POR LA PERFECTA MUERTE DE SEÑORA GRAYSON 126
⋅-⋅⋅-⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅∙∘☽༓☾∘∙-⋅⋅⋅-⋅⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅
Había una tensión diferente a la que sintió cuando él mismo le confió su historia familiar.
Ahora Sasha era su esposa. Aunque el matrimonio había comenzado con un propósito muy impuro, ahora ambos compartían el mismo destino y debían enfrentar sus problemas juntos. Sí. Tal como lo dijo el sacerdote en la boda.
Sin embargo, como Sasha era una civil, Isaac, después de pensarlo bien, decidió contarle la historia de la manera más breve posible.
—Sargento York fue mi subordinado y camarada más cercano. Juntos nos enfrentamos a la vida y la muerte en varias ocasiones. Es decir… así fue, hasta la operación Selwood. Lo que le voy a decir ahora… puede sonar muy irracional. Aunque, claro, es solo mi punto de vista. Lo que quiero decir es...
Isaac se detuvo, como si estuviera tomando un respiro. Sasha lo miró en silencio y entrelazó sus dedos con los de él. Ahora ella sabía perfectamente cómo calmarlo.
Isaac la miró con una expresión de alivio. Y más calmado, le contó lo que había perdido en esa operación y la acusación falsa que le habían puesto.
—Yo creo que, en algún momento, el informe de la misión de los exploradores fue cambiado. El informe fue aprobado por el general y me fue enviado de inmediato, como el oficial al mando. Y ahí… había información falsa. Toda la información estaba al revés.
El fuerte, que supuestamente estaba vacío, todavía estaba lleno de los hombres del duque. El oficial al mando, que supuestamente era un joven inexperto, era un coronel veterano, cuyo rostro Isaac ya había memorizado. De repente, se escuchó una explosión y una bala le atravesó el hombro.
Isaac se frotó el hombro, donde le había quedado una gran cicatriz por la herida. Afortunadamente, estaban cerca de un edificio de piedra, que les sirvió como refugio, y así evitaron ser asesinados. Usando su ingenio, distrajo al enemigo y apenas logró regresar con los que quedaban, pero incluso los que sobrevivieron estaban casi muertos.
Cuando despertó, estaba en una cama de hospital, y sus hombres, los que habían sobrevivido, gemían a su alrededor. Fue la primera vez que sintió una desesperación tan grande. Y, después de mucho tiempo, sintió la humillación.
Para un soldado, la muerte no era algo extraño ni sorprendente. Pero la forma en que uno moría sí lo era. Nunca antes había perdido a sus compañeros de una manera tan absurda.
Sin embargo, cuando se quejó, lo único que recibió fueron las miradas frías de la gente y el informe del explorador, que ya había sido cambiado. El explorador lo miró con cara de sorpresa cuando Isaac lo acusó. Si el informe hubiera sido cambiado, como decía Isaac, eso sería un gran problema.
Pero el informe había sido aprobado por el general. Había algunos que creían en la inocencia de Isaac, pero la mayoría no tenía el coraje de culpar al general.
—…Quise encontrar el informe falso que me habían dado para mostrárselo. Pero ya había sido reemplazado con otro. Es decir…
—Con el informe verdadero que el explorador había escrito.
Sasha, con calma, lo interrumpió, como si estuviera resumiendo lo que él decía.
Isaac asintió y la miró. Ella no lo miraba como un loco, como los demás.
—Y ahora, Sargento York le ha enviado una carta. Con un papel que tiene la fecha de ese día.
Como era de esperar, Sasha no sabía nada del mundo de Isaac. Aunque él había resumido la historia para ella, solo le parecía extraña y pesada. Pero aun así, el sentimiento de impotencia e injusticia que él sentía le llegó.
Sasha, con calma, organizó en su mente los sucesos que Isaac había vivido. Y, finalmente, como si hubiera llegado a una conclusión, le preguntó:
—¿Cree que Sargento York robó el informe verdadero?
—Es solo una suposición.
—Pero ya está seguro, ¿verdad?
Isaac no respondió. Pero eso fue respuesta suficiente.
—…De acuerdo. Mañana mismo irá a encontrarse con ese tal York, en el lugar que le indicó en la nota.
—No es solo para probar mi inocencia.
Isaac dijo, a la defensiva, como si estuviera acostumbrado a recibir ese tipo de acusaciones.
Sasha lo miró con el rostro inexpresivo.
—Lo sé. Usted no es una persona egoísta. Lo hace por sus camaradas, que murieron o quedaron con una discapacidad por culpa de una trampa. Lo hace porque quiere que la verdad salga a la luz, por ellos.
Sasha miró la cara de Isaac, que se veía más terca de lo normal.
Claro. Así se ve un soldado. Era un descubrimiento nuevo.
—Entonces, ¿por qué me lo dice como si estuviera pidiendo mi permiso, si ya lo decidió?
—Todavía no lo decido. Solo…
Mentira. Sasha no lo interrumpió, sino que le sonrió suavemente.
—¿Quiere que lo detenga? ¿Quiere que le diga por qué remover un asunto que ya terminó? ¿Que ya no es un soldado, sino el dueño de la casa, y que debería aguantarse por el bien de su familia?
Isaac negó con la cabeza ante las directas palabras de Sasha.
—…No. No era eso lo que quería escuchar. Pero, como dice, ahora sé muy bien lo que tengo bajo mi responsabilidad.
—¿Entonces me está pidiendo mi consentimiento? A mí, que lo engañé desde el primer encuentro, a mí, que seguí mintiéndole hasta que fui descubierta. …Qué honesto y dulce es.
Antes de que él pudiera decir algo, Sasha lo abrazó. Sintió la respiración agitada de Isaac en su cuello. Sasha no se inmutó y le acarició el cabello oscuro.
—…¿No piensa que lo que le digo podría ser una mentira? ¿Que tal vez me inventé esto en mi cabeza para defenderme, como dicen ellos…?
—No, le creo. Y entiendo que quiera que la verdad salga a la luz, por los demás y por sus propios valores.
Isaac sintió que ella lo había golpeado justo en el punto débil. Avergonzado y agradecido, hundió la cara acalorada en el cuello de ella, fingiendo que no pasaba nada.
Sasha sonrió con una cara de resignación y jugó con las puntas de su cabello húmedo. Sí. Él era así. Y ella se había enamorado de él por ser así.
Si no lo hubiera amado, lo habría detenido, tal como él esperaba. Ya era suficiente con que el joven duque, Jeffrey, le guardara rencor. Y ahora un general… Le habría dicho que no se involucrara con ese tipo de personas.
La conversación entre los dos continuó con promesas y peticiones. Las peticiones de Sasha incluían la sutil insinuación de que se alejara si su vida corría peligro. A Isaac, por alguna razón, no le disgustó.
El cielo ya se había vuelto completamente negro. Bajo la oscuridad, donde no se podía ver ni una sola estrella por las nubes, Sasha besó alternadamente su sien y su frente.
Isaac todavía no se acostumbraba a sus muestras de afecto, que lo trataban como algo precioso. Pero le agradaban tanto que le daban ganas de seguir en sus brazos para siempre.
Isaac se quedó quieto, recibiendo sus besos, hasta que levantó la cabeza. Cuando se sentó derecho, volvió a ser más grande que ella. Extendió la mano, le acarició una mejilla y la besó.
La otra mano rodeó su cintura. Su gran mano rodeó la cintura de ella sin dificultad. Por la experiencia de la noche anterior, Isaac sabía exactamente en qué punto ella sentía cosquillas. Conocía su debilidad.
—Prométame que regresará sano y salvo.
Cuando se separaron, Sasha le susurró en los labios.
Isaac recordó la humillante experiencia de la noche anterior, pero asintió con una expresión compleja.
Sasha lo miró seriamente y no pudo contener la risa.
—…¿Por qué se ríe?
Isaac preguntó, asombrado.
—Ay, lo siento. Pero cuando hace eso, su cara se ve tan…
Isaac podía prever las siguientes palabras de ella. Iba a humillarlo de nuevo con palabras como "tierno" o "extraño", como antes.
Sin decir nada, Isaac presionó el punto hueco en la espalda de ella. Sasha abrió los ojos, se estremeció y se inclinó, enterrando la cara en su hombro.
—Dios mío. Aprendió algo extraño. Suélteme.
Había sido una noche vergonzosa e inexperta, pero al menos le había servido para aprender algo.
Isaac sintió cómo Sasha se retorcía en sus brazos y sonrió.
—No quiero.
⋅-⋅⋅-⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅∙∘☽༓☾∘∙-⋅⋅⋅-⋅⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄

0 Comentarios