La Elección de Afrodita 14
El engaño de Zeus
"Siento discrepar, pero, oh, bueno... empezaré" dijo Hefesto.
"Como quieras" dijo Afrodita.
"¿Por qué has aceptado el matrimonio?" preguntó él.
Afrodita, a estas alturas, estaba acostumbrada a la naturaleza honesta de Hefesto. Asà que la formidable pregunta del principio no fue realmente una sorpresa por su parte.
"¿Qué?"
"La razón de la aceptación de este matrimonio"
"Zeus me lo dijo" suspiró Afrodita.
Afrodita trató de restarle importancia con la esperanza de que la respuesta fuera suficiente. En cualquier caso, era cierto. Pero Hefesto no era de los que se tragan esta explicación tan fácilmente. Sacudió la cabeza y dijo en voz baja:
"Lo que Zeus querÃa de ti, técnicamente, era un matrimonio con un marido bien avenido"
"SÃ y fuiste designada para ello"
"Si te hubieras negado, habrÃas tenido otras opciones, otros pretendientes"
Afrodita frunció el ceño.
'¿Qué querÃa oÃr, de todos modos? ... que habÃa dicho que sà porque me gustaba o que era el mejor entre otros presentados'
Un suspiro salió de sus labios. Decidió decirle toda la verdad.
"No tienes elección cuando Zeus exige algo, asà que no podÃa decir que no"
A Afrodita le pareció que Hefesto ponÃa entonces una expresión curiosa, no de decepción sino algo más, como si estuviera indeciso y preocupado. Este dÃa no pararÃa con las sorpresas no solicitadas.
En ese momento se quedó con los labios apretados y en silencio. Ese maldito silencio que parecÃa no terminar nunca. Antes de que ella pudiera decir algo, él soltó:
"Zeus se llama a sà mismo El Casamentero"
"SÃ, ¿y qué?" respondió ella, confundida.
"Bueno, no pretenderÃa ser un casamentero si mi única intención fuera obligarte a casarte con otra persona. Le gustan sus jueguecitos y disfruta de que sus planes se lleven a cabo, pero odia que le desafÃen su autoridad y equidad como Rey" dijo Hefesto, mirándola.
Afrodita estaba confundida, tardó un rato pero sus palabras finalmente se registraron. El engaño estaba claro. Zeus habÃa hecho de casamentero, en efecto, y habÃa instado a Afrodita a conocer un partido decente. Después, Zeus hizo parecer que el partido se habÃa decidido tras una prolongada consideración y finalmente Hefesto fue elegido como novio. HabÃa sido una farsa, nunca hubo otros pretendientes, otros encuentros, sólo habÃa habido uno. Eso significaba...
"¡Me engañaron!" se enfureció "¡Zeus nunca quiso encontrar a nadie más, ni considerar a nadie más!"
Afrodita pensaba que era mejor ser forzada a un matrimonio que ser engañada en uno, aunque ambas cosas sonaban igual de bárbaras y horribles para infligir a alguien. Pero al menos, ser obligada a casarse por el bien del Olimpo, para salvarlo de la destrucción, era tremendamente mejor que ser engañada pensando que habÃa entrado en el matrimonio por su propia voluntad, mejor que estar en una ilusión que le daba la oportunidad de considerar a otros pretendientes. ¡Oh, qué tonta era!
Afrodita estaba enfurecida y pretendÃa expresar su ira en una maldición en toda regla hacia Zeus. Por lo que le importaba, ella incitarÃa un apocalipsis, un Armagedón. ¡PondrÃa fin a todo este maldito mundo! Pero Hefesto le hablaba, la llamaba por su nombre.
"Afrodita, tuve una suposición que no podÃas saber. Lo siento"
Bueno, le tocó a ella quedarse callada, ¿no? ¿Qué en el mundo podrÃa decir a eso, de todos modos?
"Las preguntas todavÃa tienen que continuar. Asà que, la primera respuesta: engañada por el Rey de los Dioses. Conociendo a Zeus, no podÃa faltar" suspiró.
Afrodita miró fijamente a Hefesto, pero estaba hirviendo de tanta rabia que pensó que era mejor no hablar. HabÃa dolor en el rostro de Hefesto. No se burló de ella. Por la forma en que la miraba, parecÃa que, con esta confirmación del engaño por parte de Zeus, él también habÃa sido herido.
Quiso despotricar y culparlo por todo, pero esa mirada de dolor la hizo dudar. Ella nunca consoló a nadie, nunca. Ni siquiera intentaba consolarse a sà misma. Pero en ese momento querÃa decir algo, cualquier cosa.
"Bueno, Hefesto..." Comenzó, pero fue interrumpida por Hefesto, que evitaba su mirada.
"Deja que te haga la segunda pregunta"
"¿Hablas en serio?"
Preguntó Afrodita incrédula. ¡TodavÃa no habÃa terminado de procesar la traición de Zeus!
"Tenemos tres preguntas cada uno. A mà me quedan dos" dijo despreocupadamente "y esta segunda pregunta está relacionada con la primera"
La expresión de herida que estaba grabada en su rostro hace un rato habÃa desaparecido. Era como si nunca hubiera existido. Ahora tenÃa un aspecto serio y realista, como si todo dependiera de la pregunta que se disponÃa a formular.
"Continúa" dijo Afrodita, sintiéndose inesperadamente nerviosa.
"¿Quieres romper el matrimonio ahora que sabes la verdad?"
Preguntó Hefesto, soltando su mortal pregunta como si fuera un simple saco de papas.
"Espera, ¿qué?" preguntó Afrodita, incrédula.
"Quiero decir, ¿quieres hacer como si la perspectiva de un matrimonio entre nosotros nunca hubiera ocurrido?"
Repitió Hefesto, enunciando lentamente cada palabra, como si se lo estuviera explicando a un niño de cinco años.
"¡Sé lo que significa, monumental papanatas!" gritó Afrodita.
"Me alegro de que lo sepas" añadió Hefesto, con una sonrisa de satisfacción "Sólo tienes que decir 'sÃ' y lo romperé de buena gana, sin ataduras"
'A veces deseaba poder arrancarle esa sonrisa y la calma de la cara con un puñetazo bien intencionado'
El estómago de Afrodita se llenó de calor, ya estaba sintiendo bastantes náuseas con su sesión juguetona; no estaba siguiendo del todo el curso que ella pretendÃa. Ya se sentÃa un poco mareada.
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