PLPMDSG 122





POR LA PERFECTA MUERTE DE SEÑORA GRAYSON 122



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La subasta benéfica de Baronesa Harold, a la que Sasha asistiría hoy, era un evento anual que las damas del club organizaban por turnos cada verano. El evento no se limitaba solo a las damas, sino que también podían asistir sus familias y amigos, ya que entre más gente, más éxito tendría la "subasta", el punto principal del evento. Sin embargo, los participantes que donaban los artículos eran únicamente las damas del club.

Los participantes debían traer un artículo para la subasta, y las ganancias se donaban en su totalidad a la causa que más lo necesitara ese año.

Esta no era la primera vez que Sasha asistía a este evento. Había asistido puntualmente todos los años con su abuela antes de que esta se enfermara, por lo que no era una situación extraña para ella. La única diferencia era que ahora Sasha participaría en lugar de su abuela. Cuando llegara su turno, solo tenía que subir al escenario, saludar brevemente y presentar el artículo, así que no sería tan difícil.

La última vez que asistió, su abuela donó un broche que apreciaba mucho, y las ganancias de ese año se donaron a los barrios marginales del sur, que habían sufrido graves daños por las inundaciones. Por una coincidencia extraña, las ganancias de la subasta de este año se donarían a los orfanatos cercanos.

La organización no lo había decidido así por algún participante en particular. La causa ya se había mencionado en las invitaciones enviadas a los miembros hacía varios meses, por lo que fue una simple coincidencia.

La subasta benéfica de este año se celebraría en la mansión Longton, propiedad del Barón y la Baronesa. Era un lugar apartado, a unas dos horas en carreta desde Aeris Hall, donde se encontraba Sasha.

Al bajar de la carreta, una casa de verano que parecía muy fresca le dio la bienvenida a Sasha. Cerca de los arcos de piedra finamente tallados, los arbustos de flores se mostraban orgullosos y daban la bienvenida a los visitantes.

Sasha bajó de la carreta y miró el camino bordeado de robles. Hoy llevaba un vestido de seda de color gris oscuro, que se veía elegante pero no demasiado sombrío.


—Sasha, bienvenida.


Baronesa Harold, que estaba en lo alto de la amplia escalera de mármol, bajó de inmediato para recibir a Sasha apenas la vio. Sasha le hizo una elegante reverencia.


—Gracias por la invitación, Baronesa. La última vez que la vi fue en la fiesta de cumpleaños. ¿Ha estado bien?

—¡Ah, claro que sí! ¡Pasa, por favor! ¡El sol aquí es muy fuerte!


Sasha accedió con gusto a la invitación de la Baronesa y la siguió. Aunque sentía gratitud por la amabilidad de la Baronesa, que la recibía con la misma calidez que la última vez, también se sentía un poco mal.


—Viniendo para acá, me di cuenta de que hay mucha más gente que otros años.


Sasha dijo, recordando la fila de carretas que había visto en el camino. La Baronesa, que charlaba alegremente sobre la comida, se quedó en silencio. Luego, con una expresión de disculpa evidente, se giró hacia Sasha.


—…Ah, sí. Este año, en particular… mucha gente ha venido de lejos. Pero, Señorita Grayson, no se preocupe. A la gente que no conocía a los miembros, les pedimos cortésmente que se fueran.


Aunque la Baronesa también había visto la noticia, seguía llamando a Sasha "Señorita Grayson". Sasha lo agradeció de verdad, pero al mismo tiempo le pareció un poco amargo.


Cuando Sasha solo le sonrió sin responder, la Baronesa se detuvo y se acercó a su lado. 

Y la tomó del brazo, como en señal de apoyo.


—Hay algunos… periodistas. Pero como sabes…

—No se preocupe, Baronesa. De por sí, los periodistas del semanario local siempre vienen. Más bien, gracias por su preocupación. De verdad.


La Baronesa se quedó mirando a Sasha sin responder por un momento. Su rostro mostraba una mezcla de emociones. La compadecía, pero al mismo tiempo, le preocupaba y quería preguntarle si la noticia era cierta.

Ya habían entrado a la casa de verano. Pasaron por un pasillo con paneles de nogal y se dirigieron al salón de baile, donde se celebraría la fiesta.

La Baronesa debía volver a la entrada para recibir a los siguientes invitados. Sasha, con una sonrisa cortés, se soltó de su brazo.


—De verdad, gracias, Baronesa.


Y, después de hacer una reverencia, entró sola al salón de baile.

Todavía faltaba mucho tiempo para que comenzara el evento. La mayoría de los invitados aún no habían llegado. Sin embargo, ya había cerca de un centenar de personas en el salón. Sasha entendió por qué la Baronesa había dudado tanto. Había bastantes caras desconocidas. Había muchas personas que, por lo general, no se interesaban por este tipo de eventos benéficos.

La gente que estaba cerca de la puerta la miró en cuanto entró, como si la hubieran estado esperando. La gente que estaba más lejos le dio un codazo o un toque en el hombro a la persona de al lado para que miraran hacia la entrada.

La curiosidad extraña se extendió por todo el salón como una ola. Sasha no llevaba ni diez segundos allí, y ya todos la estaban mirando.

Como ya había pasado por una situación similar, fue mucho más fácil de soportar. Sasha miró a la multitud con calma, sin mostrar ninguna expresión.












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Finalmente, el evento comenzó. El salón estaba lleno de gente, parecía que había el triple de personas que el año pasado.

Por un momento, todos se quedaron mirando a Sasha, pero luego, como si nada hubiera pasado, se volvieron a sumergir en sus conversaciones. Afortunadamente, esa atmósfera extraña no duró mucho. Después de unos diez minutos, Barón Harold subió al escenario y dio un breve discurso de apertura, presentando a la hija de una de las damas, que parecía tener unos quince años.

La chica sonrió tímidamente, saludó y se sentó al piano para dar una pequeña presentación. La atención de la gente se centró en ella.


—Toca muy bien, ¿verdad?


Dijo Señorita Luton, que estaba junto a Sasha. Sí, Señorita Luton estaba al lado de Sasha.

La asistente más leal de la duquesa se acercó a Sasha en cuanto la vio sola en el salón, como si hubieran quedado en encontrarse allí. Las damas del club que se disponían a hablarle se dieron la vuelta sin decir nada.

Sasha escuchó la torpe y dulce melodía de la joven y sonrió.


—Sí. Por cierto, ¿quién la invitó, Señorita Luton?


Señorita Luton sonrió con calma y respondió.


—Barón Harold es pariente de mi tía. Tuve el descaro de preguntarle si podía acompañarla.


Sasha sonrió sin decir nada.

Señorita Luton le devolvió la sonrisa.


—Oh, sí. En realidad, fue idea de la duquesa. Parece que ya se lo imaginaba. No se preocupe, Señorita Grayson. No vine a averiguar si el rumor es verdad.

—Entonces, ¿por qué vino?

—La duquesa me pidió especialmente que la acompañara. Me envió porque está "preocupada" por usted.

—¿Ah, sí? ¿Eso es todo? ¿O vino para llevarme con usted cuando termine este evento?


Ante la pregunta tan directa de Sasha, Señorita Luton no se inmutó y sonrió.


—Eso también es verdad. La duquesa quiere hablar largo y tendido con usted sobre ese asunto. Ah, pero no es una obligación. Solo es una sugerencia.


Antes de que Señorita Luton pudiera decir algo más, el concierto de piano terminó y el Barón volvió al escenario.


—Señoras y caballeros, ahora daremos inicio a la subasta benéfica. Los fondos recaudados hoy serán donados a los orfanatos de Goldington y de los alrededores.


La gente escuchó en silencio.

Señorita Luton también se calló.

Detrás del escenario había una chimenea, y a su lado se exhibían los artículos de la subasta. Había antigüedades como una tetera, una caja de joyas de un país lejano, y un jarrón de cristal de un famoso artesano. Entre ellos, se encontraba el viejo violín que Sasha había traído.


—La primera persona en donar un artículo es Condesa Sumbarland.


Con la presentación del Barón, una anciana que parecía ser bastante mayor subió al escenario. Después de que saludara brevemente, unos sirvientes se movieron en silencio y trajeron un exhibidor con un broche de diamantes.


—Buenas noches, señoras y caballeros. Soy Eleanor Marsi, Condesa Sumbarland. Este broche me lo regaló mi abuela cuando visitó Goldington…


Cuando la anciana comenzó a describir el artículo con voz ronca, una mujer se acercó a Sasha y le dijo:


—Señorita Grayson, usted es la tercera en la lista.


Sasha estaba a punto de asentir, cuando Señorita Luton la agarró por el hombro y le dijo:


—¿Hay necesidad de que suba? Deje que otra persona lo presente. De todos modos, la "subasta" es el objetivo principal.


La mujer pareció un poco sorprendida por el rechazo tan directo de Señorita Luton y miró a Sasha y a ella, alternativamente.

Señorita Luton, por el contrario, la miró de reojo, como si estuviera molesta por su falta de tacto.


—Solo la tratarán como si fuera un espectáculo. ¿Usted no entiende que la situación es especial? Teniendo en cuenta la situación de Señorita Grayson…

—No.


Sasha la interrumpió, antes de que Señorita Luton se extralimitara con su supuesta ayuda.


—Seguiremos con el plan. No se preocupe.

—Pero, Señorita Grayson…


Sasha dijo sin mirarla.


—Este evento se ha estado preparando desde hace meses. No puedo causar problemas ahora. Sería muy injusto con el Barón y la Baronesa, que me recibieron con tanta calidez.


El rostro de Señorita Luton, que se había arrugado por la preocupación, de repente se volvió inexpresivo. A Sasha no le importó, y soltó su brazo.


—Será mejor que me acerque. Fue un gusto verla, Señorita Luton.

—....…

—Por favor, también salude a la duquesa de mi parte.


No volvió a usar el título de "tía", como si nada hubiera pasado.

Sasha le dio la espalda, sin esperar su respuesta, y siguió a la mujer.

Al acercarse al escenario, la primera subasta ya estaba terminando. El broche de Condesa Sumbarland se vendió por 300 ond.

Luego fue el turno de la segunda participante. Sasha se sentó en una silla que le había dado un sirviente y esperó su turno con calma.

Sintió cientos de ojos sobre ella, incluso sentada. A pesar de que la persona que subía al escenario era otra, tuvo la ilusión de que toda la gente la miraba, preguntándose si de verdad pensaba subir.

.....…Tal vez no era una ilusión.

Volvió a sentir mareo. Sasha se agarró las manos y respiró hondo. Pero en lugar de calmarse, su corazón latía más rápido.

Sintió que si subía allí, alguien la señalaría y le gritaría "¡Estafadora!".

Aunque era poco probable.

....…O tal vez sí.


—Señorita Grayson.


El haber pasado por esto antes no la había vuelto valiente. Sí. Era más soportable que antes, pero no podía ser tan descarada.

Sasha levantó la cabeza.


—Es su turno.


El Barón la miró con una expresión que parecía decir que se sentía mal por tener que pedirle que subiera.


—¿Está bien? Podríamos cambiar su turno…

—No. Estoy bien. Agradezco su consideración, pero estoy bien.


Sasha se levantó de la silla y se dirigió lentamente al escenario.

Y finalmente se paró frente a un centenar de personas que la esperaban en silencio.

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