EMDIET 0527







EMPERADOR DIVINO ETERNO 527

Ira, odio




¡SWOOSH!




Zhang Ruochen apuntó con los dedos y el espacio se hizo trizas como si fuera un simple vidrio. Se abrieron un huevo de grietas de la nada y, de pronto, todo colapsó por completo.

Si uno miraba a través de esas roturas, solo se podía ver un vacío recontra turbio, oscuro y caótico.

Unas docenas de metros a la redonda se vinieron abajo. Impulsada por un Poder Devorador implacable, toda la zona se transformó en un remolino gigante.

A decir verdad, Xu Hai ya andaba moscas esperando que Zhang Ruochen saliera con alguna payasada espacial. Lo que jamás se imaginó fue que el infeliz provocaría el colapso absoluto de todo el espacio en un área determinada.

'Ni a balas puedo dejar que me chupe ese colapso. Si caigo ahí dentro, hasta un Medio Santo termina muerto y bien enterrado'

A Xu Hai se le bajó la presión del puro susto y comenzó a sudar frío. Exprimió su Qi Genuino hasta la última gota para activar a fondo el poder de la Armadura Santa de Cuero Blando, logrando salir disparado del vórtice a una velocidad que jamás había alcanzado en su vida.

Pero antes de que pudiera celebrar que se había librado de una buena, vio que Zhang Ruochen ya tenía bajo su control una espada de hielo gigantesca de 33 metros de largo y se la estaba dejando caer con todo.




¡Bang!




La espada de hielo le dio de lleno a Xu Hai, mandándolo de regreso y de espaldas directito al espacio colapsado.


—¡No… No me jodas…!


Xu Hai estiró el brazo con la esperanza de prenderse de algo para escapar.

Por desgracia, esta vez la suerte no estuvo de su lado. El espacio colapsado se lo tragó en un abrir y cerrar de ojos.

El lugar recuperó su silencio habitual; todo el chongo y el alboroto desaparecieron por completo.

Zhang Ruochen se quedó parado sobre el agua, contemplando el sitio donde había ocurrido el Colapso Espacial. Sacudió la cabeza y soltó un suspiro de resignación:


—Qué verdadera pena haber desperdiciado esa Armadura Santa de Cuero Blando.


Un tesoro de ese calibre solo lo podían tener las familias de Santos más poderosas. Era una reliquia invaluable que no te la encontrabas a la vuelta de la esquina.

Aunque se quedó con las ganas de quedarse con la armadura, al menos se había quitado de encima a un enemigo recontra peligroso. Ahora Zhang Ruochen tendría el camino libre para ponerse a juntar méritos militares con todo y dedicarse a buscar el lugar de la herencia Xuanwu.

Eso sí, primero lo primero: tenía que curarse las heridas.

Zhang Ruochen había quedado bien herido por dentro tras la mecha con Xu Hai, así que la recuperación no iba a ser cosa de dos días.

Se sumergió hasta el fondo del mar, sacó el Gráfico de Madera Yin Yang, abrió el portal del espacio y se metió de cabeza al mundo interior del Gráfico.












⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅











Diez días después, gracias a la ayuda de unas buenas píldoras curativas, Zhang Ruochen ya estaba como nuevo, totalmente recuperado de sus lesiones.

En eso apareció Blackie y le dijo:


—Zhang Ruochen, ¿te vas a quedar entrenando aquí en el Gráfico de Madera Yin Yang o prefieres salir de una vez?


Zhang Ruochen se quedó pensando un toque y luego sacudió la cabeza.


—Encerrarme a refinar mis habilidades claro que me va a dar más fuerza. Es muy probable que incluso logre dominar una o dos técnicas marciales de Nivel Fantasma. Pero la verdad es que jamás voy a alcanzar el Reino Supremo del Reino Cielo si me la paso todo el día escondido refinando por las puras. Además, salir a pelear y mecharse con otros también es una excelente forma de entrenar. ¡Ah, de veras! Hay otro patita por ahí, ¡ya casi me estaba olvidando de él!


Zhang Ruochen se puso de pie y sacó el Jarrón Auspicioso. De un solo porrazo, dejó salir a Xu Chen, quien se había quedado atrapado ahí dentro todo este tiempo.




¡Swoosh!




Un destello de luz salió volando del jarrón y cayó al suelo, transformándose en la silueta de un anciano.

Era el mismísimo Xu Chen.

Apenas se vio libre, Xu Chen no lo pensó dos veces: blandió su Cuchillo de Caza de Tigres y lanzó un tajo mortal directo hacia Zhang Ruochen.


—¡Arrodíllate, mrd!


rugió Blackie con una furia tremenda.

Xu Chen se sintió como si le hubiera caído encima un porrazo de aquellos. Todo el cuerpo se le acalambró por completo y, con un tremendo golpe, terminó de rodillas en el suelo, totalmente tieso, sin poder mover ni un dedo.

'¿Pero qué mrd acaba de pasar?'

Xu Chen apretó los dientes con una rabia impotente mientras las venas del rostro se le hinchaban a más no poder. Por más que intentaba oponer resistencia con todas sus fuerzas, le era imposible ponerse de pie.

Blackie levantó la cabeza bien altanero y se le acercó caminando despacito. Esbozó una sonrisa burlona y, con una voz bien fría, le dijo:


—¿Un simple monje en el Cuarto Cambio del Reino Pez Dragón viene a mi territorio y encima se cree lo máximo queriendo oponer resistencia?


Dentro del Mundo del Gráfico, los poderes de Blackie no tenían ningún tipo de restricción. Podía trapear el piso con Xu Chen con la mayor facilidad del mundo.

Blackie le dio unas palmaditas en el hombro a Xu Chen con sus garras, mientras sus largos bigotes le rozaban las orejas al anciano. Sonrió de oreja a oreja y añadió:


—El Mundo del Gráfico ya está recontra estable, así que ya va siendo hora de levantar un par de palacios y algunas residencias dignas de hadas e inmortales. Es más, mejor nos construimos una ciudad entera. Justo andábamos recontra aguja de mano de obra, así que tú vas a ser nuestro primer contratado. Viejo terco, ¿tienes alguna queja? ¡Perfecto! Como te has quedado mudo, asumo que no, así que mañana mismo arrancas a chambear bien temprano.


Al ver cómo Blackie ponía en su sitio a Xu Chen y lo mandaba a trabajar sin asco, Zhang Ruochen solo pudo sacudir la cabeza con una sonrisa. Luego, se dio la vuelta y caminó con dirección al tronco del Árbol Sagrado Primordial.

Allí se encontraba Huang Yanchen, sentada con las piernas cruzadas justo debajo de los nuevos brotes del Árbol Sagrado Primordial. Un denso Qi Xuanwu la envolvía por completo, de su cuerpo emanaba de forma sutil una presencia sumamente imponente y poderosa.

Huang Yanchen se había pasado la última quincena entrenando a full dentro del Mundo del Gráfico. Gracias al tremendo empujón del Qi Xuanwu, su nivel de cultivo había avanzado a pasos agigantados, logrando alcanzar la etapa final de la Finalización del Reino Cielo. Ahorita mismo estaba a las justas a un pasito de dar el gran salto al Reino Pez Dragón.

Sin embargo, Huang Yanchen no quiso apresurarse a tragar la Píldora del Pez Dragón para forzar el avance. Prefirió salir del Mundo del Gráfico junto a Zhang Ruochen para foguearse un tiempo en el Mundo Primitivo Xuanwu y así consolidar bien su nivel actual.

Ambos cruzaron el portal del espacio y salieron al exterior, rumbeando directo hacia el corazón del Mar Xixuan.


—Huele harto a sangre espiritual—


No pasó mucho tiempo antes de que Zhang Ruochen arrugara la nariz; el fétido olor a sangre era demasiado penetrante.

Siguieron el rastro del hedor y, a lo lejos, divisaron una pequeña embarcación flotando a la deriva en el agua.

Zhang Ruochen dio un tremendo salto y cayó de pie en la cubierta. Al ver el panorama tan deprimente y devastador que había a bordo, la sangre le comenzó a hervir de la pura piconería.

Zhang Ruochen reconocía perfectamente a todos los soldados del Mundo Primitivo que estaban en esa nave. Aunque no los conocía al derecho y al revés, les tenía un respeto tremendo y los consideraba como buenos camaradas de armas.

Sin embargo…

Los nueve soldados habían tenido una muerte recontra dolorosa y trágica.

Y el que se llevó la peor parte fue su líder, Nie Nanfei; a ese pobre diablo lo habían masacrado sin piedad. Le habían cortado los diez dedos de las manos, le habían arrancado los dos ojos de las órbitas y le abrieron la panza de un tajo. Por si fuera poco, hasta el corazón le habían sacado el pecho para dejarlo tirado a un costado de la cubierta.

Nie Nanfei era un combatiente antiguo, un veterano de mil batallas al que Zhang Ruochen respetaba un montón. Jamás se le cruzó por la mente que un hombre como él terminaría sus días de una forma tan miserable.

Al ver el estado en el que quedaron los cuerpos, era más que obvio que los habían torturado con la peor de las crueldades antes de darles el tiro de gracia.

Huang Yanchen llegó a la embarcación un toque después que Zhang Ruochen. Al presenciar semejante carnicería, no pudo evitar fruncir el ceño con total desagrado.


—¿Habrá sido gente nativa del Mundo Primitivo Xuanwu la que les hizo esto?


Zhang Ruochen apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos le quedaron blancos. Sacudió la cabeza y respondió con una voz que helaba la sangre:


—No, estos fueron los malditos Guerreros Malignos del Mercado Negro. Su jodida aura todavía se siente fresca en todo el barco. De seguro sintieron mi presencia por la zona y por eso usaron estos métodos tan diabólicos para interrogar a los soldados.




¡Bang!




Zhang Ruochen, incapaz de contener la rabia, le metió un puñetazo tan violento al mástil que lo traspasó por completo, dejando un tremendo hueco.

Un frío sentimiento asesino brotó de su cuerpo. Dijo con total seriedad:


—Emisario de la Túnica Verde, te juro que me las vas a pagar.


Huang Yanchen jamás había visto a Zhang Ruochen tan asado. Se mordió ligeramente el labio inferior y le advirtió en voz baja:


—Sé que tienes una piconería tremenda y que te echas la culpa. Pero igual te tengo que hacer recordar algo: nunca dejes que la cólera te gane. Emisario de la Túnica Verde, Yin Wuchang y Dama de Hierro son capos recontra conocidos desde hace ufff de tiempo. Tienen un peso pesado en el mundo del hampa. Con el nivel que nos manejamos ahorita, si vamos a buscarlos para armar chongo, va a ser como chocar un huevo contra una piedra.


Zhang Ruochen estiró los cinco dedos despacito y soltó un largo suspiro, recuperando el rictus poco a poco.


—Lo tengo claro. No soy tan tonto como para ir a buscarles la sinrazón a la prepo antes de alcanzar el Reino Pez Dragón.


'¡El Reino Pez Dragón!'

Zhang Ruochen clavó la mirada en el horizonte. Apretó los dientes, lleno de una expectativa que no le cabía en el pecho.

Uno recién podía decir que estaba más allá de las artes marciales y que había roto los límites de un simple mortal cuando lograba pisar el Reino Pez Dragón.

¿Quién demonios no querría llegar a ese nivel?

En su vida pasada, Zhang Ruochen no había alcanzado el Reino Pez Dragón, por lo que no conocía los verdaderos misterios que escondía. Y justamente por no haber llegado a pisarlo antes, le tenía unas ganas bárbaras.

Eso sí, antes de dar ese gran salto, estaba obligado a alcanzar el Reino Supremo dentro del Reino Cielo.

Llegar al Reino Supremo del Reino Cielo podía ser una misión imposible para el resto, pero para él no era cosa del otro mundo.

A bordo de la embarcación, Zhang Ruochen y Huang Yanchen llegaron a una isla recontra alejada.

Una vez en tierra, cavaron unas fosas para enterrar a los nueve soldados como se debe.

Huang Yanchen preguntó con curiosidad:


—¿Por qué mejor no los llevamos de regreso a la Base de la Isla Huangyu? Así el Ministerio de Guerra les daría una pensión a sus familias. ¿No sería mejor negocio?


Zhang Ruochen cubrió la fosa con la última lampada de tierra y sacudió la cabeza.


—Si los regresáramos a la Base de la Isla Huangyu, el Ministerio de Guerra se daría cuenta al toque de que no los mataron los nativos. Es más, hasta podrían meter la cabeza de que nosotros nos los bajamos. Lo otro es que, mientras no figuren como regresados a la base, el Ministerio de Guerra simplemente los va a dar por caídos en combate dentro del Campo de Batalla del Mundo Primitivo. Sus familias van a recibir sus pensiones de todas maneras.


Huang Yanchen asintió con la cabeza. Tenía que admitir que Zhang Ruochen era muchísimo más meticuloso que ella para analizar las cosas.

Zhang Ruochen comentó pensativo:


—Ahorita estamos por lo menos a unos 1,500 kilómetros de la Base de la Isla Huangyu. Ya nos hemos metido en una zona que es bien movida. Si seguimos avanzando, vamos a terminar metidos en todo el bobo del Mar Xixuan.

—¿Y para qué tendríamos que irnos hasta lo más profundo del Mar Xixuan? Tú mismo has dicho que es un sitio recontra peligroso. Hasta un Medio Santo podría quedar tieso ahí.


Zhang Ruochen ya se había calmado por completo y tenía la cabeza fría, guardando su rabia para después. Analizó la situación:


—Huang Shenyi ha venido al Mundo Primitivo Xuanwu dos veces. Y en ambas ocasiones se instaló en la Base de la Isla Huangyu. Con el nivel de cultivo que maneja, ni a balas puede cruzar al Continente Xuan o al Continente Wu, tampoco se puede ir a otros mares. Su única opción para entrenar es el Mar Xixuan.


A Huang Yanchen se le iluminaron los ojos.


—¿Me estás queriendo decir que el lugar de la herencia Xuanwu también debe estar caleta en alguna parte del Mar Xixuan?

—Es lo más probable. Si el lugar de la herencia Xuanwu estuviera cerca de la Isla Huangyu, ya lo habrían encontrado hace ufff de tiempo. Fijo tiene que estar caleta en lo más profundo del Mar Xixuan, que es una zona recontra peligrosa. Nadie se atreve a meterse por ahí. Pero precisamente por eso, está repleto de oportunidades que no te imaginas. Si yo ya le saqué la línea a esto, es un hecho que los otros monjes que andan buscando la herencia Xuanwu también han pensado lo mismo. Si no me equivoco, Emisario de la Túnica Verde, Yin Wuchang, Dama de Hierro y los demás capos del Reino Pez Dragón ya deben estar metidos en las profundidades del Mar Xixuan.

—¿Nos vamos para allá ahorita mismo?


Zhang Ruochen sacudió la cabeza.


—¡Qué va! Si vamos ahora, ni a balas vamos a poder competir contra los maestros del Reino Pez Dragón. Además, si la herencia Xuanwu fuera papaya de encontrar, hace tiempo que la habrían descubierto. Si ni el mismo Huang Shenyi pudo dar con ella, nosotros no tenemos por qué ir corriendo a la prepo. Ahorita nuestra prioridad número uno es subir nuestro nivel de cultivo.

—Entonces podemos ir fogueándonos en los límites del Mar Xixuan. Ya cuando yo alcance el Reino Pez Dragón, nos lanzamos con todo a buscar el lugar de la herencia.


Zhang Ruochen asintió con la cabeza, dándole la razón.

Pasaron los siguientes cuatro días guerreando en la zona del límite del Mar Xixuan.

En ese corto tiempo, Zhang Ruochen se bajó a 86 bestias salvajes de cuarto nivel, acumulando 2,372 méritos militares.

Por su parte, Huang Yanchen liquidó a 13 bestias salvajes de cuarto nivel, consiguiendo 412 méritos militares.

Eso sí, Huang Yanchen no tuvo muchas oportunidades de entrar al choque. La mayor parte del tiempo se la pasaba dándole una mano a Zhang Ruochen para limpiar el campo de batalla: se encargaba de recolectar la Carne Espiritual del interior de las bestias, así como sus pieles, armaduras y sangre.

Una bestia salvaje de cuarto nivel era una mina de oro andante; todo su cuerpo estaba lleno de tesoros. Si llevaban todo eso de regreso a la Montaña del Caos Absoluto, les pagarían una montaña de Cristales Espirituales.

Es verdad que Huang Yanchen no tenía el talento sobrenatural de Zhang Ruochen. Sin embargo, ella ya había refinado Sangre de Dragón y Qi Xuanwu, encima se había tragado una cantidad bárbara de tesoros. Con su nivel actual en la etapa final de la Finalización del Reino Cielo, su fuerza ya le alcanzaba holgadamente para meterse en el top 1,000 de la Junta del Cielo.

Y si seguía entrenando un poco más, era un hecho que su poder iba a seguir escalando.

Sin embargo, Huang Yanchen sabía perfectamente que Zhang Ruochen andaba recontra aguja de méritos militares para poder alcanzar el tan ansiado Reino Supremo. Por eso, ella no se metía mucho en las mechas y le dejaba casi todas las bestias en bandeja de plata a Zhang Ruochen para que él mismo se las despachara.


—Va a ser humanamente imposible juntar los 30 millones de méritos militares si me la paso matando puras bestias salvajes nativas de cuarto nivel. A partir de mañana, nos meteremos de cabeza al centro del Mar Xixuan para bajarnos a las de quinto nivel, 


sentenció Zhang Ruochen, tomando una decisión firme.

Huang Yanchen, como era de esperarse, no le puso ningún pero. A decir verdad, ella también se moría de ganas de medirse contra bestias de quinto nivel. Solo cuando las papas queman y estás en verdadero peligro es que logras despertar tu verdadero potencial y superarte a ti mismo.

Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄

Publicar un comentario

0 Comentarios