WANGUSHENDI 2679







EMPERADOR DIVINO ETERNO 2679

Un espectáculo no visto en cien mil años




Raws: 2664

Aún no llegaba la medianoche y la isla donde se encontraba el Jardin Qingli ya resplandecía con un brillo formidable.

Aquella luz emanaba de las armaduras que vestían los Santos Supremos del Campo Celestial, iluminando la noche como si fuera pleno día, o como si un manto de incontables estrellas hubiera caído sobre el mundo mortal.

Las mismísimas reglas del cielo y la tierra se veían alteradas y distorsionadas.


—Esta noche, el Campo Celestial respalda firmemente al Campo Confucio para exigir justicia a los cultivadores del Campo del Libro. Los cultivadores ajenos, retírense; no se busquen problemas en vano.


Un ángel del Reino Paramount de diez alas, montado sobre un dragón gigante de cien metros de largo, sobrevolaba la isla mientras su voz resonaba por toda la zona marítima cercana.

Era un gran ángel del 'Batallón Celestial', perteneciente al Palacio Divino de la Luz.

El Palacio Divino de la Luz contaba con ocho palacios y dos campamentos.

Los dos campamentos eran el 'Batallón Celestial' y el 'Batallón Terrenal'.

El Batallón Celestial se encargaba de los asuntos del Mundo Celestial y estaba integrado en su totalidad por Santos Supremos.

El Batallón Terrenal, por su parte, administraba los asuntos del Campo Celestial y estaba compuesto por la élite más destacada entre los Medio Santos, Santos y Reyes Santos.

El Batallón Celestial no se desplegaba a la ligera; pero cuando lo hacía, era para arrasar con todo a su paso. Representaba el poder de disuasión más temible del mundo secular, algo contra lo que ni los representantes ni los genios del nivel Yuanhui podían medirse.

Por muy fuerte que fuera un solo individuo, jamás podría rivalizar contra un ejército santo.

Además, el Batallón Celestial era mucho más aterrador que un ejército santo convencional; en el Mundo Infierno, solo las fuerzas más poderosas de las diez razas podían plantarles cara. Como por ejemplo, el 'Batallón Divino y Demoníaco del Emperador Sangre' de la Raza Vampiro Inmortal, o los 'Jinetes de Sangre de Hierro Inframundo' del Clan Inframundo.

Si se decía que solo los mil reinos más poderosos podían formar un ejército santo...

Entonces, para lograr constituir un ejército formado enteramente por grandes santos como el 'Batallón Celestial', solo los diez grandes mundos antiguos con mejor clasificación podían llegar a conseguirlo.

La aparición del Batallón Celestial dejó conmocionados a los cultivadores de todos los reinos. Uno a uno empezaron a retirarse a toda prisa, sin atreverse a permanecer en la isla por temor a quedar atrapados en el fuego cruzado.

En toda la isla, aparte de los cultivadores dentro del Jardin Qingli, parecía no quedar nadie más que una abrumadora marea de grandes santos de la facción del Campo Celestial.

Así es, una marea que cubría cielo y tierra.

En tierra firme se congregaban grandes santos de la Raza Ángel, Elfo, Gigante, Bestia, Enano y Espíritus Terrenales; acompañados por Santos Supremos de más de 100 Campos poderosos —como el Campo Runa Espiritual, el Campo del Alma, el Campo Yin Yang, el Campo Ruya, el Campo Demonio Oscuro y el Campo Diez Mil Males— quienes ya desplegaban sus armas santas.

En los cielos, los grandes santos del Batallón Celestial vestían armaduras de nivel de arma santa monárquica, montando dragones gigantes y despidiendo un resplandor tan fulgurante como el mismísimo sol.

Los Santos Supremos reunidos en la isla superaban con creces los diez mil.

Y eso considerando que las facciones del Campo Dragón Celestial, del Palacio Divino de la Verdad y de la Civilización Mil Estrellas ya habían logrado retener a una gran parte; de lo contrario, la cantidad de Santos Supremos presentes habría sido varias veces mayor.

Un Santo Supremo era, después de todo, un emperador dentro del Reino Santo; en el mundo mortal, a los cultivadores ordinarios les costaría la vida entera llegar a ver a uno solo.

Semejante escena tan aterradora dejó conmocionado incluso a General Divino Gui An, quien custodiaba la isla.

Desde el fin de la Antigua Edad Media, en cien mil años, jamás se había visto a tantos Santos Supremos reunidos con el único propósito de aplastar a un enemigo.

Solo un mundo soberano poseía semejante poder de convocatoria.

General Divino Gui An, parado en las escalinatas fuera del palacio divino, suspiró con pesadumbre:


—Es espantoso... Lo que va a pasar esta noche supera por completo lo que podemos manejar.


Otros dos generales divinos también llegaron a la isla para reunirse con él.


—Si atacan todos juntos y descargan el poder de sus armas santas, los tres, aun siendo deidades, quedaríamos reducidos a cenizas en un parpadeo.


comentó con una sonrisa amarga General Divino Xuan Yi. Había vivido más de 50000 años, pero era la primera vez que presenciaba un despliegue de semejante magnitud.

Ningún campo de batalla de mérito se le podía comparar a lo de hoy.

General Divino Hong Pao añadió:


—¿Realmente era necesario movilizar a tantos expertos solo para encargarse de esos cuantos cultivadores dentro del Jardin Qingli? Esta vez, el Campo Celestial exagera demasiado las cosas.


General Divino Gui An recordó las palabras del Maestro del Pabellón y, con mirada sombría, contestó:


—En realidad, el Campo Celestial solo está aprovechando la oportunidad.

—¿A qué te refieres?

—Por la Conferencia del Mundo Mortal, la facción del Campo Celestial ya tenía a incontables Santos Supremos en el Archipiélago del Mundo Mortal. ¡Eso es ventaja estratégica! Los desafíos de la facción del Campo Dragón Celestial, la facción del Palacio Divino de los Cinco Elementos, la facción del Campo Buda Celestial Occidental, la facción de la Civilización Mil Estrellas y la facción del Palacio Divino de la Verdad, obviamente los han enfurecido. ¡Eso también cuenta como ventaja! Si quieres intimidar a los desafiantes, la forma más directa es lucir músculo, mostrar el poder más temible que tengas y aplastarlos a todos por completo.

—Ya entiendo... A estas alturas del asunto, eso de exigir justicia para el Campo Confucio o arrasar el Jardin Qingli ya no es el objetivo principal. El propósito central es ostentar el poderío de la facción del Campo Celestial, mostrándoselo a sus aliados y también a sus enemigos.

—Esos muchachos en el Jardin Qingli tienen trasfondos muy pesados. Si esto se descontrola por completo, ¿de verdad no vamos a intervenir para detenerlo? Si llegan a morir aquí, ¿acaso los dioses verdaderos del Campo Dragón Celestial, del Palacio Divino de la Verdad y del Campo Pangu se van a quedar de brazos cruzados?


General Divino Gui An soltó un suspiro:


—Este es un juego de poder entre grandes mundos, ¡ya no es algo en lo que podamos meternos! Incluso si esos jóvenes mueren, será asunto de la facción del Campo Celestial; no tiene nada que ver con nosotros.












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En otra isla, dentro de la Villa Caixia.

Varias divinidades antiguas estaban reunidas, observando a lo lejos aquella isla que emitía deslumbrantes vibraciones de luz. Señor de la Isla del Dios Caído y Antepasado Divino de la Civilización Mil Estrellas se encontraban entre ellos.


—La reacción del Palacio Divino de la Luz es mucho más violenta de lo que imaginaba.


Estando a un nivel tan elevado como el suyo, entendía perfectamente que, sin importar cuántas razas, Palacio Divinos o grandes mundos conformaran la facción del Campo Celestial, la voz de mando principal seguía estando en el Palacio Divino de la Luz.

Maestra del Palacio Divino de la Verdad, envuelto en un halo de luz estelar, soltó un bufido frío:


—Es evidente que Viejo Ke Luo vio sus intenciones y por eso decidió jugársela con todo para aplastar de golpe cualquier idea que tengan. Y la facción del Campo Celestial vaya que tiene la fuerza para hacerlo. En lo que respecta al poder del mundo secular, al fin y al cabo, un mundo soberano siempre será más fuerte.


Un taoísta de barba blanca, sentado con las piernas cruzadas bajo un árbol divino y rodeado por un vacío caótico, habló con una voz vasta e inmensa:


—La jugada de hoy se preparó de manera muy apresurada. Dejemos que esos muchachos del Jardin Qingli den un paso al costado; no da para que terminen siendo víctimas de sacrificio en este tablero. Ellos no son piezas de juego.

—Yo opino exactamente lo mismo.


Aunque Antepasado Divino de la Civilización Mil Estrellas sabía que admitir la derrota sin pelear era algo sumamente deshonroso, resistir a la fuerza ante el aplastante poder secular de la facción del Campo Celestial no era más que un sacrificio en vano.


—¡Aunque no han combatido, la facción del Campo Celestial ya se declaró victoriosa!


Desde un océano dorado, la silueta de un dragón se entreveía sutilmente.

Ninguno de ellos era cobarde; simplemente, esta disputa en el mundo secular era para ellos una jugada menor, prescindible. Si se habían equivocado en el movimiento, lo lógico era cortar pérdidas a tiempo.

Antepasado Divino de la Civilización Mil Estrellas fijó la mirada en el Señor de la Isla del Dios Caído, quien se había mantenido en silencio, le preguntó:


—Viejo Huaying, ¿tú qué dices?


Señor de la Isla del Dios Caído sonrió de lado y dijo:


—Digo que ustedes, viejos de mierda, llevan viviendo casi un millón de años... ¿y todavía andan preocupándose por lo que hacen un grupo de chibolos? Mejor sigamos discutiendo cómo frenar al Reino Pilar Estelar Asura. En esa isla, que pase lo que tenga que pasar... ¿Acaso la muerte de un par de Santos Supremos va a alterar el panorama general?


Maestra del Palacio Divino de la Verdad clavó una mirada fría:


—No pensé que fueras tan desalmado, viejo. ¿Acaso a tus ojos la vida de esos jóvenes del Reino Santo no vale más que la de unas hormigas?


Sin embargo, Antepasado Divino de la Civilización Mil Estrellas no creía que a Señor de la Isla del Dios Caído no le importara la vida de esos muchachos en el Jardin Qingli, pues le había oído decir con sus propios oídos que veía a Zhang Ruchen como su gran esperanza.


—Eso de que 'muera un par de Santos Supremos'... ¿acaso insinúas otra cosa?

—Así es. Ya no preguntes más, que tú eres el que más habla.


Pero el Antepasado insistió una vez más:


—¿Tan seguro estás de que saldrán con vida de la pesadilla de esta noche? ¿No le tienes demasiada fe?


Señor de la Isla del Dios Caído soltó un leve suspiro:


—Si a ustedes les parece que lo de esta noche es una causa perdida, también pueden enviar un decreto divino ordenándoles que se rindan ante los cultivadores del Campo Celestial; al final no pierden nada. No volvamos a tocar el tema, no tengo ganas de andar gastando energías en asuntos de chibolos.


Los otros dioses antiguos presentes no terminaron de entender la conversación entre ellos, así que intentaron deducirlo mediante adivinación divina.

Lamentablemente, no obtuvieron absolutamente nada.

De inmediato, las miradas que le lanzaron al Señor de la Isla del Dios Caído se llenaron de un profundo desdén.

¿'Asuntos de chibolos en los que no vale la pena gastar energías'? Si no fuera porque este viejo usó su formidable Poder Espiritual para bloquearlo todo, ¿cómo demonios no habrían podido deducir el menor resultado?

Aunque les molestaba que el Señor de la Isla del Dios Caído anduviera con rodeos y ocultando cosas, ninguno creía que sus cartas bajo la manga fueran suficientes para hacerle frente a la facción del Campo Celestial.

Por eso, preocupada por la seguridad de Xiang Chunan, la Maestra del Palacio Divino de la Verdad fue la primera en enviar una transmisión de voz.

Por su parte, Antepasado Divino de la Civilización Mil Estrellas mantenía una postura de duda.

Si ese chibolo de apellido Zhang realmente lograba aguantar la aplastante presión de la facción del Campo Celestial, entonces las esperanzas de las que hablaba el Señor de la Isla del Dios Caído tendrían bastante credibilidad.

Llegado ese momento, no le quedaría de otra que considerar mover sus fichas con anticipación en torno a ese muchacho Zhang, asegurando así el futuro de la Civilización Mil Estrellas.












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Dentro del Jardin Qingli.

Hada Linglong estaba parada en lo alto del pabellón, contemplando a los dragones gigantes que surcaban los cielos y a los grandes santos del Campamento Celestial sobre sus lomos. Su rostro, fino y hermoso, se había tornado notablemente pálido.

Los demás grandes santos del Campo Dragón Celestial, aunque se esforzaban por mantener una expresión firme y decidida, no podían evitar sentir un temor creciente a medida que el imponente poderío de los grandes santos los aplastaba más y más.

En cuanto a los cultivadores del Campo del Libro, ya estaban cadavéricos. Se habían acercado en repetidas ocasiones a Zhang Ruchen, Xiang Chunan, Feng Yan, Ao Xukong y a los demás, manifestando su disposición a morir para pagar por la vida de Gongyang Mu, pidiéndoles que se doblegaran ante los cultivadores del Campo Celestial y les ofrecieran disculpas; solo así, tal vez, lograrían salir con vida hoy.

Sin embargo, ellos rechazaron tajantemente esa idea.

Eran hombres de orgullo. Si ya habían dado su palabra de ayudar a los cultivadores del Campo del Libro, ¿cómo iban a dar marcha atrás al primer obstáculo? Y mucho menos someterse o agachar la cabeza ante los cultivadores del Campo Celestial; eso sí que no lo harían jamás.

De pronto, la expresión de Xiang Chunan cambió ligeramente y dijo:


—La Maestra del Palacio Divino me acaba de enviar una transmisión de voz.


Todos los cultivadores en el Jardin Qingli quedaron estupefactos.

¿Esto había llegado a oídos de la mismísima Maestra del Palacio Divino de la Verdad?


—¿Qué te dijo la Maestra del Palacio Divino?

—Ella... me ordenó que salga del Jardin Qingli y que lo de esta noche quede aquí nomás.


respondió Xiang Chunan con la mirada turbia y sombría; su firme determinación se tambaleó en un instante.

No fue el único; los demás cultivadores del Jardín también se vieron afectados y empezó a rondarles la idea de retirarse.

La corriente era demasiado fuerte para ir en contra; si hasta la Maestra del Palacio Divino de la Verdad había emitido un decreto divino, era obvio que lo que pretendían hacer esta noche no era más que chocar contra una piedra.

Únicamente Zhang Ruchen conservaba la calma y la compostura, dijo:


—La Maestra del Palacio Divino ve las cosas desde una perspectiva muy distinta. A sus ojos, lo que hacemos hoy es un asunto minúsculo e insignificante, algo que se puede hacer como también se puede dejar de lado. Chunan, habla, ¿tú qué sientes en el corazón? Por supuesto, si decides irte, cuentas con mi apoyo al cien por ciento.

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1 Comentarios

Luis Mogollon ha dicho que…
Este juego naturalmente es golpear una pared con un huevo... Nada fácil e ilógico... Complicado al extremo... Veamos que sucede