez si lo experimentabas por ti mismo al menos una vez, entenderÃas por lo que he estado pasando".
Para colmo de males, Gerard me miraba con expresión impasible, como si no supiera lo que acababa de hacer. HabÃa algo casi descaradamente despreocupado en la forma en que me miraba a la cara con lo que parecÃa una mirada más bien intensa.
Intenté apartar la mano de Gerard, pero sus dedos estaban profundamente entrelazados y, mientras tanto, su magia seguÃa haciéndome cosquillas por dentro.
"Entonces... ¿me estás haciendo esto?".
"Es algo que la Princesa me hace todo el tiempo, asà que pensé que tal vez no te importarÃa tanto..."
Gerard dijo despacio, y entonces una sonrisa irónica se dibujó en las comisuras de sus labios.
"Asà que supongo que no eres tan diferente de mà después de todo".
Al oÃr esas palabras, inhalé profundamente, sin hacer ruido. Solté el dobladillo de la camisa de Gerard y le pasé la mano por la cara. Intenté componer mi expresión, que mostraba mi indefensión.
"Vale, ya basta".
Gerard no obedeció de inmediato. Pero cuando levanté los ojos de entre los dedos y le lancé una mirada de advertencia, sus manos, que habÃan estado tan fuertemente entrelazadas con las mÃas, empezaron a desenredarse lentamente.
Volvà a bajar la mirada, aún cubriéndome la cara con las manos, y hablé con un volumen de voz ligeramente más bajo que hacÃa un momento.
"He visto lo suficiente como para saber de qué estás hablando... e intentaré no hacer esto en el futuro".
El darme cuenta de lo que habÃa estado haciendo sin darme cuenta me pasó factura, y era difÃcil mirarle a la cara sin sentir vergüenza al recordar que yo le habÃa estado haciendo lo mismo.
Pero sabÃa que le alegrarÃa oÃrlo, asà que apreté con más fuerza su mano, que se aflojaba lentamente, y le apreté los dedos lo suficiente como para que me doliera un poco.
"No querÃa decir que no debieras hacerlo".
¿Está tratando de jugar conmigo ahora, como si quisiera esto, y quiere que yo lo intente?
"¿Entonces qué? ¿Qué quieres que haga?"
Gerard me miró fijamente sin responder.
Estaba claro que Gerard me habÃa vaciado de toda mi magia, y sentà que se me volvÃa a apretar el estómago al clavarle los ojos.
Solté la mano de Gerard, esta vez con más firmeza, y lo miré con intensidad.
"Bastardo maleducado. Me has estado mirando todo el rato. ArrodÃllate ya".
A decir verdad, estaba un poco malhumorado por lo que acababa de pasar, y fui innecesariamente duro. Aun asÃ, Gerard no se contuvo en cuanto le di la orden, e inmediatamente se agachó como si me estuviera obedeciendo.
Pero en el momento en que sus rodillas tocaron el suelo y su cuerpo bajó, me di cuenta de que habÃa cometido un error. Cuando sus rodillas tocaron el suelo y su cuerpo bajó, acercando nuestras caras más que cuando estaba de pie.
Esta vez, salté de mi asiento.
"Tú... no te muevas de aquà hasta que salga el sol".
Hoy no pude resistirme a castigar a Gerard, asà que con esa orden en mi voz algo frÃa, caminé hacia la entrada, con la intención de salir primero del jardÃn. Pero no fui muy lejos antes de detenerme en la hierba y volver a hablar.
"... Puedes irte dentro de una hora, ya que será demasiado tarde cuando salga el sol".
Entonces apresuré mis pasos un poco más esta vez. Por alguna razón, me pareció oÃr una risita baja detrás de mÃ, pero no miré atrás, casi corriendo de vuelta al dormitorio.
***
Era el último dÃa de lo que parecÃa ser una temporada de caza inusualmente larga, y la desaparición del marqués Graham de su sala de investigación seguÃa siendo desconocida para el mundo exterior.
He estado ocupado tratando de localizarlo, pero siendo este el último dÃa de caza, he obtenido permiso del Emperador para estar fuera en el coto de caza.
"¿Qué haces ahà ahora?"
Me di cuenta de que algo iba mal en el cÃrculo que rodeaba el coto de caza, e inmediatamente después de tomar asiento, me crucé de brazos ante la visión que me llamó la atención.
"¡Hyuk, S-hermana B-Bella!"
Cuando el prÃncipe Lloyd oyó mi voz, se sobresaltó y retiró la mano de la piedra mágica que tenÃa delante. Miré lo que su mano habÃa tocado.
Lo que Lloyd estaba tocando era una piedra mágica que activaba los escudos que rodeaban el coto de caza. HabÃa cuatro, cada uno con una sola capa, y el que estaba tocando Lloyd era el más exterior.
"Es que... tenÃa curiosidad. ¿No cambió la combinación de fórmulas mágicas de las piedras mágicas finales de este año? Tengo un poco de curiosidad académica".
Lloyd movió las cejas y se inventó una excusa poco convincente. Mientras lo hacÃa, fulminó con la mirada a mis ayudantes, que se habÃan apostado fuera de la carpa como perros guardianes, y que ya sudaba profusamente a causa de mi hechizo.
Desvié la mirada de la piedra mágica y volvà a mirar a Lloyd. Recordé a Judith de antes, dirigiéndose hacia el sendero cercano al bosque.
Al parecer habÃa sido convocada por Vivian, pero seguÃa preocupada por lo que habÃa ocurrido el primer dÃa de caza, y parecÃa decidida a regresar después de que ella y Vivian tuvieran una buena charla.
"Hermano".
"¿Eh?"
Lloyd se untó saliva en los labios resecos cuando abrà la boca para llamarle.
"¿Hiciste esto tú solo, o fue un esfuerzo conjunto con nuestros otros hermanos?".
"Es..."
"¿Lo hiciste solo? Vale."
"¡Lo hice con Vivian!"
Los ojos de Lloyd se entrecerraron mientras soltaba los frijoles que finalmente lo habÃan convertido en un traidor.
Cumplà felizmente sus expectativas, maniobrando mi magia para envolver el cuerpo de Lloyd. Luego lo arrojé a mi séquito.
"¡Ay! ¡Déjame ir! ¿Quieres que salga de aquà as�".
Ignoré al chillón Lloyd, lancé un hechizo protector sobre las piedras mágicas y salà primero de la tienda.
"Lloyd, tienes la misma edad que Judith, asà que ya tienes dieciséis años, madura".
Ya tengo bastante de qué preocuparme, y no sé cuánto tiempo voy a estar limpiando los lomos de estas piedras.
"Judith".
"¡Hermana Arbella!"
Judith asomó la cabeza desde las sombras detrás de los árboles cuando llegamos a la pasarela. Vivian también me miró, extrañada por mi repentina aparición.
"¿Por qué está aquà la hermana Bella? .... ¿Le pediste, le pediste que viniera?"
"¡No!"
"He venido a recogerte porque la cacerÃa está a punto de terminar".
Respondà a Vivian, que fulminó con la mirada a Judith, sin pensar siquiera en lo que habÃa hecho con Lloyd, antes de cambiar mi mirada hacia Judith.
"¿Habéis terminado de hablar?"
"No sé..."
Por la sutil mirada de Judith, estaba claro que Vivian habÃa estado ganando tiempo sin llegar a hablar.
Desde la perspectiva de Vivian, ella realmente no querÃa hacer las paces con Judith, pero tampoco querÃa perder los estribos como lo hizo la última vez y hacer que Judith se fuera.
"Volvamos a nuestros asientos. Vivian, ¿hay algo más de lo que Judith y tú necesitéis hablar ahora? Si es asÃ, volvamos al palacio y terminemos la conversación".
"Hermana Bella, todavÃa hay tiempo, asà que me quedaré con Judith un rato más..."
"Mi. Lloyd tiene que volver a su asiento primero, Vivian".
Miré a Vivian con una mirada de advertencia. Pareció darse cuenta de que la habÃa pillado in fraganti con Lloyd. Resopló, tomó aire y me miró.
"Yo, yo... ¡entonces yo iré primero!".
Incapaz de resistir mi gélida mirada, Vivian se escabulló primero.
"Hermana, nosotras también vamos".
La miré de espaldas con un ojo ligeramente hundido, y entonces Judith y yo empezamos a caminar por el malecón.
La pregunta en la que habÃa empezado a pensar hacÃa un rato volvió a asaltarme.
"Judith. Ese collar que te regaló tu madre, ¿todavÃa lo llevas todos los dÃas?".
"¿El collar? SÃ, la hermana arregló las costuras y la cadena la última vez, ¡asà que es muy resistente!".
Judith sonrió alegremente, sin saber lo que estaba pensando.
Los hombres que habÃan llevado a cabo el secuestro de Miriam eran claramente magos del Reino de Solem, y eso incluÃa al que seguÃa encarcelado en las mazmorras. Si se revelaban sus orÃgenes y se la asociaba erróneamente con ellos, podrÃa encontrarse en una posición aún peor dentro del Imperio Kamulita de la que ya estaba... Ya habÃa tenido este pensamiento en la cabeza antes, racionalizándolo para mis adentros.
Pero honestamente, decir que estaba ocultando su nacimiento por el bien de Judith era una excusa cobarde.
La verdad es que yo ya sabÃa lo que estaba haciendo por Judith. Pero querÃa que me perteneciera para siempre... asà que mantuve la boca cerrada, despreciablemente, para que ella pudiera permanecer en mi jaula. Mientras ese hecho siguiera siendo un secreto para siempre, ella seguirÃa viviendo a mi lado como una medio princesa.
Pero, de algún modo, aunque eso era lo que siempre habÃa querido, empecé a sentirme incómoda cada vez que veÃa que los demás la ignoraban y la trataban como si de algún modo fuera defectuosa.
"DeberÃas enseñárselo a Levantheon la próxima vez".
Asà que, un tanto impulsivamente, decidà correr un riesgo que no suelo correr, aunque no estaba seguro de si la suerte estarÃa con Judith o conmigo, en cualquier caso.
Judith ladeó la cabeza, incrédula. "¿Al señor Levantheon?", preguntó. Me limité a acariciarle el pelo y sonreà débilmente.
Y aquel dÃa, Gerard sà que cazó a la criatura mágica dorada del bosque y la trajo ante mis ojos.
"Primera Princesa. Tengo la galaxia dorada que querÃas".
Pude ver a Killian frunciendo el ceño detrás de él mientras Gerard le robaba el jugador.
Gerard dejó la galaxia dorada en el suelo delante de todos, se acercó a mà y se arrodilló, como habÃa hecho la primera vez que entramos en el bosque.
Luego me cogió la mano, apoyó la frente en ella y dijo,
"Gloria a mi único maestro".
Quizá fue entonces cuando me di cuenta de repente.
Tal vez mi futuro habÃa estado avanzando en una dirección que no habÃa pensado ni deseado durante mucho tiempo.
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