Domé a un Tirano y Huà 208
SIDE STORY - 69
Desde un principio, la madre de Kahu no habÃa visto con buenos ojos a Lucy.
"El comportamiento de Lucy no es el adecuado para una duquesa, Kahu. ¿Qué pasará si, por no seguir las normas más básicas de la etiqueta, termina humillándose en la alta sociedad? DeberÃamos asignarle un tutor privado. Haz que lo sepa."
"Ah, yo…"
"No, madre."
Ese fue el momento decisivo en el que la relación entre Lucy y su suegra podrÃa haber cambiado dependiendo de la reacción de Kahu. Al ver la incomodidad de Lucy, él se interpuso con firmeza:
"Lucy no ignora las normas, solo necesita un perÃodo de adaptación. Hace poco, esta mujer era la jefa del Departamento de Inteligencia de Lafeyac. Si le asignamos un tutor como si fuera una adolescente, solo conseguiremos que se rÃan de ella. Y no permitiré que nadie se burle de mi mujer."
"Pero, Kahu… Ahora es la anfitriona de Delmon. Lucy carece de refinamiento."
"Es una mujer inteligente. Estoy seguro de que lo logrará rápidamente. ConfÃe en mi criterio por haberla elegido y respete a mi esposa, madre."
Lucy sintió gratitud hacia Kahu por defenderla. Ante su determinación, su suegra no tuvo más remedio que ceder.
"Está bien. Seguiré tu opinión, Kahu."
La residencia de los Delmon era tan vasta como su riqueza, por lo que Lucy rara vez se cruzaba con su suegra. Gracias a Kahu, tampoco sufrió el desdén silencioso que a menudo flotaba en el castillo.
Solo tardó dos meses en ser aceptada como Duquesa Delmon. Quedar embarazada al mes de casarse y su experiencia liderando equipos en Lafeyac aceleraron las cosas.
Aunque no era de sangre noble, Lucy temÃa que la alta sociedad la rechazara. Sin embargo, tras revelarse su pasado en Lafeyac al casarse, todos fueron exquisitamente corteses con ella.
"¿Era Lafeyac tan influyente en el Imperio?"
Por primera vez, Lucy lo comprendió. Siempre habÃa operado en las sombras como "Negro", sin percibir su peso real.
Era competente. Gestionaba las responsabilidades de anfitriona sin problemas. Aunque, obsesionada con Kahu, admitÃa que sin su ayuda no habrÃa logrado adaptarse tan bien.
"¡Mi marido es tan tierno!"
Hubiera gritado su amor a los cuatro vientos, pero por decoro, se contuvo.
—Ya estoy en casa.
—¡Kahu Oppaaaa! ¡Llámame por mi nombre!
Lucy, al verlo, le rogó como una niña.
—¿Lucy?
—¡Con mi apellido! ¡Rápido!
—Lucy Delmon…...
Kahu sonrió al ver sus ojos brillar de orgullo al escuchar ese apellido. Como estaban solos en el dormitorio, las formalidades aristocráticas carecÃan de importancia.
—"Soy Delmon, soy Delmon"
—Qué tonta.
A Lucy le encantaba que la llamaran asÃ.
Kahu, indiferente a cualquier mujer que no fuera Charlize, ignoraba cuántas damas lo anhelaban. Que se convirtiera en su pareja ya era un milagro; casarse con él, un sueño.
Cada vez que escuchaba su nuevo apellido, recordaba que eran marido y mujer. De no tener tÃtulo alguno, habÃa ascendido a noble de alto rango de golpe.
'Ah… Fue un amor no correspondido tan largo'
Kahu le preguntó con dulzura mientras ella lo admiraba:
—¿Tuviste un buen dÃa?
—¡SÃ!
—Qué orgulloso me siento.
—Terminé mis tareas y ejercicios prenatales. Leà mucho, quiero que nuestro hijo sea inteligente.
—Jaja.
Su rostro decÃa: "Mi esposa es adorable".
'Dios, es tan guapo…'
Lucy, embelesada, lo abrazó. HabrÃa pasado el dÃa entero mirándolo.
'¡Definitivamente, lo primero en un hombre es el rostro!'
—Mi duquesa es tan cariñosa…..
Su voz cálida le hizo cosquillas en el oÃdo. Lucy murmuró:
—No sé qué hacer con lo mucho que te quiero.
—Mm.
—Te amo, te amo, te amo.
—Yo también.
Aunque su respuesta fue simple comparada con el ardor de Lucy, a ella no le importó. La noche era larga.
Pero entonces, su mirada se posó en la piedra de comunicación de Kahu, que brillaba en negro. Su expresión se congeló.
'¿Una señal de emergencia?'
Como exmiembro de Lafeyac, lo reconoció al instante.
Al seguir su mirada, el rostro de Kahu también se tensó.
—Lo siento, Lucy. Debo irme.
—…SÃ. Ten cuidado.
Lucy lo entendió. Eran recién casados, y aunque le pesaba verlo partir, era una llamada urgente.
Con el décimo aniversario de Lafeyac, se habÃa reorganizado. Cuando Lucy pasó de "Negro" a "Blanco", su salida dejó un vacÃo en Inteligencia.
Ahora, Kahu dirigÃa el Departamento de Caos, no PsicologÃa. Sus ojos se enfriaron camino al cuartel.
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Al llegar a la sede, los dobermans guardianes ladraban con ferocidad. Ni siquiera al reconocer a Kahu, los perros amainaron su agitación.
En la oscuridad, los mastines imponÃan una presencia abrumadora. Aunque sujetos con correas reforzadas, rechinaban sus collares metálicos como si enfrentaran a un enemigo.
Un subordinado de Lafeyac se inclinó al ver a Kahu.
—Su Excelencia, por aquÃ.
Lo guiaron a la sala de interrogatorios de Lafeyac.
El olor a sangre fresca impregnaba el aire. Un lugar que incluso Lucy, exlÃder de un gremio de asesinos, hubiera evitado durante su embarazo por su crudeza psicológica.
Al ver al hombre frente a él, Kahu frunció el ceño.
—…¿Conde Robert?
Aunque su rostro estaba magullado y su cuerpo lleno de heridas, su identidad era inconfundible para otro noble.
Kahu recordaba al conde como un hombre impopular, conocido por despreciar abiertamente a las mujeres "estúpidas".
'El mismo que se negó a distribuir libros de texto por orden de Su Majestad la emperatriz…'
Gritos intermitentes llegaban de otras salas. Este lugar existÃa para extraer información de espÃas capturados.
Conde Robert, con un ojo hinchado, se estremeció al imaginarse lo que implicaban esos sonidos. Evitaba la mirada gélida de Kahu.
—¿Duque? Ah, dicen que eres el 'Blanco' de Lafeyac… —masculló, como reconciliándose con la idea.
Un subordinado entregó un informe a Kahu, quien tomó asiento.
—Excelencia: este hombre se unió a Caos, rechazó su ceremonia de ascenso final y huyó ayer. Exige protección, alegando que Caos lo asesinará. Afirma conocer información interna.
'Se rumoreaba su desaparición… Resulta que estaba en Caos'
El desprecio afloró en la mirada de Kahu.
Caos era la encarnación del mal.
Como jefe del departamento, conocÃa demasiado bien la brutalidad de sus rituales de ascenso: para subir de rango, los miembros debÃan arrancar y beber la sangre del corazón de un niño inocente.
Caos despreciaba la muerte pero descuidaba los cadáveres. Lafeyac solÃa recoger los restos mutilados de las vÃctimas.
—…Alcancé un rango alto. Tres ascensos. Solo faltaba el último —balbuceó el conde bajo la mirada glacial de Kahu—. Pero los abandoné porque… son monstruos. ¡No merecen llamarse humanos! Temà convertirme en eso.
'¿Monstruos?'
Kahu notó la pista intrigante, pero Robert, recuperando el control, fue al grano:
—Ni Lafeyac conoce los secretos de Caos. Descifraré sus documentos cifrados. A cambio, ¡hágame un 'Negro' de Lafeyac!
—¿Disculpa?
La audacia dejó a Kahu atónito.
Afuera, los ladrones de los dobermans cesaron de pronto.
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