Llora Hermosamente 60
Cesare, golpeado por Akkard, parecÃa completamente inconsciente.
"Antes que nada, tengo que comprobarlo. ¿No te parece?"
Akkard murmuró una excusa que ni el mismo creÃa, pateó a Cesare en las costillas. Esperó que pudiera retorcerse y apretar unas cuantas veces más.
Pero el inconsciente Cesare no se movió. Akkard ya no tenÃa excusa para seguir pegándole más, se levantó de mala gana de su lugar. Luego se retiró para llamar a Lesid.
"¡Señorita Louise, ¡El Sacerdote Lesid estará aquà pronto! Asà que resista"
En ese momento, le pareció oÃr en alguna parte que serÃa peligroso que un paciente perdiera el conocimiento. Asà que Damia agarró a Louise y le habló.
Pero sin ningún esfuerzo, los párpados de Louise seguÃan cerrados. Sintió que estaba a punto de perder la cabeza. Asà que Damia no tuvo más remedio que levantar la mano.
¡¡¡SLAP!!!
Con un sonido agudo, Louise que recibió la bofetada, abrió los ojos. Por supuesto no fue porque era doloroso.
"Tú, Cough...... ¡¿Estás loca?!"
Apesar que estaba muriendo, el temperamento de Louise no desapareció. Louise apretó los dientes, vomitando sangre con un rostro azul pálido.
Viendo su cara feroz, Damia se quedó boquiabierta y se rió. Se preguntó si la odiaba tanto, pero pensó que estarÃa bien si Louise sobrevivÃa.
"SÃ, estoy loca. Asà que no pienses en cerrar los ojos hasta que llegue el Sacerdote Lesid. Sino voy a golpearte de nuevo"
Ante los enfáticos comentarios de Damia, Louise se puso una expresión absurda en su rostro. Pero extrañamente, no hubo más sonidos ásperos saliendo de su boca.
Esta mujer....... ¿Ni siquiera me odia?
Louise puso los ojos en blanco y vio la mano de Damia, que habÃa desgarrado anteriormente con el fragmento. La sangre todavÃa manaba de la herida bastante profunda.
Pero Damia estaba conteniendo la herida de Louise con su mano, le doliera o no..... quiso ser fuerte como sea para detener la hemorragia. Louise fue golpeada por una extraña sensación, aunque chasqueó la lengua por ser venenosa.
Damia mantuvo cerrados los ojos con una cara seria. Sus ojos estaban extrañamente calmados y aliviados. Mientras Louise la miraba fijamente, podÃa ver por qué a la gente le gustaba Damia.
"¡Dios mÃo, Louise!"
Justo a tiempo, Lesid, que habÃa presenciado el incidente, se precipitó desde lejos. Era la primera vez que Lesid, que siempre habÃa caminado sin hacer ruido como un gato, corrÃa asÃ.
A Louise le pareció gracioso que su hermano corriera como si estuviera a punto de caerse. Sin embargo, la risa no salió de su boca.
"Espera, pronto te curaré"
La voz de Lesid salió de su mano. Al mismo tiempo, el dolor punzante disminuyó, facilitando la respiración.
Como era de esperar, un sacerdote es un sacerdote.
Louise, que nunca se habÃa beneficiado de Lesid, estaba poseÃda de un sentimiento extraño. Sintió una desconocida sensación de alivio al entregar su vida a su hermano, del que siempre habÃa estado gruñendo.
Oh, al menos... no voy a morir.
Fue un golpe en la nuca ser traicionado por Cesare, a quien tanto querÃa. SabÃa que no lo amaba, pero no creÃa que valiera la pena.
Cuando fue apuñalada por su mano, Louise se sintió literalmente miserable y quiso morir. Pero cuando estuvo al borde de la muerte...... todavÃa querÃa vivir.
HabÃa tantas cosas que no habÃa hecho y lugares en los que no he estado todavÃa. Hasta ahora, ha desperdiciado tanto su preciosa vida, atrapada en el odio y el complejo de inferioridad.
Ni bien se dio cuenta de esto, Louise tenÃa un vago presentimiento de que su futuro serÃa diferente. Por supuesto, los sentimientos por Damia y Lesid.
Pero ahora sentÃa necesidad de descansar. Louise, que habÃa llegado a su lÃmite, perdió lentamente el conocimiento en los brazos de su hermano.
********
"Entonces, ¿Qué pasó con Cesare?"
Preguntó Cecil, que estaba escuchando lo ocurrido aquel dÃa, con los ojos muy abiertos.
"Se escapó"
Damia, con la barbilla ladeada, respondió sin expresión.
"Tal vez mientras traÃa al Sacerdote Lesid, recobró el conocimiento. ¿O estuvo actuando como si se hubiera desmayado desde el principio?"
Si hablamos de Cesare, era un hombre que se quedarÃa. Por mucho que se cubriera la cara, asistió en persona a su propio funeral.
Cesare se escondió entre los dolientes y se aseguró de que la ceremonia se celebrara correctamente. De esa manera podÃa saber que la gente habÃa sido engañada por su truco.
Fue una lástima que no pudiera ser detenido en el lugar de los hechos. Sin embargo, Damia no se desanimó demasiado. Era porque sabÃa que Cesare no era una persona que se dejarÃa atrapar tan fácilmente en primer lugar.
"...Eso es lo que pasó. Dios mÃo"
Cecil entrecerró sus finas cejas como si hubiera aclarado los sucesos que habÃa escuchado. Luego fue consciente de su entorno y susurró en voz baja.
"Me sorprendió mucho, Damia. Bueno, cuando desperté, el Norte empezó a hablar de ti y sin pensar mucho vine rápidamente"
Como mejor amiga de Damia, Cecil acudió a un funeral a primera hora de la mañana.. Por lo tanto, no fue testigo de los disturbios posteriores.
Pero ahora todos los aristócratas del norte lo sabÃan. Cesare manipuló a su padrastro, el conde Primula, se disfrazó de suicida, incluso intentó matar a Louise para silenciarla.
Y fue Damia quien difundió todo esto.
Cesare trató de silenciar a Louise matándola. Eso era obviamente un problema exponer que estaba vivo.
Por supuesto, no sabÃa el por qué. Pero no era necesario saberlo.
"Lo que Cesare estaba tratando de detener en primer lugar era aquello que estaba en su contra"
Damia lo sintió. No habÃa necesidad de ocultar los hechos que avergüenzan al enemigo.
Asà que con mucho gusto hizo correr la voz que Cesare estaba vivo. Incluso puso una recompensa en el territorio del norte, enumerando los cargos que habÃa cometido.
Asà que era natural que los rumores se extendieran en sólo medio dÃa.
"...Eso es impactante. SabÃa que Cesare estaba fuera de sÃ, pero no esperaba que fuera tan grave"
Cecil, que negaba con la cabeza, pensó de repente en algo. Con una mirada preocupada, preguntó a Damia.
"Oye, ¿está bien tu madrastra?
"Bueno..."
Por primera vez, el rostro de Damia, que habÃa estado tranquila hasta el momento, se desdibujó. Jugueteando con su pelo durante un rato, respondió de mala gana.
"Sinceramente, no está bien. Tú también lo sabes"
Damia recordó a Noela aquel dÃa, que dijo que Cesare se habÃa suicidado. Estaba toda pálida por la conmoción de la muerte de su hijo.
Su colapso en las escaleras fue tan devastador que era imposible pensar que estaba actuando. En primer lugar, la tÃmida Noella no tenÃa agallas para engañar a todo el mundo. Asà que estaba claro que Cesare pensaba que serÃa mejor que Noella no supiera nada en absoluto.
Noella se vio obligada a enfrentarse a verdades brutales impensables. Su hijo, al que creÃa muerto, estaba en realidad vivo y ha cometido un terrible crimen.
Todo este hecho asustó a la frágil Noella. Se quedó sin rostro al ver a su marido y a Damia, se quedó inmóvil en la agonÃa.
"......¿Qué le pasó a su hijo? Es una pena, de verdad"
Cecil sintió pena por Noella, que no parecÃa tener más de 40 años. Siempre ha sido guapa y vulnerable como una niña, pero ¿Cómo ha acabado con una carga tan grande?
"Pero se levantará en cuanto pueda. Mi madre tiene a León"
Dijo Damia, recordando a su hermanastro menor, que acababa de empezar a caminar.
Leon era un precioso niño, nacido tardÃamente, que su madrastra realizaba las oraciones semanales al templo. Por su bien, Noella seguramente se levantará de este golpe.
"Me alegro de oÃr eso"
Cecil se sintió aliviada, frunciendo levemente el ceño. Luego se inclinó hacia adelante y le dirigió a Damia una mirada sutil.
"Oye, ¿y qué pasó con Akkard? Ese dÃa apareció y te salvó"
"Él salvó a Louise, no a mÃ"
Damia no se dejó llevar por la pregunta capciosa de su amiga. Cecil estaba un poco decepcionada, pero en cambio se sentÃa aliviada por dentro.
A Damia no le interesa Sir Akkard.
Francamente, la propia Cecil no estaba segura de no enamorarse de un hombre como Akkard si la ayudaba de una manera tan espectacular. Sin embargo, Damia no vaciló por una razón,
Damia sonrió suavemente como si sintiera la extraña mirada de Cecil.
"Tú también"
Al contrario de su expresión serena, el tono de voz de Damia explicando la razón era frÃo.
"Sé que es un infierno, pero nadie puede caminar sobre mis pies"
Muchas jóvenes de la capital, que ya habÃan entrado en ese infierno, habrÃan llorado.
Pero Damia hablaba en serio. Aunque no hubiera tirado el pañuelo, de todos modos no se habrÃa enamorado de Akkard.
Akkard era un hombre tan libertino. Pero esa no era la única razón por la que no lo amaba.
'Ahora .... No puedo amar más'
Esto era esencialmente una cuestión de un individuo, Damia Primula.
Ella ya puso todo su empeño en diez años de amor no correspondido. CreÃa que su primer amor serÃa el último, asà que lo entregó tontamente sin dejar una parte de su corazón.
Asà que ya no queda nada que perderse. Era imposible dar a alguien la sensación de estar abrumado y desesperado de nuevo, como si se tirara el corazón al revés.
Porque ya ha dado todo lo que posee.
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