INTENTA ROGAR 158
Volumen VI: Dolores de crecimiento II (1)
Cantidad Caracteres: 43424
«Los silos de grano que pude ver desde la ventana habÃan sido pintados de rojo»
«Entra rápido»
«Después de eso, pude ver un gran rÃo...»
Grace entró en el baño a instancias del hombre y se quedó momentáneamente sin habla ante la vista que tenÃa ante sÃ. Este lugar era como el dormitorio de un hombre, sin cambios desde los viejos tiempos. Excepto por una cosa.
¿Por qué no habÃa reemplazado el espejo roto, ahora oxidado y con menos de la mitad restante?
El hombre evitó mirarla a los ojos y solo le quitó la gabardina de los hombros. Grace fingió no darse cuenta y siguió hablando.
«A juzgar por la distancia y la dirección, parece el rÃo Stoke»
Cuando me subieron por primera vez al camión, recordé el tiempo aproximado que tardó y la dirección en la que viajaba. La granja estaba situada a unas dos horas en coche de los barrios marginales de los muelles. Después de informarle de eso, siguió hablando sobre el paisaje que vio por la ventana cuando fue torturada y las caracterÃsticas de la granja.
«Y en la bolsa de pan...»
Hurgando en la memoria, incluso pensé en la bolsa de papel que le habÃa puesto a Ellie. Grace habló con dificultad, apretando los dientes, mientras el miedo comenzaba a abrumarla.
«TenÃa el nombre Henson. Creo que es el nombre de una panaderÃa cercana»
«.......»
«¿Me estás escuchando?».
El hombre guardó silencio. Seguà su mirada y me di cuenta de por qué estaba sujetando el abrigo con las manos, paralizado.
Desde la blusa hasta la falda y las medias, todo estaba manchado de sangre.
«Primero el médico...»
Grace agarró al hombre que intentaba irse.
«No es mi sangre»
Quizá unas gotas sean suyas.
«Ni siquiera es sangre de Ellie»
La furia ardiente que habÃa vuelto a encenderse en los ojos del hombre se apagó. Pero no tardó en regresar.
«¿Quién hizo esto?»
Mientras se desataba con torpeza el vendaje envuelto en su meñique izquierdo, preguntó entre dientes, con rabia contenida. Su mano, que sostenÃa los dedos desgarrados de Grace, temblaba visiblemente.
«¿Ni siquiera duele?»
El dolor en el corazón era tan intenso que no podÃa sentir el dolor fÃsico. Al negar con la cabeza, la expresión del hombre se torció aún más.
Sus ojos parpadearon entre el rostro atónito de Grace y sus dedos, en los que habÃa sangre seca donde deberÃan haber estado las uñas, enterró la cara en una mano y dejó escapar un gemido estrangulado.
«¿Cómo has aguantado esto? ¿Cómo puede no doler?»
Mientras lo veÃa sufrir, Grace se preguntó: ¿Cómo no va a doler? ¿No quisiste arrancarme las uñas una vez?
Pero el hombre que tenÃa delante no era un monstruo que mereciera su regañina.
«Ellie....»
«Primero tú»
El hombre respiró hondo y le quitó la ropa a Grace una a una. Cuando la suciedad y la sangre desaparecieron, reveló un cuerpo cubierto de magulladuras y cortes.
«¿Cómo llegaste aquà asÃ? ¿Nadie te atrapó?»
Tal vez lo hicieron
.
«...No me acuerdo»
Dijo que habÃa caÃdo mientras intentaba perseguir al tÃo Bobby y que, al recuperar la conciencia, se dio cuenta de que estaba apuntándote con un arma. El rostro del hombre, que se retorcÃa cada vez más en el centro de la visión de Grace, de repente se volvió borroso.
«... Iba a hacer algo»
«¿Qué te han hecho?»
Fue tan chocante para Leon como lo habÃa sido para Grace: la mujer fuerte que podÃa hacer frente a cualquier cosa que él hiciera se habÃa perdido a sà misma y se habÃa vuelto loca.
«De principio a fin. Cuéntame todo lo que hicieron, todo»
Mientras escuchaba las palabras de Grace, en la mente de él se iban acumulando una a una las ideas de las torturas que infligirÃa a Nancy Wilkins y Robert Fisher.
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Cuando salió de la ducha, la recibió un médico al que no habÃa visto antes. Le hizo preguntas, la examinó y le dio un diagnóstico superficial.
«La mayorÃa son cortes y contusiones, pero por suerte no hay fracturas»
«¿Ves? Te lo dije, no hay nada. Esto es una pérdida de tiempo. Ve y encuentra a Ellie»
Pero el hombre que estaba a su lado no relajó ni un ápice su expresión rÃgida y giró hacia el médico con tono de mando.
«Hace unas 12 horas que no recuerda nada»
«Bueno, tendremos que esperar y ver. PodrÃa ser que la conmoción cerebral le causara confusión temporal y pérdida de memoria»
El hombre preguntó sobre las precauciones y los métodos de tratamiento, prácticamente vació el maletÃn médico para obtener los medicamentos antes de despedir al doctor. Cuando intentó abrir la botella de morfina lÃquida, Grace lo detuvo.
«Quiero permanecer despierta y lúcida, por si recuerdo más pistas»
Él la fulminó con la mirada, luego suspiró y dejó el frasco en el suelo.
«Las manos»
El hombre abrió el frasco de desinfectante y le indicó que pusiera las manos sobre la mesa.
«Déjalo. Las uñas vuelven a crecer, ¿no?»
«¿DirÃas lo mismo si Ellie se lastimara?»
Grace lo miró fijamente al rostro por un momento antes de extenderle la mano en silencio.
«¡Ay!»
El desinfectante escocÃa la herida. El hombre murmuró mientras aplicaba pomada y gasas en el lugar donde se habÃa limpiado el desinfectante.
«Tendré que llamar a un especialista»
«La que necesita un médico no soy yo, es Ellie»
La fiebre bajó, pero el resfriado no habÃa desaparecido del todo. Me estaba frustrando estar aquà sentada recibiendo un tratamiento minuto tras minuto mientras mi hija enferma estaba en manos de los demonios.
«Ve a la oficina»
El hombre volvió a sentar a Grace mientras ella se levantaba, vendándose los dedos con brusquedad.
«¿Por qué?»
«Campbell está a cargo de encontrar y registrar la granja»
«¿Entonces nos vamos a quedar de brazos cruzados? ¿Y si no encontramos la granja? Incluso si la encontramos, es obvio que no estará allÃ. Por eso tenemos que pensar en el siguiente paso…....»
Grace miró a los frÃos ojos del hombre y cerró la boca. El hombre ya debÃa de haber pensado en cientos de opciones desde el momento en que se dio cuenta de que se habÃan llevado a la niña.
No podÃa creer que le hubiera presionado.
«Es mi culpa, pero, ¿a quién…?»
Aunque intentaba culpar a ‘nosotros’, sabÃa que todo lo que habÃa pasado era únicamente su responsabilidad.
Grace intentó levantarse de nuevo, pero se dejó caer al suelo con un golpe seco.
«Tanto al tÃo Bobby como a Nancy, fui yo quien los liberó»
El odio a sà misma era evidente en su voz mientras confesaba su culpa.
Pero el hombre que tenÃa enfrente no la miró ni un segundo, sino que se limitó a limpiarle la herida de la espinilla con una gasa empapada en antiséptico.
Estás enfadado conmigo.
«Lo siento»
El ceño del hombre se arrugó ligeramente, como si no le gustaran sus disculpas.
«Si tú te disculpas, yo tengo que disculparme. Usted tiene la culpa por hacer su trabajo, yo por no hacer el mÃo»
Su trabajo es atrapar rebeldes. Para Leon, no tenÃa sentido culparse mutuamente por el secuestro de Ellie.
Untó pomada en cada herida de la espinilla, gasas y vendas en las más grandes. Cuanto más pensaba en ello, más desolado se sentÃa.
Aquella mujer ya no era suya. De hecho, nunca habÃa sido suya, ni siquiera por un momento. Aún asÃ, no querÃa que otro hombre la tocara, asà que Leon se hizo cargo del tratamiento.
Revisó otras partes de su cuerpo y empezó a aplicarle pomada en la cara, que, a la luz del dÃa, estaba aún peor.
Estaba jurando tranquilamente romper en cien pedazos la mano que la habÃa hecho asà cuando ella lo miró como si fuera un extraño y le preguntó:
«¿No me odias?»
«Te odio»
«Entonces, ¿por qué....»
«Te odio, pero sé por qué tomaste las decisiones que tomaste, asà que no puedo culparte»
No eres malo, sólo fue una mala situación.
Añadió las palabras en su defensa y comenzó a aplicar el ungüento de nuevo. La mujer, aún bajo su tacto, murmuró distraÃdamente.
«Yo... no te entiendo»
Su incomodidad era evidente en su rostro.
«No es que no te entienda a ti, es que no entiendes a ti misma»
No soy yo quien te incomoda, eres tú.
León le miró fijamente a la cara, con su malestar cada vez más pronunciado, le hizo una pregunta cuya respuesta ya se sabÃa.
«Yo hablo sin rodeos, ¿por qué tú no puedes hacerlo? ¿Verdad?»
Grace se quedó pensando en las palabras del hombre que la habÃa pillado desprevenida hacÃa un momento.
Te odio, pero sé por qué tomaste las decisiones que tomaste, asà que no puedo culparte.
No eres malo, sólo fue una mala situación.
Lo fue. Me robaste las palabras que querÃa decir, las palabras que necesitaba decir. No puedo hacerlo.
«Ni siquiera quieres que mire dentro de ti ahora. Estás enfadada, ¿verdad?»
Leon sonrió satisfecho al verla evitar sus ojos, igual que cuando la habÃa obligado a desnudarse.
«En realidad estás enfadada contigo, no conmigo, me pregunto qué tengo que hacer para que lo admitas»
No, no tenÃa que hacer nada. Grace ya lo sabÃa.
Pensó en los últimos tres años que habÃa pasado enfadada con un hombre que ni siquiera estaba allÃ. Pensaba en él todo el dÃa, todos los dÃas. Incluso cuando me dormÃa, no podÃa dejar de pensar en él. Culpaba a un hombre que ni siquiera estaba allÃ.
Eres terrible. Eres tan horrible. Cada vez que intento irme, haces esto. Llevas tres años en mi cabeza, sin irte nunca, sigues haciendo esto.
Era una bronca que deberÃa haberse dirigido a sà misma, no a este hombre. Estaba enfadada consigo misma por atarse a Leon Winston, fÃsicamente, pero mentalmente, a él.
«¿Recuerdas? Me preguntaste si fue porque te hice parecer inocente, ya que las personas con culpa no pueden amar con orgullo. Y, honestamente, habÃa algo de eso»
«.......»
«Pero ahora puedo decirlo con firmeza. Yo también te amo, a ti, que tienes tantos pecados»
'¿Qué te pasa?'
Grace miró con recelo al hombre que hablaba con tanta facilidad de amar a un pecador.
«Te incomoda, ¿verdad? Que te ame sin importar lo que me hagas, que actúes como si fuera una especie de santa, que no puedas decir abiertamente que me amas, a un hombre pecador»
«No te amo....»
No te amo. Dejé de intentar decir eso.
Mi refutación verbal sólo reforzarÃa su lógica. Sonrió con el rabillo del ojo, como si ya supiera la respuesta.
«¿Cómo puedes perdonar al hombre que te causó dolor? ¿Cómo puedes amarlo? Tu conciencia te estará reprendiendo por esto»
«.......»
«No sé para quién es esa conciencia, pero…....»
El hombre miró a Grace, que permanecÃa en silencio, y sonrió con amargura.
«Sé cómo te sientes, porque yo he pasado por eso»
«.......»
«Crees que todo lo que hago te hace sentir menos que nadie, incluso las cosas que hago por ti. Créeme, hablo por experiencia. Yo me sentÃa igual cuando no podÃa admitir que te querÃa»
«.......»
«Pero sabes cuando lo has perdido todo. No tiene sentido escuchar a tu conciencia»
Mientras le untaba la cara con el ungüento, empecé a divagar sobre mi filosofÃa de la conciencia.
La conciencia es un grillete.
Un recién nacido no tiene conciencia. Es un lavado de cerebro adquirido que se construye por la acumulación de coacciones de la sociedad en nombre de la moralidad, lo llamamos conciencia.
La conciencia es un medio perezoso e ingenioso de dominación humana por parte de quienes detentan el poder.
La prueba está en la falta de conciencia de los poderes. Los súbditos del látigo de la conciencia que blanden los gobernantes lo adoran como a un dios, sin darse cuenta de que sólo es un medio para mantener el orden.
La conciencia es, en definitiva, una mentira.
«Por eso, es mejor deshacerse de la conciencia desde el principio»
Con esta conclusión, el hombre giró hacia Grace. No habÃa ninguna sonrisa en su rostro.
«Grace, créeme, te quiero hagas lo que hagas. Necesitas a alguien que lo haga»
MentirÃa si dijera que no me dejé llevar por esas palabras.
¿Quién no quiere a alguien que lo ame sin importar lo que haga?
Pero yo no te quiero a ti.
Ella bajó la cabeza para evitar su mirada. Las yemas de sus dedos se deslizaron por su barbilla. Ella pensó que iba a besarla cuando bajó la cabeza, pero no fue asÃ.
La yema del dedo pegajoso se deslizó largamente sobre sus labios, rodando por el centro de la tierna carne. El hombre con el ungüento en los labios desgarrados la miró a los ojos y torció la boca de un modo extraño.
«Iba a besarte, sÃ, pero desistà porque no habÃa ningún lugar que pudiera tocar que no doliera»
Sus ojos se entrecerraron un momento al recordar quién le habÃa puesto asà la cara.
«Aunque dudo que mis besos te hayan hecho daño»
Grace miró al hombre mientras cerraba el frasco de ungüento y se levantaba. La cabeza aún le daba vueltas con sólo mirarlo.
«No te preocupes porque te diga cosas como amor, volviste porque me necesitabas, no porque quisieras, sé que nada ha cambiado entre nosotros»
Tiró a la mesa el pañuelo con el que se habÃa limpiado las manos manchadas de pomada y se dio la vuelta.
«He levantado la prohibición de viajar y no voy a volver a dictarla. Mi promesa de dejar marchar a ti y a Ellie sigue en pie, salvo, claro está, que primero tendré que recuperar a Ellie»
Grace abrió la boca para decir algo que no hubiera dicho ya, pero el hombre no le dio oportunidad y se marchó.
Lo que ocurra después depende de ti.
Sus últimas palabras resonaron en su cabeza como un disparo.
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Mis expectativas no eran infundadas.
Encontraron la granja, pero todo lo que quedaba dentro era el cuerpo del rebelde que Grace habÃa matado. Sus pertenencias y las de la niña en el sótano habÃan desaparecido.
Cuando un minucioso registro de la granja y sus alrededores no reveló ningún signo de daño a la niña o al cuerpo, se sintieron aliviados y pasaron a su siguiente misión.
[Aún conmocionada por el incendio provocado y el tiroteo perpetrado por la banda de Nancy Wilkins en la vÃspera de la Navidad anterior....]
Grace estaba junto a la ventana de su oficina, mordiéndose las uñas mientras escuchaba las noticias de última hora en la radio.
[Para advertir a los remanentes rebeldes de Blanchard, que se están volviendo cada vez más peligrosos...]
Llevaba la uña del Ãndice a los dientes en lugar del pulgar, que se habÃa desgastado durante la noche. La puerta se abrió de golpe y entró el hombre que habÃa ido al centro de mando dos horas antes.
«La noticia ha salido»
El hombre asintió brevemente, como si fuera un hecho, se dirigió a su mesa. No necesitaban decir mucho, ya que habÃan sido ellos quienes habÃan dado la noticia.
Pasaron el resto de la mañana esperando un informe sobre el registro de la granja.
Si en uno o dos dÃas no se sabÃa que Leon Winston habÃa muerto, la seguridad de Ellie estaba en juego.
Consideraron la posibilidad de informar falsamente de su muerte, pero descartaron rápidamente la idea. Leon Winston era comandante militar, conde, miembro de la nobleza y jefe de numerosas empresas. Las repercusiones de fingir la muerte de un hombre conocido en todo el paÃs serÃan de gran alcance y duraderas.
Y, lo que es más importante, su muerte no garantizaba el regreso de Ellie.
Asà que al final, optamos por un ataque preventivo.
O más bien, un señuelo irresistible.
[…hemos decidido llevar a cabo la ejecución]
Se jugaban la vida de una niña contra la vida de otro.
Es una apuesta arriesgada. Pero inevitable.
Le volvieron a arrancar las puntas de las uñas.
Aunque sabÃa que era lo mejor, Grace no podÃa deshacerse de su ansiedad.
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Chhh. Chhhzzzt.
Robert suspiró mientras giraba el dial de la radio. En la cabaña aislada en las montañas, la señal de la radio era difÃcil de captar.
Necesitaba saber si Grace habÃa eliminado a ese demonio.
Tal vez Nancy, que habÃa salido al pueblo al pie de la montaña, podrÃa confirmárselo.
«Te mueves bastante bien en ese cuerpo»
La juventud es una droga, se dio cuenta, se rindió y se dirigió al segundo piso, con la radio emitiendo señales confusas.
En cuanto abrió la puerta del desván, la niña de la cama se levantó de un tirón. La niña estaba apartada de la luz del sol que entraba por la pequeña ventana, pero Robert se dio cuenta. Los ojos que le miraban a través de la arrugada bolsa de papel estaban llenos de decepción.
«¿Has comido?»
A medida que se acercaba, la niña repetÃa la misma pregunta.
«¿Adónde fue mamá?»
Ellie abrazó su Muffin y recordó el sonido que habÃa oÃdo ayer. Oyó un ruido sordo en lo alto, seguido de su mamá y los demás gritando algo enfadados.
CreÃa que también oyó llorar a su madre.
Y eso fue lo último que oyó.
Nunca volvió, entonces el hombre que compró el pan y la malvada amiga de su madre fueron y metieron a Ellie en el camión y la trajeron de vuelta aquÃ.
«¿Qué le pasó a la mamá de Ellie?»
La pregunta de la niña era diferente, como si se hubiera dado cuenta de que algo malo le habÃa pasado a su madre. Robert dejó escapar un suspiro frustrado y acercó una silla para sentarse frente a ella.
Volvió a suspirar al ver cómo la niña se agachaba y le observaba con recelo.
A tan corta edad, ya era muy testaruda. No se quitaba una bolsa de papel porque se lo dijera su madre, aunque le resultara incómodo, no le importaba que le comprara juguetes y comida.
«Ellie, no eres mala persona, asà que no tienes por qué tener tanto miedo»
«Pero mamá está llorando»
«Eso es porque se peleó con la tÃa Nancy. Ellie también se pelea con sus amigas»
Sus ojos se suavizaron un poco mientras miraba a Robert para ver si lo entendÃa.
«Mamá sólo te dejó conmigo porque tenÃa que trabajar un rato, dijo que vendrÃa a buscarte cuando estuvieras bien alimentada y durmiendo»
La idea de mentir a una niña le hizo la boca agua. Robert volvió a maldecir a Nancy por dentro y trató de sonreÃr por fuera.
«No está llorando, por cierto. Ellie es muy valiente»
La felicitó, pero ella hizo un mohÃn con los labios, cogió el bolso de su madre de la esquina de la cama y gimoteó.
«Cuando mamá venga, voy a llorar. Ellie está muuy enojada. No le voy a dar un beso cuando vuelva mamá»
Nada de besos por estar enfadada.
Volvà a amargarme, pensando que los niños son niños, aunque sean hijos del diablo.
«No tienes ninguna culpa»
La niña, como una ardilla reuniendo bellotas en su nido, habÃa apilado las cosas de su madre sobre la cama. Nadie la habÃa ayudado a cambiarse, pero llevaba ropa diferente a la de la mañana. Al observar más de cerca, parecÃa que se habÃa puesto el suéter de su madre sobre su propia ropa.
Robert se dio cuenta de que llevaba los zapatos al revés, asà que se los puso correctamente.
«FÃjate bien. Tienes que ponértelos con esta hebilla por fuera»
Primero Nancy, luego Grace, luego Ellie. Robert se sentÃa como una niñera de hijas ajenas.
«¿Por qué no comiste esto?»
En la mesita de noche estaba el almuerzo que le habÃa dado una hora antes. El vaso de leche estaba vacÃo, el sándwich intacto salvo por unos mordiscos.
«No está rico»
Está frÃa. El queso no se ha fundido. El pan está empapado.
La niña miró el bocadillo y murmuró su disgusto.
Los aristócratas nacen con un paladar quisquilloso. Por la mañana, le ofrecà copos de avena, pero no quiso probar bocado hasta que le añadà cerezas confitadas y miel. Después de menos de un dÃa cuidando de Ellie, sentà aún más pena por Grace, que ya habÃa pasado por tanto.
Pero no podÃa dejar que la niña muriera de hambre.
Robert hurgó en los comestibles y encontró algo que podrÃa gustarle.
«Es de Ellie»
La niña, al ver el muffin de chocolate, fue la primera en extender la mano. El hecho de que llamara 'Muffin' a su muñeca daba a entender que esto podrÃa gustarle, esa suposición resultó acertada.
«Espera»
Robert la detuvo mientras cogÃa el muffin por la abertura de la bolsa de papel.
«QuÃtate eso y cómetelo»
«No. Mamá dijo que me lo dejara puesto»
Insistió la niña, discutiendo cuántas veces tenÃa que decir lo mismo.
«Si comes con esto, ensuciarás lo que te ha dado mamá»
Sólo después de utilizar a su mamá como excusa, la niña vaciló y quitó obedientemente la bolsa.
«Vale, buena niña....»
A Robert se le cortó la respiración en cuanto vio la cara de la niña.
Un demonio enloquecido de sangre estaba ante sus ojos....
Oh, no.
Volvió en sà cuando la niña mordió inocentemente el muffin, sólo después de respirar hondo forzó las comisuras de su rÃgida boca hacia arriba para sonreÃrle.
«¿Está bueno?»
«Mmm»
La niña asintió vigorosamente con chocolate en la comisura de los labios.
«Ahora sé por qué tu madre te dijo que no te quitaras la bolsa»
Se parecen tanto.
Tanto que por un momento la confundió con un niño.
Era consciente del parecido, pero lo olvidó después de unos dÃas de que ella se tapara la cara. Cuando llevaba la bolsa, sólo podÃa verle los ojos, asà que imaginó vagamente el rostro de Grace.
«...¿Qué podrÃas haber hecho mal?»
Robert repitió las palabras como un mantra, temeroso de volver a recordarle a la niña lo del demonio.
Pero en su mente, repitió la última vez que habÃa visto al demonio. Mientras sacaba a Nancy de la herida de bala, miraba sin cesar a Winston, que estaba sentado sangrando en el suelo a un metro o metro y medio de distancia.
Era aterrador. Sentà como si aquellos ojos desenfocados e inexpresivos pudieran ver a través de mÃ, y se me puso la carne de gallina. Me estremecà temiendo que, si apartaba la mirada, él serÃa vencido.
El Absoluto habÃa perdido su poder.
Esta era una oportunidad de venganza que nunca volverÃa a presentarse. DeberÃa haber disparado una bala para confirmar la muerte, pero no pudo.
Para él, Leon Winston era sinónimo de miedo. Sin poder, seguÃa siendo temido.
«Ellie tiene sed»
Perdido de nuevo en sus pensamientos, Robert volvió sobresaltado a la realidad cuando la niña, que se habÃa terminado su magdalena, le suplicó leche.
Nancy no estaba, asà que la llevó abajo. En cuanto terminó el vaso de leche, la niña empezó a registrar la cabaña. Buscaba a su madre, mientras abrÃa de par en par la puerta y luego los armarios de la cocina.
Mientras veÃa a la niña correr por la casa como si estuviera jugando al escondite, no pude evitar acordarse de los viejos tiempos.
«Annie, ven aquû
Robert cogió el peine de Nancy y le peinó el pelo despeinado. Mientras lo hacÃa, se repetÃa a sà mismo, como si recitara una oración.
Es sólo una niña, sólo una niña, como su hija.
«Annie, ¿Qué has podido hacer mal?»
murmuré mientras le acariciaba el pelo, que empezaba a brillar de nuevo, ella negaba con la cabeza.
«No es Annie, es Ellie»
«...Claro, claro»
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La bomba habÃa sido lanzada.
Ahora solo quedaba esperar el contraataque del enemigo.
Grace miraba fijamente el reloj sobre el escritorio. Solo habÃan pasado dos horas desde que se transmitió el boletÃn de última hora en la radio, pero se sentÃa como si hubieran pasado dos dÃas. Justo cuando volvÃa su mirada al teléfono, algo le arrancó la uña de entre los labios.
El hombre, que estaba sentado al otro lado del escritorio escribiendo algo apresuradamente en una hoja de notas, le habÃa agarrado la mano.
«¿Ahora vas a arrancarte las uñas tú misma?»
Le lanzó una reprimenda mientras colocaba su mano sobre el escritorio y dejaba encima de ella un frasco de tinta con la tapa abierta. Grace dejó escapar una leve risa y apartó el frasco.
Vaya, reÃrse en una situación como esta.
Su escritorio parecÃa abarrotado con papeles y mapas esparcidos por él, asà que bajó al suelo el plato vacÃo que tenÃa en la esquina de la oreja. El bocadillo que habÃa estado en su plato estaba ahora en su estómago.
El hombre la habÃa estado regañando para que no comiera en cuanto regresó del centro de mando, amenazándola hasta que le dijo que no tenÃa hambre.
Ahora que lo pensaba, no le habÃa visto comer.
Grace miró al hombre, que estaba concentrado en su trabajo, le preguntó.
«¿Has comido?»
«Sû
El hombre no la miró, pero respondió con indiferencia. Ella dejó la nota garabateada en su bandeja de entrada y descolgó el auricular. Estaba ocupado pidiendo ayuda para localizar el azúcar restante.
Si tuviera algo con lo que distraerme....
«¿Algo que revisar?»
pregunté, preparándome para otra reprimenda, pero el hombre rebuscó en una pila de papeles que tenÃa a su lado, sacó una carpeta y me la entregó.
«Sólo asegúrate que la información que hay ahà es correcta y no necesita añadir nada»
El archivador contenÃa información que querÃa distribuir a la policÃa militar y a los medios de comunicación de todo el paÃs. Ya he comunicado verbalmente la información clave a la policÃa militar, pero me han dicho que los detalles se pondrán por escrito y se enviarán hoy más tarde.
Espero la respuesta de Nancy, pero aunque lo haga, no espero que la localicen. Esto no era más que una táctica para ganar tiempo creando una razón para mantenerlo con vida.
Con tiempo limitado, tenÃan que encontrar la ubicación de Ellie.
Grace repasó la información del camión, añadió algunas caracterÃsticas más y pasó a la página siguiente. Mientras leÃa los datos de identificación de Nancy y Bobby para el periódico, Grace se dio cuenta de repente.
«Los veo todos los domingos y tienen mejor color de sangre que yo»
No deberÃa haber una cacerÃa pública del tÃo Bobby.
«Asà que necesitamos su plena cooperación....»
«León»
Grace no pudo esperar a colgar el teléfono y llamó al hombre en su ansiedad. La miró interrogante y colgó rápidamente.
«Tengo una forma de rastrear la ubicación de Ellie»
El rostro normalmente sombrÃo del hombre se iluminó cuando ella le dijo que la esposa de Robert Fisher estaba en el hospital y que él la visitaba todos los domingos.
«¿No sabes en qué hospital está?»
«Dijo que era un hospital al que Jimmy la envió. Él debe saber dónde es»
El hombre apretó la mandÃbula y miró a Grace con ojos claramente más sombrÃos que hacÃa un momento, luego habló bruscamente.
«Tu prometido está en el Campamento Winsford»
«Mi ex prometido»
corrigió con indiferencia, él se mordió con fuerza el labio inferior. Intentaba no sonreÃr.
«Si estás cansada de esperar sin nada que hacer, puedes enviarme un correo a ....»
Golpeó el bloc con la pluma y se quedó pensativo un momento antes girar hacia Grace.
«¿Por qué no intentas convencerle?»
En cuanto ella asintió, el hombre volvió a morderse el labio.
¿Por qué sonreÃa ante la idea de conocer al hombre del que estaba tan celoso?
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«¡Es hermoso!»
Una niña que jugaba en la nieve en el patio frente a la cabaña recogió algo y gritó.
«Aquà tienes una para ti también»
La niña corrió hacia Robert, que estaba sentado en las escaleras frente a la entrada, le entregó una piña. En sus manos ya tenÃa cuatro piedras y piñas que la niña le habÃa dado diciendo que eran bonitas.
«¿Quieres una para Bobby también? Ésta no»
Las piñas tenÃan la forma de su madre. Era igual que Grace cuando era pequeña.
«¿Por qué este no?»
«Porque es el más bonito»
Todos estos trocitos se los guardaba para su mamá, resulta que su hija hacÃa lo mismo.
La niña que le habÃa enseñado lo que podÃa y no podÃa guardar volvió al patio. La niña jugaba bien, pero de vez en cuando miraba por encima de la valla hacia la carretera. Para ver si venÃa su madre.
Robert también se preguntaba por Grace.
Me pregunto que paso con ella. No era la clase de chica que el ejercito capturarÃa. Era el tipo de chica que podrÃa huir con un arma apuntándole.
¿Lo habrÃa logrado?
Con un subfusil en la mano y fácil acceso a él, no deberÃa ser difÃcil si quisiera.
Si se lo proponÃa....
Robert recordó a Grace cuando le habÃa dicho que matara al demonio. Se echó a llorar.
Como si le hubieran dicho que matara a su propia hija.
«Grace, tú realmente.... y Nancy realmente.... estas preguntas sin respuesta»
Respirar el aire frÃo no aliviaba su frustración. Un momento, el aire está demasiado frÃo. Fue entonces cuando se dio cuenta, demasiado tarde, de que habÃa cometido la estupidez de sacar afuera a una niña que todavÃa estaba resfriada. Se levantó apresuradamente y gritó:
«Vamos, niña, entremos»
«No quiero»
«Te va volver a doler la garganta»
Justo cuando intentaba convencer a la niña de entrar ofreciéndole otro muffin, se escuchó el sonido de ruedas rodando en el sendero del bosque fuera de la cerca. Poco después, apareció un camión.
«Venga, vamos dentro»
En cuanto hizo contacto visual con Nancy, que conducÃa el camión, giró la cabeza y se la echó a la espalda.
TodavÃa no se le pasaba el enfado con Nancy. PodÃa entender ese deseo de desquitarse en cualquier lugar, pero habÃa lÃmites que, como seres humanos, no debÃan cruzar.
No solo fue suficiente con torturar a su amiga de la infancia, con quien habÃa crecido, usando esos métodos demonÃacos, sino que también instigó una violación. Nancy negó haberlo hecho, pero con solo ver cómo terminó Walter, estaba claro.
Ese cobarde nunca habrÃa intentado algo asà por su cuenta sin el permiso de Nancy. Aun asÃ, por mantener al menos un poco de la dignidad de ese asqueroso hasta el final, le subió el pantalón que le colgaba de los tobillos antes de marcharse.
Otra vez ese sabor amargo en la boca.
Escupió con desdén y entró a la casa. Justo cuando le quitaba a la niña la bufanda que tenÃa envuelta varias veces en el cuello y desabotonaba su abrigo.
«Señor, mire esto»
Se escuchó una voz clara y aguda, seguida de Nancy entrando corriendo con una hoja de periódico en la mano. En su puño tembloroso, la esquina arrugada del periódico mostraba las palabras 'Edición Extraordinaria' junto con.......
[LÃder rebelde de Blanchard, David Wilkins, confirmado para ejecución]
La impactante noticia se estampó claramente.
Ahà es donde deberÃa estar la necrológica de Leon Winston. Pero ¿por qué está la fecha de la ejecución de Dave ....?
Mirando el titular con incredulidad, Robert levantó la cabeza. Nancy miraba a la niña demonio con furia. La niña no se dejó impresionar y miró a Nancy con una mezcla de recelo y curiosidad.
PodrÃa descargar su ira contra ella. Robert empujó a la niña de espaldas hacia las escaleras.
«Annie, sube a tu habitación»
«Annie no, es Ellie»
instó Robert, mirando a Nancy mientras se arrugaba la bata y se dirigÃa al salón.
«SÃ, sÃ, sÃ. Sube y pórtate bien y te traeré un muffin»
Y se marchó. Solo, el hombre recogió el periódico del suelo y lo leyó.
Debajo del titular habÃa una foto reciente de Dave, incrustada en la mitad del periódico. Dave tenÃa un aspecto diferente al de la última vez que lo habÃa visto, hacÃa más de tres años, delgado y enfermizo.
El larguÃsimo artÃculo podÃa resumirse en una lÃnea. Dave iba a ser ejecutado dentro de dos semanas, un domingo, por lo que habÃa hecho Nancy.
«¡Grace, esa maldita puta está sobre él!»
Nancy exclamó furiosa en cuanto entró en el salón.
«Qué te dije, Grace es su espÃa hasta los huesos»
Robert aún no creÃa que Grace se hubiera unido a la facción monárquica, pero no podÃa creer que eligiera al demonio antes que a la hija que tanto amaba. Estaba conmocionado y sin habla.
«¿Cómo pudo hacer esto, sabiendo que estaba embarazada de su hija? ¿Significa esto que puede tener otro hijo? No te preocupes, Grace. Te devolveré a tu hija. Ni siquiera la reconocerás»
No fue hasta que Nancy perdió la calma y dijo algo aún más chocante que Robert se recuperó de la conmoción que Grace le habÃa provocado.
«Nancy, piensa sobriamente»
Le tendió el periódico arrugado para que lo examinara.
«Esto es un mensaje del demonio para ti»
Nunca antes se habÃa esforzado en organizar la ejecución de un oficial del Ejército Revolucionario.
«Si devuelves al niño, liberarán a Dave. De hecho, esta es una oportunidad de oro para ti y para Dave»
Si tenÃa el poder de decidir una ejecución y escribir sobre ella en menos de un dÃa, debÃa tener el poder de liberarlo.
«Si no la devuelves, matará a Dave. Nancy, piensa en tu padre languideciendo en prisión»
Levantó el periódico para que se viera claramente la cara mugrienta de Dave, pero Nancy se quedó mirando la cara de Robert, no la suya, con una mezcla de emociones.
«Bobby, ¿es posible que estés haciendo esto por él y no por mÃ?»
«¿Qué quieres decir?»
«Hace un momento llamaste Annie a esa niña del demonio»
«.......»
«Bobby....»
Nancy lo llamó en un tono suavizado. Incluso habÃa un atisbo de compasión en su voz hacia él, poco caracterÃstico de un hombre tan movido por la venganza que no podÃa preocuparse menos por los demás.
«A mà también me duele lo que le pasó a Annie»
Intentó utilizar la consabida excusa de que lo habÃa olvidado, que habÃa sido hacÃa casi 30 años, pero no pudo. El hecho de que acabara de llamarla por el nombre de su hija era la prueba de que no lo habÃa olvidado.
«Pero esa no es Annie, esa es la niña de ese demonio cruel, por favor, no te dejes engañar»
«Esa niña es....»
Robert se quedó con la mirada perdida en el espacio, entonces la excusa familiar se le escapó de la boca.
«Sólo tiene 3 años, ¿Qué sabrá ella?»
No era una excusa suya, sino una de esas excusas familiares de otros. Las mismas palabras que decÃan quienes defendÃan al niño que habÃa matado a su hija. Robert las repitió ahora con su propia boca y esbozó una dolorosa sonrisa.
Asure: Buen dia, tardes, noches, madrugadas, pagina 48/481 .... empezamos el volumen VI (ultimo de la historia principal), espero les guste
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