La Elección de Afrodita 15
El más extraño de todos
"La cuestión es simple" dijo Hefesto.
"¡Ya lo sé!" Afrodita replicó.
"Puedes decir 'sÃ' o puedes decir 'no', dependiendo de lo que realmente quieras"
"Lo sé, señor obvio, juré a la Estigia decir la verdad. Sólo dame algo de tiempo, ¿vale?"
Su seriedad acompañada de esa inagotable reserva de calma la confundió. Las graves decisiones de ambos se habÃan revelado como una pieza de ajedrez en algún tablero de Bufón, sabiendo cómo Zeus jugaba con ambos.
'¿Cómo en todo el Hades podrÃa permanecer tan tranquilo?'
Sacudió la cabeza y se rió, todo esto era tan absurdo, luego preguntó con el ceño fruncido:
"No querÃas casarte, ¿verdad? ¿Por eso te empeñas en arrancarme una respuesta?".
Cuando Hefesto la miró, sus ojos grises reflejaron a la furiosa Diosa del Amor y la Belleza que tenÃa ante sÃ. Pero este Dios del Fuego emanaba una calma que no se parecÃa a nada de lo que ella habÃa experimentado.
"¿Es tu primera pregunta entre las tres?"
Afrodita no sabÃa cómo responder a eso, estaba anonadada. No pretendÃa que fuera su primera pregunta vinculante.
'Oh, bueno...'
"Si no está sujeta al juramento, entonces me niego a contestarla"
"¡Eh, ni hablar!", exclamó ella.
"Creo que voy a mentir a eso entonces" dijo él, con esa insufrible sonrisa.
"¿Desde cuándo eres el Dios de la Honestidad?" dijo Afrodita, poniendo los ojos en blanco. Su sarcasmo se perdió en él, en cambio la miró y repitió las mismas palabras.
"¿Quieres romper el matrimonio?"
Afrodita reflexionó largamente. Se sintió agotada al recordar el engaño de Zeus y toda la farsa que habÃa conjurado para engañarla en este matrimonio. PodÃa decir 'sÃ' y romper este matrimonio de una vez por todas. No habÃa nada que perder. ¿O no? Pero no podÃa pronunciar las palabras. ¡TenÃa que agradecer a ese maldito juramento! No podÃa decir nada que no fuera cierto para ella.
'¿Realmente quiero romper con él?'
Pensó Afrodita, mirando a Hefesto. PodÃa ver que él esperaba su respuesta, tan atentamente. Pero no sabÃa qué pasaba por su cabeza.
'¿Cómo diablos puedes estar tan tranquilo?'
No podÃa entender a este hombre. ¿Realmente romperÃa todo con una respuesta de ella? Dios sabe que todo el Olimpo querÃa casarse con la Diosa del Amor y la Belleza. QuerÃan poseerla. Y este hombre, sabiendo que ella tendrÃa que estar con él pase lo que pase, le estaba ofreciendo a la misma diosa la oportunidad de alejarse.
Tantas preguntas rebotaban en la mente de Afrodita.
'¿Estará contento si le digo que no? ¿DeberÃamos enfrentarnos a Zeus y poner fin a toda esta fachada? Si Zeus le permite romper, ¿será feliz entonces? ¿Se alejará sin siquiera una mirada?'
Afrodita dejó escapar un suspiro de cansancio. En ese momento se sentÃa completamente sola. La única claridad en su mente era la de la amargura que sentÃa hacia Zeus y todo el Olimpo. La soledad y la traición eran lo único que le quedaba. La pena que brotaba en su interior era compartida por una sola persona que estaba, en ese momento, ante sus ojos. En ese momento de claridad, Afrodita extendió la mano y agarró el cuello de Hefesto. Los ojos de Hefesto se abrieron de par en par mientras la miraba con sorpresa.
"¿Afrodita?"
"No lo haré ... no quiero romperlo"
Ella lo miró, buscando en su rostro alguna reacción, algún indicio de sus sentimientos.
"¿Sabes lo que significa eso? Dijiste que era terrible ser engañada"
"¡No voy a romper! ¿Te cuesta entender las palabras sencillas?" dijo Afrodita burlonamente.
"No, sólo me estoy asegurando" dijo él, mirándola con ternura.
Cuanto más repetÃa estas palabras, más enfadada se sentÃa. Estaba enfadada consigo misma; esto era inesperado. ¿Cómo podÃa aceptar quedarse si esto era sólo el resultado de un engaño que Zeus le habÃa impuesto? Proyectó esta rabia en la persona que tenÃa delante.
Tiró violentamente de su cuello. Toda la ira y las emociones se presentaron en forma de una oleada de vértigo, y casi se cayó. Hefesto la sujetó por el hombro y la colocó en el asiento con la misma facilidad que si fuera ligera como una pluma.
"Ten cuidado" le dijo, con una voz baja y rasposa.
Su tono era de reproche, y ella se estremeció sin quererlo. Él dejó escapar un leve suspiro y dejó que sus manos, que la sostenÃan, cayeran a su lado. Ella seguÃa apoyada en él, sorprendida por esta extraña sensación. Siempre habÃa sido dueña de sus sentimientos; ¡era la Diosa del Amor! HacÃa que los demás se pusieran nerviosos. Estar nerviosa no era propio de una diosa. Estaba confundida, y un poco asustada por lo que sentÃa. ¿Asà se sentÃan los demás cuando se enamoraban de ella, o cuando se sentÃan abrumados por el amor?
Hefesto dejó escapar una tos lenta. Bueno, ¡esto era incómodo! Se enderezó, mirándolo. Su mareo y sus náuseas estaban disminuyendo. Estar cerca de él la hacÃa sentir anclada.
"Sé que puedes estar molesto. Lo siento. Pero aun asà voy a hacerte la última pregunta"
Afrodita suspiró.
"Si no quieres romper el matrimonio..." comenzó él.
Afrodita lo interrumpió con fastidio: "¿Cuántas veces pretendes hacerme repetir?"
"Esta será la última vez" dijo él.
"Ya lo he dicho y lo volveré a decir. No voy a romper el matrimonio. ¿Contento?" dijo ella con fastidio "Entonces sigue con tu última pregunta"
ParecÃa cohibido con la idea de hacer la última pregunta que le quedaba. Casi parecÃa que la estaba evitando. Pero un juramento era un juramento, tres preguntas eran el acuerdo. O se arriesgaba o perdÃa la oportunidad de hacer la última.
Hefesto parecÃa haberse decidido. Dijo con toda seriedad:
"Bien, déjame hacerte la única pregunta que me queda"
Hefesto se calmó, la miró a los ojos y le preguntó:
"¿Quieres casarte conmigo, Afrodita?"
No era una gran pregunta. Su matrimonio ya habÃa sido fijado por el propio Rey de los Dioses. Les gustara o no, se habrÃa producido de cualquier manera. Pero ambos sabÃan que era diferente, que esta pregunta significaba una propuesta hecha en serio. Sin mentiras, sin engaños.
Afrodita lo miró a los ojos grises, era consciente de que se habÃa sonrojado y se avergonzaba de ello. Este dÃa se habÃa alargado de un encuentro extraño a otro, pero este momento era el más extraño de todos. Se dio cuenta de que esto era lo que habÃa estado esperando, esta pregunta que la respetaba lo suficiente como para darle la opción de responder con lo que quisiera.
"Lo haré"
Dijo, soltando todas las dudas y el malestar que habÃa estado guardando en su interior.
Pudo ver la alegrÃa y el alivio en su rostro que tanto se esforzaba por mantener impasible. SabÃa que ahora no tenÃa que preocuparse por el juramento, porque habÃa respondido a todo con la verdad, con todo su corazón. TodavÃa le quedaban tres preguntas que debÃa hacerle. Pero en este momento, no podÃa importarle menos. Estaba tan contenta que, en ese mismo instante, querÃa que ese momento durara para siempre.
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