LESVAC 143

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La Emperatriz se volvió a casar 143

Pintura



¿Qué es peor? Que Heinley pensara que trataba de evitarlo o que sólo me interesaba su cuerpo.

La primera me hacía parecer una mujer de corazón frío. La segunda me hacía parecer una pervertida.

Pensando en esto no podía estar tranquila, así que dejé la pluma y me levanté de la silla.

¿Qué hice mal? El ambiente fluyó así, ¿no? Sólo me dejé llevar por la corriente, entonces, ¿por qué?

¿Fue porque lo toqué? Él también me tocaba. Entonces, cuando él me toca, es amor, pero cuando yo lo toco, es ser una pervertida?

¿Sólo me interesaba su cuerpo? Si sólo me interesara su cuerpo, no estuviera preocupada por nada más.

Ojalá fuera así. ¡Habría disfrutado cada día, trabajando durante el día y jugando con su cuerpo durante la noche!

Era doloroso porque no sólo me interesaba su cuerpo, además...

Si hablaba con frecuencia de tomar un baño juntos, de hacerlo en otros lugares, en otras posiciones, de juegos de roles, ¡y de cualquier cantidad de cosas! ¡¿Cómo podría ser yo la pervertida por meter un poco las manos en sus pantalones?!

"¿Su Majestad la Emperatriz? Parece perturbada."

Mientras daba vueltas por el salón, mordiéndome el labio inferior, mis damas de compañía también parecían ansiosas.

Sacudí la cabeza hacia la Condesa Jubel, que preguntó con preocupación, para decir que estaba bien,

"Es sólo que... surgió un problema complicado. No pasa nada."

Entonces Laura se acercó corriendo como una ardilla y preguntó,

"¿Qué ocurrió? ¡Discútalo con nosotras, Su Majestad! Entonces, podríamos encontrar una solución rápida a su problema. Se dice que si se juntan varias cabezas, siempre se puede encontrar un camino, ¿no?"

Gracias, Laura. Pero no podía decir que mi esposo me consideraba una ninfómana que sólo quería su cuerpo. 

No podía discutir este asunto tan vergonzoso con nadie. Qué discutir. Incluso si alguien se enterara de esto, me moriría de la vergüenza.

En ese momento, llamaron a la puerta.

"¡Yo iré!"

Laura, que corrió hacia la puerta emocionada, volvió a toda prisa poco después y gritó,

"¡Su Majestad, el Gran Duque Kapmen vino a verla!"

Ah... Santo Cielo. ¡No puede ser!

De todos los momentos... ¡El Duque vino justo ahora!

"¿Puedes decirle que venga más tarde?"

"Dijo que era un asunto urgente..."

"¿Un asunto urgente?"

"¡Es sobre los tres primeros equipos de prueba!"

Qué ironía. Rechiné los dientes y apreté los puños, pero no podía evitarlo.

"Déjalo entrar."

Dios mío, espero que nada de lo sucedido con Heinley pase por mi cabeza delante del Gran Duque Kapmen.

***

Tres jóvenes damas de edad similar estaban sentadas una al lado de la otra en unas escaleras y, frente a ellas, dos grandes perros jugaban mordiéndose la cola entre sí.

Los perros ladraban y saltaban de un lado a otro alegremente, pero las jóvenes tenían expresiones aburridas.

Con la marcha de la Duquesa Tuania, e incluso de la Emperatriz Navier, últimamente la alta sociedad se había vuelto drásticamente aburrida.

Se celebraban fiestas grandes y pequeñas en diferentes partes, pero no había fiestas organizadas por nobles de muy alto estatus, lo que resultaba un poco aburrido.

Sólo cuando nobles de alto estatus organizaban una fiesta, se reunían una gran diversidad de personalidades. Los Duques Troby se habían ido al Imperio Occidental, mientras que el Duque Tuania, tras divorciarse, estaba abatido y se quedaba encerrado en su mansión.

El Marqués Farang era en principio el tipo de hombre que sentía más pasión por las competiciones de caza, la esgrima y el entrenamiento de pájaros mensajeros que las fiestas.

Marqués Karl rara vez organizaba fiestas, tal vez porque era el secretario en jefe del emperador, mientras que eran reacias a ir a las del Gran Duque Lilteang por su mal temperamento.

Y la Emperatriz Rashta se reunía sólo con hombres, por lo que las jóvenes damas estaban destinadas a estar aburridas.

En ese momento, Rivetti, que estaba sentada en silencio, preguntó cuidadosamente,

"¿Han tenido alguna vez una relación amorosa?" 

Alischute miró sorprendida a Rivetti,

"¿Hay alguien que te guste?"

Alischute había sido la mejor amiga de Laura, pero desde que ésta se marchó al Imperio Occidental, se había juntando con Rivetti y Anne.

Rivetti pensó, '¿Por qué debería decir si hay alguien que me guste?' y respondió con resolución,

"No."

"Entonces, ¿por qué hablas repentinamente de una relación amorosa?"

Anne, que escuchaba en silencio, dijo con voz seria,

"Las relaciones amorosas son después del matrimonio. No es bueno que se corra el rumor de que saliste con alguien antes del matrimonio, Rivetti."

Rivetti curvó los labios. También conocía perfectamente la filosofía de los nobles de 'separar el matrimonio y las relaciones amorosas,' pero esas palabras le molestaron un poco debido a que esa filosofía condujo al divorcio de Navier, la emperatriz que quería. 

"No quiero tener una relación amorosa porque me guste. Es porque es necesaria."

"¿Por qué? ¿Para casarte?"

"Hasta cierto punto."

Alischute y Anne, que estaban aburridas, miraron a Rivetti con un brillo en los ojos.

"¿Con quién?"

"¿Con quién quieres casarte?"

"¿Está tu padre en contra? Si no es así, pídele a tu padre que plantee el matrimonio con su familia."

Rivetti curvó los labios. Si pudiera, ya lo habría hecho.

Sin embargo, a quien apuntaba no era un noble ordinario, sino el emperador. Además, no apuntaba al emperador por amor, sino por venganza. Tenía la intención de seducirlo y después patearlo.

Su padre y su hermano no la ayudarían en esto. Por supuesto, aunque quisieran ayudarla, su familia no tenía el suficiente estatus como para plantear que la tomara como su concubina.

"Eso no funcionará. He intentado seducirlo, pero no parece estar interesado en mí."

"¿Qué edad tiene? ¿Es demasiado mayor o demasiado joven? Quizá por eso no le interesas."

Anne hizo otro comentario inteligente. Rivetti dudó, lo pensó y respondió,

"Es mayor. Pero no tenemos mucha diferencia de edad."

"Eres radiante y enérgica, ¿no es ese tu encanto? Debes exponerlo."

"¿Cómo?"

"¿Por qué no te muestras fuerte? Cuando haya una competición de caza, dispara una flecha espléndidamente delante de él."

"No sé disparar una flecha."

"¡Entonces monta a caballo espléndidamente!"

Las jóvenes damas juntaron sus cabezas y dieron sus opiniones, pero no sirvieron de mucho.

Eventualmente, Rivetti se olvidó del tema de la seducción mientras reía y bromeaba con sus amigas. Sólo se lamentó, después de separarse de ellas.

'¡Ah!¿Cómo pasamos del tema de la seducción al de la quiromancia?'

Rivetti se dio una ligera palmada en la cabeza, lamentándose de su estupidez.

Aún así, disfrutó pasar el rato con sus amigas. Rivetti caminó con pasos ligeros de vuelta a casa.

Pero a mitad de camino, sintió como si alguien la estuviera siguiendo.

Rivetti se detuvo y miró hacia atrás.

'¿No?'

Estaba oscureciendo, pero no eran pocas las personas que pasaban, por lo que no podía determinar si alguien la estaba persiguiendo.

Aunque un poco incómoda, Rivetti finalmente siguió caminando. Había muchos transeúntes, así que pensó que nadie la perseguiría descaradamente.

"..."

Pero tras unos pocos pasos, la invadió de nuevo un temor desagradable.

Aunque caminó afanosamente durante un tiempo, la extraña sensación no desapareció. Rivetti se detuvo de nuevo y miró hacia atrás. 

La gente seguía yendo y viniendo normalmente. No había señales de que alguien la estuviera persiguiendo.

'¿Es mi imaginación?'

Rivetti, que estaba a punto de mirar nuevamente hacia el frente, volvió a girar la cabeza hacia atrás cuando se dio cuenta de un hecho espeluznante.

¡Eran los transeúntes! Estaba segura de que eran las mismas personas que cuando miró hacia atrás la primera vez.

En este punto, Rivetti se aterrorizó y se le puso la piel de gallina.

Giró la cabeza hacia el frente apresuradamente y salió corriendo a toda prisa.

Entonces, los transeúntes se detuvieron y dirigieron su mirada hacia su espalda al mismo tiempo.

Un niño en cuclillas, entre las cajas de madera, en la esquina del callejón, observaba la escena, lamiendo una paleta.

Ese fue el último día que se supo de Rivetti.

Por temor a pensar en lo que pasó con Heinley delante del Gran Duque Kapmen, conté los números repetidamente desde el momento en que apareció. 

El Gran Duque Kapmen hizo una pausa y dijo, con una cara medio sonriente y medio entre lágrimas,

"Lo siento, Su Majestad. Así me resulta difícil distinguir sus palabras."

"¿No puedes distinguirlas bien?"

"Escucho su voz interior al mismo tiempo."

Qué debería hacer. No podía dejar de contar en mi mente.

El Gran Duque Kapmen sonrió incómodamente. Pero pronto su expresión se volvió realmente seria y dijo,

"No sé qué pensamientos estás tratando de evitar que descubra, pero cuando escuches esto no podrás pensar en nada más. Uno de los tres primeros equipos que partieron para el comercio de prueba ha sido detenido en Whitemond."

Él tenía razón. Inmediatamente, no pude pensar en nada más.

"¿Qué quieres decir con eso?"

El Imperio Occidental era rico en joyas y diversos recursos naturales, siendo a su vez el país con el mayor número de minas, pero no tenía mar adyacente. El Imperio Occidental estaba rodeado por montañas y otros países.

Había muchos ríos y lagos grandes, además debido a las lluvias moderadas, no había escasez de agua, pero no contaba con una fuerza naval. Tampoco la necesitaba. Fue por estas ventajas y desventajas geográficas que el Imperio Occidental contaba con un ejército excepcional.

Por esta razón, el Imperio Occidental alquiló y utilizó varios puertos, siendo el más cercano el de Whitemond.

El Imperio Occidental llevaba más de veinte años utilizando el puerto de Whitemond, y se tenía previsto que uno de los equipos de esta misión pasara por ese puerto para ir a Luipt. Al ser la distancia más corta, también era el equipo del que se esperaba obtener los mejores resultados.

¿Pero fueron detenidos?

"¿Hubo algún problema?"

"No conozco los detalles. Uno de mis hombres, que debía unirse al equipo y guiarlo, se enfermó en el camino y se quedó atrás por un tiempo, pero cuando llegó a Whitemond el equipo ya había sido detenido."

Me levanté del sofá apresuradamente.

"Por ahora tendré que ir a ver a Heinley."

Aunque estaba a cargo de esto, si se trataba de un problema entre países, no era algo que pudiera resolver por mi cuenta.

¿Por qué fueron detenidos? ¿No había sido Whitemond un país aliado desde que Occidente era un Reino? ¿Por qué ahora que el Reino Occidental se convirtió en el Imperio Occidental? 

Espero que el motivo por el que fueron detenidos no esté relacionado con eso... Entonces, podría resolverse fácilmente. De lo contrario...

"Reina. De hecho, iba a buscar a Reina."

Tan pronto como llegué al frente de la oficina, me encontré con Heinley.

Él estaba saliendo de su oficina junto a McKenna, que tenía una expresión muy seria. 

¿Heinley... estaba sonriendo?

¿Vi mal? Sí, creo que vi mal. Él también tenía una expresión seria.

"Reina, ¿te has enterado?"

"¿Sobre lo ocurrido en Whitemond?"

"Sí. Recibimos la información a través de un pájaro mensajero, incluso los miembros del equipo no saben por qué fueron detenidos."

***

Sovieshu, que salió vestido como un plebeyo, se detuvo frente a una tienda de camino a una inspección.

El comandante de los caballeros, que le seguía, desvió sus ojos en la dirección en la que miraba Sovieshu.

Era una tienda con vidrios transparentes, y se podía ver el retrato de una persona familiar dentro de la tienda.

El comandante de los caballeros suspiró en su interior. Esa persona era la anterior emperatriz. La Emperatriz Navier en una gran pintura.

Sovieshu se quedó inmóvil por un momento, perdido en sus pensamientos, antes de entrar en la tienda.

"¡Bienvenido!"

El propietario de la tienda se acercó corriendo emocionado cuando la puerta principal se abrió. Sin embargo, los pasos del propietario de la tienda se ralentizaron naturalmente al ver a Sovieshu.

Aunque iba vestido con ropas de plebeyo y su rostro estaba medio cubierto, había una presión que surgía naturalmente de Sovieshu.

El propietario de la tienda, que había tratado con nobles en innumerables ocasiones, se dio cuenta rápidamente de que Sovieshu era un hombre de muy alto estatus y guardó silencio. A los de alto estatus no les gustaba que les hicieran preguntas primero. Era mejor dejarlos mirar libremente.

Gracias a esto, Sovieshu pudo apreciar plenamente la pintura colgada en la pared sin molestias de nadie.

En la pintura, Navier llevaba un vestido rojo, sentada con una mirada indiferente. Lo inusual era que el propio Sovieshu estaba recostado en su regazo.

Sovieshu frunció el ceño ante el dolor punzante. Sentía que le faltaba la respiración.

"¿Joven maestro?"

El comandante de los caballeros, que lo observaba atentamente, se apresuró a socorrer a Sovieshu.

"No pasa nada."

Sovieshu agitó la mano para indicar que estaba bien, y trató de aliviar el dolor golpeando ligeramente su afligido corazón.

Se había mantenido lo más ocupado posible para olvidar el sufrimiento vivido en el Imperio Occidental.

Por qué tenía que ver esto aquí...

Al recordar el insoportable sufrimiento, sintió escalofríos. Sovieshu se dio la vuelta y salió de la tienda.

Sin embargo, ni siquiera consiguió dar tres pasos afuera antes de regresar y pedir al propietario de la tienda,

"Véndame esa pintura."

Efectivamente, se trataba de una tienda de venta de pinturas, pero el propietario en principio no tenía intención de vender esa pintura.

Quería dejarla colgada en su tienda como símbolo de la misma.

Sin embargo, la intensa presión que emanaba Sovieshu era demasiado grande para negarse.

Eventualmente, el propietario de la tienda dudó y pidió una enorme suma de dinero.

"Esa pintura es muy costosa. ¿Le parece bien?"

"Eso no importa."

Sovieshu dijo con determinación. Entonces, ordenó al comandante de los caballeros que cubriera la pintura con una tela negra y la llevara a su dormitorio.

Después de terminar rápidamente el trabajo encubierto, Sovieshu regresó al palacio.

"¿Y la pintura?"

"Está en el dormitorio de Su Majestad. Lo estaba esperando para saber dónde quería colgarla."

Sovieshu hizo que colgaran la pintura donde pudiera verla acostado en la cama.

Una vez que todos se fueron. Sovieshu se sentó en la cama y miró la pintura detenidamente.

Era una pintura realmente viva y hermosa.

De repente, comenzaron a arderle los ojos, Sovieshu escupió una breve maldición y se agarró la cabeza.

Estaba bien ahora después de haber sufrido tanto en el Imperio Occidental. Por qué apareció esto de repente...

Pero a pesar del dolor, no podía apartar la mirada de la pintura.

Un día un poco caluroso en el que apenas soplaba el viento, habían ido de picnic a un campo del Palacio Imperial. Aquel día, mientras estaba recostado en el regazo de Navier, sujetó su barbilla y se burló de ella. Navier, que acariciaba el cabello de Sovieshu, tiró ligeramente del mismo como si hubiera sido un error cuando éste se burló de ella. Entonces, Sovieshu se giró y le hizo cosquillas en los pies.

Podía escuchar la voz de Navier riéndose de las cosquillas vívidamente en sus oídos...

"Maldición."

Una vez más, sus ojos se tensaron y un profundo dolor lo invadió.

Respiró hondo y se pasó las manos por sus mejillas, palpando las lágrimas que acabaron brotando de sus ojos. 

'¿Qué significa esto? ¿Por que salieron de la nada?'

Incluso la pintura se veía borrosa por las lágrimas.

Después de limpiarse toscamente las lágrimas con las manos, encontró una parte de la pintura que no le agradó.

Los ojos, los ojos de Navier. En vez de mirarlo a él, sus ojos miraban a otra parte.

"¿A dónde estás mirando?"

Preguntó Sovieshu al retrato de Navier, como si pudiera responder. Ella tenía la mirada levantada, ¿por qué Navier no me miraba?

Le resultó molesto, como si estuviera mirando a alguien más.

"Navier."

Sovieshu se acercó a la pintura, y presionó su frente contra el vestido de Navier, sollozando incontrolablemente.

"Navier. No mires a otro lado. Mírame a mí."

No hubo respuesta.

Sovieshu cayó de rodillas y al final dijo entre sollozos,

"Navier, te extraño. Navier, quiero verte. Navier, espero que vuelvas."

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