La Villana Vive Dos Veces 22
El Corazón De Santa Olga (3)
En ese mismo momento, Cedric habÃa seguido el consejo de Ansgar y estaba visitando la JoyerÃa de Odorov.
"Es un honor que un hombre como Su Gracia venga a visitar nuestra tienda."
Cedric habÃa sido guiado a una sala de recepción con cómodos sofás. Sorbiendo el té que el joyero le dio de antemano, preguntó con calma.
"Me dijeron que deberÃa venir a este lugar si querÃa saber sobre una joya y su propietario."
"¿Estás buscando alguna joya en particular?"
El joyero preguntó con curiosidad.
"Estoy buscando una joya llamada, Corazón de la Santa Olga."
"¿Te refieres al diamante que era la reliquia del Vizcondado Fischer?"
Era un diamante. Cedric se acababa de enterar. Por supuesto, habÃa pensado que se trataba de un rubÃ, porque se llamaba Corazón.
"SÃ, estoy buscando la reliquia del Vizcondado Fischer."
Entonces, el joyero parecÃa encontrarse en una situación incómoda. Cedric, observando su expresión, le preguntó asertivamente.
"¿No sabes nada al respecto, o es algo difÃcil de decir?"
Las joyas se usaban como un medio para hacer negocios secretos y para acumular riqueza.
En comparación con los diamantes y zafiros, el oro era el medio más común en este tipo de transacciones. También resultaba más fácil ocultar de donde provenÃa.
Sin embargo, las joyas de renombre e historia también eran un medio útil para negociar.
Especialmente, si se trataba de sobornos. Esto se debe a que las joyas históricas tienen un valor más allá de la simple riqueza.
Además, esta joya provenÃa de una familia que habÃa sido destruida cuando la Vizcondesa y el Vizconde decidieron suicidarse por el bienestar de la Emperatriz.
Algunos querrÃan tener sus pertenencias como trofeos, y otros querrÃan conservar las pertenencias de sus camaradas.
Y aunque se obtuviera una joya por un buen propósito, su distribución podrÃa considerarse ilegal. Sobre todo, si se trataba de una joya considerada una reliquia familiar.
"No estoy haciendo averiguaciones, sólo quiero comprarla."
Al escuchar esto, el joyero dio un leve suspiro.
"Entiendo. Primero, le escribiré una carta a quien posee la joya. Esto podrÃa ser algo bueno. Un hombre como Su Gracia se ha interesado."
El joyero se puso de pie, diciéndole que esperara un momento.
Cedric se levantó y echó un vistazo al interior de la joyerÃa mientras el joyero escribÃa una carta de presentación.
La sala de recepción donde estaba, era el lugar en el que se recibÃan a los invitados distinguidos.
Sin embargo, parte de la colección de la JoyerÃa de Odorov estaba en exhibición como decoración.
En un estante de la pared, Cedric vio un par de mancuernillas y un reloj de oro.
Aunque no sabÃa mucho de joyas, le llamó la atención un collar y un brazalete de diamantes que parecÃan muy costosos.
Por impulso, Cedric levantó el brazalete.
El brazalete se veÃa muy inusual. El brazalete, hecho de dos tiras de pequeños diamantes, como si fuera un simple brazalete de perlas, brillaba bajo la luz de cinco colores diferentes.
El joyero pronto regresó en breve con un sobre sellado con cera.
Cedric puso el brazalete sobre una mesa con una cara más firme de lo habitual.
"Ahora que usted me ha suministrado la información, debe aceptar que le compre al menos un artÃculo."
"¡Ah! ¿Te refieres a esta? Muchas gracias."
El joyero, que no se lo esperaba, se inclinó rápidamente mientras sus ojos brillaban.
Freyl, que hasta entonces habÃa estado esperando que su señor terminara con este asunto, se quedó parado junto a la puerta en silencio, con una expresión aburrida.
Cedric lo sabÃa, pero fingÃa no saberlo.
***
El joyero le dijo que se dirigiera a la casa de un hombre llamado White.
Un hombre que tenÃa una pequeña joyerÃa.
「Era un buen hombre muy perspicaz y digno de confianza. Si hubiera hecho las cosas bien, actualmente serÃa un joyero muy conocido...」
「¿Lo ha abandonado?」
「En los negocios, a veces ciertas inversiones pueden parecer una apuesta.」
「Es cierto, porque los riesgos y los beneficios son proporcionales.」
「SÃ, pero cuando el riesgo es mayor al esperado, no importa cuán preparado esté uno para afrontarlo, no es posible superarlo. Lo que White experimentó fue como estar en un granero haciendo maniobras para prevenir un incendio, para luego terminar siendo golpeado por un tsunami.」
Odorov no le dijo nada más.
Pensando que estaba cerca de resolver un acertijo, Cedric se dirigió a la casa de White junto con Freyl. Freyl seguÃa refunfuñando.
"Esto es demasiado."
"¿Es demasiado pedir que me acompañes?"
"Su Gracia, ¿Realmente ha decidido casarse con la hija de Miraila?"
Cedric lo miró seriamente y le respondió.
"Pensé que estabas de acuerdo."
"SÃ, sé que lo haces por el Ejército Occidental."
"¿Y no dijiste que era una buena estrategia?"
"No es porque no crea que vaya a funcionar. Pero me estoy preguntando si vale la pena que usted sacrifique su felicidad."
Las palabras de Freyl fueron astutas.
Cedric lo ignoró y agitó las riendas para que su caballo anduviera más rápido. Sin embargo, Freyl lo alcanzó rápidamente en su caballo.
Luego dijo con toda seriedad.
"Su Gracia, en cualquier caso es la hija de Miraila, ¿No le parece un poco extraño?"
"¿Estás cuestionando mi juicio."
"¿Eh?"
"Estás insinuando que mis ojos son tan poco fiables que no puedo juzgar con claridad que la Dama Artizea sea diferente a Miraila."
"......"
Cedric lo dijo a pesar de que sabÃa que Freyl no pensaba de esa manera. Entonces Freyl sacudió la cabeza.
"No es eso. Es sólo que..."
"La Dama Artizea señaló que sólo serÃa por dos años. No creo que un matrimonio de conveniencia de dos años sea un precio que no pueda pagar por el Ejército Occidental."
"Su Gracia, divorciarse de la hija de Miraila después de un matrimonio de conveniencia serÃa una mancha en su honor."
Cedric recordó de repente las palabras de Artizea y sonrió.
「Su Gracia, tiene que dejar a un lado su honor, para poder ganar el honor del Ejército Occidental y proteger el Gran Ducado Evron… ¿Y aún asà lo tirará todo por la borda por razones personales?」
Si Artizea no hubiera dicho eso, habrÃa considerado la oferta como un insulto y se habrÃa puesto furioso.
"Los soldados deben recibir el tratamiento que se merecen, y no lo evitaré por miedo a manchar mi honor."
"Su Gracia."
"Y eso es lo que la Dama Artizea me hizo comprender."
Freyl no dijo nada más, y se quedó en silencio, con una extraña expresión.
'¿Eso sólo por eso?'
Se sintió tentado de hacerle la pregunta en la que habÃa pensado.
Además, si se tratara de un simple matrimonio polÃtico.
PodrÃa haberle enviado sólo un vestido de novia. SerÃa una buena manera de hacer que pareciera un matrimonio por amor y hacer que el Emperador bajara la guardia.
Teniendo en cuenta esto, ¿Realmente era necesario comprarle una joya?
'No lo creo. Sin embargo, no parece ser consciente de ello en absoluto… ¿Tendré que decÃrselo para que se de cuenta?'
Freil estaba preocupado.
¿PodrÃa Cedric entender esta preocupación? Honestamente, estaba preocupado de tener que servir a la hija de Miraila como la Gran Duquesa por el resto de su vida.
Mientras pensaba en esto, llegaron a la dirección que el joyero Odorov le habÃa dado a Cedric.
Cedric tuvo dudas mientras se bajaba del caballo. Un manto de tela negra colgaba sobre la puerta principal.
Era una señal de luto.
"Oh no..."
Al escuchar su lamento, Freyl dijo.
"Entiendo su preocupación, pero deberÃamos entrar. No es como si pudiéramos tomarnos el tiempo para venir de nuevo en otra ocasión, ¿Verdad?
"Tienes razón."
Cedric dejó escapar un profundo suspiro.
Freyl tocó la puerta.
De la casa lúgubre, abriendo cuidadosamente la puerta, salió una joven que parecÃa tener alrededor de veinte años.
"Parecen personas importantes, ¿Por qué han venido a este lugar? Mi padre ha muerto."
La mujer dijo con una cara de sospecha y agotamiento. HabÃa un color oscuro bajo sus ojos.
Freyl sacó rápidamente la carta de presentación que Cedric le habÃa dado y se la entregó a la mujer.
La mujer abrió el sello en el acto y leyó el contenido. Luego, miró a Cedric desconcertada. Poco después, y apresuradamente, se arrodilló sobre una rodilla
"Me siento honrada de conocer a Su Gracia."
"No. No te arrodilles. No es necesario que actúes con tanta cortesÃa..."
"Gracias por su amabilidad."
La mujer dijo cortésmente, pero con una voz cansada, y luego, se puso de pie.
Ella los guió hasta la sala.
Se habÃa hecho de noche, asà que la casa estaba oscura. La mujer encendió una vela para iluminar el lugar.
Luego apareció con una bandeja con tazas de té caliente, se sentó y las puso sobre la mesa.
"Me disculpo por la falta de hospitalidad. Ni siquiera tenemos buenas hojas de té en nuestra casa. Pero como el alma de mi padre aún no ha salido de esta casa, permÃtanme darles un poco de té, para que mi padre se sienta honrado y descanse en paz."
"Soy yo quien debe disculparse por haber venido en un momento difÃcil."
Cedric no tenÃa mucha sed, pero se bebió el té lentamente hasta vaciar la taza. Freyl hizo lo mismo.
"Muchas Gracias. De seguro mi padre estará muy contento."
La mujer inclinó la cabeza y dijo.
"Su Gracia, la carta de presentación del Señor Odorov menciona que usted está buscando una joya. Mi padre falleció, pero los libros de sus dÃas como joyero siguen intactos, asà que intentaré ayudarte en todo lo que pueda."
"Me disculpo de antemano por las molestias que le estoy causando durante su luto. Estoy buscando un diamante llamado el Corazón de la Santa Olga. El Señor Odorov me dijo que el Señor White era el propietario de esa joya."
Clink, clink
Las manos de la mujer temblaron. Esto causó que la taza de té que sostenÃa se sacudiera e hiciera un ruido al chocar contra el pequeño plato debajo de la misma.
Cedric tomó con cuidado la taza de té de la mano de la mujer y la puso en la mesa.
La mujer lo miró fijamente con el rostro pálido. TenÃa una expresión de enfado, pero también de repugnancia y odio.
Él sólo querÃa comprar esa joya.
Pero el rostro de la mujer mostraba claramente que habÃa una historia de trasfondo con esa joya.
"Esa joya no está en nuestra casa."
"¿A quién se la vendieron?"
Después de pensarlo un momento, la mujer se levantó y desapareció hacia el estudio.
La actitud era tan inusual que Cedric y Freyl se miraron mutuamente.
La mujer pronto regresó a la sala con un sobre para documentos.
"Aquà está el contrato de transferencia de propiedad del Corazón de la Santa Olga."
Ella le entregó el sobre para documentos a Cedric. El nombre del comprador de la joya en el contrato era el Barón Yetz.
"Esa es una letra de cambio emitida por el Barón al redactar el contrato."
Cedric sacó la letra de cambio. La fecha de la letra de cambio indicaba que se habÃa hecho hace siete años.
"El resto son respuestas a cartas que mi padre le estuvo enviando para que pagara la letra de cambio. Mi padre le estuvo escribiendo cartas durante estos siete años, pero él sólo recibió unas 10 respuestas. En todas solicitaba aplazar el pago."
La mujer apretó los dientes, y luego dijo, "En la última carta el Barón escribió, 'pagaré cuando tenga que hacerlo. ¿No confÃas en mÃ?'"
Estaba claro lo que habÃa pasado. El noble habÃa retrasando deliberadamente el pago, simplemente lo estaba ignorando.
Prácticamente el Barón Yetz habÃa robado el diamante mediante un trozo de papel firmado con su identidad. De hecho, esto no era tan inusual..
Después de revisar el contrato, Freyl dijo.
"De acuerdo con este contrato, la propiedad del diamante sólo se transferirá cuando la letra de cambio haya sido pagada."
"SÃ, se puso esa condición para evitar cualquier estafa o robo."
"Si lo hubieran demandado, podrÃan haber ganado."
La mujer sollozó.
"¿Cómo podrÃamos hacer eso? Ese diamante ha sido dado como un presente a la Marquesa Camellia."
Cedric y Freyl se miraron mutuamente.
La Marquesa Camellia era la cuñada del Gran Duque Roygar.
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