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Las Tierras ardientes (3)



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El paisaje del desierto, visto por primera vez, le sacó un suspiro de asombro de forma natural. En su mundo original, solo había visto cosas como Egipto o el Sahara de vez en cuando por la tele o el internet; nunca se imaginó que terminaría pisando un desierto de verdad.

{-Ahora que lo pienso, yo solo pensaba acompañarlos hasta el laberinto... ¿cómo así terminé aquí en las Tierras Ardientes?}

Iris escribió esto en su cuaderno y se lo mostró. Al verlo, Judah puso una cara de aprieto y le quitó la mirada. Se habían movido tan naturalmente con la magia de desplazamiento espacial de Lime que terminaron aquí juntos, y lo más sorprendente era que ella no se hubiera dado cuenta en casi dos semanas.


—Sé que es bien tarde para decir esto, pero... ¿no te quedarías con nosotros? Es que de verdad te necesitamos, Iris.


Tras decir esto con una risa algo forzada, Iris soltó un largo suspiro y volvió a escribir.

-Tarde es poco. Y ya no me digas "señorita Iris"; dime solo Iris, así como llamas a Arhil o a Lime. Se siente mejor.


Al leer el cuaderno, Judah asintió con una sonrisa suave. Se sentía agradecido.


—Eso no es problema. Iris.


Al escuchar su nombre, ella guardó el cuaderno en su pecho con cara de satisfacción. Mientras tanto, Lime y Arhil seguían embobados con el desierto; les parecía increíble que existiera un terreno tan inmenso cubierto solo por arena.

Judah se quedó pensativo mirando la inmensidad. Las Tierras Ardientes eran demasiado grandes para recorrerlas a pie. Lo ideal sería tener camellos o algo parecido, ¿pero de dónde los sacaría? Un medio de transporte decente no les vendría nada mal.

Con una mueca, Judah sacó las túnicas de Arhil e Iris que había guardado en su 〈Bolso〉 al salir del laberinto. En eso, se fijó bien en la ropa de Iris.


—Mmm.


La ropa de Arhil ya era bastante "especial" para ser una sacerdotisa (claramente diseñada a su gusto personal), pero la de Iris no se quedaba atrás. Cuando llevaba puesto ese abrigo largo negro lleno de dagas ocultas no se notaba, pero la ropa que llevaba debajo era el uniforme perfecto de una asesina. Tenía un polo sin mangas que dejaba ver sus hombros y axilas, unos guantes largos hasta los codos (arm warmers) y unos pantalones de cuero negro mate. Verla de frente cuando tenía el abrigo abierto daba hasta un poco de roche.

'Bueno, al menos está mejor que el traje de sirvienta'

Le quedaba mucho mejor. Ante la mirada fija de Judah, Iris ladeó la cabeza confundida. Él solo le alcanzó la túnica que tenía en la mano. De todas formas, el equipo de ella debía tener magia básica imbuida, y siendo la ropa de la reina del Reino de las Sombras, fijo que tenía códigos mágicos. No solo ella; el hábito de Arhil tenía magia divina y la ropa de Lime tampoco era cualquier cosa.

Incluso el terno que llevaba Judah tenía la magia que el Conde January de Urun le había puesto. Básicamente, toda su ropa tenía un hechizo para mantener la temperatura corporal estable. Esa misma función venía en las túnicas que compró a precio de oro para usarlas en las Tierras Negras y las Tierras Ardientes.

Había escuchado que en el desierto la temperatura cambia de forma radical, así que con esas túnicas que calientan de noche y refrescan de día, cruzarían el desierto sin tanto drama. Es más, con Lime usando magia de hielo y reforzamiento físico, más las bendiciones de Arhil, el único problema sería no estar acostumbrados al terreno, porque el clima no los tumbaría.

¿Comida? ¿Agua? ¿Sal? De eso tenía de sobra en el 〈Bolso〉. Al menos mientras estuvieran en las Tierras Ardientes, no iban a morir de hambre ni a sufrir de una sed de los mil demonios.

En cuanto terminaron de alistarse para entrar al desierto, Judah se puso a la cabeza del grupo. Como tenía el 〈Mapa〉, no se perdería aunque las dunas cambiaran de forma por las tormentas de arena.

Lime e Iris lo seguían con un poco de desconfianza en el rostro, mientras que solo Arhil caminaba detrás de él sin una sola preocupación. Después de unas horas, el paisaje ya les parecía monótono y el asombro se les pasó.


—Qué calor hace, de verdad.


Aunque su cuerpo estaba fresco por la magia, al tener la cara descubierta sentía todo el bochorno del desierto. Si con magia y bendiciones se sentía así de fuerte, no quería ni imaginar lo que sería quitarse la túnica. Todos se hundieron más en sus capuchas para tratar de capear el calor.


—Estamos de suerte.


Judah se volteó para ver qué decía y el mago señaló hacia el horizonte.


—Parece que va a llover.


Tal como dijo, unas nubes negras se estaban amontonando. Arhil se quedó sorprendida al verlas.


—¿Eh? ¿En el desierto también llueve?


Judah asintió y se le adelantó a Lime en la explicación:


—En las Tierras Ardientes llueve más seguido que en los desiertos del segundo continente. Nadie sabe bien por qué. Dicen que es por la alta concentración de maná en la zona, pero no es algo confirmado.


Lo había leído en un libro de la biblioteca del Castillo de Serenia.

Lime miró a Judah con otros ojos, con una cara de orgullo, como la de un profesor viendo a un alumno brillante. Él asintió y complementó la explicación.


—Exacto. Casi nadie conoce esos detalles, pero tú estás bien informado, Judah. Como te habrás dado cuenta, solo con sentir la densidad del maná a nuestro alrededor, se nota que es muchísimo más alta que en otros lados. Los Dragonianos no se instalaron aquí por las puras en el pasado; ellos eran súper sensibles al maná y tenían el poder de amplificarlo, así que era lógico que eligieran este sitio.

—Mmm, ya veo.


soltó Arhil, mirando a Lime con curiosidad.


—Y todavía no se sabe si es por este maná tan abundante o porque el poder de los antiguos Dragonianos aún queda en esta tierra, pero la evolución de los bichos y las plantas aquí es alucinante. Según cuentan los aventureros... se han encontrado formas de vida muy parecidas a las que solo se ven en el desierto del segundo continente. Es más, por algunos testimonios de gente que ha visto monstruos rarísimos, hasta podrían ser plantas que cruzaron desde el mundo demoníaco.


Lime dejó de hablar ahí mismo. Se rascó la cabeza murmurando: "¿Cómo terminé hablando de esto?", y siguió su camino. Judah soltó una risita y apuró el paso. Arhil, que era la que tenía menos físico, no se quedaba atrás y lo seguía bien. Si la cosa se ponía fea, siempre podía pedirle al Caballero Espectral que la cargara, pero tanto ella como Lime ya habían pasado por eso una vez y, a menos que fuera una emergencia total, preferían evitarse el roche.

Las nubes negras se amontonaron y por fin hubo sombra.

Pero de frescura, ni hablar. Seguía haciendo un calor de m... El sol ya no pegaba directo, pero el bochorno era el mismo. El aire quemaba.


—¿Pero por qué? ¿Por qué sigue haciendo tanto calor?


preguntó Arhil, toda indignada.

Al principio pensó que era su imaginación, pero pasaba el tiempo y la temperatura no bajaba ni un grado. Pensar que refrescaría fue una estafa total. Arhil, ya sofocada, se bajó la capucha y se soltó el pelo que llevaba amarrado.


—¡Ayayayayay!... ¡Me muero de calor! ¡No aguanto más!


gritaba alargando las palabras mientras sacudía la cabeza. Cada vez que lo hacía, su cabello volaba por todos lados, salpicando el sudor que tenía acumulado. A pesar de que Judah usaba magia de vez en cuando para refrescarlos (porque no podía tenerla activa todo el tiempo), ella estaba hecha un puré.

Y no era la única; Iris también tenía el pelo largo y sufría igual. Ella también se quitó la capucha y soltó un suspiro pesado. Seas un dueño de Espada Espiritual, un mago o una sacerdotisa, el calor te da por igual; la única diferencia es quién aguanta más el golpe.

Lime también se limpiaba con la manga de su túnica el sudor que le bajaba por la frente mientras reclamaba:


—Esto es una locura. Tenemos ropa con magia, hechizos de apoyo, bendiciones y hasta reforzamiento físico con maná... y aun así estamos así. Con razón los aventureros se quejaban tanto; yo pensaba que eran unos exagerados.


Se sentía un poco mal por haberse burlado antes de los aventureros que decían que, sin un artefacto de resistencia al fuego de alto nivel, no durabas ni un par de horas caminando por aquí. Ahora que lo vivía en carne propia, entendía por qué tantos no regresaban vivos cuando venían a buscar los Fragmentos.


—¿De verdad cree que en un mes vamos a encontrar el Fragmento en un sitio como este?


preguntó Lime con tono pesimista. Se notaba que ya se estaba arrepintiendo de haber dicho que "solo morirían una vez".

A Judah le dio un poco de pena que Lime hablara así cuando apenas llevaban unas horas caminando, pero lo entendía. No tenían brújulas especiales de alquimista que apuntaran a un solo sitio, y lo único que se veía en kilómetros era arena y más arena; cualquiera dudaría de si estaban yendo por el camino correcto. En este punto, si daban media vuelta, todavía podían salir vivos.

Claro, Lime podía usar magia de levitación para subir y chequear si había algo especial cerca, pero andar haciendo eso a cada rato durante un mes era un desperdicio total. Era normal que Lime estuviera de malas; él no tenía la confianza al máximo como Arhil, así que Judah necesitaba darle seguridad.


—Por supuesto que sí.


respondió Judah con una cara de lo más relajada.


—¿Y cómo está tan seguro?


Judah levantó el dedo y señaló al cielo. Las nubes negras por fin estaban soltando las primeras gotas, que caían tímidamente de una en una. Lime miró hacia arriba y una gota le cayó justo en el ojo, haciéndolo parpadear rápido. Judah aprovechó el momento:


—¿Te acuerdas que dijiste que teníamos suerte?

—... Sí, lo dije.

—Pues tenías razón. Tenemos muchísima suerte. Dije que nos tomaría un mes porque no sabía cuándo iba a llover. Seis días después de la lluvia, va a brotar una luz desde la dirección de donde vinieron las nubes. Bueno, técnicamente es una columna de fuego. Ahí es donde está el Fragmento. Eso sí, si no logramos entrar a esa luz a tiempo, habrá que esperar a que vuelva a llover y pasen otros seis días.

—Oye, aguanta un toque. Tengo un par de preguntas. ¿Así de fácil es encontrar un Fragmento?

—Ni hablar. Ojalá fuera así, pero no. Si fuera tan fácil, los aventureros ya se los habrían llevado todos hace tiempo.

—....... ¿Y qué pasa si no logramos encontrar ese Fragmento a la primera?


La respuesta era obvia.


—Pues caballero nomás: a buscar dónde está lloviendo y a caminar otra vez hacia donde vengan las nubes.

—Ay, no puede ser...


Ante la respuesta tan fresca de Judah, a Lime se le desencajó la cara. Y no fue el único; Arhil e Iris, que estaban escuchando calladitas, pusieron cara de "no me jodas" al pensar que, si tenían mala suerte, terminarían vagando por el desierto persiguiendo la lluvia como locos.

Si la sal les ganaba, podrían estar en ese plan hasta quién sabe cuándo. Lime soltó un quejido y agachó la cabeza.


—No debí abrir la boca tan rápido para decir que venía....


Iris, al escucharlo, asintió en silencio. Ella también estaba empezando a arrepentirse un poquito.



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