Hombres del Harén 895
SS1: Gran Maestro (4)
Esa noche, cuando Latil se quedó dormida, Arital no estaba persiguiendo al Gran Maestro. En cambio, una cabeza pasó volando ante los ojos de Arital.
—¡¿Qué es esto?!
Latil soltó un grito silencioso que nadie podía oír. Pero incluso mientras gritaba, sus manos se movían por sí solas.
Cada vez que Arital blandía con elegancia la espada que sostenía, otra cabeza trazaba un arco en el aire. Solo después de que unas diez cabezas volaron, Latil se dio cuenta de que eran zombis. Poco a poco, pudo asimilar su entorno. No era solo Arital. A su alrededor, sacerdotes y soldados también luchaban contra hordas de zombis con sus propias armas. Girgol no se veía por ningún lado, tal vez manteniendo su distancia.
'Tantos zombis...'
Latil se horrorizó por los sonidos de gemidos sin lengua que venían de todas las direcciones. Sin embargo, a pesar de su número, los sacerdotes sorprendentemente parecían mantener bien la línea.
'La gente debe estar bien entrenada ya que los monstruos han estado apareciendo tan a menudo. Su armadura los cubre por completo. Se ve pesada e incómoda, pero así, las posibilidades de ser infectado por un zombi definitivamente disminuyen'
Después de derribar a un zombi de casi una vez y media su tamaño, Arital finalmente se limpió el líquido pegajoso que salpicaba su cara. Cuando bajó su espada, con la punta apuntando al suelo, Latil se preguntó: '¿Han ganado la batalla?'.
'¿Y qué hay del Gran Maestro? ¿Se acabó todo después de que se enojara antes?'
Pero justo cuando estaba pensando en esto, la mirada de Arital se fijó en un hombre: muy guapo, pero completamente sin vida y despeinado. A juzgar por su andar, no era un zombi. Sin embargo, tampoco luchaba contra ellos, ni era atacado. Se destacaba, extrañamente desconectado del caos.
Latil pensó que era solo un vagabundo antiguo, apuesto y sin miedo. Pero Arital no lo vio de esa manera.
[Ese es él]
En el momento en que lo vio, Arital pareció recordar algo y murmuró para sí misma. Volvió a agarrar firmemente su espada bajada.
—Sumo Sacerdote, ¿a dónde vas?
—Shh.
Haciendo callar a un sacerdote que intentó acercarse, siguió en secreto al hombre. Él se deslizó en un callejón estrecho entre las casas para evitar la lucha, Arital lo siguió.
Justo cuando dobló la esquina, el hombre, que parecía haberse desvanecido, balanceó algo pesado y metálico. Arital levantó su espada para bloquearlo, pero retrocedió unos pasos. Latil notó que el hombre tenía grilletes en las muñecas, que estaba usando como armas.
'¿Grilletes? ¡Grilletes! ¡Ese debe ser el Garem Desterrado!'.
Latil se concentró intensamente en los movimientos de Arital mientras luchaba contra el Garem Desterrado. Un anciano sacerdote había dicho una vez durante una reunión que el Garem Desterrado no era tan afectado por el poder sagrado como otros monstruos. Eso ahora parecía ser cierto. Arital no pudo ahuyentarlo solo con poder sagrado y tuvo que depender de su espada para luchar.
Pero justo cuando Arital y el monstruo estaban a punto de chocar en un golpe importante, su mirada se posó en algo sobre el hombro del monstruo. Un zombi horriblemente desfigurado, con la carne rasgada alrededor de la boca, había atrapado a una persona que huía y estaba abriendo sus mandíbulas de par en par.
Mientras bloqueaba el ataque del Garem, Arital le arrojó su espada al zombi. La espada lo atravesó y se incrustó en la pared detrás. Si la persona escapó ilesa, no lo pudo saber. Al momento siguiente, fue golpeada con fuerza en el hombro y lanzada hacia atrás.
Latil y Arital gritaron al mismo tiempo mientras la visión de Arital giraba salvajemente. La sombra del Garem balanceando sus grilletes se cernía sobre ella.
En ese momento, algo atravesó cerca del corazón del Garem y golpeó el suelo no muy lejos de donde Arital había caído. Era una lanza.
Con un grito bestial, el Garem huyó.
—¿Estás bien?
Al mismo tiempo, una voz llena de preocupación llegó desde arriba. Una mano grande y fuerte se extendió hacia Arital.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Cuando la escena cambió, Arital se estaba sujetando la parte superior del cuerpo, que estaba desnuda.
—¡Aggghhh!
Latil retrocedió con horror, el dolor punzante de su hombro no hizo más que profundizar su sorpresa.
—Ay.
Arital también se encogió, haciendo una mueca de dolor, luego se estiró hacia atrás y le dio una palmada a Girgol con firmeza.
—¡Sé más delicado!
Girgol respondió con voz malhumorada:
—Si te lo curaras con poder sagrado, no te dolería.
Parecía que Arital se había lesionado, pero se negaba a la curación divina y, en cambio, le había pedido a Girgol que la tratara manualmente.
'¿Por qué pasar por todo ese problema?'
Latil no lo entendía, y por su conversación posterior, parecía que ni siquiera Girgol lo entendía.
Una vez que el tratamiento terminó, Arital se puso su camisa, que había tirado, se pellizcó la nariz.
—El desinfectante huele horrible.
—Exacto. Así que la próxima vez, cúrate tú misma, Sumo Sacerdote.
Girgol recogió el algodón empapado en desinfectante y las pinzas de metal, luego se levantó de la cama. Arital se le echó encima de la cintura como si lo abrazara con todo su cuerpo.
—Eso fue peligroso.
la regañó Girgol mientras la sostenía.
Arital se rio entre dientes y frotó su cabeza contra el estómago de él.
—¿No estás enojado, verdad?
—Ey, Sumo Sacerdote. Si te quedas en esa posición, la columna va a romperse.
—¿La columna de quién?
—La de los dos.
Mientras Arital soltaba una carcajada, Latil se sintió golpeada por la futilidad de la vida. Si Latil fuera la que se aferrara a la cintura de Girgol, él probablemente solo la levantaría boca abajo y le preguntaría qué estaba haciendo. Aunque para ser justos, la sostendría de forma segura y no la dejaría caer.
Más tarde, Girgol, que había salido con las herramientas médicas, regresó con un plato de fruta.
Recostada en la cama, Arital simplemente abrió la boca y dejó que Girgol la alimentara con una pieza de fruta a la vez, pensando: [Por eso es que no usar la curación divina es mejor. Girgol no sabrá que estoy fingiendo estar enferma]
—¿Qué?
Los dos continuaron bromeando y disfrutando de su tiempo juntos. Con el tiempo, la conversación se desvió naturalmente hacia el Gran Maestro.
—Pensé que el monstruo amable que estaba viendo era el Garem Desterrado, así que iba a probarlo con poder sagrado. Pero... era alguien completamente diferente.
—A veces las cosas suceden así.
—Creo que lo malinterpretó cuando se dio cuenta de que estaba tratando de probarlo... Parecía realmente molesto. Se pone de mal humor a menudo, pero nunca lo había visto tan enojado.
—¿Y tú, Sumo Sacerdote? ¿Te sientes bien?
—Me siento muy mal. Parecía dolido.
Cuando Arital suspiró y confesó, Girgol se encogió de hombros y le dio un consejo directo.
—Es desafortunado para él. Pero era sospechoso incluso antes de esto. Tomemos esto como una oportunidad para mantener nuestra distancia.
Arital dudó y luego asintió.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Sin embargo, cuando la escena cambió, Arital estaba dando vueltas alrededor del Gran Maestro. Él la notó una vez y la miró de reojo, pero después de eso, ni siquiera la miró. Incluso mientras cuidaba de animales heridos, era tan frío que el ciervo que estaba siendo tratado lo miraba con constante recelo.
Él siguió así hasta el anochecer, justo cuando Arital estaba a punto de marcharse derrotada, él la llamó desde atrás:
—Sumo Sacerdote.
—¡Sí!
Arital corrió de inmediato hacia el Gran Maestro. Incluso después de haber sido ignorada durante tanto tiempo, no mostraba ni un indicio de estar molesta.
La expresión del Gran Maestro, que parecía lista para regañarla, cambió a una mezcla incómoda de frustración y diversión al ver su rostro alegre. La miró durante un largo momento, luego cerró los ojos con fuerza y los abrió de nuevo mientras preguntaba:
—Sumo Sacerdote, ¿viniste a decirme algo?
—Lo siento.
El Gran Maestro parpadeó rápidamente, al parecer no esperaba una disculpa de su parte. Aunque rápidamente volvió a su habitual ceño fruncido, Latil contó que había parpadeado al menos diez veces en un segundo.
—De verdad lo siento. Pensé que eras el Garem Desterrado. Nuestro templo ha estado preocupado por eso últimamente. Y dicen que el Garem Desterrado es muy guapo. Por eso se me vino a la mente. Nunca me acerqué a ti para lastimarte. Solo... solo pensé que eras amable y guapo y quería ser tu amiga. Por favor, créeme.
Aunque podría haber filtrado un poco sus palabras, su confesión honesta hizo que el Gran Maestro cerrara los ojos y se frotara la frente.
—...Me voy ahora. Lo siento.
se disculpó una vez más y se dio la vuelta para irse.
Pero antes de que pudiera dar un solo paso, el Gran Maestro la llamó:
—Espera.
Cuando Arital se detuvo, él se acercó a su lado y, por primera vez, la miró directamente. Mirándola a los ojos, le preguntó:
—¿Viniste solo para decirme eso?
—Sí.
—...¿Y si me hubiera enojado y te hubiera atacado?
—Entonces me defendería.
—¿Me matarías?
—No. Eres un monstruo amable. Todo lo que haces es cuidar de animales, peces y plantas heridos. ¿Por qué te haría daño?
—Eres capaz de hacerme daño, ¿verdad?
—No quiero averiguarlo.
El Gran Maestro levantó ligeramente la barbilla y entrecerró los ojos mientras la miraba. Desde la perspectiva de Latil, parecía que su opinión sobre Arital había cambiado un poco.
—Los humanos son generalmente desagradables, cuanto más alto es su estatus, más insoportables se vuelven. Tú estás cerca de la cima, pero no eres tan desagradable.
—¡Es verdad! La gente a veces dice que tengo una buena personalidad. Aunque no a menudo. Tal vez es porque soy la Sumo Sacerdote.
—Claramente no entiendes la humildad.
—¿Entender qué?
El Gran Maestro levantó la barbilla un poco más como si la estuviera inspeccionando, luego arrancó una planta de la raíz. Asombrosamente, la planta se transformó en un pequeño árbol y floreció con flores exuberantes justo ante sus ojos. Le entregó el pequeño árbol.
—Los humanos dan regalos cuando se reconcilian, ¿no? Esto es un regalo. Plántalo en una maceta. Mientras lo riegues, seguirá floreciendo.
Arital miró de un lado a otro entre el árbol y el Gran Maestro, luego sonrió con los ojos.
—Gracias.
—Y deja de llamarme monstruo todo el tiempo. No soy un monstruo.
—Entonces, ¿Qué eres?
El Gran Maestro dudó como si se resistiera a responder. Pasó tanto tiempo, el viento sopló varias veces, revolviendo sus cabellos. Por fin, respondió:
—Un elfo.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Cuando la escena cambió de nuevo, Girgol estaba junto a la orilla del lago. Tenía una rodilla ligeramente doblada mientras giraba la mano en el agua, mientras que Arital miraba con una brillante anticipación. Claramente estaba esperando algo, aunque Latil no podía decir exactamente qué, solo que las emociones eran intensas.
—Sumo Sacerdote.
Por fin, una voz la llamó por detrás, Latil supo al instante a quién había estado esperando Arital. Era la voz del Gran Maestro.
Sobresaltado por la voz desconocida, Girgol detuvo lo que estaba haciendo y se enderezó.
Ya fuera porque había revelado su identidad, o porque se había esforzado más en su apariencia ese día, el Gran Maestro se veía exactamente como uno se imaginaría que se vería un elfo. Se acercó con pasos firmes y se paró junto a Arital, mirando directamente a Girgol.
Mientras Girgol se acercaba, frunciendo el ceño, Arital rodeó los hombros del Gran Maestro con un brazo y dijo con orgullo:
—¡Girgol, este es Elfrae!
Por primera vez en su actitud serena, Girgol miró al Gran Maestro de arriba abajo con una mirada fría y poco amistosa.
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄
0 Comentarios