Domé a un Tirano y Huà 172
SIDE STORY - 33
—Fue hermoso… verte llorar.
Charlize habló.
La respiración de Dylan era tranquila.
RÃtmica.
QuerÃa acariciar con los dedos el contorno enrojecido de sus ojos.
¿Eso lo despertarÃa?
—……
Tal vez porque lo estaba mirando demasiado fijamente, Charlize notó un leve temblor en los músculos del rostro de Dylan.
Instintivamente, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa.
Estaban juntos, bajo la misma manta, en una cama espaciosa.
Charlize, acostado boca abajo, apoyó el rostro en su mano y observó a Dylan.
—No está dormido, ¿verdad?
—…Me descubrió.
El palacio estaba en silencio.
Era una noche que, probablemente, recordarÃa hasta el dÃa antes de su muerte.
Intensa, apasionada, llevada hasta el extremo.
Los párpados de Dylan temblaron antes de revelar lentamente sus ojos azules.
No sabÃa que las marcas de besos se formaban tan fácilmente.
Era más simple de lo que pensaba: lamer suavemente, morder con cuidado, repetir con los labios.
HabÃa escuchado sobre ello de pasada en una conversación con las doncellas.
Los ojos de Dylan, humedecidos por el llanto, estaban enrojecidos.
Era evidente que era suyo.
—Ah, eres hermoso.
Dylan parecÃa incapaz de controlar su expresión.
—…Me alegra saber que mi apariencia le satisface, Charlize.
—Incluso la última expresión que hiciste antes de terminar… también era hermosa.
El hombre, que siempre tenÃa una respuesta para todo, ahora estaba en silencio, con las orejas enrojecidas.
Quizás la palabra "última expresión" habÃa despertado su imaginación.
El rostro sin palabras de Dylan era perfecto, como una escultura.
Si Charlize tuviera talento para la pintura, habrÃa tomado un pincel en ese mismo momento para plasmar esa expresión en el lienzo.
Como parecÃa avergonzado, Charlize desvió la mirada con cortesÃa y se acostó a su lado.
Naturalmente, el emperador le ofreció su brazo como almohada, permitiéndole respirar en su cálido abrazo.
Era cómodo.
Y reconfortante.
—Aun asÃ… me hace feliz, Charlize.
—¿Qué cosa?
—Ser amado.
Charlize sonrió.
—Su Majestad me quiere mucho.
—¿Hace falta decirlo?
—Yo también lo quiero mucho.
—Gracias.
'¿Gracias?'
Siendo esposos, era un afecto que se daba por sentado.
Dylan apartó suavemente el cabello desordenado de Charlize y besó su frente.
Un beso ligero.
Se sentÃa como un gesto de respeto.
—Charlize, ¿descansarÃamos juntos mañana?
—¿Descansar?
—El emperador también puede tomarse un dÃa libre, ¿no cree? Me harÃa muy feliz pasar todo el dÃa con usted, aquÃ, en la cama.
El abrazo por la espalda fue fuerte.
Charlize exhaló lentamente y cerró los ojos.
El sueño empezaba a invadirlo.
—Lo siento, pero tengo un compromiso mañana. Es una cita que hice hace medio año, asà que no puedo cancelarla.
—Ah. ¿Se refiere a su encuentro con Mary?
—SÃ.
Dylan guardó silencio.
Por supuesto, conocÃa bien la agenda de Charlize.
'Aunque Charlize hubiera decidido no ir, yo habrÃa insistido en que lo hiciera. Solo tenÃa curiosidad por conocer sus prioridades'
Mary, que habÃa sido criada de Charlize, se habÃa vuelto influyente desde que lanzó su propia marca de perfumes.
Las criadas eran diferentes a las criadas; provenÃan de familias nobles.
Mary, con su carácter amable y su experiencia cercana a la emperatriz, se habÃa convertido en marquesa tras varios encuentros arreglados por la propia Charlize.
[Su Majestad, le debo demasiado. No sé cómo podré pagarle]
Mary marcaba tendencia en la alta sociedad.
Cada vez que tenÃa una inspiración para un nuevo aroma, la anotaba en su cuaderno y, finalmente, lanzaba una fragancia con una historia cautivadora.
Su sensibilidad única fascinaba a las personas.
Como marquesa y noble de alto rango, tenÃa una gran influencia en los cÃrculos sociales.
Siempre expresaba su gratitud a la emperatriz, la gente la apreciaba por ello.
'No quiero aislar a Charlize. Al contrario, debo fomentar sus relaciones personales'
Sin embargo, Charlize habÃa elegido su compromiso sin dudar.
Dylan, aunque solo por un instante, sintió una leve insatisfacción.
Pero Charlize lo notó al instante.
Extendió la mano, acariciándole el cabello, y le preguntó:
—¿No quieres que la vea?
—No es eso. Charlize, puede hacer lo que desee.
—Gracias.
Esa sonrisa.
Dylan sintió que habÃa nacido solo para ver esa sonrisa.
—Entonces, mañana atenderé los litigios. Disfrute su reunión.
Las audiencias judiciales solÃan tratar disputas entre nobles.
—Será agotador para usted, Majestad.
A pesar de la preocupación en la voz de Charlize, Dylan solo sonrió con ligereza.
El gobierno no era una carga para él, y Charlize lo sabÃa.
La carga emocional recaÃa en sus oficiales, no en él.
Al final, los litigios se resolvÃan según su juicio, y los demás solo podÃan aceptarlo.
No se admitÃan objeciones.
—Duerma. Es tarde.
—Por su culpa.
Charlize tomó la mano de Dylan.
La guió hasta su clavÃcula, donde aún quedaban leves marcas rojas.
Dylan se quedó perplejo por un momento, y Charlize sonrió con picardÃa.
Incluso esa travesura era irresistible.
Dylan la abrazó con fuerza.
Como si temiera que escapara.
Su calor era acogedor.
Y cálido.
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A la mañana siguiente.
Charlize despertó sintiendo una caricia suave.
Un toque delicado, tal vez incluso un poco sensual.
Quizás la palabra cosquilleo serÃa más acertada.
Tan pronto como abrió los ojos, notó que el abrazo de Dylan se apretaba aún más.
Como si se negara a dejarla ir.
Pero las palabras son más dulces que las acciones.
—Es hora de levantarse.
—Sus palabras y sus acciones no coinciden, Su Majestad.
—…Tal vez no quiero dejarla ir.
'Si alguien los viera, pensarÃa que estoy por irme muy lejos'
Charlize sintió su calidez mientras se removÃa suavemente.
HabÃa algo en esa calidez que la hacÃa no querer moverse.
Cada vez que intentaba levantarse, Dylan la retenÃa.
Y cuando él intentaba hacerlo, ella lo sujetaba.
Durante un breve instante, oscilaron entre el letargo del sueño y la calidez de la realidad.
Finalmente, tras abrazarla un rato, Dylan se incorporó lentamente.
Charlize siguió el movimiento de sus manos y también se sentó.
Sus dedos se deslizaron lentamente hasta su cabello.
Con un roce delicado, acomodó sus mechones y la guió hasta el borde de la cama.
Sentada a medias en la orilla del colchón, Charlize se frotó los ojos mientras Dylan se dirigÃa a un rincón de la habitación y tomaba dos cuencos.
Era agua caliente que el servicio del palacio habÃa preparado temprano en la mañana.
Uno a uno, lavó sus manos y sus pies.
Después, con un paño suave, secó el agua con cuidado.
Solo entonces, como si le estuviera permitiendo abandonar la cama, le colocó las zapatillas.
—Gracias.
Dylan no respondió. Solo inclinó el rostro y besó su mejilla.
Poco después, con el tintineo claro de una campanilla, los sirvientes entraron.
—¿Nos ha llamado, Su Majestad?
—La emperatriz va a bañarse. Prepárenlo todo.
—SÃ, Su Majestad. ¿Desea que le asistan en el baño?
—No. Solo preparen agua caliente y aceites aromáticos.
Intrigada por su respuesta, Charlize lo miró fijamente.
Dylan sonrió con dulzura.
—Yo mismo la bañaré, Liz.
Para ser tan temprano en la mañana, esto era demasiado peligroso.
O eso pensó Charlize.
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Después de despedir a Charlize, Dylan sacudió el agua de su piel.
Entonces, murmuró suavemente al vacÃo.
—V, Hugo.
Apenas su voz se deslizó en el aire, Lafeyak apareció de la nada.
—A sus órdenes, Su Majestad.
Ayer habÃa sido el aniversario de la Séptima Consorte, por lo que Dylan también habÃa pospuesto sus asuntos oficiales.
—Hugo, hoy terminaremos con los asuntos pendientes. Especialmente las disputas entre nobles de alto rango. Asegúrate de que todos entren al palacio antes del mediodÃa.
—SÃ, Su Majestad.
—V, hoy liderarás un escuadrón y escoltarás a la emperatriz. Que no sufra ninguna incomodidad.
—SÃ.
Las órdenes de Dylan eran claras y precisas.
Y sus hombres las aceptaban con la misma naturalidad con la que respiraban.
Eran subordinados que habÃan servido a su lado durante mucho tiempo sin errores.
Su confianza en ellos era absoluta.
—Vamos a la sala de audiencias.
Dylan aceleró el paso.
—¡Su Majestad, el Emperador, ha llegado!
Cuando entró, Hugo ya habÃa preparado todo.
La sala de audiencias estaba lista, permitiendo que el trabajo y las audiencias se resolvieran en un solo flujo continuo.
Los asuntos administrativos se resolvieron con rapidez.
Los documentos que requerÃan aprobación fueron revisados con frialdad, y los presupuestos de las distintas oficinas del palacio se presentaron en orden.
Desde cuestiones menores hasta asuntos de mayor peso.
Cada uno habÃa sido filtrado por funcionarios competentes, dejando solo la confirmación y la decisión final en manos del emperador.
Cuando la mayorÃa de los asuntos estuvieron resueltos y estaba a punto de comenzar el juicio de disputas, Dylan finalmente habló.
—Hugo.
—SÃ, Su Majestad.
—¿Por qué estás tan inquieto?
Hugo mostraba señales de nerviosismo.
Y no habÃa forma de que el perspicaz emperador no lo notara.
—Eso es…
Era raro que Hugo titubeara.
Por primera vez en mucho tiempo, tenÃa una expresión incómoda.
Pero, dándose cuenta de su error, respondió rápidamente.
—Ha volado una paloma.
'Ha volado una paloma' era una clave para referirse a la aparición de la Lafeyak Negro.
A diferencia de los White, los Black no debÃan ser descubiertos por nadie.
Las cejas de Dylan se arquearon.
¿HabÃa estado tan absorto en su trabajo que no lo sintió antes?
Ahora que Hugo lo mencionaba, percibió una presencia familiar rondando a su alrededor.
'¿Payne?'
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