La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 95
Traduccion: Asure
En el instante en que Nian Chaoxi salió de la oscuridad, el gran demonio casi estalla de pura sed de sangre:
—¡¿Quién?!
Pero al reconocer la silueta de quien había lanzado ese ataque desde el aire, su rostro se desencajó por completo:
—¡Tú!
De pronto, como si hubiera caído en cuenta de algo, volteó hacia Jing Shi y retrocedió un par de pasos involuntariamente, tomando distancia de ambos bandos. Soltó una risa amarga:
—Maestro, con que ella era de los suyos... ¡Vaya que me vio la cara de tonto!
Al ver la escena, Nian Chaoxi soltó una risita ligera y dijo con desdén:
—Te equivocas. No tengo la suerte de andar en las mismas andanzas que el "Buda".
Jing Shi, al oírla, comentó sonriendo:
—Pequeña señora, no sea exagerada.
Nian Chaoxi le devolvió una sonrisa falsa:
—No somos tan cercanos como para que me llames con tanta confianza, maestro. No me acostumbro.
A Jing Wang siempre le gustaba decirle "pequeña señora" en tono de broma, pero ahora que Jing Shi —quien tenía exactamente la misma cara que Jing Wang— la llamaba igual, a Nian Chaoxi le resultaba de lo más extraño.
Jing Shi no se molestó a pesar de que ella le habló sin pelos en la lengua. Al contrario, respondió:
—En ese caso, usted también debería dejar de decirme "Buda". Actualmente, el título de Buda de la secta le pertenece a mi hermano mayor. Que me llame así es ponerme en un compromiso.
Nian Chaoxi lo miró con una expresión de desconcierto total.
Jing Shi notó su mirada, su sonrisa flaqueó por un segundo y ladeó la cabeza, confundido:
—¿Acaso dije algo malo?
—Tienes razón, pero no del todo.
Jing Shi guardó silencio un momento. No se sabe qué pasó por su cabeza, pero esa sonrisa imperturbable que siempre llevaba se borró un poco.
—Entonces, le pido a la pequeña señora que me aclare la duda.
Nian Chaoxi fue al grano:
—Tu hermano no aceptó ser el Buda. Se escapó con nosotros. Ahora mismo la secta no tiene a nadie en ese puesto.
Apenas terminó de hablar, la sonrisa de Jing Shi —que parecía pintada en papel— se congeló y desapareció lentamente. Al final, su rostro, que siempre se veía amable, se quedó totalmente inexpresivo.
Preguntó con una calma tensa:
—¿La secta no dejó que Jing Wang fuera el Buda?
—Él mismo no quiso el puesto.
Esa frase dejó a Jing Shi mudo por un buen rato.
Mientras tanto, el gran demonio, que parecía no entender ni un rastro de lo que hablaban, perdió la paciencia y gritó:
—¡Es obvio que se conocen! Maestro, se ve que ya se olvidó de nuestro trato. Perfecto, entonces yo tampoco tengo por qué...
—¡Cállate!
La voz de Jing Shi, ni muy alta ni muy baja, retumbó en el estrecho túnel, cortando en seco al demonio.
Antes de que el demonio pudiera si quiera protestar, las sombras que se agitaban en el pasadizo parecieron cobrar vida con esas palabras. Se condensaron en una mano gigante que lo atrapó y lo hundió en el suelo en un abrir y cerrar de ojos.
Era exactamente igual a la mano que se había llevado a Yan Weixing.
La única diferencia era que Nian Chaoxi estaba segura de que Yan Weixing se dejó llevar a propósito tras notar algo, mientras que este demonio no tuvo ni tiempo de defenderse antes de ser arrastrado.
"Guerra avisada no mata gente".
Nian Chaoxi ya había visto cómo atacaban esas sombras que aparecían de la nada y sabía cómo Jing Shi las controlaba, así que no pensaba quedarse ahí parada en un túnel rodeada de peligro.
Casi en el mismo instante en que el demonio desapareció, ella desenvainó la espada Wuku. En medio del estrecho pasadizo, lanzó un tajo que formó una luna de sangre. El brillo iluminó todo el lugar y, por donde pasaba la luz, las sombras retrocedían centímetro a centímetro, como si algo las estuviera devorando.
No parecía que la luz estuviera iluminando la oscuridad, sino más bien que las sombras estaban siendo obligadas a punta de fuerza bruta a retirarse.
Nian Chaoxi observó la escena pensativa. Esta sombra no era tan fuerte como la que se llevó a Yan Weixing; en comparación, esta era mucho más debilucha.
Jing Shi se quedó ahí parado, viendo cómo ella ahuyentaba las sombras sin hacer ningún movimiento extra.
Tras deshacerse del demonio, volvió a su estado imperturbable de siempre, como si no hubiera sido él quien acababa de decidir la vida o muerte de alguien hace un segundo.
—¿Por qué mi hermano no quiso ser el Buda?
Nian Chaoxi lo miró y le devolvió la pregunta:
—¿Acaso ese puesto es algo que todo el mundo se muere por tener?
Jing Shi calló un momento y sonrió:
—Es cierto. Mi hermano no necesita ese título. Esos viejos de la secta no se merecen a un Buda como él.
Nian Chaoxi frunció el ceño. ¿Qué se creía este? ¿Acaso estaba tratando de armar un drama de amor y odio entre hermanos? Cuando ella estuvo en la secta, nunca escuchó que hubiera algún lazo profundo entre él y Jing Wang.
Ella lo pensó mejor y soltó:
—Jing Wang está justo afuera de la montaña Quya. A estas alturas, lo más probable es que ya haya entrado a la fuerza.
Jing Shi soltó una risita ligera:
—Entonces hoy será inevitable que nos enfrentemos.
Nian Chaoxi notó que la actitud de él hacia Jing Wang era especial. En realidad, ya lo había sentido desde que estaban en la secta, pero en ese entonces pensó que Jing Shi solo estaba actuando para mantener su imagen de santo. Pero ahora que ya era un traidor declarado y no necesitaba fingir, ese interés por Jing Wang seguía siendo evidente.
Se preocupaba por si Jing Wang era el Buda y, al enterarse de que no lo era, su primera reacción fue pensar que la secta lo estaba tratando mal, llegando incluso a enfurecerse por eso.
Nian Chaoxi comentó con tono indescifrable:
—No sabía que el maestro sentía tanto cariño de hermano por Jing Wang.
La respuesta de Jing Shi la dejó helada.
—Tal vez sea porque tanto él como yo somos personas que nunca debieron nacer en este mundo.
Continuó con voz plana:
—Si no hubieran robado las reliquias de Buda, no existiríamos nosotros dos, creados a la fuerza por ellas. Los Budas nacidos de reliquias nunca son aceptados por el destino; si no, ¿por qué nuestras vidas serían un chiste? A veces pienso que, si el destino reconoce que nosotros, siendo gemelos, deberíamos ser una sola persona... ¿no será Jing Wang mi otra mitad?
Nian Chaoxi lo miró fijamente con una expresión extraña. Este tipo, Jing Shi, realmente sentía algo que él llamaba "cariño de hermano". O mejor dicho, como él decía, veía en Jing Wang a una versión de sí mismo que eligió otro camino.
Él suspiró:
—Nacimos marcados como el bien y el mal, pero ambos elegimos el camino opuesto al que nos tocaba. ¿No es eso una conexión increíble? A veces pienso que, si mi hermano hubiera seguido mis pasos, yo tendría en este mundo al compañero y familiar más leal...
No pudo terminar la frase. Un destello de espada cruzó el aire: Nian Chaoxi se lanzó directamente al ataque.
Nian Chaoxi se lanzó con la espada mientras decía con cara de asco:
—¡Sácate eso de la cabeza! ¡En este mundo no hay nadie tan enfermo como tú!
Hablando solo y creyéndose sus propios cuentos... Al escucharlo decir tantas tonterías, Nian Chaoxi sentía náuseas por el pobre Jing Wang.
La expresión de Jing Shi se volvió gélida; levantó sus cuentas budistas y le hizo frente.
El túnel era estrecho, lo cual era una gran desventaja para alguien que usaba espada como Nian Chaoxi, sin contar que su nivel de cultivo era inferior al de Jing Shi por más de doscientos años de diferencia.
Al poco tiempo de empezar el duelo, la espada Wuku fue arrebatada de sus manos y cayó al suelo, pero ella no perdió el tiempo lamentándose; dejó que Wuku cayera y, con un movimiento rápido, desenfundó su propia espada delgada.
Ambos chocaron de nuevo. Cuando el ataque de Nian Chaoxi iba a mitad de camino y vio que Jing Shi levantaba la mano para bloquearlo, ella soltó todo su sentido divino de golpe, lanzándolo contra él sin importar las consecuencias.
Su fuerza física no se comparaba a la de él, pero su sentido divino —forjado durante doscientos años después de su muerte— era algo que casi nadie en este mundo podía igualar. Ante tal presión, la mente de Jing Shi se bloqueó y sus movimientos se detuvieron por un instante.
Nian Chaoxi aprovechó el momento exacto y le lanzó un estocazo directo al pecho.
Bajo esa técnica tan agresiva, Jing Shi logró reaccionar en el último milisegundo; se hizo a un lado a las justas y la punta de la espada pasó rozándolo, logrando cortar el cordón de sus cuentas budistas.
En ese mismo instante, la espada Wuku, que estaba tirada en el suelo, se elevó por sí sola como si alguien la estuviera controlando y arremetió con furia contra Jing Shi.
Como él ya estaba forzando el cuerpo para esquivar el primer ataque, esta vez no tuvo escapatoria: la espada Wuku le atravesó el brazo de lado a lado.
Tras herirlo, la espada Wuku no se quedó a dar pelea; se retiró de inmediato y voló directo a las manos de Nian Chaoxi.
Ella, ahora con una espada en cada mano, miró a Wuku y se llenó de alegría.
—¡Buena!
no pudo evitar exclamar.
En ese momento no se sabía si felicitaba a la espada o al dueño.
Nian Chaoxi sabía que, si un arma tiene espíritu, puede proteger a su dueño, pero no esperaba que Wuku la aceptara también a ella.
¿En qué circunstancias una espada que ya tiene dueño aceptaría a otra persona?
Solo si esa persona es tan importante para el dueño como él mismo, o incluso más. El espíritu de la espada, influenciado por su señor, llega a ver a esa persona como su líder, dándole incluso prioridad.
"Yan Weixing... ¿Qué tan importante soy para ti?".
Por otro lado, Jing Shi miró su herida y soltó una risa suave.
Nian Chaoxi levantó una ceja y dijo con calma:
—¿Quieres seguir peleando, maestro? Si es así, yo te sigo el juego, pero déjame advertirte una cosa: mi sentido divino es mucho más vasto y útil que tu energía espiritual. Si seguimos así, puede que no logres hacerme daño, pero yo sí puedo arrastrarte conmigo a la tumba.
Jing Shi rió levemente:
—Realmente hace honor a su título, pequeña señora.
Pero no se movió de su lugar.
Eso significaba que estaba dispuesto a seguir desgastándola ahí mismo.
A Nian Chaoxi se le dio un vuelco el corazón, pero no lo demostró. Con las dos espadas en mano, se puso en guardia para atacar.
En el estrecho túnel, la pelea estaba a punto de estallar otra vez.
Sin embargo, en ese momento, un estruendo violento retumbó desde lo más profundo de la tierra, seguido del grito sordo de alguna criatura desconocida.
La expresión de Jing Shi cambió ligeramente.
Acto seguido, miró a Nian Chaoxi y dijo pausadamente:
—Entonces, me adelanto a felicitarla, pequeña señora; espero que encuentre a quien está buscando.
Apenas terminó de hablar, una sombra negra lo envolvió por voluntad propia y Jing Shi fue arrastrado hacia el subsuelo en un segundo.
Nian Chaoxi reaccionó al instante y se lanzó hacia adelante intentando atrapar a Jing Shi, pero lo único que sus manos tocaron fue el suelo firme.
—¡Pucha!
exclamó, soltando un insulto por lo bajo.
No necesitaba pensarlo mucho para saber que el alboroto de hace un momento era obra del Señor Yan. Esa mancha de energía de muerte que se lo llevó a las profundidades no debía estar pasándola nada bien contra él.
Pero ahora, esa misma energía se había llevado también a Jing Shi.
La situación se había convertido en un dos contra uno. Tenía que encontrar al Señor Yan cuanto antes.
Con eso en mente, levantó la vista hacia el frente. Al final del túnel había una entrada algo más espaciosa de donde emanaba una luz; de allí era de donde Jing Shi acababa de salir.
Nian Chaoxi sospechaba que ese era el lugar del que hablaba Huo Cheng, donde arrebataban la energía vital. Ella no tenía la habilidad de hundirse en la tierra para buscar esa energía de muerte, pero si Jing Shi robaba vidas para alimentar a esa cosa, tal vez si cortaba el suministro o seguía el rastro de la energía...
Sus ojos brillaron con determinación y cruzó la entrada sin dudarlo.
Al entrar, la luz fue tan intensa que por un momento no pudo ni abrir los ojos. Cuando por fin logró enfocar, se vio de pie en una caverna gigantesca. Las paredes estaban plagadas de agujeros de todos los tamaños, y en el techo había grabados unos sellos rúnicos complejos; de ahí provenía esa luz cegadora.
Nian Chaoxi observó los múltiples túneles. Huo Cheng le había dicho que no era solo una cueva. ¿Serían estas todas las cámaras de las que él hablaba?
Sin vacilar, caminó a grandes zancadas hacia la entrada más cercana. Al entrar, todo se oscureció por un segundo para luego abrirse ante ella. Al ver lo que tenía delante, se quedó de piedra.
Era una cámara de tamaño mediano con las paredes cubiertas de runas que se entrelazaban hasta formar tres núcleos de formación en el suelo. Y en cada núcleo, estaba sentada una persona real.
De los tres, dos parecían haber perdido el conocimiento. El único que seguía lúcido era... ¡Huo Cheng!
—¡¿Quién?!
preguntó Huo Cheng de espaldas a ella. Parecía que no podía moverse y su voz denotaba una alerta máxima.
Nian Chaoxi se acercó de inmediato:
—¡Soy yo! ¡Te voy a sacar de aquí ahorita mismo!
—¡No te muevas!
la detuvo él con un grito autoritario.
Nian Chaoxi se quedó paralizada.
Huo Cheng recuperó el aliento y dijo con calma:
—Estas runas no son normales. La velocidad con la que absorben la vida es más de diez veces superior a lo habitual. Es como si quisieran matarnos a todos de un solo golpe; si alguien deja el núcleo, muere en el acto.
Ella se horrorizó. Miró rápido a los otros dos cultivadores: uno estaba simplemente desmayado, pero el otro, tal como dijo Huo Cheng, había muerto en el sitio.
Huo Cheng continuó con voz lúgubre:
—Cuando me trajeron, intenté salvarlo, pero apenas lo moví un poco fuera del núcleo, perdió la vida al instante. Señorita Nian, sospecho que esa cosa que se alimenta de nosotros se está jugando el todo por el todo. Si no salimos, con esta velocidad no aguantaremos nada; y si salimos, morimos.
La respiración de Nian Chaoxi se agitó:
—¿Qué tengo que hacer?
—Busca a esa cosa que nos está drenando o corta la conexión del sello que la alimenta.
Nian Chaoxi respiró hondo:
—¡Espérenme!
Sin perder ni un segundo, salió disparada de la cámara.
De nuevo en la gran caverna central, vio todos esos agujeros incrustados en las paredes. Cada uno era una herramienta para arrebatar la vida ajena; en cada momento, alguien podía estar muriendo allí dentro. Las formaciones de cada cámara debían estar conectadas a un nodo central que enviaba toda la energía hacia lo profundo de la tierra.
Entre miles de cuevas, ¿cómo iba a encontrar ese nodo?
Nian Chaoxi se quedó quieta en el centro, cerró los ojos y expandió su sentido divino de golpe. Se infiltró en cada túnel, siguiendo el rastro de cada runa.
Vio a muchísima gente atrapada. Incluso vio que en una de las cámaras, Shen Tui estaba sentado, consumiéndose. El amuleto que ella tenía era de él. Solo se detuvo un milisegundo antes de seguir buscando. Entonces vio otra cámara donde estaban Mak Yunzhi y Zong Shu sentados frente a frente, mientras Wu Yan se acurrucaba en un rincón.
¿Ellos también estaban aquí?
Nian Chaoxi vaciló un momento, sintiendo una punzada de fastidio y ansiedad. En ese instante, Mak Yunzhi pareció sentir algo y levantó la cabeza de golpe, pero ella ya había pasado de largo.
Estaba empezando a desesperarse. Tanta información regresando a su mente se estaba convirtiendo en un nudo imposible de desatar.
"Así no voy a poder", pensó.
Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una voz resonó en su cabeza:
—Xi Xi, tranquila. Sígueme.
Era Yan Weixing.
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