24 CORAZONES 293
Caballero Azul (13)
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Iris puso cara de "a ver, qué tontería vas a intentar", mientras esperaba a ver qué hacía. Judah, ignorando su mirada de incredulidad, activó la habilidad 〈Subordinación〉 del fragmento Carpe Diem. Al final, la subordinación no era tan distinta a una hipnosis.
El anillo en su dedo empezó a soltar una neblina de energía morada con un aire lúgubre. Como estaban corriendo, esa energía se estiraba hacia atrás por el viento antes de disolverse en el aire. En ese mismo instante, en los ojos de Iris —quien ya había aceptado el proceso— empezó a brillar una luz siniestra, igualita a la que salía del anillo. Ella, que venía corriendo parejo, de pronto se tambaleó y se agarró la cabeza con la mano izquierda. Por cómo fruncía el ceño, se notaba que le dolía.
—…….
—¿Quieres que pare?
Ante la pregunta de Judah, se notaba que Iris estaba en pleno dilema. Parecía estar dudando si de verdad era buena idea aceptar esa magia tan sospechosa. Como era su elección, Judah no dijo ni miau. Pensó que era mejor dejarla decidir por su cuenta en lugar de meterle floro para convencerla. Tras morderse los labios para resistir un poco, ella terminó entornando los ojos y aceptó el poder de Carpe Diem.
[Has subordinado con éxito a 〈Iris de la Luna Llena〉]
Ya está.
[¡Has subordinado a una portadora de fragmento! Si te lo propones, podrías quitarle su fragmento. ¡Tus estadísticas básicas aumentan en 4, 3, 2 y 1 punto, empezando por la más baja!]
[Como recompensa adicional, subes 2 niveles]
[De ahora en adelante, 〈Iris de la Luna Llena〉 no podrá hacerte daño, a menos que muera y resucite.] [El aumento de afinidad será ligeramente mayor gracias al efecto de 〈Subordinación〉]
Judah leyó los mensajes al vuelo y asintió por las recompensas inesperadas. Al toque, activó el 〈Préstamo〉 de Valentine. Para usarlo, solo tuvo que pensarlo. Una pantalla holográfica apareció frente a él mostrando a su subordinada.
[Iris de la Luna Llena]
Sin pensarlo dos veces, la seleccionó y apareció la lista de fragmentos disponibles para prestar.
[Octavo fragmento: Guardián, Lysen Ardahan]
[Décimo fragmento: Artemia, la que es una pero son diez]
[Decimotercer fragmento: Yakal, la Bestia de la Furia]
[Vigésimo segundo fragmento: Ludmilan]
Al ver la pantallita, se le escapó una risita. En momentos así, sentía que el mundo estaba hecho como un juego, hasta en los detalles más tontos. Iris, que debió escuchar la risa, lo miró de reojo con desconfianza, como preguntándose si estaba tramando algo raro. Él bajó la comisura de los labios al toque para ponerse serio.
Y eligió el fragmento. Obviamente, el elegido fue el 〈Décimo fragmento: Artemia, la que es una pero son diez〉. Ese fragmento que hasta venía con un "plus" por haberle ofrecido sacrificios a Bel-Terza. Apenas lo seleccionó, en el dorso de la mano izquierda de Iris apareció un grabado elegante. El diseño brilló en rojo y le metió a la fuerza toda la información sobre el fragmento en la cabeza.
—¡Ah!
No fue un quejido de dolor. Era la segunda vez que experimentaba esa sensación de que el manual de uso y toda la info de un fragmento se le filtrara en el cerebro. Iris se dio cuenta de que Judah de verdad le había prestado el fragmento y entendió al toque por qué se lo dio.
Extendió la mano e invocó a Artemia. La daga apareció con su hoja roja estirada con elegancia. Al principio la agarró medio raro porque no estaba acostumbrada, pero en un segundo ya la estaba moviendo con una destreza impecable.
—…….
Iris miró la daga un momento y luego lanzó una mirada a Judah. Era esa típica mirada de cuando ves a un animal bien raro que no sabías que existía.
—Era verdad.
—Puedo engañar a cualquiera, menos a mis compañeros.
Judah le sonrió ante su murmullo. Iris se le quedó viendo y, de la nada, soltó una sonrisita ligera. Judah abrió los ojos de par en par porque ella casi nunca sonreía, pero ella recuperó la compostura al instante y dijo con voz seca:
—… Ya vuelvo.
Como ya sabía perfectamente cómo usar el fragmento, Iris se mandó al ataque para recuperar energías. Los soldados y caballeros que estaban amontonados iban a ser sus sacrificios. A poca distancia, se empezaron a escuchar los gritos y lamentos de los que tenían la mala suerte de enfrentarla; eran casi alaridos de desesperación.
Judah no tenía tiempo para quedarse mirando la carnicería. Por la izquierda y por el frente también se venían encima pelotones de caballeros e infantería. Y de "yapa", le llovían lanzas y flechas.
—¡Maten a todos! ¡No dejen a ni uno vivo!
¿De verdad creerán que pueden?, pensó Judah con una sonrisa amarga. Como respuesta a sus gritos, le mandó de "regalito" a Lysen Ardahan al batallón que venía por la izquierda. El enorme gólem salió de la brecha espacial con una facha imponente, corrió con todo y metió un puñetazo que hizo retumbar la tierra.
Mientras tanto, Judah se metió al batallón de adelante para abrirse paso lo más rápido posible. En el camino, Iris apareció para ayudarlo; parece que ya había despachado al grupo de la derecha. Se notaba que ya había recuperado sus fuerzas gracias a Artemia.
—Te voy a quitar el fragmento pronto, así que no te acostumbres mucho.
—Ya, está bien.
Le dije eso a Iris después de limpiar la zona y ella me respondió con una voz que sonaba a pura pica. El gólem Lysen Ardahan se tragaba mi maná como si fuera agua, así que lo desinvoqué de una vez, recuperé algo de energía con Valentine y me junté con los espectros para seguir corriendo sin parar.
No había tiempo ni para respirar. A lo lejos ya se veía el final de estas tierras negras. Miré de reojo hacia atrás y vi a un tipo que venía a toda velocidad, levantando una nube de polvo oscuro. Era imposible no verlo: llevaba una armadura dorada que brillaba un montón y una capa roja que flameaba al viento. Tenía el casco puesto, así que no se le veía la cara, pero yo sabía perfectamente quién era.
Era Basilisk, el jefe de la lanza del juicio, la guardia real directa del Emperador.
'Este viejo no se cansa, ¿no?'
Si no recuerdo mal, la última vez que vi su 〈Ventana de Estado〉, sus estadísticas estaban reducidas en un 15% por la vejez, pero el tipo nos venía pisando los talones. Iris y yo nos habíamos recuperado con Artemia, pero él no debería tener cómo recargar energías; aun así, se nos acercaba peligrosamente. Por suerte todavía había distancia, pero si seguíamos chocando con batallones de caballeros y soldados en el camino, esa distancia se iba a hacer humo y terminaríamos peleando sí o sí.
'Qué yuca se va a poner esto'
¿Si me junto con Iris podremos bajarlo rápido?
—¿De verdad es buena idea ir hacia el sur?
Estaba metido en mis pensamientos mirando el mapa cuando Lime, que iba cargado por un espectro, me habló. Al voltear, lo primero que noté fue que estaba pálido. No sé si era porque ir así era incómodo o porque tenía miedo de caerse. Asentí y le confirmé que ese era el camino.
—En ese caso, ¿qué le parece si usamos magia para movernos por el espacio?
—¿O sea que también sabes usar movimiento espacial?
—Bueno… sí, puedo, pero si sacan esa caja transparente de nuevo, ahí sí que no se puede. Además, no soy un experto, así que no puedo movernos a otra región de un solo porrazo. Y si ellos tienen magos, nos van a ubicar al toque por el rastro.
¡Mira tú!
Sabía que Lime era un mago de alto nivel, pero no me imaginé que llegara al movimiento espacial. Tenía sus desventajas, pero si lográbamos alejarnos lo suficiente de aquí, el rastro no sería tanto problema. Asentí con la cabeza.
—Me parece bien. ¿Puedes hacerlo ahora mismo?
—Tengo que prepararlo mientras nos movemos, así que va a demorar un poco. Y al momento de activar la magia tenemos que parar… si en ese segundo sacan la caja transparente, la canción.
—No te preocupes. Iris o yo la rompemos. Todavía les llevamos buena ventaja; si mantenemos este ritmo, nos vamos antes de que desplieguen el cubo.
—Ya, entonces empiezo ahora mismo. Me va a tomar unos 10 minutos.
¿10 minutos? 'Es un montón'
Lime cerró los ojos y se concentró al toque. Primero puso un escudo para protegernos de las flechas y lanzas que pudieran llover. Seguimos avanzando sin parar mientras él preparaba el hechizo. Iris se encargaba de los enemigos que salían por la derecha y yo de los que venían de frente y por la izquierda.
Estaba barriendo a un grupo de caballeros por la izquierda usando el movimiento de sombras cuando, de casualidad, vi en el 〈Mapa〉 un punto azul —un aliado— justo al costado mío. Los puntos rojos lo estaban tapando. Al girar la cabeza, vi a un Caballero de la Lanza Azul en esa posición.
'¿Un caballero? ¿Jeanne?'
Abrí los ojos de par en par. Iba a cortarle el cuello con Yakal, que estaba envuelta en esa energía oscura y roja, pero frené en seco y subí el tajo. Solo le volé el adorno que llevaba en el casco como si fuera una antena. Me quedé parado un segundo y los otros caballeros, pensando que era su oportunidad, se me vinieron encima pisando los cadáveres de sus amigos. Ahí mismo revoqué el 〈Préstamo〉 de Artemia que tenía Iris; me salió un mensaje diciendo que ella ya no podía usarla. Clavé la daga en el suelo empapado de sangre y, al toque, de los charcos brotaron cientos de estacas de sangre afiladísimas.
¡Puaaaaaj!
Atravesados por diez o más estacas cada uno, los caballeros se quedaron colgados como zombies soltando gemidos horribles antes de quedar tiesos. Los únicos que quedamos parados fuimos yo y el caballero que parecía ser Jeanne.
—… No pensé que nos volveríamos a encontrar así.
—Yo tampoco.
—Esto es lo peor. De verdad.
Su voz sonaba como si estuviera a punto de llorar. Sentí una amargura en el pecho y miré alrededor. Ya venían más batallones, e Iris y los demás se habían detenido a lo lejos para ver qué pasaba. Arhil me gritaba que me apurara.
—No puedo dejar que te vayas así nomás.
—Lo sé.
—¡Ahí voy!
Me avisó con toda la honestidad del mundo y se lanzó contra mí. Como todos esos caballeros, su velocidad aumentó de golpe y se me vino encima con el escudo listo para darme un golpe seco. Normalmente, hubiera usado la 〈Segunda Forma de Esgrima de Sombras: Tajo〉 para partirla a ella con todo y escudo. Con el poder de Yakal y el 〈Frenesí〉 activado, era pan comido. De hecho, tenía mil formas de matarla con Artemia si quería.
Al verla venir escondida tras su escudo, me mordí el labio y cargué a Yakal. El maná oscuro envolvió la hoja y la espada tomó la forma de una lanza de caballería. Clavé a Yakal, ahora hecha un cono afilado, directo contra ese escudo que alguna vez protegió a Arhil.
El escudo no aguantó el impacto, se abolló y terminó perforado, atravesándole el hombro izquierdo a Jeanne. Con la mano izquierda, usé a Artemia para desviar la lanza que ella intentaba clavarme.
¡Kua-ka-ka-ka-kak!
En ese preciso instante, vi tres tajos enormes que venían hacia nosotros. Por culpa de Jeanne perdí casi un minuto aquí y parece que Basilisk ya nos alcanzó. Levanté la pierna y le metí una patada con toda mi alma en el estómago para alejarla. Con el golpe, Yakal volvió a su forma de espada y salió de su hombro, y ella, sin fuerzas en el brazo izquierdo, soltó el escudo. Pisé el escudo para sacarlo de mi camino y ella cayó de espaldas.
¡Kua-ka-ka-ka-kak!
El ataque de Basilisk ya estaba encima. Pude haberlo esquivado, pero Jeanne se hubiera comido el golpe, así que le metí todo mi maná a Yakal, me adelanté y activé la 〈Técnica Secreta del Demonio de la Espada - Combo: Viento Carmesí〉.
¡Ki-ja-aaaa-ng!
Se escuchó un chirrido de ultratumba y de Yakal salió un tajo rojo brutal. Al chocar los ataques, hubo una explosión gigante y un viento furioso empezó a soplar por todos lados. La polvareda que traía el ataque me tapó la visión. Me ardían los ojos por el polvo, pero sentí una presencia pesadísima justo delante mío y salté hacia atrás por instinto. Apenas me moví, una alabarda afilada salió de entre el polvo y reventó el suelo donde yo estaba parado.
¡Cuáng!
El suelo se hundió como si hubiera explotado. Miré al caballero que salía de la nube de polvo mientras levantaba su alabarda.
—¡Ja! ¡Por fin te alcancé, mocoso!
—¡Basilisk…!
—¿Basilisk? ¿Quién te ha dado confianza para llamarme por mi nombre, chiquillo malcriado?
Me lo dijo con una cara de pocos amigos, claramente ofendido.
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