24 CORAZONES 296
Caballero Azul (16)
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Di la espalda y me moví hacia donde estaban Lime y Arhil. Al chequear el 〈Mapa〉, vi que los dos estaban tranquilitos en el mismo lugar de antes, con el Caballero Espectro firme a su lado. Se ve que, como Basilisk se puso a rebanar la tierra por todos lados, los de la Lanza Azul y los demás soldados se habían echado para atrás por miedo a que los tragara el suelo.
Aunque la posibilidad era bien baja, también cabía la opción de que no se hubieran atrevido a acercarse porque el Caballero Espectro se ve bien peligroso y les dio miedito. Lime ya tenía todo listo para la teletransportación; estaba esperando sentado frente a un círculo mágico que brillaba con una luz azul en el suelo. Arhil, que ya se había bajado de la espalda del Caballero Espectro, me sacudía la mano gritando que me apure. Ni que me estuviera quedando, ya estaba yendo lo más rápido posible.
¡Kuaaaaang!
En eso, escuché una explosión a mis espaldas. Volteé y vi una lanza gigante volando hacia nosotros, atravesando los muros de piedra que el difunto Basilisk había levantado. Iris, que estaba corriendo a mi lado, frunció el ceño y se detuvo con una cara de "qué espeso"; movió su guadaña con un fastidio evidente.
Una línea negra cortó el aire siguiendo la trayectoria de la lanza y, al toque, el maná estalló partiendo la lanza en dos. Al perder el impulso, los restos cayeron al suelo levantando una polvareda de la patada.
Parece que Morgan y Calicteser ya se habían bajado a Lysen Ardahan y estaban llegando. Iris y yo le metimos más velocidad y, cuando ya estábamos cerca, usamos Movimiento de Sombras para aparecer al lado de Arhil y Lime. Arhil sonrió de oreja a oreja al vernos volver sanos y salvos. Como no llegó a ver el momento en que me partieron el torso, estaba de lo más tranquila. Lime nos vio llegar y activó la magia de inmediato.
— Por si las moscas, les digo: no se resistan.
dijo Lime con la voz un poco temblorosa por los nervios.
El círculo mágico, cargado con su maná, empezó a brillar con fuerza mientras varios círculos más pequeños en su interior giraban en distintas direcciones. Una luz azulina brotó desde el borde exterior, levantando una especie de pared luminosa.
Justo antes de que el hechizo nos sacara de ahí, miré hacia atrás, hacia donde el polvo se había quedado estancado como si fuera neblina. Un viento artificial sopló, abriendo paso entre el polvo, y de ahí salieron Calicteser y Morgan. Al verlos, invoqué el Fragmento Gaia que le acababa de quitar a Basilisk y lo levanté por encima de mi cabeza para que lo vieran bien.
El Fragmento, Gaia.
De Morgan no sé, pero no había forma de que Calicteser no lo reconociera. Qué pena que tuviera el casco puesto y no pudiera verle la cara. ¿Qué expresión estaría poniendo?
Estaría triste por perder a su causa, pero también furioso. Y seguro se estaría rompiendo la cabeza pensando cómo diablos pasó esto. De solo imaginarme lo confundido y dolido que debía estar, se me subió la comisura de los labios.
Seguro estaba sintiendo lo mismo que sentí yo cuando perdí a Arhil. Estará que echa chispas, igual que yo en ese momento. Pero lo malo para él es que, a diferencia de mí, él no tiene un botón de "reiniciar".
Me dio un poco de pena tener que irme sin hacerle sentir lo mismo a Morgan, pero supongo que por ahora me basta con haberle herido el orgullo. La próxima vez que la vea, la voy a arrinconar de tal forma que no tenga a dónde escapar.
A lo lejos, Calicteser hizo un movimiento que cualquiera describiría como "lanzar con toda su alma" y nos tiró su lanza.
La lanza cónica, símbolo de los Caballeros de la Lanza Azul, cruzó el aire a toda mecha, pero el círculo mágico fue más rápido. Incluso si Calicteser, en lugar de tirar la lanza, hubiera usado el poder del Fragmento Luna Llena para bloquear la teletransportación, el resultado habría sido el mismo.
¡Paaaaang!
Una columna de luz gruesa se elevó hacia el cielo, se hizo finita en un segundo y desapareció, llevándose al círculo mágico y a todo nuestro grupo. Los que se quedaron ahí solo pudieron mirar al cielo con cara de derrota, como perro que ladra a la Luna, viendo cómo esa bola de luz azul se alejaba dejando una estela como si fuera un meteorito.
Sentí cómo mi visión cambiaba mientras la magia hacía lo suyo. El mundo parecía hecho de pinturas derretidas que se mezclaban entre sí.
Fue una experiencia bien loca. Ver eso me dio un poco de náuseas y mareo, así que cerré los ojos un toque; cuando los abrí, todo eso ya había pasado.
— Ah...
Sentí una brisa fresca. Ya no olía a ese azufre que te hacía arrugar la nariz. Habíamos llegado a un lugar totalmente distinto al que estábamos hace un minuto.
Ya no era esa tierra negra quemada por el fuego, sino tierra marrón de la buena, llena de vida. Ya no era ese suelo muerto cubierto de ceniza que parecía nieve, sino un lugar con pasto verde y árboles que daban gusto ver.
En lugar de los Caballeros de la Lanza Azul con sus lanzas y escudos amenazantes, lo que había eran árboles frondosos. A lo lejos se veía un cerro de pura piedra. El círculo mágico que estaba grabado en el suelo se fue borrando poco a poco hasta desaparecer por completo.
— ¡Uuuuuu...!
Arhil, que me tenía agarrado del polo desde no sé cuándo, soltó un quejido y sacudió la cabeza. No era la única mareada.
Hasta el mismo Lime, que fue el que lanzó el hechizo, estaba soltando el aire con un "uf". Los únicos que estábamos parados como si nada éramos Iris y yo. Revisé el 〈Mapa〉 y los alrededores; al confirmar que no había ningún peligro cerca, solté todo el aire y me relajé. Guardé los Fragmentos que tenía en la mano, metí todo al 〈Inventario〉 y desinvoqué al Caballero Espectro.
Luego miré a Lime, que nos había sacado de ese aprieto tan fácilmente. Se le veía bien traqueteado (cansado)
— Se pasaron, de verdad. Lime, gracias a ti pudimos salir bien parados de esa.
— Uff... no es nada. Si no hacíamos eso, ahorita estaríamos sufriendo las de Caín por allá, ¿qué más queda?
— Igual, parece que llegamos a un lugar exacto y bastante lejos. Bueno, primero que nada, todos tienen la cara y la ropa manchadas de negro, así que...
Mientras hablaba, abrí mi 〈Inventario〉 y saqué unos pergaminos que había comprado cuando pasé por la Torre Mágica de Langrisser, se los repartí a cada uno. Iris también desinvocó su guadaña y recibió el suyo.
Al meterle un poco de maná al pergamino, la magia que tenía guardada se activó. Un círculo mágico pequeño apareció sobre el papel y surtió efecto al toque.
Del círculo brotó algo que parecía agua, envolvió mi cuerpo desde la cabeza y bajó como un remolino. En un segundo, absorbió toda la suciedad y me dejó como nuevo.
Lime, Iris y Arhil también usaron sus pergaminos uno por uno. Ver a Iris y a Arhil limpiecitas fue como un bálsamo para los ojos; se me escapó una sonrisita sin querer.
— Ah.
Me quedé mirando lo bien que les quedaba la ropa ahora que estaban limpios, pero entonces me fijé que la mía, salvo el pantalón, estaba hecha un trapo.
— Esperen un ratito.
les dije, me di la vuelta para cambiarme. Al verme calato (desnudo) del torso para arriba de la nada, Arhil soltó un "¡ay!" juguetón. Lime escuchó el gritito y soltó una risita.
En fin, me quité la ropa y suspiré al ver que mi prenda estaba tan rota que no servía ni para limpiar el piso. Me dio una pica tremenda haber destrozado el traje que me regaló Conde January en Urun. Tenía otros dos trajes y camisas de repuesto que me regaló, pero igual, era un regalo.
Chasqueé la lengua, me puse una camisa blanca que me quedaba al cuerpo y encima me mandé el abrigo de cuero de Requiem.
Iris, que se había quedado calladita mirando cómo me cambiaba al frente de ella, sacó su libreta y un lápiz. Arhil se quedó con la duda al verla escribir con ese sonidito de ras-ras.
— ... Oye, Iris.
— ?
— ¿Por qué escribes si tú sí puedes hablar?
Pensándolo bien, cuando Morgan la mandó a la fuerza fuera del laberinto por primera vez, me quedé frío al descubrir que ella sí tenía voz.
Si tuviera una voz fea o que suene mal, lo entendería, pero la verdad es que sonaba como un instrumento, súper bonito. En ese momento la situación estaba tan brava que no pude reclamarle por qué se lo había callado, pero ahora que estábamos más tranquilos, podía preguntarle con calma.
— .......
Iris se quedó mirando a Arhil un rato con la boca cerrada; parecía que iba a decir algo, pero al final prefirió escribir en su libreta.
- Perdón por ocultar que podía hablar. Pero la verdad no me gusta mucho hacerlo. Me siento más cómoda así, y además, escribir lo que quiero decir me ayuda a pensarlo dos veces.
Arhil leyó lo que puso, asintió con una cara un poco apenada y respondió: "Ya, está bien".
Después de enseñarle la libreta a Lime, que también tenía curiosidad, Iris escribió algo más abajo:
- ¿Estás bien de verdad?
— ...? Sí, como me ves, estoy perfecto.
- No, no me refiero a eso. Hace un rato moriste. Te moriste de verdad y luego reviviste. A eso me refiero cuando te pregunto si estás bien.
— Ah.
Se refiere a cuando la empujé y recibí el ataque de Basilisk por ella. El poder de Bel-Terza se puede volver a usar después de un mes, así que no hay problema. No sé qué es lo que le preocupa tanto, pero asentí con la cabeza.
— De verdad que estoy bien. Si me doliera algo o me sintiera raro, ya se lo hubiera dicho a Arhil hace rato.
— ¡Claro! Si te duele algo, avisa. ¡Nuestro Judah no puede estar malito por nada del mundo!
... Oh.
"Nuestro Judah". Le puso una palabra bien cariñosa a mi nombre. No sé por qué, pero sentí que se me subían los ánimos con lo que dijo.
— Bueno, ya, descansemos un ratito aquí antes de seguir. Además, tengo un hambre de locos, así que vamos a comer algo. Hay que llenar bien la panza para arrancar de nuevo.
Lime se quedó pensando si no era mejor apurarse, pero la verdad es que, ahora que se había bajado la tensión, el hambre le estaba pegando fuerte. Así que asintió y se acomodó para descansar.
Como ni Lime ni yo teníamos ganas de ponernos a cocinar, saqué del 〈Inventario〉 unos tápers con comida y agua que había comprado antes y los repartí. Por si acaso, dejé unos extras por si alguien se quedaba con un huequito.
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