LASDLHDAHR 32





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 31


En tu corazón, ¿qué imagen tengo yo?


Traduccion: Asure


—Pero en aquel entonces, Xixi… no quedó ni un rastro de sus restos.


Al caer esas palabras, un silencio sepulcral envolvió el ambiente.

Mu Yunzhi apretó la mandíbula y, de un gesto brusco, arrebató el trozo de tela que Shen Tui sostenía.

Era un fragmento pequeño, casi completamente carbonizado, del que solo quedaba un retazo con el color y textura originales.

El bordado que aún se distinguía era, sin duda, Shui Yun Hen: una técnica legendaria, perdida hace siglos en el mundo mortal.
Asure: 水云痕 : Shuǐ yún hén = Marca de Agua y Nube .... como empezaré a traducir, lo dejaré como tal, no traducido (es nombre propio), para diferenciar el contexto

Xixi había visto una vez el patrón de Shui Yun Hen en su juventud y quedó fascinada.

Aquella bestia onírica, para complacerla, pasó años estudiando antiguos manuscritos que mencionaban el bordado, hasta que finalmente logró recrearlo.

Desde entonces, todos los vestidos de Xixi llevaban el Shui Yun Hen.

Con las pupilas temblorosas, Mu Yunzhi preguntó, arrastrando cada palabra:


—¿Qué intentas decir?

—Quien estuvo aquí antes era discípula de la Bestia de Pesadillas. Así que hay dos posibilidades.


respondió Shen Tui con frialdad.


—Primera: la bestia nos engañó de nuevo, urdiendo esta escena para vernos enloquecer y humillarnos.

—Imposible.


negó Mu Yunzhi de inmediato.


—Por mucho que nos odie, jamás ha jugado con lo que ocurrió con Xixi. Sería más creíble que sus discípulos, por descuido, hubieran echado al fuego alguna prenda que la bestia le hizo… pero ella nunca volvió a tomar una aguja tras la muerte de Xixi.


Shen Tui esbozó una sonrisa burlona:


—Vaya confianza que le tienes a esa criatura.


Mu Yunzhi lo miró con frialdad y, de pronto, desenvainó su espada apuntándole.

Shen Tui, indiferente, apartó la hoja con un gesto y dijo con voz gélida:


—Entonces solo queda la segunda posibilidad.


Aunque su tono era calmado, sus manos temblaban incontrolablemente, su voz cargaba un dejo de locura:


—¿Y si… Xixi ha vuelto a la vida?


Al oírlo, la máscara de serenidad de Mu Yunzhi se quebró. Instintivamente, alzó la espada contra el cuello de Shen Tui, desprendiendo una aura asesina.

Lo miró con los ojos desencajados, escupiendo cada palabra:


—¡Shen Tui! ¿Sabes lo que dices? ¡Nunca ha habido resurrecciones en el mundo cultivador! ¿Por qué sugieres esto? ¿Qué más sabes? ¡Habla claro, o te mataré aquí mismo!


Su mente era un torbellino. La razón le decía que resucitar era imposible: era más plausible que alguien hubiera robado las pertenencias de Xixi y ahora pretendiera engañarlos.

Volver de la muerte… era una afrenta al cielo y la tierra.

¿Cómo podría alguien muerto doscientos años regresar al mundo de los vivos?

Pero sus dedos temblaban. Clavó la mirada en Shen Tui, exigiendo una respuesta que sabía absurda.

Shen Tui, como si no sintiera el filo en su garganta, giró el cuello, rozando la hoja hasta dejar un fino hilo de sangre, pero sin inmutarse.

Con expresión desquiciada, habló a toda prisa:


—Hace dos meses… mis hombres capturaron a un cultivador demoníaco que huía de su clan. Era un antiguo guardia del Señor Demonio. Cuando lo atrapamos, ya estaba loco. Solo gritaba una cosa. No pudimos interrogarlo… pronto se suicidó. Mu Yunzhi… ¿quieres saber qué gritaba?


La voz de Mu Yunzhi sonó áspera:


—¡Habla!


Shen Tui alzó la mirada:


—Gritaba: «Resucitar a los muertos… es una afrenta al Cielo y la Tierra».


La mano de Mu Yunzhi, habituada a empuñar espadas, vaciló por primera vez. La hoja estuvo a punto de caer.

Con una expresión extraña y voz desquiciada, Shen Tui añadió:


—Mu Yunzhi… ¿crees que esa persona… intentaba revivir a Xixi?















⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
















El Festival de los Fantasmas acababa de pasar, el aire aún olía a ceniza y restos de papel quemado.

Nian Chaoxi arrugó la nariz. Su olfato, demasiado agudo, la traicionó con un estornudo.

A su lado, una mano le tendió un pañuelo limpio. Lo tomó con un murmullo de agradecimiento, pero no lo usó.

Apretó la tela entre los dedos y contempló la imponente puerta de Ciudad Yuejian a lo lejos, sumida en un raro aturdimiento.

Solo Yan Weixing la acompañaba.

A 50 millas de la ciudad, había inventado una excusa para bajarse de la nave voladora de Nianxi y los demás, evitando entrar con ellos.

Los jóvenes, aunque renuentes, creyeron que su camino era distinto. Pero apenas su nave cruzó las murallas, ella y Yan Weixing los siguieron en secreto.

Quería visitar la ciudad, sí, pero llegar como invitada de los discípulos de la Academia Duheng… habría cambiado todo.

Con su devoción por la Bestia de Pesadillas y su entusiasmo, sin duda la habrían arrastrado ante ella. Y Nian Chaoxi… aún no sabía si estaba lista para enfrentar a sus antiguos conocidos.



'El corazón se encoge al acercarse a la patria; no osas preguntar por los que quedaron'



Ese verso la describía perfectamente.

Suspiró, abrumada.

A su lado, Yan Weixing también observaba la puerta de la ciudad cuando preguntó de pronto:


—¿Xixi vivía aquí antes?


Ella abrió los ojos, sorprendida:


—¿Lo recuerdas?


Él negó, inesperadamente:


—No. Solo… siento que debiste haberlo hecho.


Nian Chaoxi no pudo evitar una sonrisa irónica.

¿Qué clase de contradicción era esa? ¿Olvidar todo sobre sí misma, pero recordar detalles de ella?

Meneó la cabeza, pero entonces él preguntó:


—¿Tienes miedo de entrar?


Ella se quedó inmóvil.

Tras un momento, respondió:


—No. Es solo que… no sé si debo mostrarme ante quienes me conocieron.


¿Debe un muerto regresar, cuando los vivos ya han aceptado su partida y siguieron adelante?

Un velo de confusión la envolvió.

200 años la separaban de este mundo. Desde su regreso, todo lo que veía y oía le mostraba vidas nuevas, ajenas a ella. ¿Dónde encajo ahora?

Por primera vez desde su resurrección, se sintió perdida.


—Xixi.


la llamó Yan Weixing de pronto.

Al volverse, lo vio hacer un seal con las manos.

Ella no se defendió. El hechizo la rozó como una brisa de energía etérea, demasiado rápida para captarla. Pero entonces, notó un cambio sutil en su rostro.

Se tocó la mejilla, instintivamente.

Un espejo apareció frente a ella.

La reflejaba con las manos sobre el rostro, el ceño ligeramente fruncido.

Nian Zhaoxi abrió los ojos como platos y bajó las manos de golpe.

El reflejo era el suyo… pero ya no se parecía en nada a ella.

Cuando Nian Chaoxi se despertó esa mañana, había mirado su reflejo en el espejo. En aquel momento su rostro ya había cambiado, aunque aún podía verse un leve rastro de su apariencia anterior entre las cejas y la mirada. Pero ahora... ni siquiera quedaba sombra de lo que fue. En el espejo, lo que se reflejaba era un rostro completamente desconocido.

A un lado, Yan Weixing le explicó:


—Es solo una pequeña técnica de alteración facial. Mientras esté activa, nadie de tu pasado podrá reconocerte. Si no deseas que te vean, puedes pasearte libremente por la ciudad con este rostro. Y cuando quieras volver a ser tú, simplemente me avisas y la desharé.


Nian Chaoxi se tocó la cara con curiosidad. Incluso la confusión que sentía en el pecho pareció disiparse en ese instante.

Tras un breve silencio, recordó algo y levantó la cabeza de repente:


—Si es así, entonces Maestro Daoista Yan, tú también deberías cambiar tu apariencia.


Yan Weixing se mostró desconcertado:


—¿Acaso aquí hay alguien que me conozca?


Chaoxi sonrió con los ojos entrecerrados y asintió.

Él pareció comprender de pronto:


—Ah, claro. Soy tu prometido. Si antes vivías aquí, es normal que yo haya venido a buscarte en algún momento. Que alguien me reconozca no es raro.

—...…


Bah, ya ni le sorprende. Se está acostumbrando.

Suspiró con resignación, mientras Yan Weixing, convencido de su lógica, asentía satisfecho y se formaba un nuevo gesto con la mano.

Su rostro apuesto, de rasgos marcados, se suavizó sutilmente.

Chaoxi lo miró con interés, hasta que de pronto lo llamó:


—A-Xing.


La mano de Yan Weixing se detuvo. Tardó un momento en darse cuenta de que lo había llamado a él.

Abrió los labios, y respondió en voz baja:


—Mm…...


Fue tan bajo que ni siquiera logró ocultar lo acelerado de su corazón.

Pero Nian Chaoxi sí lo oyó. Alzó una ceja y dijo:


—Entonces de ahora en adelante te llamaré A-Xing. No olvides que cuando escuche ese nombre, eres tú a quien llamo.

—Yo… claro que lo recordaré.


Levantó la cabeza, cuando estaba a punto de pedirle que lo llamara otra vez, un bullicio interrumpió sus palabras.

Los dos voltearon al mismo tiempo. No muy lejos, se acercaba un grupo numeroso de personas. Hombres y mujeres, todos con el mismo uniforme, pero el que lideraba vestía con excesiva ostentación. Su porte era arrogante, rodeado por una comitiva que lo escoltaba directo hacia Ciudad Yuejian.

Aunque Yuejian siempre estaba llena de mortales y cultivadores de paso, al ver al grupo todos se detuvieron. En sus rostros cruzaba una evidente expresión de desagrado.

Uno de los cultivadores que estaba más cerca apretó los dientes y murmuró:


—Esa Ciudad Hexia… ¡de verdad que cuando se alzan, se vuelven insoportables!


¿Hexia?

El nombre resonó con fuerza en la mente de Nian Chaoxi.

Ahora que tenía un rostro irreconocible, no temía que alguien la descubriera, así que se acercó con disimulo.

El mismo cultivador continuó, y su compañero le respondió con resignación:


—Tampoco se puede hacer mucho. Antes la tía Yan podía controlarlos, pero ahora que está gravemente herida y en reclusión, justo empieza el torneo trienal de la Academia Duheng… dicen que vienen a participar. ¿Cómo puedes negarles la entrada sin dejar en vergüenza a Yuejian?


Chaoxi se quedó en blanco.

¿La tía Yan está herida y en reclusión?

¿Yan’er?

¿Qué pasó con ella?

¡Nianxi y los demás nunca le dijeron nada!

Claro… si no hubiera estado herida, ¿cómo habría dejado que un discípulo fuera en su lugar al Festival de los Fantasmas?

¡¿Cómo no se dio cuenta antes?!

La frustración le cruzó los ojos.

Los dos cultivadores seguían hablando. El primero, indignado:


—Jamás había visto una ciudad tan descarada. ¡La Academia Duheng abre el torneo para dar oportunidad a los jóvenes del mundo de la cultivación, ellos vienen con toda una ciudad! ¡Qué vergüenza!


El otro negó con la cabeza:


—¿Y no viste el rumor? Dicen que la copia del Mapa del Dios de la Guerra está guardada en la Academia. Es absurdo, claro, pero hay idiotas que se lo creen. Como el joven Señor de la Ciudad de Hexia, ese idiota, que vino arrastrando a todos con él.


Chaoxi no pudo evitar intervenir:


—¿Perdón, Maestros Daoístas… no se supone que el joven Señor de la Ciudad de Hexia murió?


Ella lo recordaba perfectamente: antes del Asedio de los Diez Mil Demonios, el joven maestro había muerto repentinamente.

Ambos la miraron. Al ver su rostro extraño, no sospecharon nada y respondieron:


—¿Hablas del de hace 200 años? Ese ya está bien enterrado. ¿Acaso no puede tener hijos? Este es el nuevo joven maestro, ni siquiera ha cumplido los 20. Sus padres lo miman tanto que ya no distingue el cielo del suelo.


Chaoxi asintió, comprendiendo al fin.

Y en ese mismo momento, tomó a Yan Weixing del brazo y lo arrastró directo a la ciudad.

Yan Weixing la miró, desconcertado:


—¿Xixi? Pero si hace un momento no querías entrar…


Chaoxi respondió con total lógica:


—¡Yan’er ha sido acosada! ¡Qué descaro! Esa Ciudad Hexia aprovechando que está herida para maquinar contra Yuejian… en 200 años no han aprendido nada, solo les ha crecido la osadía.


Yan Weixing la miró con expresión complicada:


—¿Xixi… lo haces por la señorita Yan?


Chaoxi respondió con firmeza:


—Ella ha estado a mi lado todos estos años. No voy a permitir que nadie la humille.


Weixing bajó la mirada.


—Ya veo…


Su voz era tan baja que parecía dolida.

Chaoxi lo miró de reojo. El gran Maestro Dao a su lado parecía desanimado, con las cejas caídas y un aire de amargo resentimiento.

¿Qué le pasa?

Antes de poder preguntar, lo escuchó decir, como si le costara cada palabra:


—Xixi… además de Yan, ¿hay alguien más que esté por delante de mí?


Su tono era cauteloso, casi suplicante.


—???


Al ver que no respondía, él hizo una pausa y luego, más serio aún, preguntó:


—Al menos… ese antiguo prometido tuyo… en tu corazón, ¿no sigue estando por encima de mí?

—!


Al fin entendió lo que quería decir, y explotó:


—¡¡Está enterrado!! ¡Enterradísimo! ¡Maestro DaoYan! ¿Qué imagen tienes de mí en tu corazón?

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