Hombres del Harén 949
SS25: Klein y el mundo del romance (4)
Entusiasmada con la idea de atormentar a Hyacinth, Princesa Latil se vistió con más cuidado que de costumbre y caminó hacia el comedor. Incluso fue tan allá como para tomar la mano de Klein cuando se acercaban al salón.
—Si querías agarrarme la mano, hubieras avisado antes.
bromeó Klein mientras le correspondía al toque cuando la princesa de pronto lo tomó de la mano.
—Estaba esperando que me escoltaras.
dijo Princesa Latil, poniendo todo su esfuerzo para suavizar la voz más de lo habitual.
—Si alguna vez quieres volver a tomarme la mano, solo dilo. O no digas nada y simplemente agárrala. No tienes que esperar.
Klein sonrió, balanceando suavemente sus manos entrelazadas, luego añadió con timidez:
—Nunca he salido con nadie antes, así que no soy bueno en estas cosas.
Luego, al cruzarse con la mirada de Latil, se apresuró a agregar otra vez:
—O sea, me imaginé que de todas formas terminaría en un matrimonio político, así que no había necesidad de tener pareja. No es que no pudiera conseguir a alguien... simplemente no quise.
'Lo más probable es que no pudiera por esos rumores sobre su carácter de los demonios'
pensó la Latil real para sus adentros, pero Princesa Latil, que aún no conocía bien a Klein, simplemente lo dejó pasar. Para ser precisos, él no le importaba lo suficiente como para tomarse la molestia de distinguir si sus palabras eran sinceras o no.
Toda su atención se trasladó a Hyacinth en el instante en que puso un pie en el comedor. Pero Princesa Latil no cometió ningún desliz, como quedarse mirándolo fijamente.
—Mis saludos a Su Majestad el Emperador de Carissen, a Su Majestad la Emperatriz.
Sonrió con cortesía y saludó a Hyacinth y a Aini por turnos, para luego sentarse frente a Aini.
—Van a servir platos deliciosos, ¿verdad, hermano? Como te lo mencioné de antemano, todo debería ser comida de Tarium. Todavía no sé qué le podría gustar a mi esposa de los platos de Carissen.
Klein, tomando asiento frente a Hyacinth, se desvivió un poco con los detalles. Cuando la expresión de Hyacinth tuvo un leve tic ante el uso de la frase «mi esposa» por parte de Klein, Princesa Latil casi se mata de la risa.
—De verdad parece que ustedes dos se llevan muy bien.
dijo Emperatriz Aini con amabilidad. A diferencia de Hyacinth, ella se veía un tanto aliviada; muy probablemente porque la exesposa de Hyacinth, con quien él había prometido reunirse tras divorciarse de ella, había terminado casándose con otro hombre antes de que eso pudiera suceder.
—Por supuesto. Príncipe Klein es alguien confiable y seguro.
respondió Princesa Latil un poco tiesa. A ella tampoco le caía especialmente bien Emperatriz Aini. Después de todo, fue la familia de ella la que había obligado a Hyacinth a renunciar al trono o casarse con Aini, ella era la mujer que se había casado con el hombre que Latil alguna vez amó. Incluso si no la veía como una enemiga, tampoco podía obligarse a que le cayera bien.
Por fin, sirvieron la comida. Ya fuera por los esfuerzos de Klein o no, cada plato era efectivamente comida de Tarium.
Mientras los sirvientes se retiraban tras colocar los platos, Klein puso en el plato de Latil un trozo de carne que había sido remojado en leche y cebolla para quitarle el olor, luego tomó un cuchillo y se lo cortó en pedazos.
—Le hubieras pedido a una sirvienta que lo hiciera.
dijo Princesa Latil con timidez, colocando su mano sobre el antebrazo de Klein.
Klein, con las orejas rojas de la vergüenza, respondió:
—Quería hacerlo yo mismo.
—Pero igual...
—Mi padre siempre hacía esto por mi madre.
Ante la mención de «mi padre», Princesa Latil revisó por instinto la expresión de Hyacinth. Después de todo, el «padre» de Klein también era el padre de Hyacinth, pero tenían madres diferentes.
De inmediato se regañó a sí misma.
[¿Por qué me ando cuidando tanto solo porque Hyacinth podría salir lastimado? ¿A mí qué diantres me importa?]
En ese momento, Aini soltó una risa ligera y le preguntó a Hyacinth:
—Su Majestad, ¿quiere que yo haga eso por usted también? Los dos se ven tan dulces juntos.
Sin decir una palabra, Hyacinth peló con destreza la cáscara de un langostino y lo colocó en el plato de Aini. Solo entonces Aini comió el langostino, viéndose satisfecha.
Luego, por un fugaz instante, los ojos de Hyacinth y de Princesa Latil se cruzaron. Duró apenas un segundo, pero Princesa Latil se quedó completamente helada. Hyacinth, también, se detuvo a mitad de camino con el tenedor en el aire.
Princesa Latil podía escuchar el sonido de los latidos de su propio corazón. No sabía si eso era físicamente posible, pero inconfundiblemente le retumbaba en los oídos.
Emperatriz Aini también se dio cuenta. Cuando Aini también se quedó petrificada, Princesa Latil rompió rápidamente el contacto visual y miró hacia su plato. Incluso después de apartar la mirada, los latidos de su corazón continuaban como un trueno en sus oídos.
A Princesa Latil le vino un arrepentimiento tremendo.
[¿De verdad tengo que seguir aguantando esto? Tengo una vida larga y maravillosa por delante. ¿Acaso actué de forma muy alocada, todo por vengarme de un primer amor? Incluso si quedo mal parada, eso solo duraría unos pocos años. ¿Tomé una decisión demasiado apurada solo por esos pocos años? ¿No hubiera sido mejor simplemente irme de viaje a algún lado?]
—¿No está rica la comida?
—No, está bien.
Princesa Latil sacudió la cabeza y se metió rápidamente un pedazo de carne a la boca, masticando.
—En realidad no está del todo bien. Es difícil reproducir el sabor auténtico de la comida extranjera. Incluso si nuestros chefs son excelentes, hay un límite para lo que pueden hacer. Pero no te preocupes. Haré que practiquen más los platos de Tarium. Con el tiempo, podrán recrear los sabores de tu país a la perfección.
Le susurró Klein de forma amable, luego peló unos langostinos tal como Hyacinth había hecho hace un momento y los colocó frente a Latil.
—Incluso si no tienes apetito, no deberías dejar de comer demasiado.
Mientras Latil asentía a regañadientes, Emperatriz Aini se levantó de su asiento. Latil se detuvo con el tenedor en el aire y levantó la mirada.
—Yo tampoco tengo mucho apetito. Lo siento. Creo que me retiraré primero.
murmuró Emperatriz Aini con voz apagada, luego se volvió hacia Hyacinth.
—¿Me ayudaría a levantarme, Su Majestad?
Aunque frunció el ceño, Hyacinth se puso de pie y ayudó a sostener a Aini. Una vez que los dos se hubieron marchado, Klein soltó una burla despectiva.
—¿Perder un poco el apetito y necesitar ayuda para pararse? Qué ridículo.
[Tiene razón. Si solo se le quitó el hambre, ¿por qué necesitaría que la sostengan?]
Princesa Latil estuvo de acuerdo por dentro, pero mantuvo una expresión neutral. En su lugar, preguntó algo que le había estado dando vueltas en la cabeza:
—¿Siempre son así de unidos?
Habían pasado varios meses desde que Hyacinth le había asegurado una y otra vez que no tenía más remedio que casarse con Aini, que se divorciarían en unos pocos años.
El matrimonio de Latil y Klein se había arreglado a la volada para tapar un escándalo, haciendo que el proceso fuera más corto que la mayoría de las bodas imperiales, aun así no había pasado ni medio año. Ver a los dos lucir tan cercanos ahora hacía que la promesa inicial de Hyacinth pareciera sospechosa.
[Tampoco es que pueda volver con Hyacinth ahora. Pero si voy a usar a Klein para lastimarlo, Hyacinth todavía tiene que sentir algo por mí. De lo contrario, no importa lo que haga, le va a dar igual]
Klein resopló.
—¿Crees que mi hermano y mi cuñada son unidos? Para nada. Se la pasan discutiendo a cada rato. Se comportan más como enemigos que como una pareja de esposos.
—¿Y tú?
—Yo estoy casado contigo.
—No, me refiero a si te cae mal Emperatriz Aini. Por cómo hablas, suena a que sí.
—No me cae mal. Pero hoy está fastidiosa. Da risa cómo se pone a actuar así solo porque te estoy prestando atención a ti. Es como si pensara que toda la atención del mundo tiene que estar sobre ella.
Princesa Latil se sintió extrañamente confundida ante el tono burlón de Klein. Ella sabía que Aini no era esa clase de persona.
[Probablemente solo quiere demostrarme que ella y Hyacinth ahora son una pareja feliz]
Pero todavía no era el momento de decirle a Klein que ella y su hermano alguna vez habían estado enamorados. En su lugar, Latil sonrió y le acercó una frambuesa espolvoreada con azúcar a los labios de Klein.
—Ya no estés amargo. Sigamos comiendo.
Klein abrió la boca al toque.
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Latil seguía mirando de reojo a cada persona que pasaba, medio esperando que al menos el cabello de Kallain apareciera por algún lado. Pero a medida que pasaba el tiempo, Kallain nunca se asomó, Princesa Latil simplemente continuó disfrutando de una dulce vida de recién casados con Klein.
Tal vez por tratarse de un matrimonio político no compartían noches de intimidad, pero sus días juntos eran dulces, como fruta remojada en almíbar.
Preocupado de que Latil no pudiera acostumbrarse a la vida en Carissen, Klein mandó a rehacer todas las decoraciones de su residencia al estilo de Tarium, e incluso dispuso que cada comida fuera de la gastronomía de Tarium. Hizo remodelar el estudio privado de ella para que se pareciera lo más posible a su dormitorio en Tarium. Aunque no era una réplica exacta —al haberse basado únicamente en descripciones—, el gesto en sí era increíblemente considerado.
Cuando Latil vio la habitación por primera vez, miró con curiosidad cada rincón. Klein se le acercó y le hizo una promesa.
—Cuando con el tiempo tengamos nuestra propia propiedad y nos mudemos, mandaré a construir todo el edificio al estilo de Tarium. De esa forma, no te sentirás tan sola.
Princesa Latil había planeado seducir a Klein para lastimar a Hyacinth. Pero incluso la versión de Latil más fría y calculadora dudaría ante semejante tarea; por lo tanto, era todavía más difícil de ejecutar para esta princesa Latil más nueva y cándida, que hasta el momento solo había sido traicionada una vez.
Cada vez que Klein le mostraba un afecto sincero, Princesa Latil se sentía incómoda y solo atinaba a asentir en respuesta.
—Está bien. Gracias.
Una parte de Latil comenzó a sentir culpa hacia el Klein de la vida real.
'Tal vez yo también debí ser así de considerada cuando Klein vino desde un país tan lejano a vivir aquí. ¿Cómo lo traté yo en ese entonces...? Creo que no fui tan buena gente, ya que sospechaba que podía haber venido como espía'
A pesar de sus planes implacables, los días transcurrieron pacíficamente en su mayor parte, hasta que un día ocurrió un evento que parecía el escenario perfecto para que Kallain finalmente hiciera su aparición.
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Princesa Latil había estado admirando las flores que florecían fuera de la ventana cuando Klein de pronto llegó corriendo, gritando emocionado.
—¡Princesa, princesa! ¡Ven aquí! ¡Mi hermano el emperador acaba de conseguir algo realmente interesante!
—No me interesa.
murmuró Princesa Latil, sin ganas de ver a Hyacinth, pero rápido reaccionó y volvió a enfocarse.
[No, eso no está bien. Si solo me escondo porque no soporto ver a Hyacinth y a Aini tan pegados, ¿qué clase de venganza es esa? ¡La verdadera venganza significa plantarme frente a él y poner su mundo de cabeza!]
—Vamos. ¿Dónde es? ¿Qué es lo que encontró?
Siguiendo a Klein, vio a un grupo tétrico de personas de rostro pálido alineadas, todas vistiendo la misma ropa.
'¡Son los mercenarios de la Orden de la Muerte Negra! ¡¿Será que Kallain va a aparecer ahora?!'
Princesa Latil echó una mirada a las figuras pálidas antes de mirar a Hyacinth. Frente a él había un pedestal, más o menos a la altura de la cintura, con tres piedras blancas colocadas encima.
En el instante en que vio las piedras, Latil las reconoció.
'¡Esas son las mismas piedras con las que Jaisin había hecho los aretes!'
En ese entonces, Jaisin había dicho que había varias de esas piedras; unas que se volvían negras y se hacían añicos si las tocaba algo maligno. Él afirmaba tener dos de ellas. Latil había roto una por accidente al tocarla.
Si su juicio no le fallaba, las piedras sobre el pedestal coincidían en tamaño, textura y color con esas mismas piedras.
Sin embargo, como Princesa Latil no sabía eso, se quedó desconcertada al ver que estos «objetos interesantes» eran solo tres rocas, le preguntó a Klein:
—¿Qué tienen de especial esas cosas?
—La Orden de la Muerte Negra las encontró mientras realizaba un trabajo encargado por la familia imperial. Se supone que si alguien miente mientras toca la piedra, esta se hace añicos.
'¡Mentiras!'
Pero Princesa Latil no podía saber si eso era cierto o no, así que solo asintió sin cuestionarlo. De hecho, llegó a preguntarse si se trataba de algún tipo de estafa.
En ese momento, Emperatriz Aini les sonrió a Latil y a Klein, luego se volvió hacia Hyacinth y dijo:
—Ahora que tenemos tres de estos objetos tan fascinantes, ¿qué tal si le regalamos uno a Princesa Latrasil? Como un regalo de bodas.
—Supongo que está bien.
Cuando Hyacinth murmuró su aprobación, Emperatriz Aini tomó personalmente una de las piedras y se la entregó a Princesa Latil.
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