Mi deseo son dos camas separadas 132
Pasado - Preparándome para amarte (1)
No había dormido bien.
¡Swoosh!
Cuando apartó las gruesas cortinas, la deslumbrante luz de la mañana atravesó el cristal de inmediato.
Sus fríos ojos azulados se fruncieron con fuerza, pero gracias a ello, el sueño desapareció al instante.
—...¿Qué era?
Endymion murmuró mientras se ajustaba distraídamente el cinturón de su bata de noche.
Algo le había molestado lo suficiente como para no dejarle dormir bien, pero no lograba recordarlo.
'Debe de haber sido algo sin importancia'
Con una mirada cansada, intentó recuperar aquel vago recuerdo, pero al no considerarlo relevante, dejó de pensar en ello.
Se dejó caer en la silla y tocó la campana.
Mientras esperaba a sus sirvientes, sus ojos, serenos y fríos, recorrieron sin emoción la vista frente a él.
Un dormitorio amplio y lujoso. Un espacio que desprendía nobleza y elegancia, y que llevaba siendo utilizado por la pareja heredera desde su boda, hacía ya siete años. A excepción de la renovación periódica de los muebles, su composición apenas había cambiado: un refugio cómodo y familiar.
Una cómoda y una mesa de madera rara y exquisita, un sillón y un diván elaborados por los mejores artesanos.
Cuadros de gran tamaño que cubrían las paredes, una alfombra de hilos dorados que emanaba calidez, baños y vestidores gemelos, una hermosa araña de luces con el mismo diseño que la del primer salón de baile del palacio… y una gran cama con dosel, acogedora y mullida.
Sin embargo, a pesar de la luz matutina que bañaba la habitación, Endymion estaba solo.
Knock, knock.
—Adelante.
Apoyado en la silla, con los ojos cerrados, Endymion murmuró con calma. Poco después, la puerta se abrió y los sirvientes entraron en fila para atenderlo.
—Alteza, la princesa heredera ha salido temprano para su clase. ¿Desea que le enviemos un mensaje?
—No hace falta.
Su esposa, Julia, había salido nuevamente al alba para recibir su educación como futura reina.
Acostumbrado ya a despertar en una cama vacía, Endymion negó con la cabeza sin darle importancia. Luego, tras asearse y vestirse rápidamente, comenzó su rutina diaria.
A sus catorce años, la pareja heredera llevaba meses sumida en un sinfín de lecciones que apenas les dejaban tiempo para respirar.
Sin embargo, mientras la educación de la reina comenzaba al amanecer y terminaba al anochecer, la instrucción del futuro monarca tenía un horario diferente: iniciaba a media mañana y se extendía hasta altas horas de la noche.
Por esa razón, últimamente Endymion y Julia apenas pasaban tiempo juntos, salvo justo antes de dormir.
No obstante, dado que ambos cumplían con sus deberes, aceptaban la situación sin que les supusiera un problema. No sentirse particularmente afectados por no verse con frecuencia era natural para ellos.
Después de siete años de matrimonio arreglado, el príncipe y la princesa heredera habían desarrollado una relación más parecida a la de amigos o incluso hermanos. Se respetaban lo suficiente y mostraban el interés justo el uno por el otro.
—Alteza, parece agotado. ¿Las clases están resultando demasiado pesadas?
El doctor encargado de la diplomacia preguntó con preocupación. Endymion, que hasta ese momento había estado hojeando en silencio un mapa mundial con postura impecable, lo miró sin expresión.
—¿Qué quiere decir?
—El descanso es tan importante como el estudio, alteza. Han pasado ya tres meses de clases ininterrumpidas. Quizá sería bueno tomarse un respiro hasta pasado mañana. Su alteza ha avanzado mucho más rápido de lo previsto, así que unos días libres no supondrían ningún problema.
El anciano, de aspecto afable, lo dijo con una actitud considerada, como si creyera estar aclarando un malentendido.
'Hmm'
En realidad, Endymion no estaba ni física ni mentalmente agotado; simplemente había dormido mal.
Las lecciones no eran especialmente entretenidas, pero tampoco difíciles. Con su capacidad, podía manejar sin problemas las catorce asignaturas diarias, incluso si se repetían durante tres años seguidos.
Aun así, en lugar de rechazar la oferta con su habitual frialdad, llevó una mano a su sien y la masajeó ligeramente.
Si le estaban dando un descanso sin que él lo pidiera, no tenía motivos para rechazarlo.
El doctor en diplomacia, completamente convencido de su malentendido, incluso se tomó la molestia de recoger los libros del escritorio por él.
Gracias a eso, Endymion obtuvo dos días de descanso sin haber dicho una sola palabra. No es que hubiera querido tomarse un respiro, pero ahora que realmente se lo concedían, no le molestaba en absoluto.
Siempre había pensado que la parte más difícil de su formación como monarca era el control de sus expresiones faciales. Sin embargo, hoy había descubierto lo útil que podía ser su habitual rostro frío e impasible.
En realidad, Endymion dominaba todas las materias de su educación—política, diplomacia, economía, estrategia militar—pero la etiqueta social era un desafío completamente distinto.
Era como si hubiera una barrera innata en él.
En especial, las expresiones clave para un rey, como una sonrisa cordial o un gesto de benevolencia, simplemente no le salían. Cada vez que intentaba practicarlas, terminaba con los instructores sudando nerviosos, pues su sonrisa forzada se asemejaba más a la de alguien a punto de cometer un asesinato.
Comparado con eso, hoy solo había masajeado su sien y bajado un poco la mirada… y aun así, había conseguido un inesperado beneficio.
'…Tal vez debería usar esto más a menudo'
Con un pensamiento poco propio de un estudiante ejemplar, Endymion regresó a los aposentos del príncipe heredero.
—¡Alteza! La princesa heredera acaba de empezar su comida. ¿Le gustaría unirse a ella?
—Sí, lo haré.
Era justo la hora del almuerzo.
Debido a que su educación combinaba tanto formación académica como militar, Endymion solía recibir clases en distintos lugares del palacio. En cambio, Julia permanecía en la residencia del príncipe heredero para su instrucción como futura reina.
No había ninguna razón para comer por separado, así que Endymion se dirigió al comedor donde ella estaba.
—Oh, Endi… digo, alteza.
Julia, que estaba a punto de empezar a comer, abrió los ojos de par en par con el tenedor aún en la mano. Endymion inclinó ligeramente la cabeza en señal de saludo y entró al comedor.
En ese momento, la mujer delgada de cabello verde, que estaba sentada justo al lado de Julia, se puso de pie de inmediato.
—¡Es un honor verle, su alteza!
—No sabía que Madame Guetys también estaba aquí.
—Mis disculpas. Estábamos en medio de la clase de etiqueta de su alteza la princesa. ¿Desea que le deje espacio?
—No hay problema.
Endymion respondió con indiferencia mientras se sentaba en la silla que un sirviente le apartó.
Después de todo, él había llegado sin avisar, así que no era como si estuviera interrumpiendo algo. Además, solo había venido a almorzar.
—¡Le agradezco su consideración, alteza! Continuemos entonces con la lección.
—Adelante.
Madame Guetys era una de las tutoras encargadas de la educación de Julia como futura reina. En particular, se encargaba de la etiqueta, por lo que pasaba más tiempo con ella que cualquier otro instructor.
Pertenecía a una familia de duques con gran prestigio y, además de ser culta e inteligente, su linaje tenía una larga tradición en la formación de las mujeres de la realeza.
Sin embargo, tenía un defecto importante…
—¡Su alteza, no debe hablar con el tenedor en la mano! Es de mala educación.
—Ah…
Era excesivamente estricta.
Incluso con el príncipe heredero presente, no dudó en reprender a Julia sin titubear. Con aquella corrección, Julia acumulaba ya un total de 59 señalamientos solo en esa jornada. Avergonzada, bajó con cuidado el tenedor.
—Muy bien. Recuerde que una reina siempre debe comportarse con elegancia y serenidad.
—Sí, lo tendré en cuenta.
Julia asintió obedientemente. Desde el otro lado de la mesa, Endymion, que había presenciado toda la escena, giró su copa de agua entre los dedos con expresión inescrutable.
'........'
Él nunca había sido alguien especialmente afectuoso. Aun así, Julia siempre mantenía su energía.
Aunque él respondiera con monosílabos o con su habitual frialdad, ella nunca dejaba que el ambiente se volviera incómodo. Hablaba con entusiasmo, reía con facilidad y llenaba el espacio con su calidez, sin importar la situación.
A pesar de sus personalidades opuestas, tras más de siete años de matrimonio, el príncipe y la princesa heredera se habían complementado a la perfección.
Cuando Endymion estaba solo, la residencia del príncipe heredero era un lugar tan silencioso que el vacío parecía ensordecedor. Sin embargo, cuando estaban juntos, el espacio se llenaba de vida y energía, transformándose por completo.
Pero ahora, los ojos violetas de Julia, usualmente llenos de brillo, parecían apagados.
—¡Su alteza! Sus dedos no están en el ángulo correcto al sujetar la copa. Preste más atención.
—Pero… las copas de agua son más grandes que las de vino, es normal que los dedos se separen un poco…
—¡No, no! Si separa demasiado el pulgar, perderá elegancia.
Ante la insistente corrección de Madame Guetys, los ojos de Julia se ensombrecieron aún más.
—Bien, déjela y vuelva a intentarlo…
—Eso sí importa.
Justo en el momento en que la institutriz estaba a punto de hacer que Julia soltara la copa, una voz inesperada interrumpió la escena.
Las dos mujeres giraron la cabeza al unísono hacia Endymion.
—¿Disculpe?
—Si seguimos así, no vamos a comer ni a la hora de la cena.
Su comentario fue directo y mordaz, sin rodeos.
Solo entonces Madame Guetys pareció darse cuenta de que se había extralimitado al continuar la lección incluso durante la comida.
Con una expresión incómoda—una que jamás mostraba delante de Julia—hizo una reverencia y abandonó la sala.
—Uf, me has salvado.
Solo cuando la puerta se cerró con firmeza, Julia dejó escapar un profundo suspiro de alivio.
Mientras tomaba sus cubiertos, Endymion comentó con indiferencia:
—Vaya, qué educación tan asfixiante.
—Sí… pero, en realidad, es una buena persona. Es muy apasionada en todo lo que hace.
'¿Desde cuándo calcular el ángulo de los dedos es una cuestión de pasión?'
Endymion se burló internamente, sin que su expresión cambiara en lo más mínimo, y comenzó a comer.
Mientras tanto, Julia, como siempre, no tardó en iniciar una conversación animada.
—Pero dime, Endymion, ¿qué haces aquí a esta hora? ¿No tienes clases?
—Tengo descanso hasta mañana.
—¿De verdad? ¿Por qué?
—Sin motivo especial.
—Bueno, lo necesitas.
Julia dejó los cubiertos a un lado y apoyó el rostro sobre sus manos.
Endymion, que estaba en medio de cortar su filete, la observó en silencio.
Aun acostumbrada a sus respuestas frías y lacónicas, Julia le sonrió con dulzura.
—Hoy pareces realmente cansado. Incluso hablas de forma más cortante de lo habitual.
—No es cierto.
—¡Claro que sí! ¿No viste la cara de Madame Guetys? Seguramente está acostumbrada a verte solo en eventos formales y no tenía idea de que en realidad eres un Príncipe de Hielo. Mañana seguro me pedirá que sea el doble de amable contigo para compensar.
Julia suspiró de manera exagerada y luego soltó una risita.
'Príncipe de Hielo'
Ese era el apodo que Julia le había puesto hacía poco.
Dejó claro que el apodo le parecía infantil y vergonzoso, pero Julia, con su extraña inclinación por la diversión, no daba señales de querer dejarlo.
No le gustaba, pero tampoco podía lanzarle una de sus respuestas mordaces como había hecho con Madame Guetys. Ni se le ocurriría responderle con sarcasmo o frialdad, como haría con cualquier otra persona.
Con la mirada puesta en el rostro radiante de la chica, que sonreía con dulzura, Endymion no encontró forma de responder. Solo frunció el ceño, apartó la vista y continuó comiendo.
—De todos modos, esto es perfecto. Siempre te duermes tarde. ¡Al menos hoy y mañana aprovecha para descansar! Si sigues así, vas a envejecer antes de siquiera llegar a la adultez.
Era increíble cómo podía hablar tanto sin parar. De hecho, estaba parloteando casi tanto como Madame Guetys hacía un rato.
—Creo que sigo durmiendo más que tú, que te levantas al amanecer.
Al menos, su voz era mucho más agradable de escuchar. Mientras dejaba que sus palabras entraran por un oído y salieran por el otro, Endymion continuó su comida con calma.
—Bueno, sí, pero yo solo tengo que atender diez asignaturas. Y además, me acuesto antes que tú.
—Vaya, y yo que pensaba que eran veinte.
—¿Eh?
Julia se detuvo en seco y ladeó la cabeza con curiosidad. Endymion, sin cambiar de expresión, pinchó un trozo de carne con el tenedor y respondió con tranquilidad.
—Porque Madame Guetys habla lo suficiente como para parecer diez asignaturas por sí sola.
—¡Pff!
Julia no pudo contener la carcajada y dejó caer los cubiertos. Mientras tanto, Endymion continuó comiendo al mismo ritmo imperturbable.
—Pero en serio, te ves agotado. ¿Quieres que llame al médico?
—Solo he dormido mal últimamente. No exageres.
—Si no exagero con esto, ¿con qué lo haré? Pero dime, ¿por qué no has dormido bien? No estarás haciendo algo sospechoso por las noches, ¿verdad?
—… ¿Qué clase de ideas tienes en la cabeza?
Incluso durante el postre, Julia continuó su charla disfrazada de preocupación.
Endymion pensó que era molesto, pero de alguna manera, la forma en que sus ojos brillaban con cada palabra lo hizo rendirse y simplemente escucharla.
'Bueno… supongo que tiene cierto encanto'
Especialmente cuando se dedicaba a hacer conjeturas absurdas sobre la razón de su insomnio.
A medida que hablaba, lo que probablemente era un motivo insignificante comenzó a parecer el secreto de una conspiración trascendental.
Al final, Endymion pidió dos rondas extra de postre mientras Julia continuaba su monólogo, y así pasaron una inusualmente animada hora de almuerzo en la residencia del príncipe heredero.
—Papá… snif…
Y esa noche, Endymion finalmente descubrió la razón por la que no podía dormir.
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