La heroÃna tuvo una aventura con mi prometido 120
PodÃa sentir la mirada de Reynos vacilar mientras me miraba. TenÃa la sensación de que no esperaba que el Emperador hiciera semejante pregunta.
Cerré los ojos con fuerza con una frustración infinita. Luego, con voz temblorosa, respondÃ.
"No, el pequeño Marqués Lavirins y yo somos... sólo somos buenos amigos".
"Veo."
Pero el Emperador no pareció creerme y, en lugar de despedirme, continuó.
“¿Cómo conociste al pequeño marqués Lavirins?”
“La Pequeña Marqués… le pidió un favor a nuestro gremio por su trabajo con Duval Essit…”
“¿Por qué preguntarÃas tal cosa?”
El Reynos menor intervino sin rodeos, pero el Emperador era más fuerte que Reynos.
"Tienes tus propios sentimientos por el Pequeño Marqués, ¿no?"
“…”
Palabras irrefutables han hundido a Reynos. Arghhhh… El emperador no se detuvo ahÃ, echó más agua al fuego.
“No importa si son muchos los que tienen en mente a la misma persona, este es un asunto que hay que resolver”.
“…”
No pudo decir nada más. Ah… Ahhhhhhhh… Mientras yo lloraba en mi estado mental confuso, el Emperador continuó haciendo preguntas que parecÃan hacerme girar.
“¿Sabe el pequeño marqués que ella está en tu corazón?”
“… Les pido perdón, pero no considero al pequeño marqués Lavirins nada más que un amigo; sobre todo soy mujer y…”
Incliné la cabeza y cerré los ojos con fuerza. Enfaticé la última frase, sin importarme si mi voz temblaba o no.
"Me gustan los hombres."
"Veo."
El Emperador asintió con una expresión de satisfacción en su rostro.
Ya no me consideraba un competidor de Reynos y mi corazón ya estaba hecho jirones como un trapo.
Fue la resurrección de Netherella, pero el Emperador no se detuvo en Netherella.
(T/N: No sé de qué está hablando).
"Como eres amigo del Pequeño Marqués, supongo que también sabes de ella".
“…”
“¿Sabes a quién tiene en mente el marqués?”
“…”
"He oÃdo que el Duque Absulekti, el Duque Justice e incluso el Gran Señor de Luminous han tomado cariño por el Marqués, y me pregunto si a ella le ha gustado alguno de ellos".
Ahhhh.
¿Cuándo terminará esta conversación y hasta dónde caerá mi dignidad?
Para que conste, como he dicho antes, el Duque Absulekti y el Gran Señor Luminoso han aclarado el escándalo, aunque no por su propia mano.
No habÃa nada escandaloso en el Duque de Justicia y, sin embargo, parecÃa importarle lo suficiente como para hacer esa pregunta, siendo el único hijo de su amada Emperatriz.
Fue algo bueno para Reynos, pero a mà me habÃan hecho papilla y me habÃan reducido a harapos.
Yo era Nuduellla ahora.
Acostada boca arriba, Nuduella cerró los ojos con fuerza.
Apenas reprimiendo las ganas de llorar, hablé.
“No estoy seguro de que estemos en el lugar correcto para hablar de ello. Lo lamento…"
"Lo sé. Lo lamento."
Afortunadamente, el Emperador le creyó a Nuduela.
Pero él dijo que le creÃa, no que dejarÃa de convertirla en harapos.
“Quizás el tema del prÃncipe heredero surgió en tu conversación con el marqués, o quizás no serÃa mala idea que lo mencionaras”.
“…”
"Su Majestad."
Me estaba convirtiendo en cenizas y una vez más Reynos intentó intervenir.
"Quizás deberÃas decirle por qué has convocado al Maestro aquÃ".
"Ni siquiera te preocupa lo que harás si alguien se lleva al Pequeño Marqués".
Me temo que el Emperador dirá, como lo hizo una vez en un almuerzo: "SÃ, tsk, bastardo feo". Lo escuché chasquear la lengua. Después de un momento de vacilación, Reynos habló con cautela.
"... Está bien ya que soy el tipo ideal del Pequeño Marqués".
"¿Ideal? ¿Habéis hablado alguna vez el marqués y tú sobre eso?
"...Creo que es un poco difÃcil hablar de eso aquÃ".
PodÃa sentir a Reynos mirándome como si no pudiera hablar en presencia del Maestro.
Eso fue algo bueno.
Si Reynos hubiera dicho aquÃ: 'El ideal del pequeño marqués es un hombre alto, rico y guapo', me habrÃa convertido en cenizas y desaparecido.
"Mmm."
Satisfecho de que mi hombre ideal fuera Reynos, el Emperador detuvo su interrogatorio, hizo una pausa por un momento y luego se centró en el verdadero problema que me habÃa traÃdo aquÃ.
“Te he convocado aquà porque voy a ser la columna vertebral del Gremio”.
“¡…!”
¿El Emperador quiere respaldar a un Gremio Oscuro?
Salà de mi aturdimiento por el aluvión de ataques. Una sensación de presentimiento se apoderó de mÃ, no en el buen sentido, sino en el mal sentido.
Él va a hacer algo grande, como investigar un rumor que solo se rumoreaba en la historia original, como 'El Segundo PrÃncipe no es en realidad el hijo biológico del Emperador'...
Pero no puedo ser el primero en preguntar, asà que me tumbé boca arriba, esperando las siguientes palabras.
El Emperador exigió lo que yo nunca pude hacer.
“Pero primero, por supuesto, tendrás que decirme quién eres. “
"Su Majestad."
Reynos interrupted again.
"El Maestro de los Manipuladores del Amor Ciel es una persona en quien se puede confiar".
"¿Como sabes eso?"
El Emperador se enderezó en su trono, con la mirada fija en Reynos.
"Ahora que lo pienso, me preguntaste antes, ¿conoces la identidad del Maestro?"
'No lo sé. Pero he tenido muchas discusiones con el Maestro”.
El Emperador miró a Reynos, que lo negaba fuertemente, con una mirada burlona.
“De alguna manera, le tienes mucho cariño al Maestro. Supongo que fue porque la conocÃas.
"No es eso…"
“Muy bien, ya te he visto suficiente. Puedes irte a casa ahora. Recuerda lo que te dije hoy”.
El Emperador fue considerado conmigo cuando pudo haber usado su poder para obligarme a desenmascararme y revelarme inmediatamente.
Incluso cuando Duval, Tyriel y el Conde Essit hicieron algo estúpido delante de él, él sólo se enojó y no los metió en la cárcel.
Pensé que el Emperador era el tipo de hombre que merecÃa que le gritaran, pero esa mente...
"El PrÃncipe Heredero debe despedir al maestro".
Cambió en el momento en que escuché la última orden. Ah.
***
Originalmente, iba a correr a casa tan pronto como terminara la charla. Iba a volver a mi habitación, cerrar la puerta de golpe, cerrarla con llave y no levantarme de la cama.
Pero entonces lo oÃ: clac, clac, clac, clac.
El sonido de los cascos de los caballos resonó en el largo silencio del carruaje cerrado.
Tratando de ignorar los fuertes golpes frente a mÃ, repetà cada uno de mis errores.
“También recomendarÃa “24 horas de ardor” o “La vida Ãntima de los amantes en la cama” o, por último pero no menos importante, “Por qué llora por las noches”. Recibirás mucho amor si lees eso”.
“¿Por qué no te pones flores en el pelo como evento?”
"La que recomendé en aquel entonces, Why She Crys At Night, porque la segunda entrega ya está disponible y es aún más gráfica e inquietante que la primera, y hay más escenas de mujeres llorando-"
–
debo estar loco..
–
"No vas a decirme que te avergüenzas de ello, ¿verdad?"
“En cuanto a los más nuevos, recomendarÃa “Shhhh, Esa noche esa jovencita es Xx”, “Ha pasado un año, me gusta”, “Búrlate de mÃ, por favor, durante el dÃa” y “Como un caballero”. de dÃa, como una bestia de noche”.
"Seguro. Los he leÃdo todos y los recomiendo.”
"Nunca le digas que quieres tener cinco hijos antes de casarte".
"Si fuera yo, huirÃa".
–
Debo estar loco.
–
"Disculpe."
Pequeño.
"No me pagaste esa vez".
Muuuuuy
"DeberÃas pagarme y darme una reseña de cinco estrellas".
Pequeño.
–
Yo realmente…
–
“Ese es un dragón realmente malvado. Ahora está sellado, pero cuando se abre la puerta de rubÃ, es un dragón realmente malvado, asà que ten cuidado”.
–
… tiene que estar loco.
Me tiré del pelo confundida. Dejé de fingir ser un amo cruel y me golpeé la cabeza contra la ventana.
QuerÃa ser absorbido por el carruaje y desaparecer. Aaaaah. Aaaah. Aaaah. Aaaah. Aaaaahhhhhh.
Reynos me miraba con lástima. No parecÃa saber lo que estaba pasando por mi mente y parecÃa pensar que la propuesta del Emperador era el motivo de mi distracción.
Habló en voz baja, como para consolarme en mi angustia.
"Su Majestad sólo le ha ofrecido una sugerencia, no una orden, y usted es libre de rechazarla si lo desea".
Ante esas palabras, mi corazón se hundió.
Nunca habÃa visto a Reynos preocuparse tanto por nadie más que por mÃ.
Apoyé mi cabeza contra la ventana aturdida, sintiendo como si me hubieran confirmado la muerte.
Por un momento, mi apodo, el Maestro Malvado, pasó por mi mente. Al mismo tiempo recordé el estudio de Reynos, donde tan preciados eran los libros rojos que le habÃa recomendado.
Me sentà tan avergonzada que se me llenaron los ojos de lágrimas.
'Ay dios mÃo.'
Reynos se avergonzó al ver que mi estado de ánimo decaÃa aún más a pesar de sus reconfortantes palabras. Luego me tranquilizó aún más tiernamente.
“Si te resulta difÃcil decirle no al Emperador, yo puedo hacerlo por ti. Te prometo que no te sucederá ningún daño”.
"Su Alteza."
Apreté los dientes para soportar las ganas de llorar. Entonces pregunté con voz temblorosa.
"Tu sabes quien soy"
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