Domé a un Tirano y Huà 209
SIDE STORY - 70
—Si permanezco dentro de Lafaeyak, ¿no garantizará eso mi seguridad? Para sobrevivir y evitar la persecución de Caos, necesito la protección de los caballeros. Si logro descifrar el código, mi contribución será significativa...
Clack.
En ese momento, la puerta se abrió sin previo aviso.
Conde Robert, que estaba hablando, se detuvo y miró al hombre que habÃa entrado.
—¿Su Majestad...?
Era Dylan.
Bajo su cabello negro, sus frÃos ojos azules reflejaban la inmensidad de un océano embravecido.
—Saludo, Soberano del Imperio.
Kahu, quien estaba sentado, se levantó apresuradamente para mostrarle respeto. En un instante, la sala de torturas quedó impregnada con la presencia de Dylan. Tras echar un vistazo a los caballeros de Lafaeyak Black, el emperador ordenó con voz breve:
—Pañuelo.
Uno de los caballeros de la Sombra sacó un pañuelo de su pecho y lo sostuvo en el aire con ambas manos, presentándolo con reverencia. Pero Dylan apenas le dedicó una mirada.
Sin previo aviso, avanzó hacia el conde Robert, le agarró del cuello de la camisa y le asestó un puñetazo.
¡Paf!
—¡P-pero qué...!
Conde Robert gritó, desconcertado, pero la expresión de Dylan era frÃa, vacÃa, como el vacÃo absoluto. Su puño estaba cargado de maná.
¡Paf! ¡Paf!
El sonido de la carne siendo aplastada resonó en la habitación. El rostro de Robert se deformó, sus facciones se desdibujaron bajo la brutalidad de los golpes.
—¡Majestad! ¿Por qué hace esto? ¡PodrÃa ser una fuente de información valiosa...!
Kahu trató de intervenir, pero la mirada de Dylan era más gélida y aterradora que la de un perro de guerra.
El instinto de Kahu le gritó que no se acercara. Sus pies retrocedieron por sà solos, mientras que Robert, en un intento desesperado por salvarse, empezó a gritar cualquier cosa.
—E-El emperador anterior sigue vivo.....
¡Paf!
—Ellos volverán para recuperar el Imperio......
¡Paf!
—Ack... Guh...
Dylan no dejó de golpear. Su rostro se mantuvo inexpresivo hasta el final, hasta que el cuerpo sin vida de Robert se deslizó por la pared y cayó al suelo, dejando un rastro de sangre.
Sin prisa, Dylan tomó el pañuelo del caballero que aún lo sostenÃa en el aire y limpió la sangre de sus manos con calma.
El silencio era escalofriante.
Kahu, que habÃa presenciado todo, sintió un escalofrÃo cuando sus ojos se encontraron con los de Dylan en la penumbra.
—Vaya, incluso tu rostro ha sido salpicado.
—... ¿Por qué lo mataste, Majestad?
—No tenÃa intención de ensuciarte.
—Majestad.
Los caballeros Negros se llevaron el cadáver de Robert, haciendo que desapareciera rápidamente de la vista.
Dylan chasqueó la lengua, sin parecer afectado en lo más mÃnimo, mientras que Kahu, todavÃa en estado de shock, apenas podÃa procesarlo.
Dylan se sentó en el asiento principal que Kahu habÃa ocupado momentos antes. Su rostro, inexpresivo y sereno.
—¿Lo escuchaste? Dijo que el Emperador anterior sigue con vida.
—Acabo de descifrar el código del documento secreto. Ya sabÃamos que Dietrich sobrevivió y que Caos se unió a él. No habÃa necesidad de que Robert descifrara nada más.
Kahu se quedó sin palabras. Dietrich... el Emperador anterior... el padre biológico de Dylan.
Pero la expresión de Dylan era tan tranquila que le provocó escalofrÃos.
El Emperador lo miró fijamente y preguntó con voz firme:
—Dime, Kahu. Robert debió haber asesinado a niños inocentes de manera atroz. ¿HabÃa alguna razón para dejarlo vivir?
—... No, Majestad.
—V.
—SÃ, Majestad.
—Entrégale a Kahu los documentos descifrados sobre Caos.
V obedeció y le entregó los papeles a Kahu.
La forma en que Dylan justificaba su brutalidad era tan lógica que casi parecÃa razonable. Pero cuando Kahu tomó los documentos, sus dedos temblaban.
Cuanto más leÃa, más pálido se volvÃa.
—Dietrich está vivo... ¿Cómo es posible...?
Cuando levantó la vista, vio que los perros de guerra que antes estaban en la entrada ahora movÃan la cola frente a Dylan, como cachorros dóciles.
Dylan, que habÃa limpiado meticulosamente la sangre de sus manos, miró a Kahu y habló con naturalidad:
—Lady Charlize aún no se ha dado cuenta, pero ahora lleva a mi hijo en su vientre.
—... Mis felicitaciones.
—No lo decÃa para que me felicitaras, Kahu. No me digas que no entendiste lo que quiero decir.
'No informes a la emperatriz de esto'
Era un mensaje claro.
Kahu endureció su expresión al comprenderlo.
Dylan, con la misma mano con la que habÃa asesinado a Robert, acariciaba con ternura la cabeza de un dóberman.
Aunque la sangre ya habÃa sido limpiada, Kahu no pudo evitar contener la respiración mientras observaba la escena.
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En medio de su sueño, Charlize sintió unas manos firmes abrazándola.
El aliento caliente contra la nuca le hizo cosquillas.
'¿Dylan?'
El familiar aroma del aceite de baño le indicó que probablemente acababa de salir del baño antes de meterse en la cama. Su mente estaba borrosa, atrapada entre el sueño y la vigilia.
Sus pensamientos no pudieron avanzar más antes de ser arrastrados nuevamente al mundo onÃrico. Varios sueños inconexos se sucedieron, como fragmentos dispersos.
Después de un tiempo, de repente abrió los ojos. Esta vez no fue por aquella sensación de ansiedad inexplicable que la habÃa despertado en otras ocasiones.
'Hambre'
TenÃa hambre.
O, para ser más precisa...
'Quiero fruta ácida'
Era un antojo intenso.
Su cuerpo se sentÃa pesado y relajado, como si se hundiera en la cama. Le dolÃa un poco la nuca, tal vez por la postura al dormir.
Su mente flotaba en un estado difuso, y mover incluso un dedo le parecÃa demasiado esfuerzo.
Con dificultad, se giró y vio a Dylan durmiendo profundamente mientras la abrazaba.
Los rostros dormidos suelen parecer inofensivos, pero el de Dylan tenÃa un aire aún más desprotegido.
—Esto...
Charlize abrió la boca para decir algo, pero luego dudó y la cerró de nuevo.
'¿DeberÃa despertarlo?'
SentÃa que no tenÃa sentido interrumpir su sueño solo porque querÃa comer fruta ácida. Era absurdo despertar a Dylan en plena madrugada por algo asÃ.
'Últimamente me despierto a mitad de la noche con más frecuencia'
No querÃa parecer caprichosa, asà que se quedó en silencio, limitándose a apartarle con suavidad un mechón de cabello de la frente.
Pero el antojo no desapareció. Al contrario, se hacÃa cada vez más intenso.
PodrÃa ignorarlo y volver a dormir, pero el deseo de probar un sabor intensamente ácido la atormentaba.
¿Mandarinas?
No, eso no serÃa suficiente.
'Algo más ácido que un limón'
En circunstancias normales, habrÃa fruncido el ceño instintivamente ante algo tan ácido, pero solo imaginarse mordiendo un limón le parecÃa delicioso.
El siguiente instante, Charlize ya no pudo contenerse y comenzó a despertar a Dylan.
—Su Majestad.
—……
—Su Majestad.
—Mmm…...
—Dylan.
Dylan abrió lentamente los ojos.
Cuando su mirada azul solo reflejó a Charlize, una inexplicable sensación de satisfacción la invadió.
—¿Qué ocurre, Charlize?
Su voz, aún impregnada de sueño, era profunda y dulce.
Sintiendo cómo su mano se dirigÃa de manera instintiva a un lugar peligroso, Charlize decidió ir directo al grano.
—Quiero comer fruta ácida.
—¿Perdón?
—Fruta tan ácida que me haga estremecer.
—……
Dylan guardó silencio durante un largo rato antes de apretarla con más fuerza contra su cuerpo. Sus músculos bien definidos le daban una sensación de firmeza inusual.
Charlize notó que Dylan contenÃa la respiración, asà que simplemente se dejó abrazar. Finalmente, su voz, ahora un poco más ronca, resonó en su oÃdo.
—Esperé a que dijeras eso.
—¿Esperaste?
—Ya he mandado a seleccionar las frutas más raras y exquisitas del mundo. Cuando estabas embarazada de Kaleon también anhelabas frutas ácidas, ¿recuerdas?
'No puede ser…'
Charlize nunca se habÃa molestado en preguntar el propósito de la nueva campanilla de color rosa. Pero apenas Dylan la tocó, las doncellas reaccionaron con entusiasmo y en cuestión de segundos entraron con bandejas repletas de frutas.
Atónita, Charlize parpadeó mientras se incorporaba lentamente.
Últimamente, habÃa sentido su pecho más sensible, se cansaba con facilidad, sus cambios de humor eran más bruscos que de costumbre… incluso habÃa vomitado una vez al cepillarse los dientes. HabÃa tenido algunas sospechas, pero no querÃa apresurarse a sacar conclusiones.
Dylan la miró fijamente y, de repente, sonrió. Su expresión no tenÃa ni una pizca de malicia ni dobles intenciones, solo una alegrÃa pura e inofensiva.
Con extrema delicadeza, colocó su mano sobre la mejilla de Charlize y le susurró:
—Felicidades, Charlize.
—¡Felicitaciones, Su Majestad!
Las criadas, rebosantes de alegrÃa, se inclinaron con respeto.
Dylan se inclinó y le depositó un beso en la frente, como harÃa un caballero con su dama.
—Un ángel ha llegado a nosotros, Charlize.
—…SÃ, Dylan.
La mirada de las doncellas sobre ella la puso nerviosa, pero intentó responder con naturalidad. Quizá, algún dÃa, ellas contarÃan este momento a su hijo y le describirÃan lo feliz que se habÃa mostrado al enterarse de su embarazo.
SerÃa mejor que recordaran que lo recibió con alegrÃa.
Mientras escuchaba la respiración tranquila del emperador, Charlize pensó para sus adentros:
'Cuando estuve embarazada de Kaleon, Dylan tampoco me lo dijo hasta que yo misma lo descubrÃ… ¿Asà que mi irritabilidad reciente se debÃa al embarazo? ¿Incluso mis dudas sobre Dylan eran solo resultado del cambio hormonal?'
Pero entonces, a pesar de la pureza en la sonrisa luminosa de Dylan, un inexplicable sentimiento de inquietud la invadió.
No tenÃa sentido sospechar de él en un momento como este.
Reprimiendo sus emociones, se obligó a sonreÃrle.
Dylan bajó la mirada y con suavidad acarició el vientre de Charlize.
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