Anillo Roto: Este matrimonio fracasará de todos modos 384
El río fluye hacia el mar, pero no logra llenarlo (50)
—…Su Majestad Cayetana.
La figura de la Emperatriz, tendida lánguidamente en el diván junto a la ventana, era tan lúgubre como la de un cadáver. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Isabella dudó por un momento, tratando de calcular, luego sacudió la cabeza. Casi había perdido la noción del tiempo.
Cada día era simplemente largo. Los días eran tormentosos y las noches, eternas. En eso, Cayetana y ella no debían ser muy diferentes. Una madre que perdía a un hijo no tenía otra opción. Isabella miró los ojos de Cayetana, que parpadeaban lentamente, con un atisbo de compasión.
Por supuesto, Óscar… el solo escuchar cómo había muerto todavía le provocaba una aversión que le erizaba la piel. Sin embargo, su madre, Cayetana, había perdido a su único hijo de la manera más miserable posible, de la noche a la mañana. O la más desgarradora, humillante, dolorosa. Trágicamente. Tan de repente.
Aun así, en lugar de clamar por justicia, era patético que lo único que pudiera hacer fuera murmurar para sí misma, limitándose a: "Por muy odioso que haya sido, no merecía morir así. Hasta ese punto…".
La vergüenza y el desprecio que uno debía tragar solo en un mundo donde nadie entendía su dolor interior. Un recuerdo devastador.
—…Para aplacar la ira, la destitución… la consideré el mismo día que tu hijo murió, Isabella. Pero. Pero él no mató a Kassel, ¿o sí…?
—…….
Su voz, ahogada, era ronca. Cayetana murmuró, mirando fijamente el techo.
—Para empezar, él ni siquiera la violó de verdad. Aunque lastimó a Inés… sí, hubo un accidente desafortunado, pero tampoco la hirió de gravedad, ¿verdad? No hizo algo que mereciera la muerte… de verdad, así fue. ¿Qué más hizo, aparte de eso? Inés ni siquiera perdió a su bebé. ¡Ni siquiera fue la intención de Óscar! Óscar solo cayó en una trampa… en una trampa…
Otra vez, no hay forma de salir… Isabella. Isabella… Oh, esto es una trampa demasiado horrible… No hay salida. No hay forma de traer de vuelta a mi Óscar… Sus murmullos no tenían alma. Isabella pensó que Cayetana parecía un juguete de cuerda estropeado.
Inés se había hecho tanto daño a sí misma para matar a ese monstruo, ¿y ahora revivirlo? Ni en sueños. La última pizca de compasión que flotaba en los ojos de Isabella, mientras miraba a la única hermana de su esposo, se desvaneció lentamente.
Ese bastardo, de cualquier manera, debía morir. Tenía que desaparecer de este mundo.
—…Ay, lo que quiero decir, Isabella, es que Óscar no quería hacer eso… es la verdad… Mira, estaba completamente fuera de sí, solo balbuceando tonterías como: "¿Inés murió?". Lo sé. Es asqueroso, la esposa de su primo. Pero él nunca tuvo la intención de lastimar a Inés. A una mujer a la que deseaba tanto, no la haría sangrar, ¿o sí…?
—…Claro que sí, Su Majestad Cayetana.
¿Qué más hizo? Esa noche, en Vida Nueva, sin importar cuán fuera de sí estuviera Óscar, o qué era verdad y qué mentira, nada cambiaba en la mente de Isabella.
Aunque la espada que hirió el cuerpo de Inés no hubiera estado en sus manos, ¿quién había hecho que Inés tomara la espada? ¿Quién había codiciado a la esposa de su primo en primer lugar? ¿Y de quién eran las manos que empujaron a su propio hijo al campo de batalla?
Al final, fue el detonante de su muerte. Kassel finalmente murió. Y no solo eso. Su tío materno, quien la había cuidado más que sus propios padres, incluso se había manchado las manos intentando matarla.
Antes de recibir la noticia de la muerte de Kassel, solo de pensar en Juan, postrado en cama, le subía un sabor amargo a la boca. La idea de que, por mucho que se recuperara, nunca volvería a ser el hombre fuerte de antes, la atormentaba tanto que no podía dormir. Y ahora.
Ahora, le quedaban pocos sentimientos que pudieran llamarse tales. Lo único que impulsaba a Isabella cada instante, incluso después de perder a su hijo, era una obligación obsesiva de proteger a la familia restante de Escalante y una pizca de esperanza. Los hijos de Escalante que, a pesar de todo el dolor y las dificultades, habían logrado germinar dentro de Inés. Esas esperanzas desgarradoras.
Pensar en ellos le hacía darse cuenta de que Escalante aún tenía un futuro por delante. Una madre que había perdido a su hijo se veía obligada a reflexionar sobre el futuro.
Podría encontrar a Kassel de nuevo en esos niños. Inés lo había protegido a costa de su propia vida, así que, por favor, cuando vinieran al mundo, que no tuvieran obstáculos y vivieran en paz.
Isabella quería compensar con ellos lo que no había podido proteger en la infancia de Kassel. Deseaba que el mundo fuera perfecto para ellos. Pensando en la pobre Inés, que aún no aceptaba la muerte de su esposo, no había nada que no hiciera por ella y sus hijos.
Así que, ¿sería difícil abrazar a Cayetana? Isabella limpió cuidadosamente el rostro húmedo de Cayetana con un pañuelo y la abrazó con un toque que simulaba gran afecto y preocupación.
—Ese dolor, yo lo conozco mejor que nadie.
—Uhm, snif…
—Cayetana. Entiendo todo su dolor. Así como usted entiende el mío. Después de todo, ambas somos madres que han perdido a un hijo… ¿No es así?
Arrastrada impotentemente por esas palabras y ese toque, Cayetana derramó lágrimas distraídamente sobre el hombro de Isabella, hasta que de repente fijó sus ojos en Isabella con una extraña concentración.
—…Todo fue una artimaña de esa ramera de Barça. Dicen que odiaba tanto a Inés, que hasta planeó envenenarla…...
Esto también es como el sonido de un reloj averiado. Un sonido roto que se repite sin cesar, una y otra vez. Isabella asintió como si lo supiera todo.
Antes de que Cayetana repitiera eso, en realidad fue Isabella quien más susurró el nombre de Alicia en su oído. Cayetana. La muerte de su hijo, que fue tonto pero desafortunado, fue toda culpa de esa hija de Barça. Óscar no tenía por qué haber muerto así ese día…
Fue esa misma mano la que dejó a Óscar indefenso desde el principio. Fue esa malvada. Ella fue quien puso un espíritu maligno dentro de Óscar… Yo no guardo ningún rencor a Óscar. Al contrario, me da lástima. Entiendo su desgarrador pesar hasta la médula. Cayetana, a su único hijo, su futuro, el hijo que podría haber sido emperador.
Alicia Barça le arruinó la vida entera, a usted que se hubiera convertido en madre emperatriz… Todas las armaduras que parecían cubiertas de espinas se hicieron añicos, y esas palabras se implantaron y se volvieron a implantar en la cabeza de Cayetana, ahora tan frágil.
Un objetivo se fortalece cuando es uno solo en lugar de muchos, y el adoctrinamiento siempre es más rápido cuando se toma prestada la voz de alguien más que cuando se hace uno mismo. Porque entonces, cualquier cosa que se le añada nunca se considerará una cuestión de emoción, sino un hecho estricto.
Si todo es un hecho, entonces ser cruel con "eso" es simplemente justo, no importa cuán cruel sea.
‘……Que la Emperatriz lamente al Príncipe Heredero ya muerto es solo una pérdida de tiempo para nosotras, y que se enemiste con su esposo cruel y cobarde no nos ayuda en lo absoluto. Que se vuelva loca razonando no tiene sentido para nosotras. Isabella.’
‘Entonces.’
‘La ceguera vertida en uno solo. Sin importar cómo gire el resto del mundo, fuera de eso, simplemente correr hacia eso y solo eso. Es algo parecido a colgar carne cruda en la cabeza de un perro de caza hambriento con un palo largo.’
‘…Por lo tanto, no importa cuánto corra tras ello.’
‘Sí. Solo ve eso y corre hasta la muerte, pero la boca del perro nunca tocará la carne. Cuanto más hambriento esté, más rápido correrá, más sediento estará, y más desesperadamente jadeará como si fuera a morir, pensando que comerá eso con la cabeza llena de aire.’
‘…….’
‘Ella también, cuanto más libere el odio, más grande será el odio que la envolverá, y no le importará lo que suceda a su alrededor… Y aunque al final no haya una resolución, si hay algo que pueda odiar, atormentar y destruir, podrá soportar ‘lo que sea que pase a partir de ahora’.’
‘…….’
‘Por ejemplo, incluso si el hijo de una sirvienta humilde, que se creía eliminado hace mucho tiempo, aparece y le arrebata toda la gloria que le correspondía a su propio hijo.’
Isabella recordó la voz serena de Inés y mostró su apoyo incondicional al odio que Cayetana rumiaba sin cesar.
‘Incluso si vive con la humillación de aceptar a ese bastardo como su propio hijo, por favor, sea considerada con Lady Cayetana para que pueda consolarse y vivir pensando que, al final, fue una elección razonable para ella misma.’
‘¿Consideración?’
‘Dijo que no quería que yo me acercara a ella directamente porque era perjudicial para los niños en su vientre… En cierto modo, Isabella, usted era la persona más adecuada desde el principio. Usted le debe, en cierto modo, una deuda.’
‘Eso ya no importa. Son años que ya pasaron. Lo que Cayetana me hizo toda su vida no tiene ningún significado. Solo que.’
‘Lo más sensato para el duque es abandonar a su hermana tal como está. Por supuesto, eso también será bueno para la salud de Juan. De esa manera, la emperatriz pensará que ha perdido a su único hermano de forma desafortunada, que no le queda nada… Cuanto más piense eso la emperatriz, mayor será el control de Isabella sobre ella.’
‘…….’
‘Pero cuando la vida sea demasiado humillante, cuando presencie que ese se convierte en príncipe heredero y luego en emperador… ella revisará dónde comenzó todo lo que salió mal en su vida y volverá a buscar a la hija de Barça. Con un odio que no se apagará por mucho tiempo que pase. Así seguirá, repitiéndose hasta que uno de los dos muera….’
‘…Hasta morir.’
‘Sin embargo, si alguien la acaricia de vez en cuando, le gustará el contacto. Un perro no puede pensar quién lo hizo pasar hambre.’
‘…Inés, en serio.’
‘¿No es un pensamiento apropiado para quien lleva dos niños en su vientre? Pero nosotras no haremos “nada”, ¿verdad? Isabella.’
‘…….’
‘Somos las impecables Escalante. Solo tenemos que observar cómo se destruyen a sí mismos. ¿Acaso no hay nada más vano que vivir aferrado a algo que nunca se podrá lograr? Especialmente cuando menos valor tiene eso en la propia vida.’
‘…….’
‘Eso es todo lo que le queda a la emperatriz. Así es como debe mantener su posición como emperatriz de Escalante.’
‘Pero Alicia Barça. ¿Qué hay de todo lo que te ha hecho esa malvada? Yo, más que Cayetana o cualquier otra cosa, ahora esa ramera de Barça… No me cabe en la cabeza que Alicia Barça siga tan campante después de que el príncipe heredero muriera así. Colgarla en la horca ahora mismo no sería suficiente…’
‘Bueno, ¿cree usted que ella está “tan campante” en este momento?’
‘…….’
‘Yo pienso un poco diferente, Isabella.’
Ese día, la sonrisa de Inés solo mostraba una certeza inquebrantable.
‘Yo, en su lugar, elegiría morir ahorcada. No creo que vivir toda la vida como un trozo de carne colgando de un palo sea mejor que la horca. Aunque, claro, eso es cuando se puede elegir…’
‘…….’
‘Un trozo de carne generalmente no tiene elección.’
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