La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 95
Creo que vuelve a sorprenderle mi pobre sentido de los nombres, pero supongo que es bueno que al partido le guste lo que le gusta.
Me doy la vuelta, fingiendo no notar los ojos temblorosos de Piik. Fue entonces cuando noté una carta metida en el ramo de rosas azules que Reynos habÃa traÃdo.
'Qué es eso.'
Cuando Reynos se dio cuenta hacia dónde estaba mirando, se sonrojó y bajó la mirada. Rascó el escritorio con su pata trasera avergonzado.
Saqué la carta y, Dios mÃo, era la letra de Reynos.
No habÃa sido asà desde que fingimos una relación para quitarme de encima a Duval y Tyriel.
Mi corazón dio un vuelco ante la letra clara, similar a la que habÃa visto cuando era un dragón recién nacido, pero más pulida.
Abrà la carta de buena gana, olvidándome del pinchazo en mi conciencia por parte de Godori.
La carta no fue al grano.
Comenzó con las palabras: "Hace frÃo estos dÃas, pero ¿cómo estás?". y pasó a preguntarme cómo estaba, si estaba comiendo bien, si estaba tomando mis suplementos, si tenÃa algún malestar…etc.
No pude evitar reÃrme cuando me di cuenta de que me preguntaba las mismas cosas que me preguntaba cada vez que me veÃa.
Cuando me reà sin ocultarlo, el rostro de Reynos se puso aún más rojo. Sus rasguños en el escritorio se hicieron aún más rápidos.
Mientras continuaba leyendo, mis ojos se posaron en la última frase.
Su letra era inusualmente fluida, como si la hubiera pensado muchas veces, y su última frase resumió sus pensamientos.
[Espero que me animes en el próximo torneo de espadas de invierno.]
En el Imperio Argentino, la Luna RubÃ, que fortalece el poder del Dragón Maligno, aparece dos veces al año, en verano y en invierno.
Cuando el Dragón Malvado acababa de ser derrotado, la gente temÃa que apareciera la Luna RubÃ, no fuera a ser que el Dragón Maligno resurgiera.
Para aliviar este miedo, el Emperador celebró grandes festivales en la época de la aparición de la Luna RubÃ.
En cada festival, se seleccionaron los talentos y talentos más brillantes y se los llamó Estrella de Verano y Espada de Invierno.
La Estrella del Verano fue elegida por el mérito más destacado del año.
La Espada del Invierno, por otro lado, fue elegida personalmente por la Estrella del Verano entre aquellos que sobresalieron en el torneo de esgrima celebrado en honor del festival.
Como tal, aquellos que aspiraban a la Espada de Invierno halagarÃan a la Estrella de Verano mientras practicaban simultáneamente su habilidad con la espada.
"Se rumorea que ese asqueroso dragón malvado va a competir en el Concurso de Espadas de Invierno".
El jardÃn interior bellamente decorado del palacio de la Reina. La Reina, que estaba disfrutando de una merienda con las damas que la seguÃan, frunció el ceño. El frÃo en su voz decÃa que estaba de muy mal humor.
“El Ruby Moon abrirá pronto y se supone que debe estar en su habitación, ¿por qué apareció de repente? No puedo imaginar lo que está pensando el PrÃncipe Heredero”.
HabÃa intentado todo para destronar a Reynos, que habÃa estado sentado en sus manos, pero nada habÃa funcionado.
Incluso Tyriel, la persona que podÃa limpiar la maldición, fue ignorada.
¿Pero por qué?
Y ahora, de la nada, aparecÃa en la celebración del Pequeño Marqués Lavirins y, por si fuera poco, participaba en el Festival de la Espada de Invierno.
HabÃa una cosa más que no le sentaba bien.
La Reina pensaba en su hijo, el Segundo PrÃncipe, como una persona para Ciella.
Su brillantez en el Summer Star Trial. Su victoria en la batalla por el heredero. Su humildad al ofrecerle pergaminos y compresas calientes.
No podÃa pensar en nada que no le gustara de ella.
Y ahora, ¿cómo se atreve ese dragón malvado y asqueroso a entrar y salir furtivamente del Palacio Rubà y coquetear con el pequeño Marqués Lavirins?
“Debe haber sido la negativa del pequeño marqués Lavirins, y lo impulsó con su autoridad. Uf, pobre marqués.
Interiormente, envió simpatÃa a Ciella y vitriolo a Reynos, murmurando en voz baja.
"¿Por qué andarÃa con el pequeño Marqués Lavirins? Él sabe lo mucho que te preocupas por ella, ¿no?"
"Por supuesto."
"Dado que es una niña a la que Su Majestad ha puesto la mira, también debe ser bastante bonita a los ojos del malvado dragón".
Las damas intervinieron, pero a pesar de sus rostros sonrientes, sus corazones estaban nublados.
HabÃa muchas personas aquà que habÃan ofrecido a sus hijas al Segundo PrÃncipe, sólo para ser rechazadas.
No importa cómo lo vieran, sus hijas eran más finas y bonitas. No podÃan entender por qué ella pensarÃa que era una buena idea poner a una dama tan joven allÃ. Pero entonces una de las damas tuvo una idea diferente.
“¿No es para mantener bajo control al Segundo PrÃncipe? Después de todo, si puede conseguir la Estrella de Verano, podrá conseguir la Espada de Invierno”.
"¡Oh!"
Los ojos de la iluminada Reina se abrieron como los de un conejo asustado.
"No habÃa pensado en eso... Seguramente, eso podrÃa ser, no, debe ser eso, de lo contrario, ¿por qué estarÃa tan interesado en el Pequeño Marqués?"
Sintiendo como si le ardiese el estómago, la Reina apuró su taza de té de un trago rápido y luego habló rápidamente, sin siquiera respirar.
“Debo advertir al Pequeño Marqués que mantenga la distancia. Diga lo que diga el diablo, no os dejéis engañar y guardad distancia porque está sucio por dentro y por fuera”.
"Eso es lo que pienso."
“Quizás eres demasiado delicado. Si yo fuera el Pequeño Marqués, la consideración de tu corazón me conmoverÃa hasta las lágrimas”.
"Su Majestad es realmente una gran persona, por ser tan amable de iluminar a los ignorantes".
Como anticipando, los halagos aparecieron aquà y allá.
La mujer más poderosa del imperio en estos momentos. La Reina frente a ellos.
Las mujeres nobles, ansiosas por ganarse un pedazo del corazón de la Reina, abrieron la boca como si se tratara de un concurso. La Reina escuchó con una sonrisa en el rostro, abanicándose con su abanico hasta que uno de los consejos de las damas llamó su atención.
"Hablando de eso, ¿por qué no la llamas ahora mismo?"
"¿Ahora? ¿Dices que ahorita?"
Los ojos de la Reina se entrecerraron y miró hacia afuera. El sol todavÃa estaba alto, pero ella estaba pensando en irse.
En caso de que la Reina dijera que no, la dama del lado opuesto intervino apresuradamente.
"SÃ, creo que serÃa una buena idea llamarla ahora".
"Dado que ni siquiera se ha secado la sangre en la cabeza, ¿no es posible que malinterprete las palabras de la Reina de una manera desfavorable?"
"Para evitar que eso suceda, estaremos a su lado y ayudaremos a Su Majestad".
Las palabras no pretendÃan ayudar, sino exponer la estupidez de Ciella frente a la Reina.
"Espero que la Reina esté decepcionada del Pequeño Marqués en esta ocasión".
“¿Por qué ni siquiera sugerimos que podrÃa estar enamorada del PrÃncipe Heredero y que por eso hizo lo que hizo en el Palacio RubÃ?”
'Es una buena idea.'
Las damas intercambiaron miradas y una tras otra dijeron: “Llamémosla ahora mismo”, y la Reina asintió lentamente con la cabeza.
Abrió la boca, encantada ante la idea de enseñarle al Pequeño Marqués.
"Muy bien, llamaré al pequeño Marqués Lavirins ahora mismo".
Desde el dÃa que le puse el nombre de “Godori”, empezó a ser más asertivo en su autopromoción.
-Señorita, señorita.
Mientras trabajaba duro, Godori, que habÃa estado holgazaneando en mi escritorio, tiró de mi manga.
-¿No quieres mirar hacia el futuro? Puedo hacerlo barato.
"..."
Cuando se dio cuenta de que habÃa terminado, decidió actuar como la medusa molesta.
Esto significa que me dejé caer sobre mi escritorio y me negué a moverme.
Entonces Godori me dio un golpe en el brazo con ambas manos y lanzó un discurso de venta digno de vergüenza.
-Te diré el futuro por sólo 10 millones de oro.
El precio definitivamente ha bajado desde que Reynos dijo algo. Pero aun asÃ, no son 10 millones de oro. Es un futuro que ni siquiera sé si es verdad o no. Entonces Godori comenzó a hacer un baile extraño, agitando sus brazos de lado a lado, tratando de seducirme.
-Lo haré por un millón de oro. Pping. Ppiaing. Pping. Ppiaing. Godori también es bueno haciendo piii.
"..."
No tenÃa intención de gastar un millón de oro por nada, asà que esta vez me quedé quieto.
Pero entonces, Godori, que habÃa dejado de bailar, de repente levantó los puños en el aire y gritó como si estuviera haciendo una gran oferta.
-¡Lo haré por 100.000 de oro! ¡Lo haré por 100.000 de oro! ¡No más!
"Aquà tienes."
Me puse de pie y garabateé un precio aproximado de 100.000 de oro en una hoja de papel en blanco. Aproximadamente, te lo daré más tarde.
-Jejeje. Soy más rico que Tyriel.
Emocionado, Godori tomó el papel con cuidado. Le pregunté a Godori con frustración.
"¿Quién diablos es este Tyriel, tu antiguo maestro?"
Desde que toqué por primera vez la piedra espiritual, Godori habÃa estado chirriando en cada oportunidad.
Por el contexto, parecÃa que se referÃa a su antiguo maestro, pero ¿qué era ese sentimiento extrañamente familiar?
-¿No conoce a Tyriel, señorita?
Godori puso sus manos en sus caderas y miró hacia otro lado.
No, ¿no es más extraño que conozca a Tyriel?
Un pacto con un espÃritu es un contrato de alma. Una vez hecho, no termina hasta que uno de ellos muere.
Entonces el “Tyriel” del que habló Godori ya está muerto. Ni siquiera soy de esta época, entonces, ¿cómo podrÃa saberlo?
Cuando no dije nada, Godori refunfuñó de nuevo.
-Para alguien de su calibre, señorita, no tiene amigos, ¿verdad?
Dijo en un tono que sugerÃa que deberÃa saberlo.
"SÃ, no tengo amigos".
Estaba a punto de responder, pero luego me detuve. Esperar. Hay un Tyriel en la lista de poderes, pero no creo que sea...
“¿Tyriel puritano?”
-Jovencita, ¿por qué actúas como si conocieras a Tyriel cuando no es asÃ?
Godori me miró con incredulidad. Sin poder creerlo, volvà a preguntar.
“¿Tyriel era tu antiguo maestro?”
-SÃ, asà es. ¡Era Tyriel!
Godori asintió vigorosamente con la cabeza.
Sentà como si me hubieran golpeado en la cabeza con un comportamiento que no podÃa ser falso.
¿Cómo podrÃa ser Tyriel el antiguo maestro de Godori?
Era un pacto espiritual que nunca se romperÃa hasta que uno de ellos muriera.
A menos que Tyriel hubiera muerto y hubiera vuelto a la vida, nunca podrÃa ser la antigua maestra de Godori.
No tenÃa ningún sentido. Abrà la boca para preguntar más al respecto.
"S-señorita, hay una persona de la corte imperial, ¡la Reina quiere verla!"
Llamaron urgentemente a la puerta y la criada me llamó. —¿Qué, a esta hora?
"A menos que sea un banquete, ¿no es un poco tarde para una reunión?"
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