EMPERADOR DIVINO ETERNO 2680
En nombre de la Justicia
Raws: 2665
Xiang Chunan miró a los ocho cultivadores del Campo del Libro, apretó los dientes en silencio y luego soltó una carcajada mirando al cielo:
—Si yo, Xiang Chunan, me fuera ahora mismo, ¿no me convertiría en un cobarde que le tiene miedo a la muerte? Hermano Shu tiene toda la razón; este asunto, a los ojos de la Maestra del Palacio Divino, puede ser totalmente insignificante. Pero para mí, la batalla de hoy es lo más importante del mundo. Shu Yong no puede haber muerto en vano; la justicia que llevamos dentro debe prevalecer para siempre y las promesas que hacemos se defienden hasta la muerte. ¡Yo dije que me haría cargo de los asuntos del Campo del Libro y me hago cargo! Lo dije antes y lo sostengo ahora.
Xiang Chunan elevó el vuelo, quedándose suspendido en el aire, soltó un rugido atronador:
—¡Soplones del Campo Celestial, si quieren arrasar el Jardín Qingli, van a tener que pasar por encima de mi cadáver!
—¡A luchar!
—¡Lucharemos hasta la muerte!
—¡Lucharemos hasta el final!
Su voz resonó cada vez con más fuerza, retumbando como un trueno por todos los Archipiélagos Mortales.
Los cultivadores del Campo del Libro quedaron profundamente conmovidos; sintieron que, al fin y al cabo, todavía quedaba gente buena en el mundo y que la palabra "justicia" aún vivía en el corazón de la gran mayoría.
Los cultivadores del Campo Dragón Celestial se contagiaron del espíritu indomable de Xiang Chunan; la mirada de cada uno de ellos se volvió afilada y la sangre empezó a hervirles en las venas.
Un Santo Supremo del Reino Paramount del Campo Dragón Celestial apretó los dientes y exclamó:
—¡A lo mucho nos morimos! Y si nos toca morir, ¡lo haremos como se debe!
—Así se habla. Si hoy caemos en el Jardín Qingli, incluso dentro de cien mil años los cultivadores sabrán que alguna vez nos enfrentamos a todos los Santos Supremos de la facción del Campo Celestial. En cambio, si huimos como perros apaleados, no podremos volver a levantar la cabeza en toda nuestra vida. ¿Acaso nosotros, la raza de los dragones, ni siquiera tenemos las agallas para dar la vida en batalla?
—Morir por la justicia que llevamos dentro es una muerte con honor.
dijo Hada Linglong con mirada firme y una postura imponente, mientras sus ojos irradiaban una luz que miraba con desdén al mundo entero.
A Hua Chunqiu le hervía la sangre en el pecho y dijo:
—¡Ya tengo el primer tomo de mi Pintura del Mundo Mortal! Con solo un nivel de cultivo elevado no se puede aspirar a la grandeza en el mundo mortal. La verdadera grandeza en este mundo radica en no temerle a la vida ni a la muerte; en cantar un himno de guerra aun si se camina en contra del mismísimo cielo. Este primer tomo se llamará El Tomo de la Vida y la Muerte en el Mundo Mortal. Si logro completarlo, me daré por satisfecho aun si me toca morir hoy aquí.
Inspirado de golpe, Hua Chunqiu tomó el pincel y empezó a trazar líneas rápidamente.
El primer personaje en el lienzo era precisamente Xiang Chunan sobrevolando el Jardín Qingli, vistiendo su túnica carmesí, con su corona demoníaca de metal y su porte alto y robusto.
Justo encima de la cabeza de Xiang Chunan pasaban volando los dragones gigantes y los Santos Supremos del Campamento Celestial cubiertos de armaduras.
Estaba completamente sumergido en la pintura, concentrado y sereno; cada trazo de su pincel fluía como un dragón en movimiento, veloz y firme.
Shen Xi, cuyo cultivo permanecía sellado, estaba sentada en un banco de piedra contemplándolo todo en silencio. Soltó un suspiró desde lo más profundo de su ser, sintiendo impotencia y, a la vez, una enorme incomprensión.
Zhang Ruchen era una figura extraordinaria de su época; podía marcharse si quisiera, ¿por qué arriesgar su propia vida solo por unos cuantos cultivadores del Campo del Libro?
Simplemente no lo entendía.
Aunque, tal vez, ese era su verdadero ser.
Jamás había sido ese demonio desalmado y frío del Mundo del Infierno; era un héroe de gran corazón que llevaba la justicia por delante, un verdadero valiente lleno de lealtad y afecto.
—Hoy no es seguro que vayamos a morir; no hay necesidad de ponerse tan pesimistas.
Todas las miradas se posaron sobre él.
Ao Xukong sonrió con amargura y dijo:
—Entiendo la intención de Señor Shu.
—¡Aya! ¿De verdad entiendes?
preguntó Zhang Ruchen con cierta sorpresa.
—Toda la isla ha sido cercada por los Santos Supremos de la facción del Campo Celestial; han tendido una red impenetrable. Encima, los Santos Supremos del Batallón Celestial están concentrados en el cielo. Ya se nos pasó la mejor oportunidad para romper el cerco. A estas alturas, ni un seudodiós podría escapar de esta isla.
—¿Crees que mi intención era romper el cerco a la fuerza?
Ao Xukong se desconcertó un poco y dijo:
—¿Acaso con la situación actual, en lugar de intentar escapar, nos vamos a quedar a defender el Jardín Qingli? Es imposible defenderlo; ni un talismán divino aguantaría el ataque de tantos Santos Supremos juntos.
Hada Linglong sabía que el cultivo de Shu Qianchi era insondable, pero aun así no veía ninguna salida para el día de hoy, por lo que intervino:
—Quedarnos en el Jardín Qingli nos convierte en blancos fáciles ante los ojos del enemigo. Solo si hacemos que el Jardín Qingli entre en movimiento podremos, tal vez, llevarnos a varios por delante antes de caer.
Zhang Ruchen sacudió la cabeza y dijo:
—Luchando a la fuerza vamos a morir sí o sí, por eso hay que cambiar de estrategia. En primer lugar, tienen que entender que varios de los que están aquí tienen un estatus sumamente importante. Mientras no tengan una razón de fuerza mayor para ejecutarlos, los cultivadores de la facción del Campo Celestial no se van a arriesgar a matarlos así como así. En este momento, los cultivadores de todos los grandes mundos tienen la mirada puesta en el Jardín Qingli. La bandera con la que viene la facción del Campo Celestial es la de hacer justicia por el Campo Confucio; sus ataques van dirigidos a los cultivadores del Campo del Libro.
Feng Yan pensó por un momento y dijo:
—¿O sea que, mientras no intervengamos, no podrán hacernos nada?
—No... Incluso si ustedes no mueven ni un dedo, ellos se las van a ingeniar para obligarlos a actuar...
Justo cuando Zhang Ruchen se disponía a continuar, fuera del Jardín Qingli resonó una voz fuerte y profunda:
—Este servidor es Yun Zhongsheng, líder de la Secta Rito Celestial del Campo Confucio, viene de visita al Jardín Qingli. ¿Se encuentra adentro Doncella Celestial Yashen del Campo del Libro?
—¡Ya llegaron!
Zhang Ruchen fijó la mirada en un Santo Supremo del Reino Paramount perteneciente al Campo del Libro y le dijo:
—¡Ve! Sal y escucha qué tonterías vienen a decir esos líderes del Campo Confucio.
Este Santo Supremo del Reino Paramount del Campo del Libro, llamado Wen Jue, abrió la puerta y salió.
Los otros siete cultivadores del Campo del Libro lo siguieron de inmediato.
Zhang Ruchen y los demás se quedaron adentro sin dejarse ver.
Feng Yan terminó de comprender el panorama y dijo:
—¿Esta es la estrategia de la facción del Campo Celestial para obligarnos a actuar?
—La facción del Campo Celestial quiere matar gente, pero a la vez pretende mantener la ventaja moral; lógicamente eso los ata de manos y pies. Es verdad que nadie puede rivalizar contra el poderío de un mundo soberano, pero ni ellos pueden hacer lo que les da la gana: las Leyes Celestiales todavía los fiscalizan. Al menos por encima, no pueden violar las Leyes Celestiales y tienen que inventar excusas para darles la vuelta.
Afuera, los cinco líderes del Campo Confucio se habían presentado en conjunto. Todos estaban parados justo fuera del círculo que había dibujado Zhang Ruchen, sin atreverse a cruzarlo a la ligera.
Ambas partes empezaron a defender sus posturas, enfrascándose en un tenso debate por más de una hora.
El Campo Confucio no salía de lo mismo: querían que los cultivadores del Campo del Libro entregaran a Doncella Celestial Yashen para que confesara su delito; alegaban que Gongyang Mu no podía haber muerto en vano y que las Leyes Celestiales no podían ser un adorno para los dioses... y cosas por el estilo.
Por su parte, los cultivadores del Campo del Libro sostenían que la Doncella Celestial Yashen ya había sido ejecutada por el Campo Confucio y que la muerte de Gongyang Mu no era más que un circo armado y dirigido por el propio Campo Confucio.
Un debate de ese tipo, como era de esperarse, no iba a llegar a ningún puerto.
De pronto, se escuchó un grito atronador afuera:
—¡Para mí que ustedes, los del Campo del Libro, se confían porque tienen a un poderoso respaldándolos para pisotear la autoridad de las Leyes Celestiales y humillar al Campo Confucio! Si esta noche el Campo del Libro no entrega al culpable, el Campo Confucio arrasará con el Jardín Qingli.
—¡Doncella Celestial Yashen! Si no das la cara de una vez, no nos culpes por ser despiadados con los cultivadores del Campo del Libro y usar su sangre para honrar el alma de Gongyang Mu.
Los cultivadores del Campo del Libro se pusieron tensos de inmediato; se dieron cuenta de que los cinco líderes del Campo Confucio ya estaban mostrando las garras.
Tres de los cinco líderes eran Santos Supremos del Reino Paramount, mientras que los otros dos eran Santos Supremos de Poder Espiritual de Nivel 69 inicial. Todos liberaron su poderío al mismo tiempo.
Alrededor de los tres Santos Supremos del Reino Paramount aparecieron densas reglas del camino santo, manifestándose respectivamente en una escritura celestial de luz azul, un texto de mil palabras y un lago de luz santa blanca.
Mientras tanto, los dos Santos Supremos de Poder Espiritual atrajeron el qi santo del cielo y de la tierra, transformándolo en dos remolinos que despedían destellos deslumbrantes.
Zhang Ruchen cruzó la puerta con paso firme y dijo:
—Viejos de mierda, han vivido tantos años por gusto... Los están manipulando como a unos tontos y ni cuenta se dan. Me da que hoy van a terminar muertos como unos pobres diablos.
—Shu Qianchi, sabemos que tu nivel de cultivo es insondable, pero te conviene no meterte en los asuntos de hoy. Esto es un enfrentamiento de sangre entre el Campo Confucio y el Campo del Libro. Cualquier cultivador que se entrometa tendrá que pagar el precio.
Zhang Ruchen soltó un bufido despectivo, señaló las cuatro palabras escritas en el suelo y dijo:
—¡Quien entre al territorio, muere! Esto lo escribí con mis propias manos: el que se atreva a cruzar este círculo, lo decapito.
¿Cómo no iban a tenerle miedo los cinco líderes del Campo Confucio a Shu Qianchi?
Sin embargo, a estas alturas la flecha ya estaba en el arco y tenía que salir disparada; ¿acaso podían darse el lujo de dar un paso atrás?
Si se atrevían a retroceder, las grandes figuras del Campo Celestial se encargarían de darles una muerte mucho más miserable en el futuro, incluso la vida de sus clanes pagaría el plato roto. Ellos también tenían sus propios dilemas.
—¡A luchar!
—¡Venguemos a Gongyang Mu!
—¡Exterminemos a los cultivadores del Campo del Libro!
...
Los cinco líderes intentaron irrumpir en el círculo, pero al hacerlo activaron las inscripciones de Santo Supremo y las formaciones de matriz que Zhang Ruchen y los demás habían dispuesto con anticipación, quedando bloqueados afuera.
Teniendo el círculo como límite, surgieron densas y complejas líneas de luz.
¡Rumble!
Descargaron un ataque tras otro, impactando directamente contra las líneas de luz.
Zhang Ruchen, sin ganas de seguirles el juego con esas artimañas aburridas a los cultivadores del Campo Celestial, desenfundó su espada de combate.
Feng Yan dio un paso al frente y dijo
—Hermano Shu, ¿qué tal si me encargo yo de ellos?
—Mi idea era dejarlos entrar al territorio y liquidarlos a todos.
—¿Para qué ser tan radical? Lo más probable es que ni siquiera sepan la verdad tras la muerte de Gongyang Mu y solo estén siendo manipulados por los cultivadores del Campo Celestial. Si los matamos, ¿acaso no estaríamos haciéndole el juego al enemigo?
—¿Acaso crees que si no los matamos, la situación de esta noche tendrá alguna salvación?
—Las cosas se hacen intentándolas y yo quiero probar. Incluso si al final la facción del Campo Celestial insiste en dar el golpe de gracia, al menos sabré que intenté salvar la situación.
—¡Está bien!
Zhang Ruchen sabía que la razón por la que Feng Yan actuaba así era para intentar conseguir una oportunidad de supervivencia para todos, creyendo que, mientras no mataran a los cultivadores del Campo Confucio, la facción del Campo Celestial no tendría un pretexto para intervenir.
Feng Yan dio un paso fuera del círculo y de sus pies brotaron incontables reglas del camino santo, las cuales se transformaron en un dominio marino caótico de color violeta y azul verdoso que arrastró por completo a los cinco líderes del Campo Confucio hacia su interior.
Los cinco líderes del Campo Confucio sintieron una gran alegría en el corazón; al principio no se atrevían a cruzar el círculo por temor a Shu Qianchi, pero no esperaban que Feng Yan saliera voluntariamente.
Si Feng Yan se atrevía a matarlos fuera del círculo, por más poderoso que fuera su trasfondo, las Leyes Celestiales lo castigarían de todos modos.
Feng Yan despedía un resplandor santo brillante y deslumbrante, sus tres bocas hablaron al mismo tiempo:
—Retírense; hoy, a los cultivadores del Campo del Libro los protejo yo. Si pretenden arrasar con el Jardín Qingli, no es más que un chiste.
—Emperador Yan se cree muy matón, ¿pretende amedrentarnos con el prestigioso nombre de la familia Feng del Campo Pangu? ¿Acaso nosotros, los cultivadores del Campo Confucio, somos una panda de cobardes?
—¡A luchar, los cultivadores del Campo Confucio no se rinden jamás!
Uno de los líderes, que tenía un lunar rojo en el entrecejo, movilizó el texto de mil palabras que flotaba en el vacío, haciéndolo descender para aplastar a Feng Yan.
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