La Elección de Afrodita 32
Primer rechazo (I)
La diosa del amor habÃa jurado no perdonar nunca a su marido tras abandonarla a las pocas horas de casarse. Sin embargo, aquà estaba ahora, pensando:
'¿Cómo puedo seguir enfadada con él?'
Que todos los habitantes del Olimpo eran unos mentirosos lisos o unos orgullosos hasta el punto de ser incapaces de disculparse, era algo que Afrodita tomaba como un hecho. Pero mientras Hefesto seguÃa murmurando palabras de disculpa con los ojos bajos, ella se convencÃa cada vez más de que era sincero.
Era una sensación extraña. En el calor de su furia, Afrodita habÃa jurado a todas las fuerzas del universo más poderosas que los dioses que harÃa que su marido se arrepintiera de sus acciones. Ahora, casi habÃa olvidado todos sus juramentos y planes de venganza. Las palabras de Hefesto, que no parecÃan contener nada más que sinceridad y contrición, habÃan hecho desaparecer toda la ira de su esposa.
Sin embargo, no pudo evitar pensar que tal vez su marido no era diferente de sus otros hermanos, que podÃan mentir descaradamente sin siquiera pestañear. Pero dónde podrÃa haber aprendido eso, pensó. ¿O de quién? Además, Hefesto no le parecÃa a Afrodita un tipo astuto. Si acaso, era un poco lento.
Mientras él continuaba su chorro de palabras en voz baja, la diosa del amor le cortó altivamente, diciendo
"Bueno, si lo dices asÃ, no tengo nada que decir"
Sin esperar respuesta, continuó:
"Pero te digo que lo que hiciste estuvo muy mal. Odio el hecho de que me haya pasado"
"Lo siento. No lo pensé bien"
El asombro de Afrodita seguÃa creciendo. Le estaba hablando como si fuera un humilde asistente suyo en un templo, no el dios de los fuegos y los herreros, pero él no parecÃa sentirse ofendido en absoluto. Si acaso, parecÃa que se avergonzaba más, como un marido calzonazos. Con su corazón sintiendo realmente pena por él, la diosa del amor decidió poner fin a su farsa de estar enfadada con él, diciendo:
"No vuelvas a hacerlo"
Su respuesta lo dejó helado.
"No puedo hacerlo"
"¿Qué acabas de decir?"
Ella no podÃa creer lo que escuchaba. Hefesto deberÃa estar ahora mismo arrastrándose de rodillas, con palabras como 'SÃ' o 'Por supuesto'.
"He dicho que no" repitió él, eliminando toda duda de Afrodita.
"Quieres decir que no, que no volverás a hacerlo, ¿tengo razón?" contestó ella, aún negando.
"No. Quiero decir que no puedo prometer que no volverá a ocurrir"
La diosa del amor se quedó sin palabras. Era cierto que su franqueza seguÃa incomodándola. Pero esto estaba en otro nivel.
"No puedo dejar que lo hagas. No quiero que me hagan daño dos veces"
Tartamudeó débilmente, avergonzada de que su debilidad se reflejara en su voz.
"Lo siento. Prefiero ofenderte antes que hacer una promesa que no puedo cumplir"
"¡Oh, eres tan honesto! Tan honorable"
Respondió ella, rezumando sarcasmo en cada sÃlaba. Hefesto era aburrido, pero no tanto como para no darse cuenta. Agachó la cabeza avergonzado. Aun asÃ, respondió:
"No puedo romper mi contrato con Zeus. Si él me llama, le sigo. No es la primera vez, al menos, para los otros dioses y diosas"
"Eres un dios, por el amor de Dios. No un sirviente"
"Por supuesto que no. Ambos llegamos a un acuerdo"
Contestó con un tono paciente, como si ya fuera un padre explicando las cosas a un niño simplón. Pero Afrodita entendió lo que querÃa decir. Su marido también obtenÃa algo del acuerdo. Eso explicarÃa por qué preferÃa decepcionar a su esposa en la noche de bodas antes que romper el contrato. Sin embargo, no pudo superar la sensación de que su marido se estaba aprovechando de él. Después de todo, no era un dios de la sabidurÃa.
"Independientemente de un acuerdo, ¿no crees que es injusto que Zeus te hiciera salir corriendo de tu dormitorio el dÃa después de tu boda?"
"Eso fue una excepción. Además, en realidad le pedà que me diera un dÃa libre por nuestra boda para poder pasar la noche contigo"
Respondió, con un tono que indicaba que claramente pensaba que Zeus le habÃa hecho un gran favor.
"¿Excepción? ¿Qué clase de excepciones hay?"
Silencio, de nuevo.
Afrodita miró fijamente a su marido, deseando que hablara. Estaba decidida a no dejar que se saliera con la suya al no responder esta vez.
Finalmente, él habló con un suspiro:
"Es porque tú pasaste antes"
"¿Yo? ¿Cuándo, dónde?"
Más silencio.
"¿Te refieres a aquella vez?"
Asintió con la cabeza.
Afrodita recordó el dÃa en que fue a verle para recibir las Kestos Himas.
'Ahora que lo pienso, estaba ocupado en ese momento. ¿Querrá decir que yo le estorbaba en su trabajo?'
La diosa del amor se sonrojó de vergüenza. Para disimularlo, soltó:
"Entonces deberÃa haberme dicho que me fuera"
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