INTENTA ROGAR 168
Volumen VII - EXTRAS : Una carta sin sentido
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Querida Grace:
Eso suena demasiado formal, ¿no crees? Entre tú y yo no hace falta tanta ceremonia.
Hola, Grace.
Ese dÃa, seguramente te preguntaste por qué no dije nada.
¿Será que a estas alturas ya descubriste la respuesta por ti misma?
Estoy escribiendo esta carta junto a la ventana, desde donde puedo ver el palacio real, el que siempre fue nuestro objetivo final.
Ahora está en calma, pero hace apenas unos dÃas, las calles estaban llenas de manifestantes.
El trono está vacÃo. Pronto será solo una reliquia del pasado, algo que ya nadie ocupará.
Guiar la revolución en la dirección que querÃa no fue fácil, pero iniciarla, en cambio, no fue complicado.
Solo hacÃa falta una chispa en un almacén lleno de polvo:
el pueblo ya estaba harto del sistema.
La monarquÃa era, de todos modos, una costumbre obsoleta destinada a caer.
Y como alguien tenÃa que encargarse de eliminar ese estorbo antes de que se convirtiera en un problema aún mayor…
Supongo que eso me convierte en un héroe, ¿no?
Te hablo de esto porque el periódico que tengo sobre el escritorio me llama "el héroe de la revolución" en su portada.
Tú ya habÃas sospechado que estaba tramando algo, ¿verdad?
¿Cómo se siente finalmente descubrir de qué se trataba?
Casi puedo escuchar tu voz gritándome "loco" desde el otro lado del mar.
Curiosamente, fue lo mismo que me dijo Jerome cuando le conté mi plan.
Me preguntó si de verdad podÃa hacer algo asà solo por un sentido de justicia.
Por un momento pensé que decÃa algo sensato, pero después empezó a decir tonterÃas: que si era por rencor hacia el rey y el archiduque, que si les guardaba odio…
Qué absurdo.
Esos tipos ni siquiera merecen algo tan humano como el rencor.
Lo que no soporto es ser dominado.
Y ellos pretendÃan ponerme una correa al cuello y tratarme como a un perro.
Asà que quise dejarles bien claro, una última vez, cuál era el verdadero orden de las cosas.
Por cierto, al final sà fui a buscarlo.
El rey me miró como si hubiera visto un fantasma.
Entró en un estado de confusión total, llorando de miedo, convencido de que ya estaba muerto.
Patético.
Y más patético aún es el mundo que alguna vez lo consideró digno de ser su lÃder.
Claro que sÃ, ¿quién podrÃa ser más tonto que Jerome Winston?
Me preguntó qué clase de loco empieza una revolución con su propia muerte.
Pues mÃrame bien, imbécil, lo tienes justo delante.
DecÃa que era una lástima desperdiciarse asÃ, que si salÃa al frente y lideraba la revolución yo mismo, podrÃa quedarme con el poder.
Pero yo querÃa conservar el cuello, ¿sabes?
Ese tipo claramente dormÃa en clase de historia.
¿Acaso no sabe que casi todos los gobiernos que nacen justo después de una revolución acaban derrumbándose?
Y los que encabezaron esas revoluciones, si no murieron de forma miserable, vivieron aún peor.
Entonces, ¿por qué demonios habrÃa yo de meterme solo en un campo minado?
Nacà noble, vivà como un monstruo y moriré como un héroe.
Y después… quiero vivir como un hombre común.
Siempre he soñado con arrancar de raÃz tanto a la monarquÃa como a los rebeldes, borrar todo, dejar la tierra limpia y empezar desde cero.
No es algo que suene a mÃ, ¿verdad? A León Winston.
Pero es gracias a ti.
Asà que, pensándolo bien, quien de verdad merece ser llamada la heroÃna de esta revolución… eres tú, Grace Riddle.
Amor mÃo, ¿no sientes tú también esa repulsión por los culpables de convertir nuestras vidas en un infierno?
A veces pienso que, si no arrancamos esas raÃces por completo, nos perseguirán incluso en nuestra nueva tierra.
Pero Jerome no puede entender por qué aplasto con tanto empeño a los rebeldes, a los monárquicos, incluso al ejército.
Tú sà lo entiendes. No necesitas que te lo explique.
Aunque, claro, eso no significa que no quieras darme un buen puñetazo.
¿Puedo decirte algo con total sinceridad?
Hasta eso extraño ahora… incluso tus golpes.
SabÃa que me costarÃa dejarte ir.
Mi cabeza entendÃa que era lo correcto, pero mi cuerpo y mi corazón se negaban a separarse de ti.
Sin embargo, en el momento en que me saludaste desde el balcón del camarote, toda la tristeza desapareció.
Me sentÃ… libre.
Quien está escapando de este infierno no soy yo, pero mi corazón latÃa como si fuera el que se marchaba.
Tú claramente te estabas despidiendo de mÃ, aun asÃ, no se sentÃa como un adiós, sino como el comienzo de algo nuevo.
¿Tú también lo sentiste as�
¿Te divertiste en la fiesta?
Me dio pena no poder ver más que en blanco y negro, cómo te veÃas con el vestido, las joyas y el maquillaje que te regalé.
SÃ, te estuve observando desde lejos.
Dicen que rechazaste a todos los hombres que intentaron acercarse a ti.
Supongo que sabÃas que te estaba vigilando, ¿por qué no bailaste con alguno solo para provocarme?
Ya no vas a tener otra oportunidad.
El mayordomo me contó que, cada dÃa a las cuatro de la tarde, te quedas esperando frente a la entrada principal.
Espera un poco más.
Mañana dejaré este paÃs.
Daremos un rodeo para que nadie pueda seguirnos hasta nuestro nuevo refugio.
TodavÃa queda un largo viaje, pero sé que al final de ese camino tú estarás esperándome, eso hace que todo valga la pena.
Aunque… hoy fue un poco más difÃcil de soportar.
Recibà tu diario.
¿Disfrutabas cuando te perseguÃa?
¿De verdad creÃas que no me daba cuenta?
Pero solo acertaste a medias con el motivo.
No imaginé que, al perseguirte, tú sentÃas que tu existencia tenÃa valor.
En ese entonces, creà que lo único que te ataba a mà era el rencor.
Elegà el periodismo como forma de molestarte, para provocarte hasta que no pudieras resistir más y aparecieras frente a mà a reclamarme.
Ahora veo que mi estrategia no fue del todo mala —logré captar tu atención—, pero al final no sirvió para hacer que volvieras a mÃ.
Y ahora… por fin entiendo por qué fallé.
¿Y si no hubiera hecho nada?
¿HabrÃas terminado llamándome, tal vez, bajo los efectos del alcohol?
Me rÃo.
Una vez, por lo absurdo de todo.
Otra, por la felicidad que me dio tu confesión.
Y una tercera, por esas palabras tuyas: que no me necesitabas.
Pero cuando dijiste que me querÃas, no pude reÃrme.
Para mÃ, tú siempre fuiste quien tenÃa todo el poder de decisión.
Y esa noche, cuando supe que tú creÃas no tener opción alguna sobre nuestro futuro juntos… fue cuando tomé la decisión.
Quise avisarte, contarte que pensaba fingir mi muerte.
Pero no lo hice.
Nuestra relación siempre ha estado al borde del abismo, un dÃa cualquiera podrÃa simplemente terminar.
Ya lo hemos vivido antes.
Solo que hasta ahora, quien ponÃa fin a todo eras tú.
Nunca habÃas sido tú quien se quedaba atrás.
QuerÃa ver qué harÃas si las tornas se invertÃan.
En el cielo no hacen falta demonios.
Tú, que allá arriba no tienes nada que temer, nada que te falte, ¿Qué harÃas con alguien como yo, que ya no tiene ningún propósito? ¿Me recordarÃas siquiera, en ese paraÃso?
Desde aquel dÃa, dejé de exigirte, de convencerte, de suplicarte.
Elegà rodear el camino directo.
Porque desearte a ti era como mi forma de respirar: renunciar a ese deseo era igual a morir.
Y mientras quisiera seguir vivo… no podÃa dejarte ir.
Se suponÃa que debÃa conformarme con que Ellie me quisiera, con que me permitieras quedarme a su lado.
Pero no pude.
Porque eso no era lo que realmente querÃa.
Lo sé, suena como el lamento de alguien que ya lo tiene todo.
Y quizá sea asÃ.
Nacà sin conocer la carencia, sin aprender a soportarla.
Sigo siendo igual.
Ahora que ya he escuchado que me deseas… me pregunto si lo único que falta es que me digas que me amas.
Desde que leà tu diario, no he podido pensar en otra cosa.
¿Fuiste tú quien dijo que éramos como una taza de té rota?
Desde el principio estábamos agrietados.
Desde el principio fuimos una taza de té rota.
Claro, fui yo quien terminó por hacerla pedazos.
Aunque empecemos una nueva vida con un nuevo nombre, nunca podremos ser una taza sin grietas.
En el fondo, siempre quedarán los sedimentos rotos de lo que fuimos.
Pero con el tiempo, aprenderemos a beber el té, sosteniendo las grietas con la mano,
sin revolver esos posos amargos.
Y quizás, con el tiempo, incluso lleguemos a disfrutar ese sabor.
Pensé en eso.
Estar encerrado me ha dado demasiado tiempo para pensar.
Y por cierto… ¿decÃas que yo era solo un peón para ti?
¿Un simple peón?
Vamos, dÃmelo de verdad.
Lo dijiste solo para molestarme, ¿verdad?
Un peón, ¿en serio?
Eso fue cruel.
Aunque debo admitirlo: agradezco que me hayas dado la oportunidad de convertirme en otra pieza, como ese peón que llega al final del tablero y puede transformarse en lo que desee.
Aun asÃ… un peón.
Eres insoportable.
Pero ahora mismo, allá del otro lado del mar, probablemente tú estés pensando que el insoportable soy yo.
Grace Riddle.
Tu nombre, que significa "gracia", te describe a la perfección.
Y también "misterio".
Fuiste el mayor enigma de mi vida.
Cuando creÃa haber descubierto una respuesta, aparecÃa otra incógnita.
Cuando resolvÃa un misterio, surgÃa un nuevo acertijo.
En todos los sentidos, despertaste en mà una sed de conquista.
Pero creo que ya resolvà todos tus enigmas.
Y al desprenderte de ese misterio, lo único que queda en ti… es la gracia.
Es una noche sofocante.
No puedo dormir, asà que escribo esta carta.
No voy a enviártela.
No es necesario.
Aunque no la leas, tú ya sabes todo lo que está escrito aquÃ.
Es solo una forma de soltarlo, de dejar que fluya… porque no te la daré.
Pero aun asÃ, muero por ver tus ojos.
Muero por perderme, una vez más, en esa mirada tuya que me vuelve loco.
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