24 CORAZONES 269
LUJURIA (4)
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Con la orden de Metatrón de que se detuviera, el cuerpo de Organ se quedó tieso. Por más que intentaba levantar el pie para avanzar, no podía moverse; al contrario, una fuerza invisible la empujó hacia atrás, obligándola a retroceder varios pasos.
—No te metas donde no te llaman para que no salgas trasquilada. Retírate, Organ.
—¡Pero...!
—No hay de qué preocuparse. Una niña como tú es demasiado valiosa para morir en un lugar así. ¿Acaso crees que te enviaría al matadero solo para poner a prueba tu fe?
—... Sí, mi Rey Santo.
Ante las palabras de Metatrón, Organ inclinó la cabeza una vez y retrocedió. Sian observaba la escena sin inmutarse; simplemente se metió las manos en los bolsillos del pantalón de su terno y, con una sonrisa burlona de medio lado, dirigió su mirada hacia Metatrón.
—Parece que de verdad la valoras, ¿no?
—Desde luego. ¿Acaso no te pasa lo mismo a ti?
—No. Si fuera a morir a manos de cualquier otro, no me habría metido. Pero que muera por tus manos, siendo tú un Rey Santo, eso ya es otra historia.
—¿Qué más da si muere por mí o por otro? El resultado es el mismo, ¿o no?
Sian frunció el ceño y sacudió la cabeza.
—Por más que te explique, no vas a entender. Si después de hoy se te ocurre intentar matarlo tú mismo, mejor prepárate. Ese día será el día en que yo descienda al Cielo, y será también el día en que el Cielo se venga abajo. No es broma, lo digo en serio, Metatrón. Esto es una advertencia: no me busques la lengua.
—Está bien, sería un problema si decides bajar, así que haré que eso no pase.
—Diré que es una decisión inteligente.
—... Pero me da curiosidad. ¿Qué diablos estás tramando?
Ante la pregunta de Metatrón, Sian no soltó prenda. En su lugar, le lanzó un acertijo.
—Quién sabe. Quizás sea algo como la salvación de ustedes, pobres diablos.
—¿Salvación?
Qué tontería más grande. El entrecejo de Metatrón se contrajo.
—¿Qué clase de salvación es esa para que tú mismo le des tu bendición y lo protejas tanto?
En el mundo demoníaco, y también en el Cielo, es bien sabido que se pueden contar con los dedos de una mano las veces que Sian ha otorgado su bendición. El ejemplo más famoso es Lucifer, el más fuerte de los siete pecados capitales: la Soberbia.
Aparte de él hay unos cuantos más, pero viven tan tranquilos siguiendo los pasos de Sian que su presencia es casi imperceptible. Sin embargo, aquí había uno más.
Desde el momento en que Metatrón descendió gracias a Organ y vio a Judah, lo supo: el chico tenía la bendición de Sian. Era una energía tan sutil y natural que cualquier otro apóstol o Rey Santo la pasaría por alto, pero Metatrón, que se había agarrado a golpes con Sian mil veces, no la dejó pasar.
Y recién ahí todo cobró sentido.
Por qué no se había dado cuenta de que alguien andaba recolectando los fragmentos. Por qué no pudo prever la situación hasta que Bel-Terza descendió. Por qué este humano se le escapaba a sus 〈Ojos〉.
Si estaba bajo la bendición y protección de Sian, todo era perfectamente posible.
—¿No vas a responder?
—Es lo mismo que te dije antes. Aunque te responda, no lo entenderías.
—Vaya, eso sí que es ningunearme de la forma más horrible.
—.......
Metatrón pasó por el lado de Sian y se acercó a Judah. Sian solo lo siguió con la mirada mientras pasaba, pero no hizo nada para detenerlo.
—¡Judah Arche!
Llamó su nombre. Judah, que había estado observando calladito cómo los dos pesos pesados del Cielo y el Infierno conversaban, frunció el ceño. No sabía ni qué decir.
—... ¡¿Qué pasa?!
Como a estas alturas ya no podía ponerse respetuoso ni usar formalidades, soltó el grito tras dudar un poco. Tanto Metatrón como Sian se quedaron con los ojos como platos ante su reacción, para luego soltar una risita.
—¡Jajajajaja!
Metatrón también se rió a carcajadas por lo absurdo de la situación.
—Eres todo un personaje. Alguien que tiene la bendición de un Monarca debe tener esos huevos, por lo menos.
—¿Para qué me has llamado?
Las alas de luz que se extendían tras la espalda del ángel ondularon con un brillo suave, tapando a Sian intencionalmente.
—Conviértete en mi apóstol.
—¿Qué?
En lugar de mirar a Judah, que preguntó sorprendido, Metatrón chequeó la reacción de Sian. Este último solo observaba con una expresión curiosa, como si pensara que, después de todo, no sería una mala idea que se llevaran a su protegido.
'O quizás está convencido de que este tipo nunca aceptará'
Pensando eso, Metatrón continuó:
—Si yo te caigo pesado, puedes elegir a otra Rey Santo. Yo hablaré con ellas. La Rey Santo Gabriel o la Rey Santo Jophiel. No importa de quién seas apóstol. Sé uno de nosotros y sigue recuperando los fragmentos como hasta ahora. Nosotros te ayudaremos.
—No. Que sea apóstol me da igual, pero que ustedes se metan, eso sí que no.
Sian, que había estado escuchando en silencio, metió su cuchara.
—¿O sea que no te importa que sea apóstol, pero sí que intervengamos?
—Ya. Me da igual de quién sea apóstol, no tengo intención de prohibirle nada. Es obvio que, después de que reúna todos los fragmentos de Pernen y herede su poder, no me va a importar si decide quedarse en el mundo demoníaco, en el cielo o en el mundo intermedio. Pero...
Sian hizo una pausa.
—Me resulta problemático que la presencia de un Rey Santo intervenga directamente en sus acciones.
—¿Acaso los Monarcas de tu mundo demoníaco no han intervenido ya?
—Si te refieres a Bel-Terza, él simplemente descendió consumiendo su propio poder a través de un contrato, sin exigir ningún sacrificio.
Metatrón sacudió la cabeza de un lado a otro con una expresión de "¿crees que soy tonto o qué?".
—No. Sabes perfectamente que no me refiero a eso. ¿De verdad crees que no sé que hay otro Monarca moviéndose a mis espaldas, esquivando mis ojos?
—...?
Metatrón soltó una risita burlona ante la reacción de Sian.
—No te hagas el desentendido. Ambos sabemos que la séptima Monarca, Artemia, viene moviendo sus hilos desde hace tiempo, ¿no? Justo aquí abajo tenemos una de las pruebas.
Al señalar a Asmodeus, la encarnación del pecado capital que se encontraba en el cuarto sótano, Sian esbozó una sonrisa.
—Excelente observación. Sin embargo, a diferencia de Artemia usando a Asmodeus, la influencia que ustedes los Reyes Santos tienen en el mundo intermedio es demasiado grande. Desde humanos, elfos y enanos hasta los hombres bestia... Tienen llegada a casi todas las razas que ocupan los dos continentes, ¿no es así? El punto de partida es distinto y el equilibrio no cuadra.
—Jo. Entonces, no habría problema si nosotros los Reyes Santos no actuamos directamente, sino que enviamos ángeles o dejamos que actúen por su cuenta a través de un apóstol. Después de todo, eso no contaría como una revelación directa.
—Si quieres hacerlo así, hazlo.
—Qué interesante. Y bien, Judah Arche, ¿tú qué dices? Según Sian, no importa de qué lado estés. De hecho, ser un apóstol de nuestro cielo te facilitaría mucho más las cosas.
'¿Tengo que elegir bando ahora?'
Para él, era una propuesta bastante tentadora. Metatrón había dicho que, si él le caía espeso, podía elegir a otra Rey Santo. Si en lugar de ser su apóstol, se convertía en el de Gabriel o Jophiel, estaba claro que recolectar los fragmentos de ahora en adelante sería pan comido.
Incluso Organ, que estaba atrás observando qué decidiría, probablemente se volvería su aliada siguiendo las órdenes de Metatrón. Pero seguir el mismo camino que habría recorrido Caín le dejaba un sinsabor amargo.
'En el juego había varios finales, y entre ellos había finales malos', recordó. Y esos finales malos eran provocados, precisamente, por nadie más que Metatrón. Pero un futuro así se podía cambiar. Él lo cambiaría.
—Si como apóstol reúnes los fragmentos y heredas el poder de Pernen, estoy dispuesto a cederte el trono de un Rey Santo. Serías el cuarto Rey Santo.
Parece que Metatrón se dio cuenta de que Judah estaba dudando, así que lanzó su oferta. Seguro pensaba que era una propuesta irrechazable, pero para Judah no era el premio que buscaba. Aunque poco a poco empezaba a pensar que no sería mala idea quedarse en este mundo tras reunir los fragmentos, primero quería meterle un buen puñetazo en la cara a Sian y, si se podía, volver a su mundo original aunque sea un ratito.
Así que, eso de ser Rey Santo del cielo o Monarca del infierno era algo para decidir mucho después.
—.......
Judah miró a Metatrón, que tenía esa aureola brillante de fondo, y soltó un suspiro.
Si fuera por una elección racional y lógica, lo correcto sería darle la mano a Metatrón. Pero en este mundo, no es que el cielo sea puramente "el bien" ni los demonios sean solo "el mal"; además, no tenía ganas de andar amarrado a nadie tan pronto. Metatrón fijo que sería un pesado que se metería en todo.
—Una vez escuché algo...
—?
—No me acuerdo qué cosas daban los ángeles, pero decían que el demonio les dio a los humanos las mujeres bellas, la carne y el sexo. Y a mí me encanta todo eso. Me gustan las mujeres guapas, la carne es deliciosa y el sexo es lo máximo...
—¡Qué insolente!
se escuchó el murmullo de Organ al fondo.
—Parece que ya estoy demasiado corrompido como para vivir reprimiendo mis deseos con tanta elegancia como un ángel o como su apóstol de allá.
—.......
—Así que, lamentablemente... voy a rechazar su oferta. De la manera más atenta.
respondió Judah con una sonrisa forzada.
Sentía el corazón a mil por hora, sabiendo que era una elección arriesgada, pero curiosamente no se arrepentía. Metatrón soltó una risa seca, medio incrédulo.
—De verdad... no sé cuántas veces voy a decir esto, pero eres un tipo que no cambia por nada.
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