La Elección de Afrodita 20
La Isla de Limnos
Pero el nerviosismo de Hefesto se descubrió en su espalda agarrotada. Afortunadamente, sólo Afrodita pudo notar su fachada disimulada. A pesar de ello, Hefesto habló como si no tuviera miedo.
"No la molestes y habla conmigo"
Los labios morados de Erinyes se movieron. Su boca se curvó hacia arriba, como si estuviera sonriendo, pero la voz que siguió fue más bárbara que antes.
[Te digo que no molestes]
[¿Cómo te atreves a meterte en la conversación que comparten los hijos de Uranos?]
Ni siquiera Afrodita podÃa ya mostrarse imperturbable, pero Hefesto no cedió ni tembló, y dijo: "Estoy capacitado para ello"
Ante sus palabras, TisÃfone, sin dudarlo esta vez, chasqueó la lengua.
[¿Estás capacitado? ¿Hefesto del Olimpo, tú?]
"Ya me conoces" respondió Hefesto.
[He oÃdo que eres el novio del dÃa. El hijo de Hera, el nieto de Cronos. Asà que conoce tu lugar y mantén la boca cerrada]
Afrodita frunció el ceño cuando Erinyes llamó a Hefesto hijo de Hera. Sin embargo, Hefesto contestó despreocupadamente:
"No, no lo haré"
[¿Qué?]
"No me conoces del todo. En cuanto a mi calificación, tengo algo que decir"
La atmósfera ya congelada se volvió aún más frÃa, causada por la furia de Erinyes.
[Niño, no tienes que hablar porque tienes la boca abierta]
[¿Quieres estar encerrado para siempre y sufrir a cambio de tu groserÃa?]
Mientras Afrodita miraba a su alrededor, preguntándose qué era ese extraño sonido, se dio cuenta de que el espacio se habÃa torcido sin que ellos lo supieran. Sólo ella, Hefesto y Erinyes estaban atrapados por la esfera mágica que Erinyes habÃa creado. Vio la expresión desconcertada de Zeus; su boca se movÃa como si les hablara, pero sus palabras estaban oscurecidas. Sólo sonaban como un rugido en el agua. Tal vez ocurriera lo mismo con lo que se hablaba en su interior.
¡Afrodita nunca pensó que el poder de Erinyes fuera tan poderoso! Afrodita se arrepintió tardÃamente de haberlas tomado a la ligera. ¿Y si nunca pudieran escapar del extraño hechizo de Erinyes? A diferencia de Afrodita, que empezaba a entrar en pánico, Hefesto mantuvo la calma. Su mirada permanecÃa fija en Erinyes, decidida e inamovible. Entonces, sacó un comentario al azar:
"El nombre de la isla es Limnos"
[¿De qué estás hablando?]
"Los humanos cultivan almendras y aceitunas y hacen queso con la leche de sus ovejas. Una parte está dedicada al altar del volcán del noreste"
Afrodita se quedó perpleja. ¿HabÃa perdido la cabeza por un momento y se habÃa perdido el contexto? ¿De qué estaba hablando de repente este hombre? se preguntó. Sin embargo, a decir verdad, Hefesto estaba aludiendo a su santuario. El volcán de Limnos era Moskils, y el altar allà era su templo. Pero seguÃa siendo un misterio por qué habÃa mencionado su hogar. Los pensamientos de Erinyes parecÃan ser los mismos que los de Afrodita.
[Cállate si quieres decir tonterÃas]
[No nos molestes más, pero aléjate de nuestra hermana menor]
Entonces, Erinyes extendió sus anchas alas, sus negras garras estiradas amenazadoramente, y con unos cuantos aleteos, sopló una ráfaga de viento lúgubre.
"Oh, Dios"
Afrodita se asustó, y a la vez se enfadó con Erinyes. Ya era bastante irrespetuoso interrumpir el dÃa especial de una, pero ¡cómo se atrevÃa a hacer alarde de su fuerza! Sin embargo, la hija de Urano, la ejecutora del mundo, no podÃa dejarse frustrar sin más. Afrodita no habÃa olvidado su nula posibilidad de ganar, pero tampoco podÃa aceptar fácilmente su derrota.
Pero Afrodita no podÃa venir a Erinyes. Ella murmuró, con desesperación en sus palabras,
"No puedo parar, esto..."
"¡Erinyes!"
Hefesto rugió con fuerza. Su profunda voz atravesó el viento y alcanzó a Erinyes. Las alas que batieron violentamente se silenciaron. En efecto, Hefesto era un hombre nacido para sofocar la ira. Le convenÃa ser el dios del ancla. Mientras Afrodita se sumÃa en sus pensamientos, Hefesto habló a Erinyes. "Conoces el lugar del que te hablé, asà es lo que ocurrió allÃ".
[No conocemos la isla de Limnos]
"En primer lugar, los almendros, los olivos, los rebaños y los volcanes han estado allà durante mucho tiempo. Y..."
La mano de Hefesto, que sostenÃa a Afrodita, estaba tensa.
"La perla que cayó en el banco de arena occidental"
Afrodita frunció el ceño, sus oÃdos no alcanzaban a comprender sus palabras. ¿Qué ocurrió en la isla? ParecÃa más fácil resolver la profecÃa que Apolo torció deliberadamente. Pero Erinyes parecÃa entenderlo. El aleteo de las alas se plegó por completo y la serpiente, que blandÃa su veneno, cerró el hocico.
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😊😌.
0 Comentarios