Reina de las Sombras 27
El destino, el mal y la casualidad (1)
"Saludos a la Princesa Verónica. Mi nombre es May"
Su cintura, el ángulo de la cabeza hacia abajo y la forma de la mano educada eran tan buenos como la mayorÃa de los aristócratas.
"La señora te ha elogiado"
"TodavÃa no soy suficiente"
Elena miró a May, que mostraba humildad. Se veÃa muy bien cuando intentaba superar todas las dificultades y adversidades con este delicado cuerpo para asesinar al Gran Duque Friedrich.
"¿No te preguntas? Cómo has acabado en la Gran Casa"
"Sé que es porque Madame me recomendó"
La respuesta de May fue superficial. Por eso Madame de Flanrose era famosa en la sociedad. Esto se debe a que May tenÃa la postura correcta como criada, ya que habÃa sido educada por Madame.
May supuso que por eso habÃa venido a la Gran Casa. Teniendo en cuenta el estatus del Gran Duque, habrÃa tenido que enviar a una dama de honor especialmente destacada entre las doncellas de Madame de Flanrose.
"No. Le pedà a Madame Que te deje venir"
"¡...!"
Las pupilas de May temblaban. Era porque instintivamente sentÃa que lo que Elena decÃa era inusual. Pero no podÃa entender sus intenciones. Elena sonrió.
"Tú no has preguntado. ¿Por qué le pedà que te dejara venir? Cómo sabÃa de ti"
"Asà es. Su Alteza tiene tal idea..."
Elena se colocó el pelo lateral detrás de las orejas y dijo significativamente.
"Todo el mundo esconde un cuchillo en su corazón"
"Soy estúpida, asà que no entiendo todas esas palabras"
Al igual que las criadas de Madame de Flanrose, se rebajó y elogió a Elena con palabras cultas. Entonces, esperaba que ella aprendiera con una actitud humilde. Por eso muchos aristócratas codician a las criadas de Madame de Flanrose.
"No entiendes... ¿Entonces debo adivinar a quién apunta la espada de tu corazón?"
"¿Qué quieres decir? ...."
May fingió no entender las palabras hasta el final. Pero incluso esa pretensión fue bloqueada por las palabras de Elena.
"El Gran Duque"
"¡...!"
El corazón de May latÃa desenfrenadamente. Los nervios de todo su cuerpo se pusieron de punta como un cuchillo. Todas esas palabras contundentes se sentÃan como espinas dirigidas a May. Como nunca esperó que se produjera una situación asÃ, May no podÃa decidir cómo afrontarla.
Elena bebÃa una taza de té mientras le sonreÃa. Por otro lado, May derramaba sudor frÃo en su espalda.
¿Qué debo hacer?
No importaba que Elena supiera de ella. El hecho de que fuera sospechosa era importante.
Mientras conociera la impura intención de venir a la Gran Casa, no habÃa posibilidad de que escapara viva del lugar.
Es curioso que haya querido venir aquà a vivir, ¿verdad?
May se rió amargamente. Ella acaba de llegar a la Gran Casa, pero no podÃa soportar la situación de renunciar aquà por ser tan ingrata.
¡En ese caso, incluso la gran princesa...!
HabÃa vida en los ojos de May, tratando de dejarlo todo. Aunque la venganza falló, al igual que el Gran Duque Friedrich mató a sus padres, ella también pensó en llevar su sangre a sus compañeros del otro lado.
"¿Es esa tu elección?"
La acción de May no siguió las palabras de Elena, que se detuvo y lanzó como si hubiera leÃdo su mente.
"No habrás luchado por coger una gallina en lugar de un faisán, ¿verdad?"
"..."
"¿Por qué no me usas?"
¿De qué estaba hablando? ¿Quiere que la utilice para matar a sus padres?
La respuesta al sofisma estaba en las siguientes palabras de Elena.
"Hay algunos niños que odian a sus padres"
"¡...!"
Elena dejó la taza de té en el pedestal y sonrió significativamente. May no se marchó durante mucho tiempo, como si se hubiera quedado fascinada por la sonrisa.
***
"¿Te vas a la academia pasado mañana?"
El Gran Duque Friedrich dejó el tenedor y el cuchillo con suavidad. En su lugar, cogió un vaso de vino, le dio unas cuantas vueltas y se lo llevó a la boca.
"SÃ, padre"
Respondió Elena con modestia. Estaba sentada en el lado izquierdo de la mesa, en referencia al Gran Duque Friedrich, en la parte superior de la larga mesa. Como se trataba de una cena oficial, a la que asistÃan las criadas y el chef, habÃa una razón para ser vista como una relación padre-hija.
"Han pasado dos años desde que volviste a la escuela. ¿No serÃa difÃcil seguir el ritmo?"
"Aprendà mucho de Liv durante el descanso"
Los ojos del Gran Duque Friedrich estaban puestos en Leabrick, que se sentaba a la derecha.
"Sólo hice lo que debÃa hacer"
Elena escuchó la conversación y cortó el filete en trozos del tamaño de un bocado.
'No voy a ver estas caras de asco durante un tiempo'
En principio, los institutos académicos deben vivir en dormitorios sin distinción de estatus, como las familias reales y los aristócratas. A menos que haya una razón particular, ella no se encontrarÃa con el Gran Duque Friedrich o Leabrick. Pero ella no pretendÃa relajarse y ponerse cómoda allÃ. Ella planeaba sentar las bases para el colapso de la Gran Casa a raÃz de la negligencia de la vigilancia de Leabrick.
'Considerando mi temprana graduación, me dieron un año como máximo'
En principio, tenÃa que asistir a la escuela durante un año más, incluyendo dos años de descanso, pero Elena fue una excepción. Se le concedió el privilegio de recibir un diploma aunque le faltaran créditos porque era la única heredera de la Gran Casa. A fin de cuentas, el éxito o el fracaso de la venganza dependÃa de cómo utilizara ella ese tiempo transcurrido.
Después de la cena formal, Elena y Leabrick tomaron el té por separado. El objetivo era revisar los asuntos que no debÃan perderse antes de partir mañana.
"Como sabes, no eres tan bueno como los demás ya que te has tomado este año libre. Se lo diré al decano, asà que haz una especialidad y un curso más"
"De acuerdo"
"Te lo digo siempre, pero no te pongas nervioso. Tienes que ponerte las pilas. Si hay algo que no puedes manejar, no intentes manejarlo sola y dÃmelo primero. ¿Me entiendes?"
"Por supuesto, Liv, no te preocupes demasiado. Puedo hacerlo"
Elena asintió y mostró su voluntad. Era bastante fiable, pero Leabrick, que ve a Elena, no se libra de sus problemas.
'Ja, no te habrÃa molestado tanto si tuvieras a Lord Lorentz encima'
Si hubiera estado con el hombre experimentado, habrÃa podido controlarla hasta cierto punto en la peor situación. Pero no pudo. Al final, la mejor medida fue dejarse informar periódicamente por Anne, que estaba destinada como vigilante.
"Toma a Anne y a Lunarin como tus sirvientas"
El tono de Leabrick era más bien una orden. CreÃa que era bueno en muchos sentidos tener a Anne, que servirá de perro guardián, y a Lunarin, que tiene experiencia como la mayor de las criadas.
"Liv, sabes que... Anne está bien, pero ¿no puedo llevar a May en lugar de Lunarin?"
"¿May?"
"Ella aprendió a trabajar bajo la dirección de Madame, asà que tiene muy buenas habilidades. Me gusta mucho, es muy atenta"
Leabrick no estaba muy contenta, pero considerando su amistad con Madame, pensó que tampoco estaba mal.
Si sólo llevas a Anne, no importa a quién más lleves
No importaba mucho si iba Lunarin o May. Con Anne, la vigilante, puede ser informada regularmente de las actividades de Elena, asà que es suficiente. Dijo Leabrick con buenas intenciones.
"La princesa lo quiere, asà que lleva a May"
"Pensé que Liv lo entenderÃa. Gracias"
Elena le dio una muestra de alegrÃa infantil por hacerle un favor.
"Me gustarÃa sacarla a ella también, pero si la obligo a salir, sólo despertará las sospechas de Leabrick"
Mientras Anne la acompañara, no habÃa más remedio que restringir parte de su comportamiento. Esta parte debÃa tenerla paciencia y soportarla. En cambio, buscaba los beneficios reflexivos de la misma.
La relajación pronto traerá consigo la despreocupación
Leabrick pensarÃa que a Elena la tenÃa controlada sólo por tener a Anne cerca. Elena estaba pensando en escarbar en la grieta de la guardia que traÃa esa creencia. Elena, que habÃa escuchado suficientes precauciones para tener cuidado en la academia, volvió a su habitación.
"Pasad todos"
Lunarin, Jesse, Anne y May estaban en la fila. Dijo Elena, esparciéndose por sus caras.
"Anne y May irán a la academia conmigo, asà que prepárense"
Los labios de Anne se movieron como si hubiera llamado al placer. May tenÃa un rostro complejo, pero era difÃcil adivinar cómo se sentÃa sólo con su expresión. Por el contrario, las expresiones de Lunarin y Jesse, que no fueron elegidos, mostraban pesar. Sin embargo, no era un tema para quejarse, asà que se habÃan tragado la decepción.
"Salgan todos. May se queda un rato"
Cuando las tres sirvientas fueron liberadas, sólo quedaron en la habitación Elena y May. Elena fue la que desenterró el incómodo pero pesado silencio.
"¿Ya te has decidido?"
"..."
Elena sonrió a May frente a ella. Ese dÃa, May no tomó ninguna decisión. Era imposible determinar qué estaba bien o mal en la propuesta de Elena que rompÃa el sentido común y los prejuicios.
Elena le dijo que se fuera, diciendo que le darÃa tiempo para pensar, y después de que May saliera de la habitación, se dio cuenta de que la hija habÃa soltado al hombre que intentó matar a su padre. Fue un shock inaceptable. ¿Qué niño dejarÃa ir a quienes mataron a sus padres? A menos que ese niño odiara a sus padres.
"Odio"
May masticaba y masticaba la conversación que habÃa tenido con Elena. Y hoy, Elena querÃa escuchar la respuesta a sus preocupaciones.
"Supongo que aún no te has decidido. Vale, vamos a ir juntas a la academia, asà que tómate tu tiempo para contestar. Yo esperaré"
"..."
"Asegúrate de grabar esto. Mi odio no es menor que el tuyo. Vete"
May no se movió cuando se le pidió que saliera. Se quedó allà como una estatua de piedra, con los dos pies bien sujetos. Los labios de May, que se mantenÃan descontentos, se abrieron.
".... No tengo ni idea. No sé qué clase de persona eres. ¿Por qué dices esto? ¿Por qué me tienes cerca?"
Las palabras que salieron de la boca de May con dificultad contenÃan sus sentimientos confusos. Elena sonrió para que May, que consiguió hablar, no se sintiera agobiada.
"No tienes que tener prisa. También puedes juzgarme por tus propios ojos"
Elena esperó a que May viniera por su cuenta en lugar de urgirla. HabÃa mucho trabajo que hacer cuando fuera a la academia. Luego, necesitaba que alguien moviera las manos y los pies de Elena en serio.
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