AREMFDTM 225






Anillo Roto: Este matrimonio fracasará de todos modos 225

Por Recuerdo A Priori (31)





「Por ahora, eso es suficiente. No importa dónde esté ni qué llegue a comprender, en ese momento, tú siempre me protegerás. Harás que todo esté bien」



Está diciendo cosas que apenas puedo entender, pero, aun así, quiero creer que tienes razón...



「Solo que no sé cómo volver a irme. Ahora sí que realmente debería levantarme. Cuando termine esta carta, ya no podré verte más y tendré que levantarme, así que me encuentro en problemas, inventando cualquier cosa para seguir escribiendo」



Entonces, sigue inventando.



「La próxima vez, me aseguraré de tomarme unas largas vacaciones para ir. Espero que en Mendoza siempre te encuentres bien y con salud」



Deberías empezar por cuidar de ti...

Los ojos torcidos de Inés recorrieron la carta con una mirada crítica, pero de repente, se detuvo en la última parte, aturdida.



「Y por último, Inés.

Siempre podrás decirme cualquier cosa, en cualquier momento. Ya sea cuando seamos ancianos o dentro de diez años, está bien. Ese 'algún día' que mencionaste, aunque sea un futuro muy lejano」



—……



「Esperarte, al final, no es diferente de amarte. Es como la mañana en la que solo espero que despiertes…」



—¿Señora Inés…?



「…Así que, al final, solo seré feliz gracias a ti. No importa lo que me hagas. No importa si no me dices nada. Aunque de vez en cuando me impaciente, como en algunas mañanas…

Porque tanto me gusta la mañana en la que abres los ojos y me miras, como la mañana en la que te observo antes de que despiertes」



—……



「Así que, por favor, siéntete en paz. No te sientas culpable por nada conmigo. No me soportes. Si alguna vez tienes que perdonarme, que sea cuando reconozca mis pecados y te lo pida de verdad.

Ya me has dado tanto, y yo, olvidándolo por un momento, te lastimé.

Perdóname, Inés」



Decir que no se debería conceder el perdón tan fácilmente, solo para inmediatamente pedirlo… Pero más que enojo, lo que me provocó fue la tentación de decirle que no tenía nada que perdonar desde el principio.

¿Qué sabe él realmente?

¿Cómo puede estar tan seguro?

¿Cómo es que, sin importar qué, está desesperado por hacerme sentir mejor?

Y pensar que estaba tan ansioso. Que tenía miedo. Que se sentía acorralado y desesperado.


—…Juana, tráeme papel y pluma.

—¿Va a responderle de inmediato, señora? Qué sorpresa. ¿Y el desayuno?

—Después. Y asegúrate de que Alfonso no salga a ningún lado. La carta debe enviarse directamente a Calstera.


Juana, emocionada, trajo rápidamente el papel y la pluma antes de salir de la habitación. Inés sumergió la pluma en tinta y comenzó a escribir rápidamente.



「Para Kassel Escalante de Espoza:

He recibido tu interminable carta.

No necesito más de esas, así que solo dime que llegaste sano y salvo.

Si sigues fingiendo que no estás enfermo cuando lo estés, no voy a volver a tratar contigo.

Desde Mendoza,

Inés Escalante de Pérez」



El rubor que había teñido su rostro mientras leía la carta de Kassel desapareció como si nunca hubiera estado ahí. Inés dobló con precisión la carta de apenas tres líneas y la selló.

Luego, como si esto fuera lo verdaderamente importante, tomó otra hoja en blanco y escribió con rapidez.



「Para mi desleal ratita:

Kassel tiene una cicatriz que antes no tenía. En cuanto toqué la zona, se apresuró a taparme la boca con desesperación. En ese momento supe que nunca obtendría una respuesta honesta de mi esposo.

No esperaba nada de él de todos modos, así que está bien. Pero Raúl, no puedo evitar decirte lo profundamente decepcionada que estoy de tu patética fidelidad.

¿Recuerdas la vieja canción de los Pérez? Tú eres como la moneda de esa canción, una que ha pasado por demasiadas manos. Las monedas van de mano en mano, y cuando están tan gastadas que ya nadie las reconoce, dejan de ser aceptadas.

Si sigues así, terminarás siendo una moneda inútil tanto para mí como para Kassel Escalante.

Explícame la situación correctamente y recupera tu posición.

Demuestra quién es tu verdadero dueño, Raúl.

Desde Mendoza,

Inés Escalante de Pérez」


Cuando estaba terminando la carta con un tono completamente amenazante, Juana entró de nuevo en la habitación, todavía con una expresión entusiasmada.

Inés selló la carta dirigida a Raúl y colocó ambas sobre la bandeja que Juana sostenía.


—¿También le va a enviar una carta a Raúl?

—Sí.

—Vaya, seguro va a menear la cola de felicidad hasta caerse.

—¿Tú crees?


La respuesta tenía un matiz enigmático, como si realmente dudara de ello, pero Juana no lo notó y simplemente asintió.


—Siendo una carta suya, no me cabe duda. Ese loco hasta guarda en su caja fuerte los recados que le enviaba de niña…


Lo de la amenaza ya era otro asunto.


—Por cierto, Señor Escalante es realmente un romántico. Sol de mi vida. ¡Sol de mi vida, nada menos…!

—…Es un apodo bastante común.


El rostro frío que había mantenido mientras escribía amenazas a su viejo perro fiel volvió a recuperar algo de calidez. Que algo sea común no significa que no le guste en el fondo, y era imposible ocultarlo.


—No lo es tanto. El sol. ¿Qué clase de hombre sin dignidad diría algo así solo porque le gusta un poco una mujer? Si no es un amor para toda la vida… Aunque bueno, por muy grande que alardeen de su amor, la mayoría no pasan de llamarte “preciosa” como un mocoso malcriado. ¿Qué eres, su perrito?

—Y pensar que en su momento estaba loco por mí… pero ahora que nos separamos, así se comporta.

—¿Está diciendo que su Escalante no tiene dignidad?

—Quiero decir que el señor no siente la necesidad de aferrarse a un orgullo inútil con usted. Un hombre verdaderamente seguro de sí mismo no necesita demostrar nada frente a una mujer. Todo el mundo sabe lo que vale sin necesidad de que lo diga.

—¿Es así?

—Y si hablamos de su esposo… es, sin duda, el más distinguido de toda Ortega.


Inés apoyó la cabeza en su mano y rodó los ojos.


—Mire al maldito de los Pérez, ese miserable. De principio a fin, lleno de complejos hacia mí, metiéndose en todo…

—Según recuerdo, la que le buscaba pelea a cada rato no era él, sino usted. Siempre.

—…Lo que quiero decir es que siempre fue obstinado y orgulloso. Yo solo soy una mujer que busca diferenciar lo correcto de lo incorrecto. Con frialdad.

—Pero también con fuego.

—¿Y qué hay más frío que el fuego? Quema casas y personas, Inés.

—…¿Por qué te vuelves tan feroz cada vez que hablas de él?

—Lo más aterrador es un hombre que arruina, destruye y carcome la vida de una mujer. Si un hombre está podrido… hay que quemarlo.


Quizá, si la hubieran casado a tiempo, no habría terminado con este carácter. Aunque, pensándolo bien, no parecía que Juana fuera del tipo de persona que soportaría a un marido. Después de todo, incluso con esa actitud feroz, era capaz de entregarse hasta la locura cuando alguien le gustaba.

Era un misterio cómo había logrado vivir casada con un hombre igual que ella. Inés solía tomar partido por su doncella, con quien había crecido, pero Juana… realmente era inquebrantable.

Aun así, seguía siendo un ángel con ella, y con eso bastaba. Inés negó con la cabeza mientras la observaba, recordando de nuevo lo que había dicho.

Sí… Kassel Escalante realmente era un hombre extraordinario. Tanto, que no necesitaba aferrarse a su orgullo.

¿O acaso no podía hacerlo? ¿Se debía a que ella lo había reprimido demasiado desde pequeños? ¿Era por eso…? ¿El hecho de que no pudiera decirle ni una sola palabra desagradable era una cicatriz de aquella época, o no lo era…?


—…¿No piensas irte?

—Simplemente estoy… conmovida, señora Inés.

—……

—¿Desde cuándo se convirtió en un sol…?

—……

—Con estas manos tan delicadas, incluso ha sido capaz de arrancarle la ropa a su esposo y destrozar toda la habitación en una guerra de amor…


No parecía estar bromeando, sino que hablaba con la ternura de una vieja nodriza que hubiera criado a una niña desde su infancia. O, quizás, como Arondrana.

Aunque, claro, el contenido de sus palabras era cualquier cosa menos propio de una niñera.

Si se tratara de ellas, dirían algo como: “Nuestra pequeña señorita, que antes era tan diminuta, ha crecido tan hermosa… ¡y ahora incluso está casada…!” Pero en su boca no había ni un solo resquicio de pudor.

Inés la miró con incredulidad mientras Juana jugaba con mechones de su cabello, peinándolos con los dedos sin parar.

¿Y la carta que le había dado para enviar? ¿En qué momento la había soltado?


—Te estás divirtiendo a mi costa, ¿verdad? Ni siquiera has hecho lo que te pedí.

—Incluso usted es demasiado sincera con su esposo, señora.

—……

—Tendría que haber visto la cara que puso mientras leía su carta.

—No me interesa.

—Al principio, de verdad pensé que Duquesa Valeztena la había molestado desde temprano.

—……

—Parecía a punto de un duelo, o de recibir una carta anónima llena de insultos…

—……

—Pero resultó que solo estaba tan feliz que terminó completamente tensa.

—No fue eso. Solo me tomó por sorpresa.

—Ese rostro tan sonrojado, esas orejas rojas… Ay, si supiera lo adorable que se veía…

—Juana… ¿me estás tomando por tonta?


Inés la miró con fastidio. Le molestaba la forma en que la observaba, como si fuera una masa de pan blando lista para ser moldeada. Pero, al mismo tiempo, no tenía la energía para enfadarse.

Sentía como si Kassel, al partir hacia Calstera, se hubiera llevado consigo todo lo que tenía. Su energía, su voluntad… incluso su capacidad para enfurecerse con normalidad.


—No, señora. Solo siento que todo está mejorando. Todo en usted, que antes solo tenía preocupaciones.

—…Kassel ni siquiera está aquí ahora.


Como si con eso todo volviera a ser como antes, murmuró Inés. Pero Juana, con una sonrisa que demostraba que sabía mucho más de lo que aparentaba, se inclinó hacia su oído y susurró:


—Sir Luciano ha enviado a alguien desde temprano.

—…¿Luciano?

Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄


AREMFDTM            Siguiente

Publicar un comentario

0 Comentarios